domingo, 20 de junio de 2010

¿Cómo es eso de ser padre?


El pasado fin de semana viajé a Entre Ríos en representación de la Fundación Buenos Aires Sida donde trabajo y allí recibí un mensaje de texto de mi marido contándome que había pasado una tarde muy divertida. Pregunté la causa pero ya todes sabemos lo jodides que somos les maricas, jeje. El muy infame no quiso largar prenda (nota al margen: utilizo estos términos solo para verificar si lee lo que escribo). De otro modo no se explica eso de enunciar apenas el título de una noticia cuando no se está dispueste a desarrollarla en sus detalles.

Tuve que esperar a mi regreso para enterarme solo de una parte de lo sucedido: se había encontrado con mis hijes con el objetivo de comprarme el regalo del Día del Padre.

En los días previos, algunos indicios me daban la pauta de que algo estaban tramando. Una semana antes, él había recibido un misterioso llamado telefónico de mi hijita y al día siguiente (como quien no quiere la cosa) me preguntó, camino al supermercado, qué querría yo que me regalara para esta fecha.

- ¿Y por qué me vas a comprar vos un regalo si yo no soy tu padre? –respondí.

Ya sé que no está bien eso de responder con otra pregunta pero es una buena táctica para sonsacar información clasificada. Lo malo es que, después de convivir durante tanto tiempo, une termina por descubrir las tretas utilizadas por el otro y estas dejan de ser eficientes.

- Le hubieras pedido un celular nuevo –opinó mi amigo Marcelo pero, conocedor del especial talento de mis vástagos para hacer desaparecer cada billete que cae entre sus manitas (talento heredado de un servidor, para ser honesto) y de las escuálidas finanzas ostentadas por mi cónyuge, descreí sin pensarlo dos veces de la posibilidad de que algo así sucediera. Lástima, porque en verdad me está haciendo falta un teléfono móvil que funcione cuando lo necesito. Tal vez por esa causa supuse que podía intentarlo de alguna manera sutil.

Al jueves siguiente, justo el día en que viajaba a Entre Ríos, acompañé a mi hija al dentista y las cosas se dieron exactamente como yo esperaba. La llamé un par de veces para recordarle nuestra cita y, como suele suceder a menudo, no me respondió la llamada. Ante mi reclamo, su réplica fue la de siempre: la culpa era mía.

- Es TU teléfono –me dijo- Muchas veces decís que me llamás y el mío no suena. A ver, hacé la prueba.

Lamentablemente para ella, esa vez sí sonó. Pero antes de que comenzara con las excusas y el tema de fondo se diluyera en el éter, fui directo al grano:

- ¡Bueno! Si es culpa de mi celular, tenés la oportunidad ideal para quedar bien con papito si me comprás uno que funcione.

Su contraataque fue efectivo e ingenioso (debo reconocer que es otro talento heredado de papito):

- Ok. Mañana mismo me pongo a trabajar (imaginate de qué) para juntar en una semana los setecientos pesos que cuesta un teléfono nuevo.

Me tardé algunos segundos en reaccionar pero al fin la abracé y le dije:

- Hijita, yo no pretendo algo tan sofisticado. Con algo más baratito me conformo. Aunque no te subestimes: con lo linda que sos podés ganar ese dinero en una sola noche... ¡PERO NI SE TE OCURRA INTENTARLO!

Y ella sonrió con esa maravillosa luminosidad que me recuerda lo privilegiado que soy. Porque tengo siempre muy presente que soy un tipo muy, pero muy, afortunado. Obvio que hay cosas que se saben y se sienten pero les adolescentes de hoy no siempre están dispuestes a admitirlo. Por eso, la siguiente afirmación de mi hija fue:

- Ay, papá, ¡con vos no se puede hablar!

Pero ella sabe muy bien que no es así. ¿Para qué estamos les padres si no para poder hablar con nuestres hijes de lo que es importante?

- A propósito, ¿necesitás preservativos?

- Ay, ¡¡¡papá!!!! ¿Para qué voy a necesitar yo preservativos?

Una señora sentada frente a nosotres y con aspecto de matrona evangelista nos miró con desaprobación.

- ¿Es necesario que te explique una vez más para qué sirven?

Esta vez la que me miró torcido fue mi hija. Y la frase que vino a continuación (con cara de Grecia Colmenares) fue una manipuladora treta femenina:

- Más que preservativos, necesito un novio...

- ¡Ja! Ahora me vas a decir que solo lo hacen por amor...

La salvó la campana porque justo en ese momento la llamó el dentista y yo me quedé solo en la sala de espera, frente a frente con la señora evangelista que no me quitó la mirada de encima ni por un momento.

Cuando salió de la consulta, ya era demasiado tarde para continuar la charla. Tenía apenas un par de horas para preparar el equipaje.

Tras mi regreso a Buenos Aires supe que, durante mi ausencia, ella, su hermano y mi marido se habían juntado para elegir mi regalo, que habían caminado durante horas sin decidirse, que se habían reído mucho con las payasadas que les tres suelen potenciar cuando se reúnen, que habían cenado en el Mc Donald’s... Y en cierta manera me dio un poco de pena no haber podido estar ahí: no es que no suceda nunca pero siempre cada vez que les veo juntos, mis tres amores, siento que tocar el cielo con las manos es tan sencillo como desearlo.

Ayer recibí el llamado de una periodista de TELAM. Con esto de la modificación de la Ley de Matrimonio mi número de teléfono parece estar en la agenda de todas las agencias noticiosas. Nada original, la periodista quería saber cómo se vive esto de ser gay y padre a la vez. Yo no tenía mucho tiempo (un grupo de adolescentes secundarios me esperaban para charlar sobre el vih), de modo que le conté sucintamente la historia que acabo de narrarles. Pero le aclaré que mi caso no es la norma. Nuestra sociedad está muy lejos de ser un paraíso para quienes ejercemos una sexualidad diferente. De serlo, los debates acerca de nuestros derechos (que llevan tanto tiempo batallando contra los prejuicios y las canalladas homofóbicas) ya serían parte de la historia. Le aclaré además que ser padre es una experiencia invalorable que no se puede traducir en palabras. Une puede caer en el lugar común, por supuesto, y declamar que es lo más maravilloso que le ha sucedido en la vida pero nada de lo que se diga será capaz de transmitir la verdadera magnitud del sentimiento. Nuestres legisladores y todes aquelles que obtusamente se niegan a admitir lo evidente deberían saber que nuestras diferencias comienzan y terminan en la cama. Incluso muches de aquelles heterosexuales que defienden nuestra causa suelen tener dificultades para comprenderlo. Más allá de lo sexual, somos seres humanes idéntiques al resto de les mortales y nuestro amor vale tanto como el que más.

Esto es todo por hoy. Desde las callecitas de la misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que, en apenas unas horas, comprobará si sus tres amores han elegido un celular como regalo del Día del Padre. En verdad, con un gran beso y un más grande abrazo me conformo, pero... shhhhhh... que elles no se enteren, jeje.

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