sábado, 7 de octubre de 2006

LOS ENEMIGOS



Ellos aquí trajeron los fusiles repletos de pólvora,
ellos mandaron el acerbo exterminio,
ellos aquí encontraron un pueblo que cantaba,
un pueblo por deber y por amor reunido,
y la delgada niña cayó con su bandera,
y el joven sonriente rodó a su lado herido,
y el estupor del pueblo vio caer a los muertos
con furia y con dolor.

Entonces, en el sitio
donde cayeron asesinados,
bajaron las banderas a empaparse de sangre
para alzarse de nuevo frente a los asesinos.
Por estos muertos, nuestros muertos
Pido castigo.
Para los que de sangre salpicaron la patria,
Pido castigo.
Para el verdugo que mandó esta muerte,
Pido castigo,
Para el traidor que ascendió sobre el crimen
Pido castigo.
Para el que dio la orden de agonía,
Pido castigo.
Para los que defendieron este crimen,
Pido castigo.

No quiero que me den la mano
empapada con nuestra sangre.
Pido castigo.
No los quiero de embajadores,
tampoco en su casa tranquilos,
Los quiero ver juzgados,
En esta plaza, en este sitio.
Quiero castigo.
Pablo Neruda.

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Este poema fue leído ayer, en la Plaza de Mayo, durante el multitudinario acto que reclamó la aparición de Jorge Julio López, de quien no se tienen noticias desde hace 20 días.
Desde que el albañil Julio López comenzó a ser nombrado como desaparecido, una situación que parecía imposible hace dos semanas, ningún sector del amplio y cada vez más diverso movimiento de derechos humanos había logrado organizar una movilización realmente masiva, un acto que fuera el primer paso de una respuesta contundente por parte de la sociedad. Eso se logró ayer. El acto convocado por los organismos de derechos humanos encabezados las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, al que se plegaron las agrupaciones adherentes al Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, concentró a decenas de miles de personas en varias tandas (muchos llegaron cuando la actividad en el palco había terminado, otros demoraron a propósito su ingreso a la Plaza para diferenciarse de los organizadores), y mostró por primera vez en mucho tiempo que las diferencias políticas –centradas en la opinión sobre el Gobierno y la responsabilidad que le cabe en el caso– podían quedar en un segundo plano aunque sea por un rato.
Luego de que el actor Daniel Fanego terminara de leer el poema de Neruda, Tati Almeida se acercó al micrófono y, con la certeza que la caracteriza, dijo algo que no pasó desapercibido. Era una respuesta clara a lo que había pedido un día antes José María Sacheri, uno de los oradores del acto promilitar en plaza San Martín. El jueves, Sacheri había reclamado una consulta popular para votar una “amplia amnistía”. A lo cual Tati respondió: “No les tenemos miedo. Justicia legal, jamás justicia por mano propia. Nunca lo hemos hecho ni lo vamos a hacer”.
Entre tanto, Jorge Julio López sigue sin aparecer y no faltaron los que se preguntaron (simulando inocencia) si estas marchas sirven para algo... ¡Sí sirven! Porque de alguna manera tenemos que hacerles saber a esos dinosaurios redivivos que no tienen resto para salir impunes de sus crímenes. Que Etchecolatz, Videla, Bussi, Menéndez y todo su largo e inmundo séquito de esbirros tendrán su merecido.
Notables las declaraciones de Patricio Contreras, actor chileno radicado desde hace años en Argentina y partícipe de la marcha: “En un país que tiene nuestra historia reciente cualquier reivindicación de la guerra sucia debe tener una respuesta contundente como ésta: la sociedad argentina en la calle. Hay sectores que se niegan a asumir la responsabilidad criminal que tuvieron. Ellos tienen juicios, tribunales, defensa, prensa, no se los va a torturar ni se los hará desaparecer. La reivindicación de sus armas perversas da cuenta de su catadura moral”.
Nilda Eloy, la otra testigo clave (junto a Jorge Julio López) en el juicio al ex comisario de la policía bonaerense fue aun más clara: "... vamos a seguir, por más que Julio esté desaparecido vamos a seguir. Y muchos de los que estuvieron en la plaza San Martín van a terminar entre rejas".
El que no lo termine de entender, que lea de nuevo el poema de Neruda o se sitúe en la vereda que le corresponde.

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Esto es todo por hoy. Desde las cálidas callecitas de la Misteriosa Buenos Aires se despide Víktor Huije, uno de los miles que lloró ayer en la Plaza de Mayo.

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3 comentarios:

Anónimo dijo...

desde la fria alemania, me gusta tanto leerte llenod e conciencia y de sed de justicia.

miles pedimos castigo, y quiero estar a pie de tu bandera y la mia siempre gritándolo.

Castigo.

Anónimo dijo...

ah! te molesta si te linkeo en mi blog?

Facu dijo...

Este poema de neruda es demoledor! Casualmente lo habia leído (de un descubrimiento genial de la biblioteca de mi madre: las obras completas de nruda en papel biblia!) unos dias antes!

Lamentablemente no pude estar en la plaza, tenia un parcial el día siguiente y me ganó la responsabilidad.

Verdaderamente notables las declaraciones de contreras, justamente porque uno de los argumentos de los grodonas y sus cras es que si pedimos juicio y carcel estamos pidiendo no justicia sino venganza. Venganza sería torturalos, desaparecerlos como ellos hicieron eso es venganza.

saludos desde moreno
facundo


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