martes, 9 de enero de 2007

LA MANERA MÁS FRUCTÍFERA

Breve párrafo introductorio (pero descolgado):
Muchas veces, nos cruzamos por primera vez con personas a las cuales sentimos que conocemos desde siempre. Al menos a mí suele sucederme. Personas que, con una frase o con un gesto, descalabran las trabas de la comunicación. Esta nueva cultura del blog es un terreno fértil para este tipo de encuentros. No voy a dar nombres de los tantos buenos amigos que he colectado a través de esta página. Cualquiera fuera la lista que pudiere confeccionar sería una nómina incompleta, ingratamente inconclusa. De modo que me abstengo, en beneficio de las buenas migas que he sabido sembrar y recoger. Sólo haré una alusión parcial a un comentario que se vertiera en relación a mi posteo anterior.

"Para terminar, y refiriéndome a ese estado ALGO melancólico y solitario..., decirte únicamente que suele venir a visitarme constantemente. Suelo utilizarlo para escribir..., leer, pintar..., o simplemente, pensar".

Así terminaba su participación la Reina de Salem (una nueva visitante de mi sitio en Blogspot cuyos blogs les recomiendo: http://www2.blogger.com/profile/15201720093997602921 ) y ese simple comentario transportó a mi mente 25 años atrás, cuando yo era aun un tierno adolescente que egresaba de la escuela secundaria y se preparaba para ingresar al cosmos universitario.
Aconsejado por una de mis profesoras (adorable Noemí Calomeni que aun hoy conserva su espíritu juvenil, su vocación docente y sus ideales), me embarqué en la aventura del test vocacional.
Ya por aquellas épocas, el abanico de mis intereses era amplio y necesitaba imponerle algún cauce a mi futuro. Parafraseando al clásico Terencio y a mi amigo Bellota Caravaggio (como verás, insisto en inmortalizarte en mis escritos), nada de lo humano me era ajeno. Fue asícomo terminé en las dependencias de la Universidad Católica de Buenos Aires, dibujando arbolitos con edad, solcitos, casitas, muñequitos con paraguas, descifrando manchas de tinta, completando secuencias lógicas y respondiendo largos y tediosos cuestionarios. Todo muy aburrido. Digan que uno de los coordinadores era una verdadera belleza, razón por la cual a mi almita de borrego con piel de zorro no le resultó tan sacrificado llegar hasta el final.
Recuerdo muy bien aquella sesión individual en la que se me dio el diagnóstico. La terapeuta encargada de la tarea fue concisa y contundente. "Tus capacidades son inusitadamente amplias. De ello no hay dudas", me dijo. Y continuó: "... como tampoco existen dudas de que tu realidad emocional y de vínculo con el entorno justifican el inicio de una terapia que te ayude a resolver los serios conflictos que te aquejan". Era evidente que la mina noencontraba el modo educado de decirme que yo era un putito relajado, que había perdido el rumbo por completo y que teníamuy pocas chances de que mi espíritu indómito se encorsetara dentro de los límites estrechos que imponía la ideología occidental y cristiana. Y por ello, concluyó: "Si te decidís por las ciencias exactas, ése sería el camino más adecuado. Ahora bien, si lo tuyo va a ser la literatura o cualquier otra rama del arte, mi consejo es que te olvides de que existimos los sicólogos y te hundas en tus traumas y contradicciones de la manera más fructífera que encuentres".
Macanuda la sicoloca.
La verdad que el diagnóstico no me ayudó demasiado y (fiel a mí mismo) hice la mía. ¿Que cómo me fue? Digamos que bien. Estudié de todo y me titulé de nada (mami dixit). Tres años de Letras, cuatro de exactas, seis en la Alianza Francesa (mami quería que estudiara inglés) y, en el medio, mucha historia por cuenta propia. Escribí muchísimo. Leí otro tanto. HICE TERAPIA (muuuuucha terapia). Pero ninguno de mis terapeutas logró acomodarme el carnaval a contramano que llevo en la cabeza. De a ratos fui muy feliz (¿quién no?) aunque no me arrepiento. Casi todo pude haberlo hecho mejor, pero lo hice. Soy un tipo como todo el mundo y, aun así, me considero alguien especial: SER YO NO ES PARA CUALQUIERA.
O sea que, en definitiva, el test vocacional resultó ser un oráculo. ¿Vale la pena preguntarse si es mejor el que soy o el que pude ser?


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Esto es todo por hoy. Desde las callecitas de la siempre mágica y misteriosa Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina, se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que (pisando ya los 45) asume su pasado seguro de su presente pero un poquito inquieto por su futuro (¿pa' qué te via mentir?).


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4 comentarios:

ReinaDeSalem dijo...

Me has hecho pensar tanto... Me has hecho recordar..., me situé en tu propio lugar.

SER YO NO ES PARA CUALQUIERA.

Me quedo con esa frase..., seguramente me sirva para concluir muchos de mis pensamientos, muchas de mis chaladuras...

Gracias por mencionarme. Y gracias, claro, por seguir escribiendo, me gusta poder leerte :-)

Gustavo dijo...

Impresionante. Me encantó conocer esa parte de tu historia.
Yo también te siento cercano, y coincido con lo que decís acerca del mundo blog y los seres que lo habitamos.
A mí también me llegó la misma frase que a Reinadesalem.
Y como dicen por ahí, para ser puto hay que ser muy macho, sin duda.

Un gran abrazo desde este lado del río.

Araña dijo...

un beso grande.. solo eso..

adry dijo...

como estas? te conozco? fui alumna de la profe.noemi calomeni , en el san cosme y san damian, promocion 83. me llamo adriana manzano
escribime a mi mail, dale?besos
adrymanzano@gmail.com


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