miércoles, 11 de octubre de 2006

LOS GRANDES "SOSPECHOSOS" DE LA HISTORIA (Cap. I)



Hoy doy inicio a una serie de artículos en los que pretendo divulgar la historia de algunos personajes históricos de los cuales SE SOSPECHA que no profesaron una heterosexualidad a rajatabla.

LUIS XIII, Rey de Francia (1601-1643)

Durante toda su vida, Luis XIII de Francia tuvo una salud precaria y, además, su recuerdo fue apocado por el de dos mujeres de carácter fuerte y el de un cardenal poderoso. Las dos mujeres fueron su madre, María de Médicis, y su esposa, Ana de Austria. El cardenal, nada más y nada menos que Richelieu.

Por una parte, la vida de este pobre Luis estuvo signada por su sometimiento a la voluntad de estos personajes, que le restaron celebridad en la tortuosa cronología de la dinastía borbónica. Pero también estuvo marcada por el sexo y su lucha interior contra la culpa infundida por su profunda fe cristiana.

La infancia de Luis XIII es conocida gracias al testimonio dejado por su médico personal, quien anotaba detalles no sólo de la salud de su paciente, sino también sobre su vida íntima.

Su padre, Enrique IV, murió en 1610, cuando Luisito tenía apenas 9 años (foto de la izquierda). Como es imaginarse, debido a su corta edad, el niño recibe la corona pero la responsabilidad del gobierno recae sobre su madre. Mala suerte para él, ya que esta buena señora (léase con tono irónico) nunca había desarrollado su instinto maternal y decididamente despreciaba a su propio hijo.

María puso el gobierno en manos de su amante italiano, Concino Concini (pronúnciese "conchini"), quien no gozó de la simpatía de la corte ni del pueblo. Luisito tampoco quiso a Concini (frase ésta que puede dar pie a virulentos chistes que justifiquen su aparición en estas páginas inspiradas por el espíritu del arco iris, je je) y, para colmo, el chico nunca fue un "adelantado". Dicen que tomó su primer baño solo recién a los 7 años (es un atenuante el hecho de que, por aquellas épocas, el baño era un evento francamente extraordinario).

A los 14, el rey era tartamudo, tímido y debilucho. Ninguna cortesana lo había visitado todavía y sus contemporáneos tenían serias dudas de que hubiera iniciado siquiera la etapa de "autogestión". A esa edad (la del pavo), lo casaron con Ana de Austria, hermana del rey de España. Así las cosas, el pobrecito detentaba la corona pero no había ganado ninguna disputa y tampoco "presentaba batalla" con su flamante esposa. Ana esperó y desesperó durante largos cuatro años, hasta que decidió confiar sus desventuras a su hermano, Felipe IV, quien no tuvo mejor idea que transmitir la situación al Papa Pablo V. Éste, a su vez, informa a su nuncio en Paris y el nuncio, al embajador veneciano, que era un amigo cercano de Luis. Un verdadero puterío internacional con el cual las publicaciones amarillistas de hoy en día hubieran amasado pingües fortunas.

El nuncio y el embajador armaron entonces un plan para que el rey hiciera su debut sexual. Dispusieron una sala secreta en el Louvre, en la cual el chico pudo presenciar (cual sala porno del siglo XVII) una función de sexo explícito a cargo de su propia hermana Enriqueta y su señor marido (ufff... al menos no hubo adulterio de por medio). Cuentan testigos fidedignos que el muchacho presenció el espectáculo con beneplácito (no sabemos si por los dones de su hermana o los de su cuñado o ambos o...). su entusiasmo fue "in crescendo" hasta ser ya indisimulable y fue su propio doctor quien, manus medicalis, lo insitó a consumar el acto... supuestamente con Ana.

A pesar del debut, las relaciones de la pareja real fueron más bien esporádicas (su primogénito Luis XIV nació recién en 1638 y hubo quien sospechó que era ilegítimo). A la reina se la vinculó sentimentalmente con varios personajes de la corte, pero el más célebre fue su romance con Lord Buckingham, el embajador inglés (Ella es la dueña de las joyas que deben recuperar los Tres Mosqueteros en la célebre novela de Alejandro Dumas. En "El Hombre de la Máscara de Hierro", Luis XIV Di Caprio y un supuesto gemelo proscripto terminan siendo hijos de D'Artagnan!!!!).

En 1617, ayudado por los nobles, hizo asesinar a Concini y envió al exilio a su madre. Comienza aquí una larga saga de intrigas, intentos de derrocamiento y atentados encabezados por la reina madre y también por Ana de Austria. Se acentuó entonces su desconfianza y su misoginia. Consideraba que todas las mujeres eran frívolas y viciosas, tanto que todo el palacio tuvo la certeza de que al rey le iban los efebos.

En 1624, entregó el gobierno al Cardenal Richelieu, que fue el verdadero artífice de la hegemonía francesa en Europa.

Luis nunca dejó de tener un temperamento solitario y sombrío. La única afición que lo apartaba de su abulia era la caza, pero (para decirlo con un lenguaje popular y casi soez), nunca se supo a ciencia cierta si apuntaba y disparaba o si se clavaba el sable... De lo que sí podemos estar seguros es de que siempre miraba a los ciervos con profunda compasión.

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Eso es todo por hoy. Desde las cálidas veredas de la Misteriosa Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de la historia del que nadie sospecha nada... todos lo saben!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

:D ni te imaginas todo lo que aprendo cuando te leo :D

Es usted profesor de profesión?

El Huije dijo...

No, solamente de vocación.


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