martes, 2 de enero de 2007

AMORES QUE MATAN

El año ha comenzado tórrido y convulsionado. ¿Será acaso una señal? Como la vida es una sola y la realidad de comienzos del 2007 no difiere de la de finales del 2006, sin solución de continuidad, los conflictos y pasiones siguen su derrotero, ignorantes del inicio de la nueva etapa. Solo se agregó (en mi caso) un elemento fatal y detonante de catástrofes inimaginables: se nos descompuso el televisor.

Oscar Wilde escribió alguna vez: "Todos los hombres matan lo que aman. Que lo oiga todo el mundo. Unos lo hacen con una mirada amarga, otros con una palabra zalamera; el cobarde lo hace con un beso, ¡el valiente con la espada!" ("La balada de la cárcel de Reading"). ¿Quién, entre nosotros, no ha matado algún amor? Sólo aquel que nunca ha amado o el que lo hace por primera vez. Y para ellos, sólo es cuestión de tiempo.

La obsesión por lo perfecto suele llevarnos al camino farragoso de no poder disfrutar de las bondades del amor imperfecto que hemos sabido conseguir. Así pues, con exigencias totalitarias, cada palabra, cada gesto, cada caricia es puesto bajo la lupa del miedo y el prejuicio en busca de lo malo, de la traición, de la mentira. Los fantasmas que nos quitan el sueño suelen llevarnos a hurgar entre la mierda en pro de pruebas que no existen o que ya no deberían importarnos.

Otras veces, el mismo afán de perfección nos lleva a quitarle mérito a lo bueno que tenemos. Entonces, nos escuchamos decir cosas tales como: "Mientras estamos juntos, todo es perfecto; pero cuando te vas es como si nunca hubieras existido... y eso no me sirve". Eterna insatisfacción que se oculta detrás del bendito principio utilitario del capitalismo, la plusvalía de la eficiencia, el debe y el haber de los estados contables, donde no importa la calidad, sino la mera cantidad. Siempre mirando el mundo desde la perspectiva de nuestro ombligo, ni siquiera se nos cruza por la cabeza la posibilidad de que la falla pueda estar en nosotros mismos. ¿Qué puedo hacer para mejorar esta relación que no me satisface plenamente? ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (Almodóvar dixit). Estas preguntas raramente forman parte de nuestro universo intelectual. La vocación literaria es más fuerte que cualquier racionalismo y nos limitamos a despotricar contra el destino (que siempre nos enamora de la persona equivocada) o a echarle la culpa a los astros (cuya conjunción en el día de nuestro nacimiento desató el complot universal que nos condena a una vida de melodrama y tragedia).

Extrema es la variante (por demás frecuente) de transmutar el amor en odio luego de la ruptura. ¡HORROR DE HORRORES! Deploro esas actitudes. ¿Cómo puede uno odiar lo que ayer amó con tanto ardor? Mejor hubiera sido no haber dilatado las decisiones, no haber esperado a que la relación se deteriorara al punto de permitir que aflorara lo peor de nosotros mismos. Siempre hay señales y negarnos a verlas nos convierte ineludiblemente en co-responsables de la frustración. Y esta frustración es aun más grave cuando no asumimos nuestro rol y comenzamos a vivir en función del despecho (tratando de que nuestro ex se entere de nuestros nuevos levantes y de lo felices que somos desde que él ya no está a nuestro lado)... o cuando comenzamos a odiar a toda la raza humana, estúpidamente convencidos de que "todos son la misma mierda".

Todos los que llevamos algunos años en este extraño rito de vivir hemos pasado, en algún momento, por alguna o varias de estas experiencias. Incluso, es posible que muchos de nosotros insistamos en elegir siempre más de lo mismo, repitiendo errores y patrones, lastimándonos inútilmente, a sabiendas de los resultados de nuestras imprevisiones.

Por eso, para este 2007, mi propuesta es CRECER y, sin olvidos, aprender a mirar hacia adelante, viendo el vaso medio lleno antes que medio vacío y, sobre todo, haciéndonos cargo de lo que nos toca, con la idea de mejorarnos y ser mejores personas. Sin odios ni rencores. Porque (como dije hace unos días) el odio nos ata para siempre a la persona odiada y no nos deja avanzar hacia nuestro bienestar.


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Esto ha sido todo por hoy.

Desde las riberas del Río de la Plata, se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que ha matado amores, ha tenido fantasmas y aún hoy sigue muriendo y renaciendo (aunque pocos se den cuenta), huérfano de un televisor que le ayude a patear algunas pelotas para adelante.


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1 comentario:

ReinaDeSalem dijo...

Buen propósito ése de CRECER..., el mío se basa sobre todo en hacer un "reseteo" -necesariamente necesario- en mi mente. Veremos cómo avanza tal propósito...

Vaya joyita de Blog que me he encontrado ;-)

Sincero, directo y muy clarito todo.

Seguiré pasando por aquí.


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