viernes, 8 de julio de 2011

Juicio por Natalia

El 26 de julio comienza juicio por Natalia Gaitán.

Necesitamos tu colaboración.



El 7 de marzo de 2010 Natalia "Pepa" Gaitán fue fusilada por el padrastro de su novia en Barrio Liceo 2da Sección, Córdoba. Su familia, con el acompañamiento y apoyo de Devenir Diverse y la Federación Argentina LGBT, enfrentará el próximo 26 de julio el comienzo del juicio al asesino Daniel Torres.

Se trata del primer juicio en la historia de Argentina en que se visibiliza la lesbofobia como causa del homicidio.

La de Pepa es una familia humilde muy querida en el barrio por su solidaridad. Tienen una asociación civil desde la cual brindan talleres educativos y de formación laboral, copa de leche, entre otros acciones sociales. Pepa era parte fundamental de la asociación, los vecinos y vecinas la recuerdan por su entrega y humildad.

Hoy la familia Vázquez-Gaitán necesita de nuestra colaboración para poder sostener económicamente un juicio de éstas características. Por ello, apelamos a todas las organizaciones amigas para que a través de los medios que se detallan abajo puedan realizar sus donaciones y difundir en sus ciudades, pueblos y parajes para que todas y todos los que deseen ayudar puedan hacerlo.

Recuerden que queda muy poco tiempo para el comienzo del juicio (el mismo se extenderá durante uno o dos meses). Gracias por leer. Esperamos puedan difundir y colaborar reenviando este mensaje.

Un fuerte abrazo militante.

LA DISCRIMINACION MATA.

Cómo colaborar?

1- Realizando un depósito en la cuenta de la Federación Argentina LGBT
Banco HSBC
Cuenta: Federacion Argentina de lesbianas gays
Nro. Cuenta 0593 300 390
CBU 15000091-00005933003900
CUIT FALGBT 30-71033248-3

2- “Comprando” un producto solidario en Mercado Solidario
Disponible a partir del lunes 11 de julio y se puede pagar por medio de tarjeta de crédito, rapipago o pago facil

Pino y el Matrimonio Igualitario


¡Ay, Dior! El dichoso cristal con que se mira...

Hoy entro en mi muro de Facebook y lo primero que veo es una publicación de Bruno Bimbi aclarando algunos puntos que merecen ser aclarados. Transcribo a continuación lo publicado para que sea tomado en cuenta el día domingo durante la votación.


Los activistas de Proyecto Sur están diciendo en Twitter que su bloque fue "el único que apoyó unánimemente el matrimonio igualitario" y que "por eso" hay que votar a Pino. Mienten. Les explico por qué:

1) Es mentira que hayan sido el único bloque que votó unánimemente a favor: también lo hicieron el Nuevo Encuentro, el PS, el GEN, el bloque fueguino de Fabiana Ríos, Forja (radicales K), entre otros;

2) Es deshonesto decir que "por eso" (que ya aclaré que es mentira) hay que votar a Pino, porque saben que Pino jugó muy mal con relación al matrimonio igualitario desde el primero hasta el último día, aunque haya votado a favor. No es el voto lo único que cuenta;

3) Pino Solanas fue uno de los únicos líderes de bloque que se negó a recibir a la Federación Argentina LGBT antes del debate de la ley (tampoco aceptaron recibirnos Aguad, de la UCR, y Pinedo, del Pro);

4) Pino Solanas fue uno de los únicos referentes de la cultura que se negó a firmar una solicitada de apoyo a la ley (yo me encargaba de juntar las firmas y por lo tanto me hago cargo de lo que digo);

5) Yo entrevisté a Pino Solanas en Río de Janeiro en 2009, cuando él fue presidente del jurado del Festival Internacional de Cine de Río y yo estaba acreditado por el diario Crítica. Hablé personalmente con él por una hora, traté de convencerlo de que hiciera una declaración en la nota a favor de la ley y no quiso, me daba vueltas, se escapaba, no quería asumir un compromiso (ya que estamos, debo decir además que, a diferencia de Campanella, que me pareció un re buen tipo, Pino se comportó como un maleducado, fue uno de los peores entrevistados que me ha tocado, lo digo como periodista);

6) En la reunión de labor parlamentaria de Diputados, Pino se oponía a que el matrimonio igualitario estuviera primero en el orden del día, tuvo una discusión por eso con la Checha Merchán y dijo, textualmente: "el matrimonio igualitario no le importa a nadie";

7) Durante la sesión, antes de que se votara la ley, Pino quería hacer un cuarto intermedio, que por una acción coordinada entre la Federación (María se encargó de eso), Vilma Ibarra y algunos presidentes de bloque, se logró frenar. Los militantes LGBT de Proyecto Sur lo saben, porque ese día tuvieron que llamar a Claudio Lozano para ayudar a abortar esa idea de Pino Solanas, que no quería que se votara la ley esa noche.

Por todo lo anterior, que cuento con más detalles en mi libro, digo: sí, Pino Solanas votó a favor de la ley, pero en el camino previo jugó muy mal. Hubo otras personas de Proyecto Sur que militaron por la ley y se merecen nuestro reconocimiento, por ejemplo la Checha, pero no justamente Pino. No nos quieran vender un Pino que no existe ni nunca existió.

Todo bien que estén en campaña, pero los activistas LGBT de los partidos que apoyan a Pino saben muy bien cómo fue la historia, así que no es justo ni honesto que la quieran cambiar ahora. Porque los activistas que votamos a otros candidatos o apoyamos a otros sectores políticos no estamos mintiendo sobre esa historia. Al menos yo no lo hago y María, que es candidata, tampoco; quizás otros lo hagan. Yo escribí un libro de 600 páginas en el que cuento todas las contradicciones y las miserias del espacio político en el que siempre estuve, critico y cuestiono a dirigentes del partido por el que voy a votar y cuento las cosas como fueron, no endulcé ni cambié nada para favorecer a mi sector. Y lo mínimo que espero de mis compañeros de militancia LGBT que están en otros partidos es que tengan la misma honestidad intelectual y política.

Como siempre, Bruno, estoy con vos. En elecciones pasadas, voté a Pino, el mimado de "A Dos Voces", con mucha esperanza y convicción, pero su accionar de los últimos tiempos me ha decepcionado amargamente. De todas maneras, prefiero un gobierno de Proyecto Sur antes de la reelección de Mr. Mac. Pero tu aclaración me pareció justa y necesaria.

De aquí en más, que cada cual saque sus propias conclusiones y vote de acuerdo a su conciencia.


Veda Política

Según leí, a partir de las ocho de la mañana del día de hoy, viernes 8 de julio de 2011, en las frías callecitas de la siempre misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires, los ciudadanos debemos entrar en la llamada veda política. Es decir que, en estos precisos instantes... uy, en estos instantes no porque al momento de escribir estas líneas son apenas las tres y cuarto de la mañana... bueno, mientras el visitante lee estas líneas (que seguro será después del mediodía), ya no será lícito tratar temas de política en el espacio público. Entonces me pregunto si esta veda rige también para los medios informáticos como los blogs o los muros de Facebook. Realmente no lo sé.

Menudo problema el que tengo por delante porque justo hoy se me dio por explayarme sobre algunos temas referentes a la política local. C’est domage, dirían los franceses. Me tendré que quedar con las ganas de enumerar, por ejemplo, las Diez Razones para NO Votar a Mr. Mac Ri (no lo nombro por si es yeta como el Turco):

1) El domingo me gustaría que la gente que asista a votar se acuerde de los kilómetros de subte que prometió Mr. Mac y de los que efectivamente hizo construir. En 2007 se preguntaba si no podíamos construir 15km por año (como Chile o como Europa). Hoy ya debería haber respondido a esa pregunta.

2) Es destacable también la desastrosa política cultural de su administración. Claro, ¿viste gordo?, porque no está bueno eso de refaccionar a medias el Teatro Colón y ponerle machimbre de segunda al piso del escenario principal. Eso no es PRO.

3) ¿Quién fue el ricachón que le alquiló el Teatro San Martín para festejar un cumple?

4) ¿Alguien se acuerda de que Mr. Mac está procesado por las escuchas ilegales?

5) Yo me acuerdo perfectamente de quién fue el primer jefe de la Metropolitana. ¿Y usté?

6) ¿Quién es Posse?

7) Cuando vayan a emitir su voto, fíjense bien en el estado de la escuela en la que les toque votar, recuerden el presupuesto para educación subejecutado y saquen sus propias conclusiones.

8) Que bueno sería que, antes de pasar a sufragar, cada votante se diera una vueltita por el hospital público más cercano para verificar que esté funcionando como es debido. Los vecinos de la zona sur, pueden pasar por el Moyano y cerciorarse de que el Gobierno de la Ciudad haya pagado la cuenta del gas. Si tiene algún pariente que sea paciente siquiátrico, con más razón.

9) A pesar de no haber interpuesto demasiados escollos a la celebración del primer matrimonio entre personas del mismo sexo, recordemos siempre que el tipo es homófobo y misógino hasta los tuétanos, según lo atestiguan sus propias declaraciones en artículos de AG Magazine, que yo mismo he publicado en el muro de mi Facebook en esta semana, y otros de dominio público.

10) Ya sabemos que no fue al debate que organizó la UBA porque los chicos de derecha no van a la universidad a hacer política pero... ¡este quía no hace política ni cuando va a cagar! (¿o será justamente en esa circunstancia cuando se le ocurren ideas brillantes como las bicisendas?). Muy linda la anécdota que contó en el programa de la Su, de cuando se tragó el bigotito en el casamiento. Lo pinta de pies a cabeza.

Y la verdad que se podría seguir. Pero como estamos en veda y no se debe hablar ya de estas cosas, mejor me las guardo. No sea cosa que gane, se envalentone, organice una UCEV (Unidad de Control del Espacio Virtual) y me tiren el blog por la Windows. Por si acaso, este artículo se autodestruirá dentro de cinco segundos. Al igual que estos afiches:























Esto ha sido todo por hoy. Desde las frías callecitas de la siempre misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que (aun teniendo su corazoncito en uno de los candidatos) será muy feliz el día domingo si este coso pierde en primera vuelta. Gane quien gane, es imposible que alguien pudiera hacerlo peor.



miércoles, 6 de julio de 2011

Contra el aborto y a favor de la ley


Hay temas (muy pocos) que son verdaderas divisoras de aguas. Hablo de esas cuestiones tan controvertidas sobre las cuales difícilmente se alcance un consenso alguna vez y cuya resolución deba conformarse con una legislación que abarque lo más ampliamente posible los criterios de la sociedad. Como he dicho, son muy pocos y me vienen a la mente solamente dos: la pena de muerte y el aborto (que para muchos pueden resultar un solo tema).

Esta semana, una vergonzosa campaña publicitaria a cargo de la modelo Natalia Fassi ha reavivado la polémica alrededor de la interrupción voluntaria del embarazo. Y tal vez sea esta su única virtud. La imagen de la modelo, embarazada según ella de ocho meses, banaliza la cuestión y apuesta al golpe bajo mostrándose en posiciones sensuales, clavándose jeringas en la panza, con sangre chorreando entre las piernas y expresión de incomprensible gozo. Detrás de esta campaña, además, se erige la figura de la inefable diputada nacional Cynthia Hotton, a quien muchos recordarán por su enconado rechazo a la Ley de Matrimonio Igualitario aprobada el 15 de julio de 2010. Sin querer ser prejuicioso, creo que bien poco podíamos esperar de esta dupla, razón por la cual lo mejor que podemos hacer como sociedad es pasar por alto la provocación y concentrarnos en el verdadero desafío que representa hallar una solución para este asunto que afecta a tantas personas en todo el mundo.

Inspirado por el anuncio de la campaña, recordé un antiguo monólogo a cargo del comediante norteamericano George Carlin en el que, con humor irreverente y políticamente incorrecto, se ridiculiza a los autodenominados “pro-vida”. Entusiasmado por las ocurrencias del actor, publiqué el video en el muro de mi Facebook y copié a continuación las frases más ingeniosas del monólogo. Claro que mi intención no era la de generar un debate (poco serio sería hacerlo en el muro de una red social de internet) pero una respuesta bastante atinada de un querido amigo (opositor a una legislación favorable respecto del aborto) me da el pie para ponerme serio. Transcribo a continuación una edición de los argumentos de mi amigo:
“...Cuando hay un aborto "seguro", el que muere es el bebé, no la mujer; cuando se deja el embarazo seguir su curso, la mujer tampoco muere, pero el bebé vive; así que en las dos opciones, en al menos una muere el bebé, pero en ninguna muere la mujer. Claro que en un aborto clandestino, pueden morir ambos. Uno de ellos, seguro: el bebé. Así que, en todas las posibilidades, el que más probabilidades tiene de morir es el bebé, no la mujer. Es verdad que la mayoría de los que están en contra del aborto acá y en EE. UU. son hipócritas conservadores, reaccionarios, que a la vez que están en contra del aborto están a favor de la pena de muerte, de la tortura, y de iniciar y sostener guerras por doquier, pero la calidad de estas personas no hace mella a los argumentos anti-abortistas”. “El comediante se burla de los argumentos a favor de decir que el feto es un ser humano; la pregunta es: si un recién nacido es un ser humano, ¿por qué no lo era 5 minutos antes cuando estaba en la panza de la madre? Me dirás: "5 minutos antes es un ser humano, pero 3 meses antes no"; y yo te pregunto: ¿y por qué 3, 4 o 5 meses antes no es un ser humano, y después sí? ¿Qué es lo que hace que un feto pase de ser no-humano a ser humano? Nunca oí ni leí a un abortista explayarse acerca del cuándo, el cómo y el por qué un feto pasa de no ser humano, a serlo. En cambio, el anti-abortista sí tiene una respuesta clara acerca de cuándo comienza la vida humana: en la concepción. Y esto es así porque en la concepción suceden DOS hechos trascendentales: 1º se unen el ADN de la madre (óvulo) y el ADN del padre (espermatozoide) y forman un NUEVO y ÚNICO adn: el del niño por nacer. Este adn, que se forma en esa mismísima, primera y única unión de los gametos, es el mismo y único adn que tendrán todas las células del cuerpo ya crecido”. “2º en el momento de la concepción, se INICIA un PROCESO de crecimiento, IRREVERSIBLE, que, en el vientre materno, durará 9 meses, y luego continúa fuera de él”. “En resumen, el problema central sigue siendo dónde comienza la vida humana; los anti-abortistas damos una respuesta basada en los hechos comprobados científicamente; los anti-abortistas NUNCA hablan acerca de en qué momento comienza la vida humana”. “Tenemos que procurar que haya una muy buena educación sexual pública y gratuita, y reparto gratuito y asesorado de anti-conceptivos, además de la lucha contra la pobreza. Pero no creo que la solución para un aborto "mal hecho" sea legalizarlo, para que sea seguro, porque, en los dos casos, es mortal para el bebé. Con legalizarlo salvamos una sola vida, y legalizamos la muerte provocada de otra, la más inocente e indefensa. Tenemos que evitar que haya abortos, de ningún tipo; legalizándolo no lo lograremos. Te mando un abrazo”.
Recalco el criterio muy respetable de tales argumentos, alejado por completo de una visión mística y confesional (lo que se agradece). Sin embargo, yo acotaría que no todas las personas que se oponen a una ley que permita la interrupción voluntaria del embarazo son capaces de argumentar sin recurrir al mandato divino. Al igual que ha sucedido ya en otros temas polémicos, suelen optar por imponer su propia visión del mundo, o sea sus propios prejuicios. No es este el caso, por fortuna, aunque humildemente me atreveré a resaltar la existencia de algunos supuestos dignos de ser comentados.

En primer lugar, necesito dejar en claro que abogar por la legalización del aborto no es lo mismo que ser “abortista”. Esta es una confusión que muchos malintencionados (no creo que sea el caso de mi amigo) usan a modo de chicana para desacreditar nuestra postura. No puedo hablar por todos pero, tanto en mi caso como en el de la mayoría de las personas cercanas que comparten mi parecer, al bregar por una ley favorable no estamos haciendo apología del aborto. Salvando las distancias, eso es como decir que a partir de mi apoyo a la ley de divorcio quiero que todas las parejas den por terminado su contrato matrimonial, o que por haber celebrado la ley de Matrimonio Igualitario postulemos que, de aquí en más, todo el mundo debe casarse exclusivamente con personas de su mismo sexo. Lejos de ser una inocente confusión, estos juegos de palabras son armas afiladas por algunos grupos fundamentalistas que muchos enarbolan al descuido y que han servido históricamente para alertar sobre catástrofes sociales que nunca se produjeron. YO NO ESTOY A FAVOR DEL ABORTO. Simplemente creo que sería maravilloso que existiera una manera de EVITAR que una mujer tome la decisión de interrumpir un embarazo, pero lamentablemente eso es una utopía. No obstante, para mí y para la mayoría de los seres humanos, será de júbilo el día en que alguien pueda demostrar que estoy equivocado. Mientras tanto, por detestable que pueda resultarnos la idea, los abortos existen y van a seguir existiendo, aun en contra de las legislaciones punitivas y las campañas publicitarias. Ni siquiera en los países donde los abortos son legales y están complementados por una educación adecuada y un libre acceso a los métodos anticonceptivos se ha podido erradicarlos. La diferencia es que, en esos países, al menos no muere la madre.

Otro punto que quisiera comentar es el de suponer que “el problema central sigue siendo dónde comienza la vida humana”. No soy tan necio como para no admitir la veracidad de los hechos que mi amigo relata con tanto detalle y claridad. Pero lo que él pasa por alto es la posibilidad de que muchos consideremos que el “problema central” pasa por otro lado. Por supuesto que soy consciente de que todo aborto implica necesariamente el cercenamiento de una vida. ¿Cómo negarlo? Si no fuera así, no habría conflicto. El caso es que mi abordaje del tema incluye también la certidumbre de que se trata de una situación límite de la que nadie debería sentirse orgulloso pero a la que anualmente llegan cientos de miles de mujeres sumidas en la desesperación. En Latinoamérica, más de 20.000 mujeres mueren por año a causa de abortos clandestinos. Sería muy sencillo llegar a un acuerdo si el nudo de la cuestión fuera algo tan evidente como determinar el momento en que comienza la vida. Eso lo aprendí en la adolescencia con el libro de texto de Dos Santos Lara. El problema central, a mi criterio, es de carácter social y no científico.

La experiencia personal me ha demostrado que ninguna mujer toma alegremente la decisión de abortar. Para todas las que conozco se trató de una cuestión que marcó sus vidas para siempre. Las razones por las cuales se llega a semejante dilema son variadas: violaciones, métodos anticonceptivos mal empleados, la imposibilidad de negociar el uso de un preservativo, desesperación ante el abandono de su compañero, un descuido y un larguísimo etcétera. Muchas de ellas se hacen eco de la tradición que las relegó durante siglos al hecho de ser una mera matriz destinada a la procreación y se sienten miserables por desechar una maternidad impuesta desde la cultura, razón de ser y fin último para toda mujer que se precie. Para la gran mayoría de las mujeres, el aborto es una situación límite que les echa encima las cargas y los errores del pasado de cara a un futuro incierto. Y son el poder de esa incertidumbre, unido a la humana búsqueda de la dignidad, los que terminan inclinando la balanza, aun a costa de la propia vida. Y un dato insoslayable: tanto el ansia de dignidad como la incertidumbre aumentan cuanto más abajo se está en la escala socioeconómica. Porque no nos engañemos: el planteo ético-moral sería INDISCUTIBLE si no fueran solo las mujeres pobres las que mueren, aquellas que no tienen los medios necesarios para “deshacerse” del problema a cambio de una pequeña fortuna que pasa a alimentar los bolsillos de tanto granuja aprovechado. En el Paraíso Terrenal esta polémica no tendría razón de ser. Pero estamos en el mundo real. Tan real que, a pesar de contar con un Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable, el mismo se ve entorpecido por mentes obtusas que, encarnadas en algunos médicos, docentes, jueces, funcionarios y autoridades civiles (guiados exclusivamente por sus creencias o intereses personales y por la injerencia impertinente de algunas religiones) alimentan la ignorancia y profundizan la desigualdad de oportunidades.

Lo terrible es que, mientras nosotros discutimos, las mujeres pobres se siguen muriendo.

Como tantos otros, yo no me considero un dios, me declaro incapaz de encontrar una solución perfecta y ni siquiera me animo a imaginarme en la piel de una mujer que se enfrenta a una situación tan crucial. Queda claro que las mujeres abortan y lo seguirán haciendo a pesar de las campañas, de las opiniones en contra y de la amenaza de una sanción penal. Como seres humanos que somos, solo podemos aspirar a lograr una disminución sustancial de los casos que se presentan actualmente y a una fuerte penalización de quienes se aprovechan de la desesperación y el desamparo o incumplen lisa y llanamente con lo que estipula la ley. Esto último se puede conseguir con la implementación efectiva de una legislación acorde. Lo primero, con adecuada educación sexual o con anticoncepción de emergencia (para las situaciones de violencia que terminan en embarazos no deseados).

Desde hace años, las organizaciones que trabajan en favor de la legalización del aborto libre y gratuito enarbolan una proclama que es mucho más que un slogan: “Educación sexual para poder elegir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir”. Ojalá todos pudieran asimilar el verdadero significado de esta propuesta que es, en sí misma, muy concreta y comprensible.

Esto ha sido todo por hoy. Desde las frías callecitas de la siempre misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que no cree en verdades absolutas, sino apenas en las humanamente posibles.


domingo, 19 de junio de 2011

Breve Reflexión sobre la Paternidad


En mis épocas de primaria, el mes de junio era complicado. Tal vez el único que, más o menos, podía comprenderme era Rafael C. que, al ser huérfano de madre, pasaba por algo similar en octubre. Pero igual era diferente. Rafael había conocido a su mamá, en su casa había decenas de fotos de ella y toda la familia tenía la costumbre de llevarle flores al cementerio. En cambio, en mi casa, el señor que había puesto la semillita para traerme al mundo era un total y completo misterio. Yo nunca había visto una foto suya y estaba tácitamente vedado hablar de él. ¡Aunque estaba todo bien! (je). Los niños no son tan frágiles como suele suponerse y se adaptan a situaciones de todo tipo. Eso sí, mientras llega la hora de la verdad, tejen una realidad paralela, la cual no deja de ser un maravilloso incentivo para su imaginación. Y pónganle la firma a que yo fui un niñito particularmente imaginativo. ¡No saben cómo me las arreglaba para encontrar a quién regalarle los ceniceros, las billeteras y demás chucherías que la maestra de manualidades nos hacía elaborar para estas fechas! Las maestras del pleistoceno no habían caído todavía en la cuenta de que existen las familias que no se ajustan a la tradicional occidental y cristiana y faltaba mucho para que se instituyera el Día de la Familia.

No obstante, la vida es una constante evolución y llegó el día en que, después de tantos pretendientes, el sitio vacante del “papá” en nuestro hogar encontró un titular dispuesto a quedarse (para más detalles, remitirse al posteo donde cuento la historia de mis tres padres). Fue justo a tiempo. A los diez añitos todavía tenía algunos afectos disponibles y, si bien no era el ideal, tuvo algunos aciertos dignos de ser destacados. A saber:

- laburaba mucho y traía plata a casa.

- me ayudaba con algunas tareas del cole.

- cuando llegó el momento, me enseñó a afeitarme.


Pero sus dos mayores logros (y lo digo con toda la buena onda) fueron:

1) ESTAR y ahorrarme el trabajo de tener que inventar historias cada vez que alguien me preguntaba por mi papá. Desde que él llegó, gustara o no, fue mi viejo y listo. Era lo que había y seguro que no salí tan desfavorecido en el reparto.

2) SER UNA REFERENCIA. Decía mi bisabuela que todos servimos para algo, cuanto menos como mal ejemplo, y en ese sentido, a falta de un padre biológico a mano, debo admitir que mi viejo postizo fue una gran inspiración a la hora de hacerme cargo de mi propia paternidad.

¡Y eso de que no salí del todo desfavorecido es la purísima verdad! ¡Cuántos tipos conocemos que son criminales, alcohólicos violentos, golpeadores... PEDERASTAS!!!!!! Y muchos de esos tipos tienen hijos. ¿Qué duda cabe? El que me tocó en suerte no estuvo tan mal.

El tema es qué hace uno con todo eso que le ha acontecido.

Yo no creo que haya nadie que se pase por el forro del traste su propia historia. Todo lo que hacemos lo hacemos desde la perspectiva que, para bien o para mal, nos sintetiza. Por ejemplo, de adolescente, cuando empecé a soñar con la posibilidad de tener hijos, me imaginaba como un padre perfecto. Claro que primero tuve que superar mis propios prejuicios por eso de que los gays no podemos procrear y que les tenemos asco a las mujeres. Obviando la posibilidad de adoptar legal o ilegalmente, que yo sepa, la orientación sexual no tiene nada que ver con la biología y, por muy marica que uno pueda ser, los espermatozoides ni se enteran, de modo que si alguno llega a ponerse en contacto con un óvulo lo más seguro es que lo fecunde. Para que quede más claro: LOS GAYS NO SOMOS ESTÉRILES. Por otra parte, la gran mayoría de los gays adoramos a nuestra madre (que, en el caso de ser madre biológica, será necesariamente una mujer) y, en la medida que nos lo permitamos, hasta podemos enamorarnos de una fémina. Que al fin y al cabo, cuando uno se enamora, lo hace de una persona y no exclusivamente de lo que tiene en la entrepierna. Recordemos que la orientación sexual es una preferencia, no una incapacidad. Del mismo modo en que muchos heterosexuales, de tanto en tanto (o no), gustan de acostarse con una persona de su mismo sexo. Lo demás es cultural. Las represiones, digo. O sea, para tener hijos, los gays no necesitamos hacer la gran Ricky Martin y podemos recurrir a los métodos tradicionales. De hecho, muchos lo hemos llevado a la práctica y tan felices que estamos de que así haya sido. Insisto: solo tenemos que permitírnoslo y, después, amar a nuestros hijos sin condiciones sin esperar que ellos nos paguen con la misma moneda.

Como era de esperarse, el padre perfecto de mis sueños adolescentes se disolvió en las idas y venidas a las que nos somete la experiencia. La vida también suele ser como un ácido para ciertas ilusiones. No me corresponde a mí juzgarme. Para eso están los propios hijos que, tarde o temprano, terminan pasándole a uno la factura. No obstante, supongo que los míos podrán presentarme unas cuantas pendientes de pago y, llegado el momento, me tendré que hacer cargo de lo que he hecho y de lo que no. Entretanto y por si acaso, yo no indago. Lo importante es que, tanto ellos como yo o los demás, tengamos en claro que nada de lo que se me pueda reprochar o aplaudir tendrá que ver con mi elección a la hora de compartir mi vida con otra persona.

Esto ha sido todo por hoy. Desde las lluviosas callecitas de la siempre misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires, se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que (sin buscar justificaciones por ello) hace lo que puede pero ama hasta lo imposible.


¡¡¡¡¡FELIZ DÍA PARA TODOS LOS PADRES!!!!!


Y PARA MÍ TAMBIÉN ¡QUÉ CARAMBA!


miércoles, 15 de junio de 2011

Lo invisibilizado

Las ilusiones políticas de mi madre terminaron con Don Alfredo Palacios. Ella lo llamaba “mi viejo” y, desde que fui chiquito y como quien no quiere la cosa, me enseñó que todo lo bueno que Perón había hecho en el gobierno había sido idea de este buen hombre de sombrero elegante y bigotitos pasados de moda. Con el tiempo, me enteré de que las ideas eran en realidad socialistas y habían sido forjadas por muchas otras personas, además de “su viejo”. Claro que mi madre apenas había podido aprender a leer y escribir correctamente en su mocedad gracias a la revista “El Alma que Canta” (con apenas rudimentos de lectura, escuchaba los tangos en la radio y trataba de seguir la letra impresa) porque, según la abuela, allá en la Tucumán de los treinta, las chicas solo querían ir a la escuela “para que los muchachos les llevaran los libros”. Una metáfora bastante lograda por culpa de la cual mi pobre vieja no pudo ir al colegio como hubiera querido. De modo que no tuvo demasiadas oportunidades para enterarse de qué era eso del socialismo, ni de quién había sido Juan B. Justo (el nombre de la calle en la que ella trabajaba, justamente) ni mucho menos de quién había sido Alicia Moreau.

Recuerdo una mañana (debía ser domingo porque era el único día en que ella estaba en casa a esa hora) en que yo comentaba con mucho entusiasmo los trabajos a los que se había abocado mi hermano. Él estudiaba en la Mercedes Benz y un grupo de profesores y obreros de la fábrica habían organizado un equipo para ayudar a construir casas para las gentes carenciadas o algo así. Recién comenzaban los ’70, claro está. Tal como dice mi hijo, yo era ya un tipo raro y, con mis tiernos ocho o nueve añitos, me dejé llevar y terminé proclamando el advenimiento de una nueva era en la que la justicia y la libertad reinarían sobre la maldad y la opresión. Estaba influenciado por Mafalda, por supuesto, pero no compartía su proverbial pesimismo.

Mi vieja me escuchó en silencio mientras revolvía la olla. Los cuarenta años que han pasado no han borrado aquella imagen de mi mente (o el amor se ha encargado de recrearla luminosa). El caso es que, cuando terminé, sin darles a sus palabras un tono que las marcara como importantes, me dijo:

- Yo no creo que esa época esté tan cerca. Más bien todo lo contrario. Pero yo soy grande y no te puedo decir muchas cosas que pienso porque así estaría matándote las ilusiones.

Humanas contradicciones de mi madre: no me lo podía decir pero me lo había dicho. Sin embargo, para su bien y para el mío, las ilusiones siguieron intactas. Solo un poco deslucidas tal vez, pero inquebrantables. Porque mi hermano murió en el ’76 y me dejó la posta, del mismo modo que otros tantos murieron y les encomendaron la lucha a sus hijos o a sus padres. O a sus madres.

Mi memoria es muy ladina y suele llevarme a pasear por sectores de mi mente que creía olvidados. La última semana, la traición de los Schocklender me hizo revivir aquella anécdota. Y no hay mucho para decir, en verdad. Hace ya quince días que no se habla de otra cosa y por ahí ya se ha dicho todo o casi todo. Más bien casi, porque suele suceder en estos casos que “lo invisible es esencial a los ojos”. Aunque en este asunto no deberíamos hablar de “lo invisible” sino de “lo invisibilizado”.

Debo decir que Hebe no es santa de mi devoción. Siempre la consideré inútilmente confrontativa, sincericida, violenta al cuete, soberbia y, en muchas oportunidades, irrespetuosa y maleducada. No obstante, soy de los que creyeron (y aun lo sostengo) que la “adopción” de los Schocklender, ese acto de amor que les permitió empezar de nuevo, la enaltecían. Más allá de todas las veces que la puteé por lo que hacía o lo que decía, siempre tuve claro que la labor de Las Madres no era más que continuar lo que quedara trunco hace cuarenta años. Y de esto nadie habla. Salvo honrosísimas excepciones, claro está.

Durante estas semanas he escuchado con indignación a muchos papanatas que hablan solo porque el aire es gratis. Personajes oscuros que jamás han arriesgado un moco para ayudar al prójimo y ahora salen a bardear a Bonafini como si estuvieran a su altura y tuvieran derecho a juzgar y sentenciar, cuando en realidad deberían ser humildes, aprender de qué se trata y, una vez informados correctamente, dar una OPINIÓN con el debido respeto que los Pañuelos Blancos se merecen. Porque lo que aquí debería primar no es una reverencial devoción por el nombre de Las Madres, sino un sincero reconocimiento por el valor de su obra. Una obra que, por otra parte, no se conoce o no se quiere conocer.

Por eso, me he tomado el atrevimiento de subir a Youtube el audio de un informe emitido el pasado 11 de junio de 2011 en el programa radial de Eduardo Aliverti. Creo que todo aquel que mire la vida con buena leche podrá sacar conclusiones positivas de lo que allí se escucha. Los que no, seguirán en la suya. Tirar mierda a los que hacen siempre ha sido más sencillo que comprometerse de veras.


En lo que a mí concierne, poco me importa si la labor de Las Madres se hace o no con fondos públicos. Lo importante es que se hace y consiste no solo en construirles casas a personas que las necesitan, sino en permitirles a ellas mismas que las levanten, aprendiendo un oficio, mejorando su calidad de vida y extendiendo su horizonte. Si debería ser el Estado el que llevara a cabo esa tarea es harina de otro costal y tal vez no haya discusión al respecto. Pero por ahora solo Las Madres, con Hebe a la cabeza, se han hecho cargo y los Kirchner son los únicos que se lo han facilitado.

Esto ha sido todo por hoy. Desde las frías callecitas de la siempre misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que, ante la traición de un miserable, prefiere hablar de lo importante por más que no sea perfecto. Estoy convencido de que llegará el día en que otro gobernante nos demuestre que se puede hacer de otro modo. Pero para que eso suceda, ese futuro gobernante deberá construir poder y ganar elecciones que lo lleven a la Rosada. Si no lo hace, si pierde el tiempo en discusiones vanas, solo seguirá matando las ilusiones de todos.

domingo, 29 de mayo de 2011

Odios y Barrios


Nunca fui un tipo muy dado a los odios pero, si alguna vez llegué a odiar a alguien, tengan por seguro que ese alguien fue Jorge Barrios.

Los dos teníamos doce años y cursábamos en la Escuela N°26 de Lomas del Mirador. Hasta su aparición, yo había sido el mejor alumno, el que siempre estudiaba, el que siempre hacía la tarea, el que nunca daba problemas o generaba controversia. Claro que, como contrapartida, tampoco figuraba entre los populares y era el blanco fácil de todas las bromas. Para no andar con eufemismos: el gordo nerd de la clase y, para colmo, medio mariconcito. ¿Para qué profundizar más en el asunto? Estoy seguro de que ustedes ya se deben dar una idea de lo que estoy diciendo.

El caso fue que, de la nada (no tengo recuerdos de él anteriores a ese año), en séptimo grado apareció Barrios y, sin decir agua va, me borró del Cuadro de Honor con insospechada facilidad. Encima, el muy jodido era lindo y deportista, tenía mamá y papá, vivía en una casa que no era alquilada y siempre estaba impecable, su familia tenía auto... ¡y el turro encima quería ser mi amigo!

Envenenado por la rabia y la envidia, me negué a toda relación cercana con él pero, consciente de que una actitud abiertamente hostil no me beneficiaría, disimulaba con gran esfuerzo mi animadversión y trataba de mostrarme amigable. En tanto, me esforzaba el triple y más por superar sus notas y trabajos, pero mi odio era tal que mis capacidades se veían notoriamente vulneradas. Conclusión: terminé la primaria sumido en una gran depresión que fue tema de terapia diez años después.

Recordaba mi enrevesada historia con Barrios la otra noche, mientras miraba “678”, uno de mis programas favoritos cuyo debate con la escritora Beatriz Sarlo derivó en insospechadas repercusiones. Lo de “insospechadas” no alude al hecho de que me pareciera poco importante la participación de la Sarlo, conocida detractora de la línea editorial y de las ideas políticas que defienden los panelistas y la producción del programa, sino todo lo contrario. Las derivaciones me resultaron insospechadas porque yo esperaba otro tipo de repercusión.

La emisión me pareció excelente y así lo expresé a la mañana siguiente en el muro de mi Facebook. Que un programa de marcada línea oficialista (que además sale al aire por el canal público) convoque al debate a una opositora que, para más datos, es una reconocidísima intelectual de fuste, no me pareció moco de pavo. Mérito compartido: de la producción por convocarla y de la escritora por haber asistido.

No voy a meterme a deshilar los distintos momentos del encuentro porque de eso ya se ha hablado y se sigue hablando demasiado. Me limitaré a decir lo que ya he dicho en diversas oportunidades y que también roza el lugar común: que el debate me pareció muy enriquecedor y que cada quien tuvo la posibilidad de expresarse libremente con mayor o menor acierto en sus dichos.

La batahola que sobrevino después fue lo que me descolocó.

La actitud de los medios de prensa hegemónicos no me tomó por sorpresa. De todo lo que dijo Sarlo, solo tomaron las dos o tres frases que les servían y en la cabeza de sus fieles seguidores dejó plantada la certeza de que la escritora había sido la vencedora del match (porque para ellos esto fue tan solo uno más de los rounds en su lucha contra el gobierno nacional). Nada dijeron de las declaraciones de Sarlo acerca de la necesidad de hacer el examen de ADN a los hermanos Noble Herrera ni mencionaron siquiera un par de burradas proferidas por la señora, que no por intelectual deja de ser humana. Hablo de aquello de que en la Argentina el 70% de las personas no habla de política NUNCA (como si putear al gobierno a cada rato no fuera hablar de política) o aquello de que los medios de comunicación no influyen en las ideas de la gente. Muy por el contrario, la señora fue recibida en la radio para la que trabaja (integrante del multimedio anti K, por supuesto) como se recibe a una campeona de lucha libre, al son de “Sarlo sí, Barone no”. Se hicieron ringtones y camisetas con la ya célebre frase “¡A mí no, Barone!” y no pocos portavoces del grupo mediático asumieron como propio el supuesto triunfo. “Aramos” dijo el mosquito.

Mi sorpresa, por un lado, vino de parte de la misma Sarlo que, ante el aluvión de alabanzas, pareció perder el centro y en una entrevista llegó a decir que los panelistas de “678” no estaban al nivel de poder debatir con ella. La querida Beatriz borraba con el codo lo que había escrito con la mano. Su actitud durante el programa había sido tan especialmente respetuosa que no merecía ese exabrupto de innecesaria soberbia. Soberbia que indefectiblemente la llevó a meter la pata en más de una oportunidad cuando quiso explicar lo expresado ante cámaras. Pero esto no hace más que demostrar algo que muy pocos parecieron tener en cuenta a la hora de ensalzar a la señora: lejos de ser una censora infalible de los actos gubernamentales y la pureza periodística de las producciones televisivas, Beatriz Sarlo no necesitó ayuda de nadie para dejar en claro que es como cualquier hijo de vecino, capaz de cometer errores y de defender causas por lo menos cuestionables.

Mi sorpresa (decía) vino de parte de la misma Sarlo y, por otro lado, de algunos miembros de la oposición, que la adoptaron, de buenas a primeras, como la Mujer Maravilla anti K. Pobreza intelectual y espiritual de una casta pretendidamente política que ha perdido el rumbo.

Pero mi sorpresa se torna en indignación cuando escucho a tantas personas, ideológicamente enroladas en la llamada izquierda progresista, haciéndose eco de los mensajes de Clarín y sus secuaces, propalando chistes y consignas que nada tienen que ver con los lineamientos que siempre defendieron. Y no es que uno no tenga sentido del humor. Quienes me conocen, leen de vez en cuando las columnas que escribo o incluso visitan el muro de mi Facebook podrán dar fe de que tengo cierta veta de comediante. El caso es que el humor es humor en tanto se haga con buena leche (y me perdonará aquí la señora Sarlo por no especificar fuentes académicas, puesto que se trata de una apreciación puramente intuitiva de mi parte).

Me provoca una gran tristeza y un enorme desencanto comprobar que tantas personas honestas y de buenas intenciones se dejaran deslumbrar por los brillos fatuos y los cantos de sirenas. Hasta cierto punto puedo comprender y hasta compartir los cuestionamientos que le hacen al actual gobierno nacional, pero de ninguna manera me puedo sumar a los cacareos de una oposición barata y sin planteos claros y concretos. Señoras y señores, la oposición está desvencijada y no es bajo el liderazgo de Beatriz Sarlo que va a encontrar el modo de llevar a la nación adelante. En ese sentido, los K les llevan años luz y, a mi entender, el suyo es el único modelo que ofrece garantías de que el país no se irá barranca abajo otra vez, como ya lo hizo en el pasado no tan lejano. Desde el retorno de la democracia, ningún otro gobierno ha estado más cerca de los ideales progresistas que el de Cristina. Incluso el de ella ha superado al de su marido, que en paz descanse. No es relevante si las medidas por ella implementadas en beneficio de la población fueron ideas originales de Juan, Pedro o José. Acá no se trata de regalías políticas. Lo importante es que las medidas están vigentes y, si Juan, Pedro o José no las implementaron en persona, deberían cuestionarse qué es lo que están haciendo mal para que este gobierno, elegido democráticamente por la mayoría de la ciudadanía, no cuente con una oposición capaz de tomar la posta. No deberían perder el tiempo en planteos bizantinos, estériles e inconducentes. El sistema democrático no se construye ni se destruye por la sola voluntad de un mandatario.

En las elecciones de octubre, mi voto y el de muchos podrá ser considerado un voto cantado. Por primera vez en mis casi cincuenta años voy a votar a un candidato (candidata, en este caso) salido de las huestes peronistas (las razones ya han sido expuestas) pero me duele y me preocupa la falta de opciones. Cristina no podrá ser reelecta en el 2015 y, aunque sí pudiera, tampoco quiero un kirchnerismo eterno. Quiero tener la posibilidad de votar otras propuestas, pero que sean serias y pasibles de ser puestas en práctica. No quiero que me digan que el gobierno nacional es una mierda porque pacta con los barones del Conurbano. Quiero que me digan cómo planean gobernar el país sin ellos. No quiero que me digan que el gobierno nacional no ha sabido o no ha querido profundizar la redistribución del ingreso. Quiero que me digan claramente cómo planean hacerlo ustedes si llegan a la Rosada. ¡Convénzanme! Yo y muchos otros queremos ser convencidos. Pero tengan la certeza de que no lo van a lograr despotricando contra el kirchnerismo. No todo lo que han hecho Cristina y Néstor está mal. Por más que les pese, las administraciones de los Kirchner han sido las mejores que ha tenido nuestro país desde que tengo memoria. De nada sirve oponerse por oponerse. Somos muchos los que veríamos con muy buenos ojos al candidato opositor que tuviera la bonhomía de reconocer los logros y presentar las propuestas capaces de superarlos. Esa es la única ruta posible. Lo demás es un agujero negro.

Esto ha sido todo por hoy. Desde las otoñales callecitas de la siempre misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que, de no haber estado tan preocupado por la competencia con Barrios, quién dice si no hubiera alcanzado el primer lugar en el Cuadro de Honor del séptimo grado.




lunes, 21 de febrero de 2011

La única historia


Tal vez muchos o algunos de ustedes puedan compartir conmigo la experiencia adolescente de haber estudiado historia con el libro del inefable José Cosmelli Ibáñez. Yo no lo percibía por entonces pero, a la luz de los años, pude darme cuenta de que aquel no era un libro de historia propiamente dicho sino más bien la versión impresa del programa de Rial extrapolado a la Antigüedad. Sí, el texto de Ibáñez resultaba un compendio de chismes sobre las aventuras de los dioses del Olimpo y las controvertidas vidas de los emperadores que aun así (o tal vez por eso mismo) me apasionaba leer. Aunque la incompleta información (el muy turro siempre nos escamoteaba los detalles más morbosos) me llevaba a investigar otras fuentes, gracias a lo cual hoy puedo decir con orgullo que no me considero un lego en el terreno de la historia.

"Todos sirven para algo -decía mi finada bisabuela- aunque màs no sea como mal ejemplo". Y quién dice que este no fuera el caso.

¿Alguna vez se les dio por imaginar cómo era la vida en otras épocas o cómo fueron en verdad los personajes que pueblan los libros de historia? Yo sí. Sin ponerlo necesariamente en palabras, cientos de veces me pregunté si Alejandro Magno (el de verdad, no Colin Farrell) o Napoleón o Belgrano hicieron lo que hicieron con la conciencia de que sus actos serían recordados por la posteridad como cimientos de una era. Y al mismo tiempo me fascinaba la idea de un Plutarco todopoderoso capaz de imponer a los que vinieran luego su propia visión de lo que había sido su mundo. Así las cosas, cebado en preguntas, llegué incluso a preguntarme hasta qué punto cada ser humano puede ver que (en mayor o menor escala, por acción o por omisión) todos y cada uno de nosotros somos constructores de este mundo en que vivimos.

Por ejemplo, en la madrugada del 15 de julio de 2010, la realidad de los argentinos cambió para mejor. Después de años de trabajo duro, de pugna de intereses, de insultos recibidos y de reconfortantes apoyos, tras un debate iniciado en la tarde anterior, coincidiendo con un nuevo aniversario de aquella revolución que proclamaba "Libertad, Igualdad y Fraternidad", el Senado de la Nación Argentina aprobaba por fin la Ley de Matrimonio Igualitario. A partir de ese momento, las personas que pertenecemos a la heterogénea comunidad LGBT quedamos en pie de igualdad con el resto de la ciudadanía en relación a nuestro derecho a contraer matrimonio y a formar familias debidamente reconocidas por el Estado. Me consta que muchas personas éramos conscientes del enorme paso que acabábamos de dar como sociedad. Y nos consta también que semejante logro no fue obra de algún iluminado que impuso el poder de su varita mágica, ni fue que los congresistas, imbuidos por un angelical espíritu de beatitud, dispusieron de buenas a primeras que una parte de la población pudiera alcanzar la dignidad que siempre nos había sido negada. La sanción de la ley fue el resultado de tantísima gente (gays, lesbianas, trans e incluso heterosexuales) que puso el hombro para que un hecho de tal magnitud, bisagra en la historia del respeto hacia nuestros derechos, llegara a ver la luz. Sin dudas, hay en esta epopeya decenas y decenas de seres que merecen quedar en la memoria de todos los argentinos, resguardados en el más cálido rinconcito de nuestra gratitud. El tema es que, para que tal anhelo pueda tener la posibilidad de realizarse, es indispensable la intervención de alguien dispuesto a documentar los hechos. Y llegado al punto, los años venideros sabrán reconocer el invaluable aporte que, en tal sentido, nos ha obsequiado el querido y admirado Bruno Bimbi.

Su libro "Matrimonio Igualitario" llegó a mis manos como regalo de navidad y, transcurridos ya dos meses, me lo leí enterito y lo releí dos veces más, exprimiéndolo cada vez como si fuera una naranja a la que siempre le queda un poco de jugo. Es que el estilo de Bruno es como el agua que fluye y encuentra siempre el cauce adecuado para llegar al mar. Con lenguaje claro y preciso, nos trae el recuerdo (o nos pone al tanto) de una historia que nos pertenece a todos. En lo personal, desde la primera página, el libro me ha resultado un diálogo con el Bimbi de carne y hueso que me cuenta sus vivencias (que en muchos casos son también las mías) sin ninguna pretención de objetividad pero sí con el firme compromiso de plasmar los hechos honestamente. Línea a línea, Bruno se muestra a sí mismo tal como es, en su múltiple faceta de espectador, cronista y artífice de los acontecimientos. Sereno en su discurso docente y temperamental en la defensa de sus ideas, Bruno no le hace asco a la ironía ni reprime las broncas. Y justamente allí radica el enorme valor de su trabajo.

A lo largo de casi seiscientas páginas, nos relata los orígenes y los conflictos de esa lucha desigual contra un sistema político y social que se negaba al cambio.

"Seamos realistas, pidamos lo imposible". Esa fue la bandera y punto de partida. El prólogo de María Rachid ya lo adelanta: "Lo que al principio parece imposible puede llegar a ser inevitable". Porque para que esta ilusión llegara más acá del plano de lo utópico fue menester adoptar un diccionario en el cual esta palabrita ("imposible") no tuviera cabida. También fue necesario que María y Claudia asumieran el enorme sacrificio de relegar los intereses propios a los de la causa. Y fue invaluable el aporte de la experiencia española, así como el consejo del misterioso "Rodolfo", a quien (tanto los que lo conocemos como los que no) le estaremos eternamente agradecidos.

Todo está plasmado en el libro de Bruno: el apoyo transversal de todos los sectores políticos y públicos, el trabajo ciclópeo de Vilma Ibarra y de Silvia Augsburguer, la piedra fundacional impuesta por Eduardo Di Pollina, el postrero pero contundente compromiso del kirchnerismo y, por sobre todas las cosas, la firmeza de la FALGBT, un conglomerado bien heterogéneo que supo aunar voluntades para que la construcción de esta nueva realidad fuera una obra colectiva y no el mero regalo de algún héroe oportunista.

Fiel a sí mismo, Bruno tampoco se priva de desenmascarar las bajezas de ciertos políticos que, desde siempre, han privilegiado la seguridad de sus bancas antes que la defensa de los intereses de sus representados. En ese aspecto, este libro es también un manual ilustrativo de cómo entienden la política algunos de los tristes personajes a los que la misma ciudadanía ha encargado la custodia del gobierno, la ley y la justicia.

Tampoco están ausentes en el relato las iniquidades perpetradas en nombre de la fe. Con pretendido halo de santidad y buenas intenciones, Bergoglio, Teresita, Hotton y demás secuaces asumen roles miserables (cual villanos de historieta) con sus ridículos y fofos discursos en PRO del odio y la discriminación.

Y si de iniquidades hablamos, Bruno también descorre el velo de la que sea quizá la peor de todas: el lastimoso papel desempeñado por una pequeña pero significativa facción de nuestra comunidad LGBT, más empeñada en defender su quiosquito de supuesto liderazgo que en bregar por la defensa de nuestros derechos. Personajes impresentables que hubieran sido capaces de aceptar dádivas vergonzantes antes que unirse a la causa de todos sin exigencias de protagonismo. En ese sentido, se resalta la honestidad y la ética de otros sectores que, a pesar del inicial desacuerdo con los objetivos y las estrategias de la FALGBT, se permitieron escuchar los argumentos para finalmente sumarse a la tarea de remar todos para el mismo lado.

No cabe duda de que llegará el día en que el debate que nos dividió como sociedad (y aun nos divide en gran medida) pierda por completo su sentido. El matrimonio entre personas del mismo sexo dejará de ser objeto de controversia, las personas trans podrán asumir su identidad sin que nadie las cuestione y la educación sexual será un hecho en todas las escuelas respetando la diversidad y el deerecho a elección. Será el día en que la militancia LGBT desaparezca. Pero aun entonces habrá historiadores necesitados de testimonios fidedignos que les permitan reconstruir nuestro presente, devenido ya en un pasado barbárico en el cual el mismo Estado se encargaba de humillar día tras día a una parte de la población. Afortunadamente, esos historiadores futuros han de contar con el aporte ineludible de este libro de Bruno Bimbi.

Esto ha sido todo por hoy.

Desde las sofocantes callecitas de la siempre misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Viktor Huije, un cronista de su realidad que hoy sabe más que nunca que, aun cuando la historia la escriben los que ganan, al menos en este caso no hay otra historia.

jueves, 20 de enero de 2011

Grave denuncia

La que sigue es una carta que relata un hecho despreciable que, lamentablemente, todavía es más frecuente de lo que uno quisiera en nuestro país.

Buenos Aires, 18 de Enero del 2011

El pasado fin de semana, entre los días 14 y 16 de enero, concurrimos junto a un grupo de compañeras de la organización social “La Fulana” al Camping Club Cascallares, en la localidad de Moreno. Tras realizar el correspondiente abono para hacer uso de las instalaciones del camping, acampamos!

Entre los servicios que ofrecía dicho establecimiento, se incluía el uso de la pileta. No obstante, cuando quisimos acceder a la misma, se nos presentó un inesperado inconveniente: No permitían el ingreso a las mujeres que utilizaban como traje de baño corpiños de bikini y shorts de baño.

El argumento que emplearon los dueños del camping remitía a que “no estaban vestidas con traje de baño”. Así, iniciamos un intercambio en el cual explicamos que prohibir el ingreso de mujeres a la pileta por el sólo hecho de la ropa de baño empleada era un acto discriminatorio, y por tanto era necesario rever la postura.

Sin embargo, la propietaria del establecimiento no escuchó nuestros reclamos, y mantuvo su posición sin ceder a nuestro pedido de tener los mismos derechos que el resto de las personas que habían abonado la entrada a la institución.

En dichas circunstancias, nos comunicamos telefónicamente con Claudia Castro, referente de “La Fulana” y Coordinadora del Programa de Diversidad Sexual del INADI, para solicitar su apoyo. Rápidamente Claudia Castro se comunicó al Camping Club Cascallares para dialogar con la propietaria (Sra. Mónica Gutiérrez), quien finalmente accedió a su pedido y permitir el ingreso a la pileta, con la condición de dejar asentado el nombre y número de documento de las mujeres. Aunque dicha condición nos pareció humillante, manifestamos buena voluntad y nos presentamos a la administración para que nos tomaran los datos requeridos y quedáramos registradas.

Lamentablemente, aún no había pasado lo peor. Apareció en el lugar de ingreso a la pileta, a fin de hacerla de público conocimiento, una nota que especificaba los datos de registro de las mujeres de la Fulana y una leyenda en la que se señalaba que la Administración del Camping Club Cascallares se veía obligada por el INADI a permitir el ingreso de mujeres con short de baño masculinos, haciendo una excepción en el reglamento del establecimiento dada la condición de lesbianas de las concurrentes.

Posteriormente, el guardavidas comenzó a difamar la labor del INADI y se burló de los derechos humanos. Manifestó una conducta agresiva al gritar “ustedes se autodiscriminan porque en la pileta entran negros, judíos, etc…”. Y repetía estas palabras a cada persona que ingresaba a la pileta”.

Al regresar del campamento, presentamos una denuncia formal ante el INADI.

A su vez, desde la Secretaria de Diversidad Sexual del Partido Socialista, en diálogo con mis compañeras/os, coincidimos en la importancia de difundir este hecho y repudiar los sucedido.

Por ello, hacemos circular esta nota con el pedido de sumar adhesiones de organizaciones sociales, para tomar conciencia y exigir la implementación activa de políticas públicas en pos de una cultura sin discriminación.

BASTA DE LESBOFOBIA

María Alejandra Aranda
(Marita Curi)
DNI. 22046293



Sigamos atentes. El trabajo aun no ha terminado.


viernes, 14 de enero de 2011

Campamento nacional de la Juventud LGBT

Para abordar la agenda de trabajo en 2011
Campamento nacional de la Juventud LGBT

La Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans, a través de la Secretaría de Juventud, la Secretaría de Trans Masculinos y su organización local Devenir Diverse, organiza el primer Campamento Nacional de la Juventud LGBT, que se realizará en la localidad cordobesa de Tala Huasi del 18 al 20 de febrero próximos.

El campamento tiene como objetivo reunir a jóvenes lesbianas, gays, bisexuales y trans de todo el país para realizar jornadas de integración, sensibilización y capacitación sobre los temas que forman parte de la agenda de la diversidad sexual para el año 2011: ley de Identidad de Género, ley de Atención Sanitaria para Personas Trans, combate a la Homofobia, Lesbofobia y Transfobia en las escuelas y ámbitos familiares, entre otros.

Desde las secretarias nacionales de Juventud y trans masculinos de la FALGBT se convoca e invita a todas y todos los jóvenes del país a sumarse para trabajar en la construcción de un país mas justo para todos y todas.

Cabe aclarar que no es necesaria la participación en algún grupo u organización para asistir al campamento, solo tener ganas de compartir tres días en diversidad.

El Campamento de la Juventud LGBT cuenta con el apoyo del Programa Nacional de Diversidad Sexual del INADI.

Información útil
Campamento Nacional de Juventud LGBT
Fecha: 18, 19 y 20 de febrero
Lugar: Tala Huasi , Pcia. de Córdoba
Organiza: Secretaria Trans Masculina, Secretaria de Juventud de la FALGBT y Devenir Diverse
Auspicia: Programa Nacional de Diversidad Sexual INADI

Agradecemos su difusión


Novelas de Carlos Ruiz Zafón