sábado, 16 de junio de 2018

Mujer contra mujer


Perdón que me meta ¿no? Pero... digo yo... ¿Qué parte de “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir” no se entiende? 

martes, 22 de mayo de 2018

miércoles, 4 de abril de 2018

Las Czardas de Merlí


En la calle Moliere, casi esquina Juan B. Justo, en el barrio de Villa Luro de la ciudad de Buenos Aires, había un vetusto conventillo que (por alguna razón que desconozco) durante muchos años fue habitado por diversos miembros de mi familia. 

viernes, 12 de enero de 2018

Cartas de Amor



La vida tiene sorpresas. A veces tristes, como esos silencios que inundan el recuerdo de una persona que amamos hace tiempo. Otras tintineantes y alegres, como las caricias y los besos que supimos cosechar. Pero también están las sorpresas que nos dejan a mitad de camino, entre la angustia y la euforia. La vida tiene esas cosas y, de tanto en tanto, los astros se confabulan y la vida nos regala un combo de sorpresas varias, tal vez, para que uno elija con cual quiere quedarse.

viernes, 24 de noviembre de 2017

El señor del tren


De nuevo en el oeste, poco a poco voy retomando viejos hábitos que (sin darme cuenta) formaban parte de mí mismo hace veinte años. Por ejemplo, viajar en el Sarmiento cada día, una aventura cotidiana, mística y degradante al mismo tiempo, que conjuga la maravilla de las simples cosas y la abyecta esencia de las bajezas humanas.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Tacle irlandés


"Todos tenemos algo de lo que nos avergonzamos. El recuerdo de un momento tan bochornoso que no sabemos si algún día podremos superarlo. Un momento que sigue desvelándonos a las cuatro de la madrugada. 'MARICA'... Cuando ocurrió mi momento terrible tuve miedo. Tuve miedo porque perdí al único amigo de verdad que jamás había tenido. La gente hace cosas malas por miedo".

viernes, 1 de septiembre de 2017

El leproso del aula


Cursaba la dictadura y yo el colegio religioso, detrás de cuyos muros se vivía una cotidianidad apacible en la que la muerte, las desapariciones y el programa de destrucción de la economía, basado en la toma ilimitada de deuda, no tenían entidad, no tenían nombre, ni algún otro sentido para nosotros que no fuera dado por los medios de comunicación en manos de los grandes depredadores ni, por tanto, en la familia burguesa. Las hostias y las caricias del señor B, ese rector que años después debió responder por abuso sexual, encarnaban en el alumnado lo real siniestro del país. Éramos impermeables a la catástrofe extramuros. Hasta que una tarde el silencioso chico Vázquez pronunció en la clase de religión la palabra pobreza, en relación a las villas miseria. Villas miseria y la opción del cristianismo por los siempre olvidados. La Biblia Latinoamericana, según ellos un engendro marxista, se coló en la respuesta indignada del profesor y en la mirada aterrada de todos nosotros. Vázquez estaba infectado de alguna horrible verdad. Como si se hubieran roto los vidrios de las ventanas entró el lenguaje como un ángel a confundir al alumnado, trajo con la verdad el pensamiento, y con este el acuerdo y el desacuerdo. Por un momento el colegio se sustrajo al desierto y arrojó luz sobre las fosas comunes y el ajuste eterno sobre los desposeídos. Si hubo alguien que quiso mantenernos en la oscuridad fue aquel profesor que se negaba a mencionar a los pobres como hoy el poder pretende que los docentes hagan en relación a la desaparición forzada de Maldonado. En aquel momento, como en este, pretendieron que los derechos humanos no tenían relación con la educación de los chicos. Ojalá que en nuestras escuelas crezcan más leprosos que piensen y no se callen lo que piensan.


viernes, 28 de julio de 2017

Casa Tomada


Todavía no decido si fue o no una pesadilla. Pero el sueño me causó tanta impresión que me desperté sobresaltado.

Llegaba a casa y encontraba todo cambiado de lugar (tanto que, incluso, era OTRA casa). Todo impecablemente limpio y ordenado. Y por alguna razón yo conocía la causa: mi madre y mi hermana. Me sentaba en una silla a meditar y, después de un rato de indecisiones, me dirigía a la habitación donde sabía que estaría Carolina. Antes de que le dijera nada, trató de explicar la situación con una simple frase:

- Fue idea de mamá. -y luego agregó- Ella me ayudó a ordenar

Dijo algunas cosas más que se me han olvidado pero yo la interrumpí:

- Todo muy bien. No hay problema, pero ¿yo dónde voy a dormir?

- Ahí -me decía, señalando un sofá colocado en un rincón de su habitación toda decorada en color rosa.

Dentro de mí sentí un estallido que todavía me convulsiona. Una angustia inenarrable. Una necesidad de gritar y la imposibilidad de hacerlo al mismo tiempo. Esa misma sensación de odio, impotencia, malhumor, cansancio y pena que me ha acompañado a lo largo de los años. 

Salí de la habitación y, apenas traspuesta la puerta, grité en dirección a la cocina:

- ¡Mamá! ¿Podés venir un momento? Tenemos que hablar.

Y, acto seguido, entraba mi madre en escena, tratando de dar sus explicaciones, con ese tono seguro y distendido que tenía para dar cuenta de sus decisiones (que casi nunca tenían vuelta atrás). Pero yo volví a interrumpir, esta vez alzando un poco la voz:

- Algo está muy mal en este asunto. Yo tengo 55 años y ella 23. ¡No voy a compartir habitación con mi hermana! He pasado quince años de mi vida sin tener mi lugar propio, sin tener un sitio para aislarme del mundo y, por mi salud mental, ¡necesito mi espacio privado! ¡NO VOY A PERDERLO! En eso no voy a transigir.

Mi madre me miraba sin comprender:

- Pero entonces ¿yo dónde voy a dormir?

- Ahí, -le respondía yo, señalando el sofá del rincón.

Y al instante me desperté

Ahora que lo escribo y releo, me doy cuenta de que es una tontería (lo sé) aunque todavía siento la compulsión por compartirlo. A pesar de las inconsistencias de la historia.

1) Mi madre murió hace 21 años.
2) Yo tengo ahora 55, pero mi hermana ya no tiene 23.
3) Nunca llamé "mamá" a mi mamá. Siempre la llamé por su nombre de pila: Emma.
4) La frase "Ella me ayudó a ordenar" es un macabro sinsentido: ni mi hermana tendría la iniciativa de poner la casa en orden ni mi madre se hubiera limitado a "ayudar".
5) Mi discurso de reivindicación de derechos forma parte del mundo de las fantasías. Jamás lo hubiera hecho. Antes bien, como en el cuento de Cortázar, ante la mera sospecha de invasión, hubiera cerrado nuevamente la puerta y me hubiera alejado de la casa.

Lo único realmente creíble del relato es que, sin ninguna duda, mi madre hubiera estado en la cocina.

Menos mal que tan solo ha sido un mal sueño.

· · ·

Esto es todo por hoy. Desde las tibias callecitas de la siempre misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que, por lo visto, extraña las sesiones con su siquiatra.



domingo, 9 de julio de 2017

Una Independencia Agrietada


A fuerza de escucharlo (o de que le machaquen a uno la cabeza), muchos han naturalizado aquello de que hay una “grieta” en la sociedad argentina y, por supuesto, si esa grieta existe, la generaron los K. Ninguno, entre ese rebaño de chichipíos, sabe que (siempre y cuando sea verdad que esa grieta existe) la padecemos desde los mismos albores de la nacionalidad.

miércoles, 5 de julio de 2017

No es lo mismo almas que espíritus


Seguramente a todos les ha sucedido alguna vez que compraron una película en DVD que quedó allí, arrumbada en un cajón sin que nunca la vieran. Les habrá sucedido también que ni siquiera recuerdan cuándo la compraron ni por qué. Pero llega ese día en que abren el cajón en cuestión y allí está ella, esperando con paciencia.

Novelas de Carlos Ruiz Zafón