sábado, 16 de julio de 2011

La sopa es agua con color


Si alguien pudiera inmiscuirse discretamente en los recovecos de mi mente, sabría con certeza que hace rato que me estoy resistiendo a escribir este texto. Me cansa el tema. Me aburre. Me distrae. Pero día a día me lo encuentro en los diarios, en las conversaciones callejeras, en el subte y (como no podría ser de otra manera) en el muro de mi Facebook. Y como estoy harto del asunto, voy a intentar explicar lo que pienso al respecto de una vez por todas, a ver si podemos pasar a algo más edificante.

Lo primero que voy a decir (y no seré para nada original puesto que ya otras personas más relevantes que yo lo han dicho antes) es que no concuerdo con todo lo escrito por Fito Páez, pero igual lo banco.

Lo segundo es que la andanada de respuestas y vituperaciones mediáticas que ha recibido me resulta desproporcionada y, sobre todo, “sospechosa” (las comillas son una ironía porque de pocas cosas en la vida he tenido tanta certeza como de la campaña organizada para utilizar el exabrupto de Fito con un objetico político bien concreto). Quién sabe... ¿Y si las cosas no fueran exactamente como las cuenta Clarín?

A ver, en otras circunstancias se han dicho cosas infinitamente más repudiables sin que ameritaran primeras planas de los grandes medios, ni editoriales, ni flashes informativos, ni mesas redondas, ni la indignación ni la repulsa popular. Dichos que, sin lugar a dudas, atentan contra el pensamiento democrático y (creo yo) deberían ofender a la sociedad toda. Cito apenas unos pocos ejemplos:

- “El kirchnerismo es un cáncer que hay que extirpar” (M.G.)
- “Yo duermo mucho más tranquila desde que Kirchner murió” (E.C.)
- “La gente dice que el cajón estaba vacío” (M.L.)
- “El funeral fue un gran espectáculo montado por Fuerza Bruta” (E.C. otra vez)
- “Cada vez que pienso en la Argentina me dan ganas de llorar” (M.V.Ll.)
- “A los Kirchner hay que tirarlos por la ventana porque ya no los aguantamos más” (M.M.)

Y podría seguir.¿Cuál es la diferencia entre los dichos de Fito y los anteriormente citados? A mi juicio, dos. La primera diferencia es que el músico alude en su texto a la mitad de la población porteña (la mitad del Pueblo, como suele decirse, a veces casi de manera litúrgica) y los otros apuntan exclusivamente hacia la frente de las autoridades del Gobierno Nacional. Esto puede inclinar la balanza a favor de estos últimos. La segunda diferencia es el sitio que cada uno ocupa en nuestra sociedad: mientras Fito es un artista popular y (en consecuencia) un simple ciudadano que no tiene por qué estar comprometido con lo políticamente correcto, los otros son reconocidos comunicadores y políticos que sí tienen (en función de tales) un compromiso con la ecuanimidad. En este sentido, lo dicho por el artista no debería ser más importante que lo dicho por cualquier hijo de vecino.

Yo creo que, en todo caso, Fito se equivoca bastante. La mitad del electorado porteño no es macrista. En ese 47% del domingo pasado hay de todo. Se me ocurre que lo votaron los soretes que son como él (no es preciso aclarar que yo también puedo ser crudamente sincero) pero también lo votaron gentes que (aun siendo buenas personas) o no están lo suficientemente informadas (porque la únicas noticias que consumen son las que les llegan desde los medios comunicacionales opuestos a la gestión del Gobierno Nacional), o se resisten sistemáticamente a los cambios (no les va tan mal y, por si acaso el ingeniero tuviera algo que ver en ello, no quieren que cambie nada), o directamente les importa un pedo lo que pase porque ellos “no se meten en política”. Seguramente habrá otras razones más por las cuales los electores pudieron haber puesto el voto por MauriSSio, pero a mí no me dan la cabeza ni las ganas para descubrirlas (tengo mis limitaciones ¿vio?). El caso es que Fito se equivoca cuando mete a todos en el mismo saco. Las sociedades en general, y la porteña en particular, son mucho más complejas de lo que el texto de Fito pudo expresar. Sin embargo, no hay que perder de vista que lo que dice Fito sí se adecua a determinada parte de la sociedad. Al decir de Antonio Machado: en todos lados hay “pedantones al paño que saben por qué no beben el vino de las tabernas”. Esa “mala gente que camina y va apestando la tierra”. Claro que (insisto) esa gente está por todos lados e incluso la podremos encontrar entre los que votaron a Filmus o incluso entre los votantes de Solanas, pero el mismo prejuicio al que uno no puede sustraerse me dice que “esa gente” es bastante astuta y sabe dónde está lo que le conviene. Me atrevo a asegurar que esa gente votó a Mr. Mac porque, entre los defensores de su ideología mezquina, inescrupulosa, artera y despreciable, el ingeniero es el que más probabilidades de éxito tiene en el campo electoral. De otra manera, hubieran votado a Carrió, a López Murphy o hasta al mismísimo Biondini, si hubiera sido necesario. Esa gente no se sintió ofendida por los dichos de Fito. No les interesa en lo más mínimo lo que pueda decir un artista popular cuyas ideas políticas también les dan asco aunque no lo digan. Pero Fito lo dijo y les dio el pie perfecto para que ellos pudieran hacer su jugada. “A falta de pan, buenas son las tortas” dice el dicho. La derecha vernácula necesitaba una barbaridad semejante pero mejor hubiera sido alguien más allegado a las altas esferas del kirchnerismo. Ya tenían la artillería preparada para atacar, seguros de que algún militante importante se iba a ir de boca. Se deben haber sentido desilusionados al ver que nada de lo que decían los más importantes miembros del Gobierno Nacional daba como para echárseles encima como perros de presa. Por suerte (para ellos) apareció Fito y pudieron finalmente echar mano a toda esa dialéctica y esas editoriales prolijamente diseñadas, poniendo las palabras del rosarino en la boca del oficialismo, como si el rosarino fuera un funcionario más. Y la demás gente, la que por tradición no se subleva más que cuando le dicen (veladamente, claro) que debe hacerlo, se unió a la campaña, inocentemente convencida de que Fito era, de buenas a primeras, un enviado más del demonio que busca terminar con lo poco de argentinidad que nos va quedando. Esas mismas personas, que se sintieron tan ofendidas porque Fito dijo que le daban asco (en realidad esta es la palabra en la que se centró la campaña) disimulan como pueden su voto macrista y por eso el dardo del músico les llega tan al pecho. ¿Cómo podrían, si no, sentirse tan ofendidos por un calificativo desafortunado pero dirigido a otras personas? Tal vez sea también un poco de transferencia. Cuando ellos se desahogan con insultos y/o desvalorizaciones contra CFK, es posible que también estén pensando en quienes apoyamos en mayor o menor medida su gobierno. De hecho, yo he leído y escuchado hasta el hartazgo aquello de que “todos los K son una manga de corruptos” y por cierto que me ofende. Pero nunca nadie orquestó campaña alguna para limpiar nuestro buen nombre. Nadie se interesa por poner límites a los que, con vituperios, son tan dados a confundir, como mínimo, la parte por el todo. Y eso que nosotros también somos ciudadanos. Ah, ¡claro!, pero nosotros votamos al oficialismo.

Lo malo es que, entretanto, nadie habla de lo que realmente importa.

¿Se dieron cuenta de que, entre las elecciones del domingo pasado y las del 31 de julio hay escasas tres semanas de diferencia? Bueno, ya nos hemos pasado una de las tres distraídos con lo que dijo Fito y sin hablar de eso que (al parecer) tantos detestan en esta ciudad: la política. Nadie les recuerda a los votantes que el gobierno de Mr. Mac (que también es gobierno y no solo Cristina) ha dejado a la deriva la educación, la salud y la cultura públicas; que ha sido corrupto como el que más; que el jefe de gobierno está procesado por la Justicia; que a pesar de su repentina mueca progresista, sus acciones demuestran desprecio por los pobres, por los extranjeros, por los enfermos, por los homosexuales, por el pensamiento democrático, por las libertades individuales... ufffff... la lista es tan larga... Nadie dice lo que hay que decir y a los que lo votan aun sin compartir su ideología no se les cae la cara de vergüenza.

Se supone que Mr. Mac ya da por segura su reelección y, desde esa perspectiva, ¿por qué habría de interesarle que se empiece a debatir? A ver si alguno de los que ya lo votaron se da cuenta de que su campaña estuvo centrada en la vacuidad más absoluta. Desafío a los que lo votaron a que me digan una sola propuesta de gobierno expresada por el PRO para este nuevo período. Lo único que han repetido a modo de letanía es un slogan bastante barato (pero al parecer efectivo): “Votá por la ciudad que juntos venimos bien”. ¿Qué clase de campaña es esa? De donde venimos creo que ya lo sabemos. El asunto a dilucidar es para dónde vamos. Pero dudo que haya alguno que acepte mi desafío. Básicamente porque no soy quien para desafiar a nadie. Pero no solo por eso. Los que lo votaron por ideología no me van a dar pelota porque les importa tres pepinos lo que yo o la gente que piensa como yo podamos decir. Y los demás no van a poder dar un solo argumento a favor de su voto. A no ser un odio visceral y poco razonado contra el gobierno de Cristina. En ambos casos, el voto es de odio y de crispación, ¡oh, casualidad! De todos modos, intuyo algo de intranquilidad entre los medios dominantes. ¿Por qué habrían, si no, de insistir tanto con que Filmus se baje del ballotage? ¡Si hasta el propio Solanas salió públicamente a hacer los deberes impuestos desde el Grupo Clarín! Igual que Mariano Grondona, Morales Solá y toda esa caterva de ¿comunicadores? Yo no sé... los números son claros peeeeero... Por algo no habrán salido a festejar tanto la primera victoria... Digo...

Volviendo a Fito, insisto con que sus palabras fueron inadecuadas, además de inoportunas. Sería un necio si así no lo creyera. Pero un error no es suficiente para echar por tierra la trayectoria artística y de compromiso social legítimo que Fito ostenta. Una amiga de la secundaria se extrañaba al ver que yo podía estar bancándolo. Yo, que siempre estoy hablando y escribiendo en contra de la discriminación, dijo. Lo que esta amiga no toma en cuenta es que, tanto Páez como un servidor, somos simples seres humanos a los que a veces se nos suelta la cadena. Sin ir más lejos, quien pasó por el muro de mi Facebook el lunes por la mañana habrá encontrado la siguiente leyenda: “La mitad de la población porteña padece Síndrome de Estocolmo”, emulando al candidato presidencial del PS, Hermes Binner, cuando su partido perdió las elecciones legislativas hace dos años en Santa Fe. Más conciso, pero básicamente lo mismo que dijo Fito. ¿Eso me convierte en un discriminador? Yo creo que no. Mis acciones me definen mejor que algunas de mis palabras. Simplemente soy un tipo que no siempre mide lo que dice o lo que escribe y a veces se deja dominar por lo que siente. Ese es también, en esencia, Fito Páez. De otro modo, nunca hubiera podido crear la maravillosa música que ha creado (en cuanto a sus dotes vocales, tengo mis reservas, je). ¿O qué onda: lo quiero cuando compone pero cuando dice lo que piensa lo mando a fusilar? Al que le guste el durazno que se banque la pelusa. Y no es que me quiera comparar. Yo no he creado nada trascendente más que mis dos hijos (y aun para eso necesité ayuda) ni tampoco lo que yo diga tiene llegada al público masivo. Lo que pretendo decir es que, al igual que él, cualquiera de nosotros puede meter la pata. La diferencia es que, en este caso, Fito enterró la gamba en la podredumbre en el momento y la circunstancia que el Grupo Clarín necesitaba. Actuó como un idiota útil, dándole al Grupo la excusa para fogonear a la gente distraída, la que no se da cuenta de la manipulación. En ese sentido son muy astutos. Estoy seguro de que, si no existieran intereses destinados a bancar la reelección macrista, los medios no le hubieran dado bola al artículo del Página, ninguno de los indignados se hubiera sentido como tal y esta semana las discusiones callejeras hubieran tenido otro tenor. Claro que estos vecinos sencillos que se alzaron contra Fito Páez nunca lo van a admitir (de hecho, eso ya ha sucedido) proclamando que a ellos no les importa lo que diga el gran diario argentino. Lo curioso es que no les importa, pero casi siempre terminan compartiendo su línea editorial. ¿Será que son unos hdp, como propone Fito? Yo creo que no. Simplemente son gente influenciable, independientemente de la mayor o menor inteligencia que pudieren detentar. Nosotros, la gente común, no fijamos agenda. Ellos sí. Y nos dicen lo que quieren que pensemos y opinemos. Está en nosotros seguirles la corriente o no. Pero para eso, habrá que hacer un pequeño gran esfuerzo por vencer nuestros propios prejuicios. Si nos diéramos permiso para poner en duda lo que se supone que pensamos, tal vez podríamos llevarnos una sorpresa al descubrir que el mundo no es tal como lo vemos o nos lo muestran. Si en vez de limitarnos a escuchar lo que nos dice Santo Biasati o la Santillán y a despotricar contra la política (lo que ya es una manera de hacer política), nos tomáramos el trabajo de escuchar otra voces, por ahí, tal vez, quizá, nos daríamos cuenta de que estamos meando fuera del tarro. O no, pero nos quedaríamos con la certeza de que lo que pienso es lo que yo pienso y no lo que me dicen que debo pensar. Y quién dice que no saldríamos a despotricar contra muchos otros, además de Fito.

Salvando las distancias, a mí me sucedió hace años con la sopa. Tanto insistir, tanto insistir, mi vieja me había convencido de que la sopa era el mejor alimento y yo la tomaba estoicamente, muy a desgano, a pesar de que me daba verdadero asco (¡Ups! Otra vez la palabrita). Era la tradición y lo que siempre había sido, generación tras generación. Hasta que un día puse en duda el mandato materno y quedó al descubierto el engaño. Investigué e investigué hasta descubrir que había muchos otros alimentos más nutritivos y, sobre todo, más ricos que podían reemplazarla perfectamente, sin poner en riesgo mi desarrollo. Que la sopa era, después de todo, solo agua con color en la que la mayoría de los nutrientes se desintegraban durante la cocción. Así pues, con las pruebas a la vista, mi vieja (que no era ninguna lela) decidió eliminar la sopa obligatoria a favor de la armonía familiar. Claro que yo ya tenía pelitos en las patas para entonces. Pero mi pueril ejercicio de la rebeldía favoreció (ya que no la mía) la infancia de mi hermanita menor. Porque ahí está lo bueno de la honestidad, el inconformismo y el compromiso: que tal vez no rinda necesariamente frutos que nos beneficien, pero seguro que les allanará el camino a los que vengan detrás.

Por supuesto que eso no es PRO.

Esto ha sido todo por hoy. Desde las húmedas callecitas de la tal vez no tan misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que banca a Fito porque, al menos, no se quedó en la fácil de callarse en beneficio de la venta de discos. Cosa que no hubieran hecho los grandes comunicadores que se le echaron encima como jauría (Longobardi, Feinman el malo, Rozitchner, Lucho Avilés, Ventura y un largo etcétera). Por supuesto que ellos también tienen derecho a expresarse pero, a juicio de quien suscribe y en virtud de sus respectivas biografías, son unos impresentables.

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