viernes, 3 de noviembre de 2006

SAN COSME Y SAN DAMIÁN - PROMOCIÓN '81


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Voy a recurrir una vez más a la remanida frase del tango: "Veinte años no es nada".
Imagino las caritas burlonas de los jovenzuelos que, al leer esto, dirán que se trata sólo de un triste consuelo de aquellos a los que ya se nos pasaron todos los trenes. Jovenzuelos que, desde la impunidad que les otorga su desconocimiento de algunos aspectos fundamentales de la existencia, creen que la vida solo puede vivirse desde la vertiginosa energía de los veinte.
Pobre de aquel que se deje guiar por la lógica simplista de lo desconocido.

El sábado pasado, 28 de octubre de 2006, casi al filo de los 45, he vuelto a encontrarme con mis antiguos compañeros del secundario. Con muy pocos de ellos habíamos mantenido el contacto durante estos 25 años. Cada cual con sus cosas, nos fuimos separando, viéndonos cada vez más esporádicamente y dejando "para más adelante" un reencuentro que planteaba temores y (¿por qué no?) recuerdos que merecían quedar en el olvido.

Hace dos meses, recibí un llamado en el celular. Era Graciela, una de mis grandes amigas de la adolescencia. Ella vivía a seis cuadras de mi casa y yo la pasaba a buscar todas las mañanas para ir al colegio. La última vez que la había visto habí sido en 1983. Imaginen la sorpresa (muy grata, incluso para mí que afirmo que detesto las sorpresas). El motivo: invitarme para una reunión en la que se pensaba organizar una fiesta que reuniera a todos los egresados de nuestro instituto, al cumplirse 25 años de nuestra promoción.
La idea me pareció maravillosa. Sin embargo, el día de la reunión me sentía un tanto intranquilo (por decir lo menos). ¿Quiénes serían hoy aquellos que fueron mis amigos en la década del '70? ¿Los encontraría envejecidos? ¿Me encontrarían ellos a mí más viejo aun de lo que soy? ¿Nos veríamos "acabados"? Interrogantes que solo podían responderse de una manera: yendo al encuentro.

Y fue una fabulosa experiencia para todos.

Aquellos que nos habíamos convertido en padres de familia, asumiendo responsabilidades, corporizando ideologías y descuidos a la hora de la comida, juntos otra vez, volvíamos a ser los mismos adolescentes de hace 25 años, hablando sin parar, recordando viejas anécdotas, llamándonos por apodos que no escuchábamos desde entonces, sintiendo una vitalidad que se nos había hecho esquiva durante estos últimos años...

Faltaron muchos igual. Algunos porque no se animaron a este "volver a vivir" que se nos puso a tiro. Otros porque viven en el exterior y otros porque sencillamente ya no están. Sin embargo, el sábado pasado hubo recuerdo para todos, para los que estaban presentes y para los que no, para los que todavía pisan la tierra y para los que no. Allí estuvieron Sandra y Marcelo, que viven en Estados Unidos, y Débora, que está en Italia. Allí también estuvo Gladys, que decidió marcharse hace unos años. Allí estuvo Claudia, que nos ha emocionado durante estos últimos meses con sus palabras y su entusiasmo. Allí estuvieron Pepe y Anita, que fueron los que organizaron toda la movida con un esfuerzo y una tenacidad que les envidio. Allí estuvimos todos, como si nunca hubiéramos dejado de estar en contacto, tan amigos como siempre, aceptándonos tal como somos y reconociendo que lo esencial de cada uno sigue estando.

Ojalá los chicos de hoy en día puedan vivir, dentro de 25 años, una experiencia tan energizante como el que hemos vivido nosotros. Los chicos de este presente tan impersonal, en el que las relaciones humanas son descartables. Tengo esperanzas de que al menos mis hijos puedan disfrutar de algo así.

Como siempre digo: lo malo de los años no es que pasen, sino que se quedan. Pero así como se quedan, tampoco se llevan nada. Todo está allí y basta con escarbar un poco bajo la superficie para descubrir que (no tan en el fondo) seguimos siendo siempre los mismos.


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En la foto que hoy publico aparecemos todos los presentes en la fiesta, cantando una canción que escribiera Claudia, cuya letra recuerda nuestras travesuras adolescentes. Soy muy fácil de identificar. ¿A ver quién me encuentra?

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Eso es todo por hoy. Desde las callecitas de la primaveral, misteriosa y no tan autónoma Ciudad de Buenos Aires, se despide Víktor Huije, un adolescente que en pocos meses habrá de cumplir los 45 (espero).

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1 comentario:

Araña dijo...

Esas reuniones son imperdibles..
Con mis compañeras de la secundaria, mantenemos el contacto pero somos muy pocas y siempre nos preguntamos que será de la vida de aquellas a las cuales nunca más volvimos a ver sni saber nada..
Es verdad. Vaya uno a saber si estos chicos de hoy podrán sostener este tipo de vivencias que se viven en el colegio despues de 25 años.
Este año también se cumplen mis 25 años de egresada y no hicimos nada, pero aún estamos a tiempo de armar una megafiesta.. jajaja
Igualmente ya llevamos 4 o 5 reuniones en el año en curso y al igual que vos.. muchos se fueron a otros lugares y otros se fueron de este mundo. Pero el recuerdo persiste.
Un beso grande


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