miércoles, 26 de diciembre de 2007

Festejo en el Muñiz


Yo no soy un férreo defensor de las tradiciones. Muchas de ellas son causa directa de las injusticias que aquejan a nuestra realidad. Sin embargo, sería necio no admitir que las hay también beneficiosas y agradables, cuando no imprescindibles para que el mundo se torne paulatinamente en un sitio mejor donde poder vivir. Este es el caso de una bella tradición que se lleva a cabo, año a año, en el Pabellón Pediátrico de VIH/Sida del Hospital Muñiz.

Cada mes de diciembre, con la excusa de celebrar la Navidad, el personal del hospital, estudiantes de la UTN, voluntarios de la Cruz Roja de Argentina y la Fundación Buenos Aires Sida organizan este festejo en el cual cada quien aporta lo que puede. Se reúnen así para ponerle una carita linda a la vida de los niños y adolescentes que se atienden en la unidad asistencial y viven con el virus, así como también a la de sus familiares que luchan, día a día, por brindarles a sus chicos un mayor bienestar. En esta oportunidad hubo pizzas, empanadas, sandwiches, gaseosas, payasos y un grupo de capoeira (el Grupo Gueto) que deleitó a los pequeños con sus acrobacias y los invitó a participar. La Fundación Buenos Aires Sida aportó ropa y juguetes que distribuyó gratuitamente.

En el Muñiz los chicos con vih se internan de manera programada, cada tres meses, durante medio día. El equipo del Muñiz ofrece sostén emocional y un espacio de contención psicológica abierto a padres e hijos, desde una perspectiva que rompe con lo tradicional del “paciente desvalido” frente al “profesional todopoderoso”. Y trata de ayudarlos a tejer su propia historia. En el plan de internación abreviada hay 260 chicos en seguimiento y más del doble ya pasaron por el programa.

La mayoría de los chicos con vih se infectaron de sus madres, durante el embarazo, el parto o la lactancia. La buena noticia es que existen tratamientos que reducen al 2% el riesgo de esa transmisión vertical, y la pésima –demencial– es que 1500 chicos por día se siguen infectando de vih en el mundo porque sus madres no acceden al diagnóstico o al tratamiento. Solo en el 2006 se infectaron con vih 540.000 chicos menores de 15 años. Una sexta parte de las muertes relacionadas con el sida en el mundo son de niñas y niños que no llegaron a cumplir los 15, pero pocas veces se los menciona en las encuestas. Según la UNICEF, todos los años 300.000 niñas y niños menores de cinco años mueren por enfermedades relacionadas con el sida. Hasta hace poco ni siquiera se contaban las niñas y niños afectados por las consecuencias de la enfermedad, por ejemplo, quedarse sin padres por el virus. O quedarse con el virus.

Esta realidad, sin embargo, no es obstáculo para celebrar la vida. La inocencia de los chicos es la mejor prueba. Y la voluntad de los mayores que se esfuerzan por ayudarlos y brindales (dentro de sus limitadas posibilidades) un entorno mejor en el cual desarrollarse.

Ojalá pudiera hacer una lista completa de todos los profesionales y voluntarios que hacen posible estos festejos, donando horas de sus vidas y gran parte de sus esfuerzos. En un mundo en el que las palabras huecas acaparan los titulares de los diarios, el trabajo silencioso de muchos logra que en las caritas de estos niños, niñas y adolescentes las sonrisas no sean una utopía. "Esto es una inyección de vida para mí" decía uno de los artífices de la celebración con los ojos embebidos de la alegría de los chicos. Ojalá cundiera el ejemplo entre los dirigentes de nuestra comunidad.

Qué bueno sería que todas y todos abandonáramos los personalismos e iniciáramos una nueva etapa en la que el bienestar de los demás fuera el objetivo.

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