martes, 13 de julio de 2010

CRÓNICA DE UN FRACASO



UNA HISTORIA DE PRIVILEGIO

Cuando mi madre tenía cinco años, sus tíos varones (simples obreros del Ingenio de Lules, en la Tucumán de los años ’30) hicieron un verdadero esfuerzo y le regalaron una muñeca de porcelana, que era algo así como la Play Station de aquellas épocas. Desde ese día, “la Emmita” se transformó en “la changuita de la muñeca” porque iba a todos lados con ella. No se separaba ni un instante y no dejaba que nadie la tocara. Incluso dormían juntas y hubo una única vez en que se separaron.

Fue un fin de semana en que la abuela y toda la cría viajaron a La Banda (provincia de Santiago del Estero) para el casamiento de una parienta. Dicen que mi mami, cuando la subieron al sulki, chillaba como chancho que llevan al degüello porque la muñeca quedó en la casa al cuidado del tío Manuel, poco afecto a las reuniones familiares. Y mientras la familia estaba en el casorio, el tío recibió la visita de un compadre que llegó acompañado por la mujer y la hijita. Como la nena se aburría entre les mayores, don Manuel no tuvo mejor idea que prestarle la muñeca de porcelana. Cuentan que la niña no salía de su asombro y sentía una alegría que no le cabía en el cuerpito. Lejos de lo que seguramente estarán pensando, a la muñeca no le sucedió nada. La hijita del compadre fue tan cuidadosa que incluso la peinó y le ató el cabello con una de sus propias cintas, dejándosela de regalo cuando se fueron.

El domingo por la tarde, la familia regresó a la casa y mi mamá prácticamente se tiró del sulki para correr junto a su muñeca. Nadie le prestó mayor importancia pero, mientras bajaban todavía los bártulos que traían del viaje, un grito escalofriante les alteró la calma. “¡Algo le pasó a la Emmita!” pensaron todes y corrieron hacia el interior de la casa. Fue entonces cuando presenciaron lo que nunca hubieran imaginado: mi madre (con sus escasos cinco añitos a cuestas) estaba en el quicio de la puerta que daba a la habitación, morada de furia y sosteniendo su muñeca por los pelos. “¿Qué pasó?” le preguntaron les mayores y mi dulce y tierna mami respondió:

– La muñeca ERA mía.

Eso fue lo único que dijo antes de arrojar su antiguo tesoro a las brasas.


¿LO DEJAMOS AHÍ?

Muches dicen que yo soy un tipo jodido. Obvio que yo no lo comparto. Pero, de ser cierto, queda claro que lo que se hereda no se roba. Al menos no en mi caso. ¿Podrán decir lo mismo les jerarcas vaticanos?

Recordaba esta pintoresca anécdota familiar la otra noche, cuando Alex Freyre y Osvaldo Bazán participaron del programa de Mariano Grondona para tratar el tema del Matrimonio Igualitario, tema omnipresente por estos días en nuestra comunidad.

El programa en sí no presentó ninguna innovación. Fue más de lo mismo: argumentos sólidos por parte de les defensores de la ley y puros dislates prejuiciosos por parte de les detractores. Les naranjas expusieron la batería completa. Si no tuviese nada más importante que hacer en este momento, me detendría a analizar con detenimiento el desarrollo del debate. Pero puedo asegurarles que, tal como están las cosas, hasta las declaraciones de Belén Franchese me resultan más interesantes. Sobre todo porque los seudoargumentos en contra son los mismos que se utilizaron históricamente para justificar numerosas y ecuménicas aberraciones.


EL REINO DE LO NATURAL

Desde el principio de esta dilatada discusión (la concerniente al tratamiento de la Ley de Matrimonio Civil Igualitario), la cúpula vaticana y sus numeroses acólites (de todo talle y ralea) han asegurado que la idea de un matrimonio entre personas homosexuales atenta contra la “ley natural”.

¿Cuál será esa ley a la que hacen referencia? ¿Acaso el matrimonio es un contrato intrínseco a la naturaleza humana? ¿Nuestres tatarabueles cavernícolas ya se casaban en el interior de oscuros socavones, apenas alumbrades por antorchas improvisadas con troncos y grasa de mamut, formando familias monogámicas y patriarcales, tal como lo establece la “naturaleza occidental y cristiana”? Por lo poco que sé, no es así. La idea de matrimonio es un contrato cuyas características dependen de la civilización en la que se establece. Incluso hay culturas en las que no existe tal cosa. Pero aunque así fuera, aunque el matrimonio fuera natural y exclusivamente heterosexual, ¿por qué tendría que importarnos? La cultura tiene la cualidad de modificar las realidades y lo que hoy es válido tal vez mañana ya no lo sea y todes felices. O me van a decir que es natural andar vestido. Si las ropas fueran tan naturales como se pretende, les niñes nacerían al menos con pañales (si tiene huevitos con pañales celestes y si no, con pañales rosa... si la cosa está dudosa, a tirar la monedita). ¿Es natural cocinar los alimentos? Yo creo que no hay nada menos natural que los tantísimos adelantos de la ciencia que, hoy en día, nos permiten ver imágenes por la televisión, enviar un mail, recibir un transplante de órganos... y la lista sigue hasta el infinito. Nada de esto es natural y, sin embargo, no solo lo aceptamos y regulamos su uso (y abuso) por medio de la legislación, sino que nuestra vida moderna resulta inviable sin estos recursos tan alejados de la naturaleza humana.

Por el contrario, sí son naturales, por ejemplo, el amor y el odio. Como todo sentimiento, estos forman parte de nuestra “natural” esencia humana. Sin embargo, les oscurantistas de siempre proponen hoy suprimir el amor de muches y para ello necesitan legalizar el odio de algunes.

Se le atribuye a Woody Allen aquello de que la naturaleza está sobrevaluada y por eso, cuando a él le dan ganas de pasar un día de campo, se encierra en su habitación a fumar y ver televisión hasta que se le pasen. A mí me sucede algo similar pero, más allá de ello, sería importante empezar a abrir los ojos y salir de la modorra en que hemos estado sumergides durante los últimos veinte siglos. Que al fin y al cabo, lo natural en realidad es lo puramente animal y de eso les enemigues de la Ley de Matrimonio Igualitario tienen mucho (me perdonen les animalites, que no tienen la culpa de una comparación de mi parte tan a lo bestia).


ADORADORES DE IMÁGENES

La niñita que quemó la muñeca, veinticinco años después de aquel hecho tan peculiar, dio a luz a quien suscribe. En ese momento, estaba sola pues el responsable biológico de la criatura (muy heterosexual él) no se bancó la responsabilidad que le infringía su paternidad. O sea (para que se entienda bien), mi vieja crió a sus hijos durante muchos años con total y absoluta prescindencia de la tan valorada figura paterna. “¡Claro! (dirá más de une distraíde) Por eso es que el hijo le salió rarito”. Pero resulta que doña Emma tuvo dos hijes más, criades en idénticas condiciones (con distintos tipos heterosexuales que a la postre resultaron ser del mismo tipo). En total tres: dos varoncitos y una nena. Salvo yo, mis dos hermanes son irreprochablemente heterosexuales y se educaron en el seno de la misma familia. ¿Es el caso de la mía único y excepcional? Les niñes ¿necesitan en verdad una mamá y un papá?

Si uno resultara gay por el solo hecho de no haberse criado cerca de su padre o resultara lesbiana por haber carecido de contacto con su madre, ¿cómo justificaríamos la existencia de aquelles homosexuales que sí han tenido uno y otra, les dos en simultáneo? ¿No será que el árbol de los prejuicios nos está tapando el bosque de lo razonable? Si llegáramos a esa conclusión, sería sencillo descubrir que la constitución de un matrimonio entre dos hombres o entre dos mujeres y la consecuente habilitación para adoptar en pareja no representa ningún atentado contra los intereses superiores de les niñes. Más bien todo lo contrario: a partir de la aprobación de la Ley, eses niñes adoptades por personas homosexuales (niñes que ya existen, que no son una entelequia) gozarían de los mismos derechos que hoy están reservados exclusivamente a les hijes de matrimonios o parejas de hecho, heterosexuales.

Y ahora que hago referencias a “las parejas de hecho” caigo en la cuenta de la necesidad de resaltar algo que no siempre queda claro: el matrimonio no tiene nada que ver con la formación de las familias. Las familias (sean mono, homo o heteroparentales) existen con y sin contrato de por medio. Claro que en el caso de las monoparentales ni necesidad que tienen de tal convención. Pero en el caso de las homoparentales, aquellas en las que hay papá y papá o mamá y mamá, la posibilidad del matrimonio resulta imprescindible para que sus hijes dejen de ser hijes de segunda en relación a les hijes con mamá y papá. Hablo de herencia, de manutención... en fin, de todas las protecciones que otorga la ley de matrimonio a les críes de las familias anaranjadamente permitidas.


UNA “NEGRE” REVOLUCIÓN

Es mucho más lo que se puede decir acerca de la necesidad de contar con una nueva Ley de Matrimonio que incluya a las parejas de personas homosexuales. Pero se me ocurre que ya todo se ha dicho y hay quienes han explicado la validez de nuestro reclamo con mayor pertinencia e idoneidad.

Pero lo que no deja de sorprenderme es la capacidad de les detractores para buscar nuevas y curiosas (léase “oprobiosas”) formas de oposición.

Con un descaro que ya le envidiarán aquelles que viven de la transa y de la estafa, la senadora Negre de Alonso (en lo sucesivo “la Negre” puesto que me niego a mancillar otra vez la dignidad de su cargo y mucho menos a llamarla “señora”) logró que la comisión que preside introdujera en el debate la existencia de una ley de unión civil que carecía de entidad hasta entonces. Lo más descarado fue el modo en que presentó semejante mamotreto ante la prensa. “Es una legislación REVOLUCIONARIA” dijo, sin que se le cayera la cara de vergüenza. Claro que, para que esto fuera posible, primero debería haber tenido algo que pudiera caerse. Su sola presencia al frente de la Comisión de Legislación General es una falta de respeto. Es como dejar las ovejas al cuidado de un lobo hambriento.

La legislación que pretende ser la llave que le permita a nuestra comunidad entrar en el mundo del siglo XXI, a los ojos de la Negre, es “lo que toda la sociedad está reclamando” y no es en absoluto una norma discriminatoria. Solo es un proyecto que instaura reglas especiales para las parejas homosexuales. En su articulado establece que el matrimonio es para les heteros y la unión civil es para les homos. Está claro que o no fuimos lo suficientemente clares con eso de “los mismos derechos con los mismos nombres” o, a su parecer, no formamos parte de “toda la sociedad”. Su propuesta no solo no nos da los derechos que venimos reclamando desde hace años, sino que nos quita algunos que ya tenemos y podemos ejercer sin cerrojos judiciales. A saber: el derecho a la adopción y a la fertilización asistida. Pero ¡ojo! Que solo nos los quita a nosotres les homosexuales. Les heterosexuales seguirán gozando de sus privilegios... y algunes de elles también “gozándonos” (y no hablo de placer específicamente). Además, como si fuera poco, todos los derechos que “naturalmente” recaen en la consolidación del matrimonio (herencia, bienes gananciales, inclusión en la obra social, la posibilidad de tomar decisiones en caso de enfermedad de la pareja y un lago etcétera) serían aplicables a nuestras uniones solo en el caso en que procedamos a contratos adicionales. Pero si resulta ser que algún empleado o funcionario que esté a cargo de validar estos contratos, incluso el de la misma unión civil, no gusta de nuestras elecciones afectivas tendrá ¡el derecho! a negarse a cumplir con sus funciones. Objeción de conciencia que le dicen. Pero a no preocuparse que este bastardeo jurídico no es, desde ningún punto de vista, un proyecto discriminatorio.

Sin embargo, la Negre no me inspira confianza (sí, soy así de jodido). Hoy nos niegan el matrimonio e intentan imponernos la unión civil. ¿Mañana se les ocurrirá también esterilizarnos? ¿Saldrá algún día la ley que nos niegue la patria potestad y nos prohíba todo contacto con les hijes biológiques que algunes ya tentemos?


LA MUÑECA QUEBRADA

Lo dije en varias oportunidades y lo sostengo: estamos a punto de ser testigues de un hecho histórico. Ya sea que mañana, 14 de julio de 2010, se apruebe o no la modificación del Código Civil que habilita nuestros matrimonios sin recurrir a los amparos.

Si les senadores aprueban la ley, será un día histórico y ganaremos todes les argentines (aun aquelles que se oponen) porque nuestro país dará el primero de los pasos hacia una sociedad más justa y respetuosa de sus ciudadanos.

En caso contrario, el 14 de julio pasará a ser una patética efemérides, el triste recuerdo de una oportunidad desperdiciada, de una postergación inútil y caprichosa. Será la fecha de una pérdida para todes. Incluso para les naranjas, que en su ciega negación de la realidad serán también incapaces de ver su propia muñeca resquebrajándose en las brasas. Para elles, esto no es más que una mezquina lucha de poder. Pero sostener a cualquier precio ciertos privilegios suele, a la larga, ser más costoso de lo que puede suponerse a simple vista.



Esto ha sido todo por hoy. Desde las heladas callecitas de la siempre misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que (por más palos que pongan a la rueda) sabe que Bergoglio, Aguer, la Negre y toda la caterva naranja podrán frustrar momentáneamente nuestras esperanzas, pero llegará el día en que se hará justicia. Solo pueden postergar nuestro triunfo. Su fracaso es inexorable.

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