domingo, 24 de mayo de 2009

La culpa no es del chancho


Decía mi bisabuela (vieja sabia como pocas) que el problema de los años no es que pasen sino que se queden y que la primera señal de que la carga se va haciendo pesada no tiene nada que ver con la pérdida de la memoria. "Una se hace vieja cuando pierde el pasmo", sentenciaba Doña Carmen con modismo y contundencia campesina. Y cuando ella hablaba del "pasmo" (creo que vale aclararlo) se refería a lo que hoy en día llamaríamos capacidad de asombro. O sea que la vejez llegaría, según su visión, cuando une deja de sorprenderse, cuando ya lo ha visto todo.

Hete aquí que, bajo esta óptica, hasta hace pocos meses atrás, yo ya empezaba a sentirme viejo.

Que la opinión pública se rasgara las vestiduras en función de una "inédita" inseguridad reinante, sin recordar otros años oscuros cuando les que nos mataban eran casualmente quienes debían protegernos, no me sorprendía en lo más mínimo. Que la Argentina (otrora granero del mundo) fuera asolada por la miseria y el hambre (caldos de cultivo para dengues, cóleras, chagas y otros crímenes sociales de la más variada índole) no me llamaba la atención. La aparición de la gripe porcina barrió desde la tierra azteca con todos los males de la nación y durante algunas semanas ya nadie murió a manos de les drogades y malvivientes sin futuro, a les que solo resta fusilarles contra un paredón, como tan sabiamente postularan les nueves voceres de la idiosincracia vernácula, llámense Susana, Cacho o Marcelo. Que de golpe y porrazo todes pensaran solo en comprar barbijos y devolver los pasajes para México, o que el Chavo pasara a ser algo así como un terrorista sanitario y las costillitas de cerdo, un veneno peor que la cicuta... también me parecía lo más natural del mundo, dado el carácter fácilmente influenciable de mis compatriotes, que al mejor estilo Homero Simpson suelen creer a pie juntillas todo lo que se dice en la televisión.

En verdad me sentía más viejo que nunca. Los años se me habían venido encima todos juntos y no encontraba "pasmo" por ningún lado. Sin embargo, jamás hay que desesperar, porque los milagros existen.

Sucedió que, de cara a las próximas elecciones, el oficialismo anunció las CANDIDATURAS TESTIMONIALES. ¡Eso sí que es novedoso! Te cagan como siempre pero esta vez te lo avisan: "Vos votame que cuando yo gane no voy a asumir y en mi lugar va a estar une de les ñoquis desconocides de siempre". Hasta me sentí emocionado por tanta sinceridad. ¿Será muy descortés de nuestra parte no agradecerles el gesto? Les cuento: ante la evidencia de que, en elecciones anteriores, les polítiques se habían limpiado el trasero con mi voto, esta vez había pensado en poner un papel de lija en el sobre para que al menos les raspara. Pero ahora resulta que con esta inédita novedad me ha entrado la culpa de haberlo pensado siquiera. Más aún sabiendo que semejante anuncio me había hecho rejuvenecer unos diez años por lo menos.

Otra cosa sorprendente es la capacidad de De Narváez para aparecer en cualquier lado. Está bien que con plata se logra casi todo pero igual me parece sorprendente su nivel de exposición. Es casi como el dios cristiano, que según sus seguidores "está en todos lados". Y en todos lados con esa sonrisa plástica, sempiterna, tan europeamente lavada, aséptica, cínica, falsa (¿es necesario que continúe con los adjetivos?). Se lo ve hasta en la sopa y ya ocupa un pavoroso espacio en los subconcientes. A tal punto que, hace algunas noches, en un momento de intimidad entre mi marido y yo, él me preguntó "¿Me ayudás?" y la erección se me volatilizó en cuestión de segundos. ¡No hay derecho!

Después está Tinelli y la gran trascendencia que le dieron los medios a su "Gran Cuñado". Pero eso no me sorprende tanto. Por ahí un poco el espacio que le están dando los noticieros... puede ser... tal vez me hizo rejuvenecer un par de días, pero no es taaaaaaannnnn novedoso. En un país donde los informativos dedican bloques enteros a detallar cómo trabajan los empleados de Google como si no sucediera nada más importante en el país, donde la noticia del día es el cierre de la filial local de Armani o un videíto de Youtube en el que un gatito es amamantado por una chancha (que por supuesto no es mejicana), de qué modo me podría sorprender que la supuesta votación telefónica del programa de Marce fuera analizada al día siguiente como si de un escrutinio oficial se tratase.

Lo que sí me llenaría de asombro sería que los medios hicieran alguna vez un mea culpa, aunque más no fuera un remedo de disculpa por bastardear una profesión ennoblecida alguna vez por periodistas de la talla de Rodolfo Walsh, por nombrar solo uno entre miles. Me asombraría que alguien públicamente reclamara alguna idea a les polítiques que se postulan a legisladores con discursos grandilocuentes vacíos de contenido. Me asombraría que algún fiscal de la Nación procesara a Mariano Grondona por confesar impunemente al aire que en su casa se planeaba el golpe institucional que volteó al gobierno del inútil de De la Rúa. Me dejaría pasmado que las leyes que reclama nuestra comunidad LGBT alguna vez figuraran en las plataformas electorales de los... ¿qué estoy diciendo? ¡Si ya ni se gastan en preparar plataformas electorales!

Y dejo acá, che. Me acabo de dar cuenta que, con tanta reflexión inútil me puse viejo de nuevo.

Ha sido todo por hoy. Desde las callecitas de la siempre misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que ya sabe que la culpa no la tiene el chancho sino quien le niega el paracetamol. Y en eso todes tenemos algo que ver.


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