sábado, 15 de julio de 2006

VOLVER A BUSCAR LA VERDAD



Todavía suceden en el mundo cosas que logran sorprenderme.

Esta mañana tempranito compré el Página 12 y lo primero que leí fue la contratapa, a cargo del maestro Osvaldo Bayer (recomiendo la lectura de todos sus artículos, que se publican on line casi todos los sábados en www.pagina12.com.ar).

Parece ser que la Iglesia Luterana de Alemania acaba de dar a conocer un documento en el que plantea la escandalosa disparidad de oportunidades que existe entre las clases sociales pobres y ricas. “El hambre es un escándalo” dice. Y en eso solo un canalla puede estar en desacuerdo.

Días atrás, tuve la suerte de toparme con una emisión de radio conducida por gente que aprovechó la fiebre del Mundial para hacer periodismo en serio. Entre otras cosas, señalaba el cronista la abismal diferencia en el estándar de vida entre un habitante de Munich y otro de Leipzig, por ejemplo. Resulta que los alemanes son tan regios que hasta se dan el lujo de tener una Alemania del primer mundo, opulenta, occidental, producto del famoso milagro alemán, y otra más tercermundista (sin llegar tampoco a tanto), representada por los antiguos territorios de la Alemania Democrática, acuciada por los fantasmas del desempleo y la “pobreza”.

Por fin una iglesia toma el camino que le corresponde”, se alegra Bayer. En vez de hablarnos de cielos e infiernos y de otras vidas, ese documento nos habla del hambre y de la pobreza en ESTE mundo. Hambre y pobreza que siempre se traducen en desigualdad de oportunidades.

La iglesia protestante, la más grande de Alemania, llama nada menos que “escándalo” a la pobreza en la “rica Alemania”. Es necesario asumir la vergonzosa realidad en la cual un grupo minoritario acumula, día a día, más poder económico (y por ende también político), mientras los que tienen menos luchan cada vez más para no quedar entre los marginados. Al fin alguien se ha dado cuenta de que ESO NO ES DEMOCRACIA.

Sin la justa repartición de los bienes materiales no existe la igualdad de posibilidades”. O sea: toda sociedad moderna que se precie debe aplicar los principios de la justa repartición. O sea: “La sociedad es democrática cuando todos tienen la posibilidad de vivir en dignidad”. O sea: dejémonos de mirar para el costado y asumamos que, si no somos solidarios, todo se va al carajo (y esto lo digo yo, con un lenguaje soez que el maestro Bayer jamás emplearía).

La desocupación es (para este documento de los cristianos luteranos) la causa principal de la pobreza y de la marginación social. Ya sé, éste es el momento en el que más de uno de los que están leyendo dirán: “Yo siempre he sido pobre y nunca he salido a delinquir”. Y lo dirán sin detenerse a analizar algunos detalles. A saber:
1) El que está leyendo estas líneas tiene acceso a una computadora y a una conexión de Internet. Pocos de los marginados latinoamericanos tienen su suerte.
2) El que se ha tomado el tiempo de leer estas líneas tiene una preparación intelectual suficiente como para inmiscuirse en temas que muchos pueden considerar abstractos o fuera de su interés (falta de instrucción mediante).
3) El que tiene acceso a estas líneas no sufre la angustia de no saber si mañana tendrá algo para llevarse a la boca.

Como siempre digo a todo aquel que me quiera escuchar: mis hijos jamás han vivido entre lujos, pero es mentira que tengan las mismas oportunidades que los chicos que piden limosna en los trenes. Y sería muy larga la lista de diferencias.

El mejor método de llevar adelante una sociedad es mediante la educación y el perfeccionamiento. Hay que eliminar de todo sistema educativo las estructuras selectivas que hacen que el éxito en la vida de un niño y de un estudiante dependan de su origen social y no de sus propias capacidades. Y para que eso sea posible (no nos engañemos) es imprescindible lograr que el número de pobres sea ínfimo.

En este sentido, el documento luterano es tajante: Si hay pobres es porque en la sociedad una parte goza de riquezas desmedidas y fuera de toda ética”. Sociedad que tiene una parte de conciudadanos que no llegan a satisfacer sus necesidades mínimas es una sociedad inmoral. El mismo calificativo recibe el gobernante que nada hace por igualar las posibilidades. Una verdad de Perogrullo: “con el estómago vacío no se aprende”.

Pobreza significa violencia, aislamiento, no participación, y para combatirla es necesario apelar a la LIBERTAD y a la SOLIDARIDAD. “La capacidad de un ser humano para crear riqueza no debe ir en beneficio propio más allá de su bienestar”. “Lo demás es delinquir contra su propia sociedad”. Todas éstas son palabras del vocabulario humano, es decir, existen: solidaridad, ética, diálogo, responsabilidad. No pertenecen ni a la ilusión ni al concepto de utopía. La educación debe significar integración. No a las diferencias religiosas, no al racismo, no a la violencia. No a la homofobia (acoto yo).

Llama la atención este decidido lenguaje, principalmente enfocado al sistema que ha creado en el mundo la pobreza. Y con la pobreza, la violencia. En momentos en que se bombardean ciudades en nombre de la libertad o se persiguen las ideologías y los modos de vida diferentes a los del común, sale este documento que establece que la única salida es la solidaridad.

Culmina Bayer: “Mientras el papa Ratzinger, en Valencia, se dedica a proclamar su negación contra el matrimonio de los homosexuales, los luteranos toman la sartén por el mango y reanudan una vez más el problema básico de la humanidad: la búsqueda del sistema que termine con la injusticia y la violencia social”.

Y ya está todo dicho.

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