lunes, 3 de septiembre de 2007

La Flor de la Canela


Se llamaba María Isabel Granda Larco, pero el mundo la conoció como CHABUCA. Nació un 3 de septiembre de 1920, en un asentamiento minero de cobre, cerca de la provincia de Abancay, ubicado entre los Andes Centrales, sector Sur, y al Oeste de la Cordillera Occidental, en el hermano Perú.

Reconocida cantautora y folclorista, creó e interpretó un gran número de valses criollos y ritmos afroperuanos. Su tema más conocido a nivel mundial es "La Flor de la Canela", que cuenta con innumerables versiones de la propia Chabuca y de otros artistas de talla mundial.

Chabuca comienza a cantar a los 12 años de edad, y forma parte del coro del elitista Colegio Sophianum por su voz de soprano. Una operación le dio la voz grave que se le conoció. Formó parte del conjunto "Luz y Sombra" junto con Soledad Mujica. Sin embargo, su despliegue personal como cantautora se inicia luego de su divorcio, que fue visto como un escándalo para la sociedad limeña de aquella época.

El primer período de su producción creativa es netamente evocativo y pintoresco. Chabuca le canta a la Lima antigua y señorial de comienzos del Siglo XX. Es la ciudad que ella conoció a través de su padre, la del barrio del Barranco, de grandes casonas afrancesadas, con inmensos portales y jardines de invierno. A esta etapa pertenecen “Lima de Veras”, “La flor de la canela”, “Fina Estampa”, “Gracia”, “José Antonio”, “Puente de los Suspiros”, “Zeñó Manué” y muchas otras.

Ella rompe la estructura rítmica convencional del vals, y sus melodías, de tesitura muy amplia, alternarán el nuevo lenguaje que propuso con el de los antiguos valses de salón. Su producción también revela una estrecha relación entre letra y melodía, que fue variando con el tiempo hacia una tendencia poética cada vez más sintética.

Más adelante, Chabuca quebrantará incluso las estructuras de la poesía convencional, y el ritmo de las canciones seguirá los pasos de esa evasión de las rimas, consonancias y métricas dadas. A este última etapa pertenece un ciclo de canciones dedicadas a la chilena Violeta Parra y a Javier Heraud, poeta peruano muerto en 1968.

En sus últimos años, Chabuca Granda interpretó un repertorio ligado al renacimiento de la música afroperuana que, a pesar de haber estado presente a nivel popular, había sido denostado por razones sociales. Manejó con maestría “negra” el abanico de ritmos que enriquecieron la música popular peruana y su poesía tomó el sesgo de la acuarela, el trazo sintético y sugerente de colores y sensaciones.

En lo personal, Chabuca Granda representa las tardes de mi infancia en el patio de la casa de la bisabuela, doña Carmen Viera, allá en el Barrio Urquiza de mi querida Tucumán. La vieja canturreaba con su voz quebrada y desafinada valsesitos, que hablaban de una ciudad de grandes señores y señoras elegantes, mientras armaba su cigarrillo de chala. Con los años, ya en Buenos Aires, escuché a Chabuca en televisión y me enamoré de su música, tanto por su belleza como por el melancólico recuerdo de aquellas tardes tucumanas. Chabuca es libertad al crear, sin atenerse a parámetros. "Canto lo que quiero y como quiero" parece decir. Y ése ha sido el norte de mi vida.

Chabuca se nos fue un 8 de marzo del '83. O eso dicen los que todavía no aprendieron a vibrar con sus acordes.

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Esto ha sido todo por hoy. Desde las callecitas de la siempre misteriosa Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que siente que LOS GRANDES todavía siguen entre nosotros.

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