lunes, 18 de diciembre de 2006

EL QUE CALLA OTORGA

Días atrás recibí una crítica por haber publicado un poema de Benedetti a raíz de la muerte de Pinocho. En ella se aseguraba que el poema destilaba odio y que (junto a la prédica de todos aquellos que aun hoy piden justicia) no hacía más que alimentar viejas antinomias que solo han cubierto de sangre a nuestra tierra. Decía textualmente: "Lamento que un escritor público, formador de opinión, a quien Joan Manuel Serrat, sacó del pequeño mundo de los amantes de la literatura, ergo del ostrasismo; para convertirlo en un personaje mediático, haya escrito una poesía que festeje la muerte". He aquí algunos párrafos de mi respuesta:

"En principio, discrepo con la idea de que Benedetti haya necesitado de la "ayudita" de Serrat para transformarse en un escritor "mediático". Creo que Don Mario ha sido desde siempre un poeta políticamente incorrecto (a pesar de sus innumerables poemas de amor) y siempre incomodó a los gerentes de los grandes medios de prensa, tan deseosos de mantener las buenas relaciones con los poderosos de turno. Ni siquiera considero que alguna vez haya llegado a ocupar el sitial de "literato mediático" y mucho menos que esa haya sido su intención al escribir el poema que (por si alguno no lo sabe) en realidad fue escrito en ocasión de la muerte del ex presidente Ronald Reagan y no para el execrable Pinocho trasandino. En todo caso (ahora que recuerdo aquellos poemas de los que hablaba algunas líneas más arriba), Benedetti ya inundaba la memoria colectiva de los rioplatenses en la década del 60, cuando sus poemas adornaban las paredes de los cuartos adolescentes, impresos en esos posters de cuarta que estaban tan de moda por aquellos tiempos. Gracias a ellos pude conocer en mi niñez versos tan memorables como los de "TODAVÍA" o "CORAZÓN CORAZA", por nombrar solo dos. Y, por cierto, en aquellas épocas, el Nano Serrat era poco más que un borrego que recién iniciaba su carrera, guitarrita al hombro. Los que no olvidan (y sobre todo los que no se avergüenzan de sus orígenes humildes) pueden dar crédito de lo que digo."

"Por lo demás, entiendo muy bien el mensaje de paz y amor, tan políticamente correcto (al contrario de Benedetti). Y tal vez podría compartirlo, pero en otras circunstancias."

"Porque considero que NO OLVIDAR no es sinónimo de ALIMENTAR ODIOS. De hecho, puedo enorgullecerme de no haber odiado jamás a nadie, ni siquiera a los muchos que me han dañado artera y voluntariamente. El odio te ata al sujeto odiado y existen personas (¿?) con las que no me interesa tener ningún tipo de relación. No me interesa relacionarme con los asesinos ni con los corruptos que priorizan sus cuentas bancarias y no la vida de un ser humano. No me interesa vincularme con los que pudieren avalar las conductas de esas personas y mucho menos con sus acólitos y/o seguidores."

"Me perdonarán los amigos y amigas cristianas que hayan de leer estas líneas, pero tampoco creo en el perdón a ultranza. La historia de los Pinochet (y hablo no solo del dictador), de los Videla, de los Camps, de los Firmenich, de los Gorriarán Merlo, de los Hitler, de los Tacher, de los Reagan, de los Stalin... y la lista sigue y sigue hasta el infinito... la historia de estos personajes es lo suficientemente conocida (al menos por los que nos preocupamos por mantenernos medianamente informados) como para llegar a la conclusión de que hay cosas que no se pueden perdonar. Y MUCHO MENOS OLVIDAR."

"Me resulta curioso cómo existe todavía un sector de la sociedad que a la justicia le llama revancha. Parece ser que algunas "gentes" que hace treinta años mandaban a torturar y a matar, sembrando el miedo y la muerte (amén del hambre, el desencanto y el horror) ahora deberían ser acreedores del PERDÓN CIUDADANO en pro de una hipotética "unión nacional". A mí no me interesa la reconciliación con determinados personajes que, no solo no se han arrepentido de los crímenes cometidos, sino que todavía se sienten orgullosos de haberlos cometido, siguen haciendo apología de sus iniquidades y volverían a hacerlo si tuvieran la oportunidad. ¿De qué reconciliación me hablan? ¿Quién se sentaría a la misma mesa con el asesino de su hijo? ¿Quién tendría la presencia de espíritu para darle la mano al que dio la orden de matar a su padre? Yo ni siquiera me imagino dirigiéndole una mirada compasiva a cualquiera de esos politicuchos que, con solo un decreto, sentencian a muerte a miles de personas. La memoria no es odio y el deseo de justicia no es revancha. Y mucho menos "setentista", habida cuenta de que ciertos ideales son atemporales en su propia esencia. Juan Pablo II dio un excelente golpe de efecto con el público perdón a su agresor pero (desconfiado como soy) sospecho que solo se trató de una movida política tendiente a ensalsar la imagen de una institución bastante vapuleada a causa de sus desaguisados (obvio que esta es una opinión muy mía y, por lo tanto, sujeta a revisiones). No obstante (golpe de efecto o no), fue un gesto que celebro. Ahora, estoy seguro (porque lo viví en carne propia, no porque me lo contaran) que la muerte de los que amamos es infinitamente más temible que la propia."

"Como músico, no creo en el silencio y, como ser humano, no creo en las caretas. Hay realidades que me ponen contento y no tengo empacho en manifestar mis estados de ánimo. La muerte de Pinochet no me hizo saltar de alegría (hubiera preferido que pagara sus delitos como cualquier hijo de vecino), pero tampoco me da como para reprender a los que la celebran. Fue pura escoria y se me ocurre que esta bolsa de gatos llamada humanidad está un poquito más limpia desde el 10 de diciembre próximo pasado. Y digo solo "un poquito" porque ya se sabe que los que defendieron, defienden y defenderán por siempre sus "fechorías" no son pocos y pululan por doquier, envenenados por el profundo odio que los energiza. Porque ellos sí saben lo que es el odio. Lo manifiestan a diario con cada amenaza, con cada mirada de desprecio, con cada acto insolidario, con cada discurso y (muchos) con cada defensa de cuestiones que son indefendibles. Al menos para gentes de bien (que también existen)."

"Si de paradojas hablamos, el hecho de que la celebración por la muerte de un tirano asesino levante tan airadas críticas de sectores que (supuestamente) defienden la vida me parece que se lleva las palmas. ¡Abrazo, medalla y beso!"

Eso es todo por hoy. Desde las callecitas de la siempre mágica y misteriosa Ciuda de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires, se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que promete dejar atrás el tema Pinochet en beneficio de su salud mental y la de sus lectores.


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1 comentario:

Señorita Cosmo dijo...

Yo soy mucho más sádica y lo crean o no, cuando digo que no me alegra la muerte de este tipo lo digo en serio. Yo hubiera festejado una condena larga y dura en vida.
La muerte para mi es un descanso que al único que entristece es al que se queda (en el caso de querer a alguien) o lo alegra (en el caso de molestarlo), pero este ya no molestaba más que en su pasado, por eso le hubiese deseado un gran lucidez mental y una buena estadía en la cárcel entre presos comunes y no morir con "honores" como murió el hijo de puta.
Eso no hace más que darme más bronca. Si pudiera lo resucitaría y lo condenaría yo misma.
Lo del perdón del papa no lo había pensado por ese lado, por el lado de "intento de manipulación", aunque es obvio, la misma doctrina pretendo manipular a la gente para que acepte la pobreza y las injusticias terrenales como un "camino al cielo".


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