sábado, 16 de junio de 2018

Mujer contra mujer


Perdón que me meta ¿no? Pero... digo yo... ¿Qué parte de “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir” no se entiende? 

La gran mayoría de las personas que estamos a favor de la DESPENALIZACIÓN del aborto no estamos a favor del mismo. No sé qué imaginan algunas gentes morbosamente fantasiosas, pero no somos horrendas alimañas que nos regodeamos con la visión de un feto destrozado o invertimos nuestros dineros en una red de tráfico ilegal de órganos fetales.

Las personas que abogamos por la DESPENALIZACIÓN DE LA INTERRUPCIÓN VOLUNTARIA DEL EMBARAZO solemos tener claro que se trata, SIN NINGUNA DUDA de una situaciín límite para muchas mujeres, de una experiencia traumática como pocas y de una decisión que ninguna mujer responsable toma a la ligera.

La consigna es clara y propone al aborto como una medida extrema, NO OBLIGATORIA, a sabiendas de que se trata de una medida a la que muchas mujeres llegan por falta de educación sexual y/o falta de acceso a los métodos anticinceptivos que deberían estar al alcance de todas. Una educación sexual que también involucre a los varones y ponga bien en claro cuál es la responsabilidad de cada uno respecto de la sexualidad y sus consecuencias.

Dicho esto, la aprobación de la ley cuya media sanción se ha dictado ayer en la Argentina (todavía no es ley, aunque espero que pronto lo sea) no va a acabar con los abortos. Pero tampoco lo hará su rechazo. Las mujeres van a seguir abortando (y siento que hablo con descerebrados al tener que aclarar algo tan evidente).

Rechazar la ley es simplemente dejar todo como está y que algunas mujeres (generalmente pobres) sigan muriendo en condiciones miserables o sean consideradas criminales en el caso de sobrevivir. Rechazar la ley es seguir criminalizando a la mujer. Es hacer la vista gorda cuando un Estado no se hace cargo de su obligación indelegable de ofrecer un sistema de salud inclusivo. Es seguir permitiendo que un grupo de malnacidos siga lucrando con la desgracia de la gente. Es mantener el estatus de desigualdad entre las mujeres que pueden acceder a una práctica segura en una clínica clandestina pero cara y las que deben hacerlo en una covacha infecta o metiéndose una aguja de tejer. Es mantener a la mujer en un plano inferior respecto del varón, que sin penurias morales ni dedos acusadores suele "abortar" su paternidad cuando le viene en gana. Es ocultar un sistema vergonzosamente injusto detrás de una moralina berreta que, muchas veces (y en algunos casos, demasiadas) no se condice con los actos privados de las personas que la proclaman.

Aprobar la DESPENALIZACIÓN, en cambio, traería aparejada la ventaja de tener un sistema de salud  más equitativo y orientado a influir sobre la mujer gestante para que cambie su decisiòn de interrumpir el embarazo, o bien para proveerla de los conocimientos y los medios necesarios para que no tenga que volver a atravesar por una situación tan devastadora.

Por extraño que parezca, esto SÍ disminuiría el número de abortos. Las experiencias de los países donde la interrupción voluntaria del embarazo está despenalizada así lo atestiguan.

Es curioso cómo todas las personas autodenominadas PRO VIDA son incapaces de proponer una alternativa viable al problema y se limitan a recitar viejos prejuicios, como si todo ese amor por la vida del que tanto se pavonean sufriera una mutación demoníaca al entrar en contacto con los flujos vaginales. El amor a la vida pareciera sinónimo de maternidad obligatoria incluso para niñas violadas por varones de su entorno (¿es preciso citar las noticias de las últimas semanas?). La maternidad pareciera no ser un claro privilegio de las mujeres para transformarse en una condena y, de paso, en una cruz para el futuro ser, ya sea porque no es el resultado de una decisciòn responsable y amorosa, o porque nunca contará con las condiciones mínimas para desarrollarse dignamente en una sociedad tan PRO VIDA que, a poco de nacer, lo echará al cubo de los elementos indeseables.

El conjunto de hombres que (por ignorancia, comodidad o franca miseria ética) no se hacen cargo de que son parte del problema constituye un aspecto aun más aberrante de la problemática y tratarlo en este contexto sería embarrar la cancha y desviarnos de lo medular. Pero tantas mujeres incapaces de analizar el problema desde una postura realista y empática, incapaces de quitarse la cruz de la entrepierna y tan orondas de ponerse al frente de una cruzada moralista a las claras fraudulenta, ESAS MUJERES me llenan de pena y de pavor, a la vez que me quitan la esperanza de vislumbrar algún día ese mundo mejor, ESE MUNDO POSIBLE, en el que el aborto ya no sea necesario.

El oscurantismo siempre ha funcionado de la misma manera y ha enarbolado siempre las mismas banderas. 

Esto es todo por hoy. Desde las gélidas callecitas de esta Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que trata de no olvidar que vivimos en el siglo XXI, aunque muchas cabecitas sigan con su simulacro de virtud, se obstinen en anclarse al medioevo y (para desgracia de todos) sostengan mediante argumentos infantiles el cuentito de que alguna vez fue posible concebir sin "pecar". Las mismas que, de tanto en tanto, a pesar de sus convicciones tan profundas, también sienten el deseo de "pecar" sin concebir.



No hay comentarios.:

Novelas de Carlos Ruiz Zafón