lunes, 30 de octubre de 2006

¡¡¡¡CHILE EXPORTA GAS!!!!


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La Sra. de Pérez acude al ginecólogo para que le confirme su sospecha de embarazo. El facultativo la ausculta y, luego de un breve examen, llega a la conclusión de que la señora no está encinta, sino que padece de gases.
Meses después, la Sra. de Pérez vuelve a la consulta con la misma esperanza. Pero también esta vez el médico le confirma que lo único que tiene son gases.
La escena se repite dos o tres veces más, siempre con el mismo resultado: la Sra. de Pérez sufre de gases.
Hete aquí que, algunos meses después, el ginecólogo recibe la visita (esta vez) del Sr. Pérez. El hombre llegaba al consultorio sin su esposa y con una actitud bastante preocupada.
El médico, intrigado por la presencia del marido de su paciente, le pregunta:

- Bueno, Sr. Pérez, dígame usted a qué se debe su inusual visita...

- Mire, doctor, es muy simple. Vengo a que me revise y determine si en vez de dos pelotas tengo dos garrafas!!!!!!! (CHAN!!!!!!!)


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Este chiste lo contó mi tío Avelino en un velorio cuando yo era chico y siempre lo recuerdo como ejemplo de situación ridícula. Sin embargo, ahora voy a tener que buscar otros ejemplos porque, a la luz de las noticias, éste ya ha quedado totalmente habilitado como parte de la más contundente realidad.

Griselda Navarro, nacida en Chile hace 42 años (actualmente residente en Alcalá de Henares, a pocos kilómetros al norte de Madrid), se acostó el 14 de septiembre preocupada. Acababan de despedir a su marido y ella cada vez se encontraba peor de las náuseas, dolores y malestar general que sufría desde enero. También estaba harta de las pastillas que su médica le había recetado para los gases. A las seis de la mañana del día 15 ya no aguantó más y acudió al hospital Príncipe de Asturias, de Alcalá de Henares. Tras hacerle un análisis de orina, los médicos le dieron una noticia que casi la hace caer de la camilla: estaba embarazada y de parto.
"Ahora esto da para reírse, pero yo me siento muy burlada. Mi médica no me ha hecho caso y no hacía más que darme pastillas que, gracias a Dios, no le han hecho mal a la niña", explicó ayer Griselda en el cuarto piso sin ascensor con el que vive con su marido, Pablo, y sus otros dos hijos, Pedro Pablo, de 12 años, y Constanza, de 15.
Griselda asegura que en los últimos nueve meses sólo pensó una vez que pudiera estar embarazada. "Fue en mayo, cuando seguían los problemas estomacales y se lo comenté a mi médica. Pero ella no me hizo caso. Tampoco cuando poco después me salió un poco de líquido de los pechos. Decía que yo tenía menopausia precoz y que no podía quedarme en estado", añadió.
Sobre los cambios en su cuerpo, afirma ser "la primera sorprendida por no haber notado la gestación". "Yo ya tuve dos hijos en Chile y sí que sentí cambios. Pero ahora sólo me encontraba mal. La tripa no me creció [mide 160 centímetros y pesa 85 kilos] y es cierto que gané seis kilos, pero los médicos dijeron que era por retención de líquidos. Y la pobre niña no daba patadas ni nada, supongo que por la cantidad de medicamentos que tomaba".
En mayo, tras sugerir a su médica un posible embarazo, ésta le hizo unos análisis. "Me miró de todo, menos el embarazo. Me hicieron hasta cuatro análisis: el colesterol, las transaminasas y todo lo demás, que salieron altas y me dieron más pastillas", recuerda la mujer.
Griselda ha puesto el caso en conocimiento de la Asociación El Defensor del Paciente (Adepa), cuyos abogados presentarán hoy una denuncia contra la Consejería de Sanidad de Madrid, según un portavoz.
Mientras, Griselda y Pablo, se replantean su futuro. "Es curioso, pero hace poco lo hablamos. Habían salido los dos niños y yo le dije a mi marido: 'Pablo que nos quedamos solos. Tenemos que buscar nuevas ocupaciones'. Pensábamos ir a bailar a menudo y ya nos ves, volviendo a cambiar pañales", sonríe la pareja.

O sea que la realidad siempre supera a la ficción y en todos lados se cuecen habas.

Al fin y al cabo, mi tío Avelino tenía toda la razón: los chistes nacen de lo cotidiano:

Otra señora va al médico porque suponía que estaba embarazada. El giencólogo la revisa y, al igual que los médicos citados anteriormente, llega a la conclusión de que su paciente simplemente sufre de gases. Años después, el facultativo camina por la calle y, para su sorpresa, se encuentra con su paciente, que lleva un niñito de la mano. Le pregunta:
- ¿Cómo está usted después de tanto tiempo? ¿Quién es este niñito?
A lo que la mujer le reponde:
-Según yo, mi hijo Juan. Según usted, un pedo vestido de marinerito.
(Katrina de chanes!!!!!)

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Eso ha sido todo por hoy. Desde las frescas callecitas de la autónoma y misteriosa Ciudad de Buenos Aires, se despide Víktor Huije, un reportero de la realidad que no se deja engañar por las flatulencias.

1 comentario:

Araña dijo...

ves? con respecto al caso de griselda después los gallegos se ofenden porque los tildan de brutos..
Que tal si le hacían una ecografía al toque?? No hubiera sido lo mejor?


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