miércoles, 5 de julio de 2017

No es lo mismo almas que espíritus


Seguramente a todos les ha sucedido alguna vez que compraron una película en DVD que quedó allí, arrumbada en un cajón sin que nunca la vieran. Les habrá sucedido también que ni siquiera recuerdan cuándo la compraron ni por qué. Pero llega ese día en que abren el cajón en cuestión y allí está ella, esperando con paciencia.

Me acaba de suceder con "6 souls", título que yo traduje automáticamente como "6 almas" y no "6 espíritus" como reza la traducción oficial, lo cual habría orientado mi primera apreciación hacia otro rumbo. Protagonoizaba Julianne Moore y Jonathan Rhys Meyer. ¿Qué podía salir mal? Por supuesto que la vi, sin saber de qué trataba, tan solo con una portada que daba idea de que había cierto suspenso. Y no me equivoqué demasiado.

En esta ocasión, Julianne Moore es la siquiatra Cara Jessup, especialista en demostrar que las personalidades múltiples no existen y enviar al patíbulo a cuanto asesino se excusa con esa patología "inventada por las malas películas de Hollywood". Pero su padre (que también es del gremio y con el que parece tener una rivalidad profesional no resuelta) le presenta un paciente que, cuanto menos, le hará trastabillar en sus certidumbres. Obvio que ese paciente es Jonathan Rhys Meyer, quien interpreta primero a un David que en seguidita nomás se transforma en un Adam.

De allí en más, la película se desarrolla como una aceptable cinta de suspenso (¿cinta? ¡qué antigüedad la mía!), que recrea, uno tras otro, los más redundantes clichés del género. Sin embargo, no aburren ni fastidian, sin duda gracias a la excelente participación de la Moore y al trabajo de Rhys Meyer, que una vez más nos demuestra que no se trata solo de una cara bonita (muy bonita, sí, es cierto).

Pero hete aquí que a medida que transcurre la peli (que dura 112 minutos pero por momentos parece un suspiro y en otros una eternidad) uno se da cuenta de que ya no es una historia de suspenso solamente (creo que es la primera vez que veo un film que me cambia de género a la mitad). Cosas extrañas empiezan a suceder y (¡lo mejor de todo!) en ningún momento me dije que eran imposibles. Pero a quedarse tranquis que no les voy a decir cuáles son. Si quieren sacarse la duda, véanla. Solo les recomendaré que vayan contando las almas.

Pero es obvio que hay que verla como lo que es: una película de Hollywood en la que a los celulares JAMÁS se les agota la batería (aunque sí pierden la señal en momento menos oportuno) y en la que los profesionales de la salud yankis llevan al extremo su juramento hipocrático, metiéndose en bolonkis a los que cualquier hijo de vecino les haría la gambeta.



Eso es todo por hoy. Desde la anacrónica calidez de las actuales callecitas de esta Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires, se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que está poblado por tantos espíritus que puede dar fe de que la doctora Jessup está equivocada de cabo a rabo. Salvo que alguna vez llegue a asesinar a alguno de los que tengo en mente.


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