miércoles, 14 de mayo de 2014

17 de Mayo: Algo para recordar


El Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia se celebra el 17 de mayo coincidiendo con la eliminación de la homosexualidad (en 1990) de la lista de enfermedades mentales por parte de la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Sin embargo, es preciso aclarar que la transexualidad aún es parte de los manuales de psiquiatría, en donde se la define como "trastorno de la identidad sexual".

Hoy alrededor de 80 países en el mundo criminalizan la homosexualidad y condenan los actos sexuales entre personas del mismo sexo con penas de prisión; nueve de estos países (Afganistán, Mauritania, Nigeria, Pakistán, Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Yemen) mantienen para estos casos la pena de muerte y nada sorprendería que, en poco tiempo, Rusia se agregare a esta lista infame. La discriminación basada en la orientación sexual y en la identidad de género no está oficialmente reconocida por los Estados miembros de las Naciones Unidas (a pesar de que organismos de derechos humanos como el Comité de Derechos Humanos han condenado repetidamente la discriminación basada en la orientación sexual y la identidad de género).




¿Qué es la homofobia?

Podría decirse que la homofobia es un conjunto de actitudes que pueden llevar al rechazo y a la discriminación de forma directa o indirecta hacia hombres gay, lesbianas, personas bisexuales, personas transexuales o transgénero, o hacia cualquiera cuya apariencia física o comportamiento no encaje con los estereotipos masculinos o femeninos impuestos por los actuales cánones sociales.

La palabra homofobia apareció en la década de 1960 y George Weinberg, un psicólogo norteamericano, parece ser el primero que la utilizó en un estudio en 1969. Posteriormente reaparece en 1972 en su libro “Sociedad y el homosexual saludable”. K.T. Smith también la utilizó en 1971, en un artículo llamado “Homofobia: Un perfil tentador de la personalidad”.

Weinberg definió la homofobia como: “El miedo expresado por los heterosexuales en la presencia de homosexuales y la aversión que las personas homosexuales se tienen a si mismas”. Quizá por una cuestión de mero estilo, yo modificaría en parte esta definición:

La homofobia es el rechazo, por parte de algunas personas heterosexuales, hacia la presencia o existencia de homosexuales, o bien la aversión que algunas personas homosexuales manifiestan en contra de sí mismas y de sus pares.

Más allá de los detalles, tal definición asume claramente que la homofobia no es un patrimonio exclusivo de los heterosexuales. Tampoco es patrimonio exclusivo de una época, dado que es un hecho que ha existido siempre. Lo novedoso es tal vez que en las últimas décadas la existencia de la homosexualidad ha alcanzado mayor nivel de controversia gracias a un cambio de actitud por parte de los mismos homosexuales, que hemos tomado el toro por las astas y hemos salido a la calle a exigir respeto, en franco desafío a los prejuicios que individual, social y sistemáticamente nos han avasallado a lo largo de tantos siglos.

La homofobia está basada en la ignorancia (madre de todos los prejuicios y todos los odios) y está emparentada estrechamente con otras manifestaciones de la discriminación, como el sexismo, la misoginia, el racismo o la xenofobia. En ese orden de cosas, toda esta familia de aberraciones comparten el hecho de carecer completamente de fundamentos válidos y provenir de una profunda incapacidad para aceptar las diferencias respecto de los otros, las cuales son percibidas como una amenaza contra los individuos, y en consecuencia, contra la sociedad.

La homofobia en acción

Una de las manifestaciones más comunes de la homofobia es el heterosexismo, o sea la falsa creencia de que la heterosexualidad es "lo normal" y, por tanto, la única opción aceptable y legitima. En este marco, todo aquel que se aparte de la norma merecerá ser apuntado con el dedo y, eventualmente, recibir un castigo, bajo la acusación de ser enfermo, delincuente, pecador y un largo etcétera. Ese castigo puede llegar a través del lenguaje y ciertas expresiones (que van desde la burla al insulto) pero también a través de una condena social avalada por la ley, como ya se ha dicho. Este tipo de legislaciones constituyen una homofobia sistémica que deja a gays, lesbianas y trans en un plano de desigualdad respecto del resto de las personas. Esta desigualdad, además, suele servir de excusa para aquellos que se arrogan el derecho de poner en práctica la violencia que "ponga en vereda" a los supuestos réprobos.

No abundan estudios sobre las consecuencias de la homofobia en las sociedades latinoamericanas, pero sí se sabe que Brasil y México se hallan a la cabeza en el ranking de los crímenes homófobos. En Brasil, por ejemplo, se estima que se produce al menos un asesinato diario por causas vinculadas a la discriminación por orientación sexual, siendo las más afectadas las mujeres trans. En 2013, la opinión pública brasilera se vio consternada por la noticia de un hombre que mató a golpes a su hijo de ocho años, tan solo porque al chico le gustaba lavar los platos y ponerse la ropa de sus hermanas. Por otra parte, en México, hay un registro de más de 1.800 asesinatos homofóbicos en la última década, 42% de los cuales se perpetuaron mediante el uso de arma blanca, el 22% por golpes y el 19% por ¡envenenamiento! En el relato de los demás casos, las crónicas policiales hablan incluso de torturas, empalamientos y lapidaciones, como si estuviéramos todavía en el medioevo. Estas cifras son aun más consternantes si damos cabida a la sospecha de que, por cada caso denunciado como crimen de odio, existen dos que reciben el tratamiento de un delito común.

En el resto de América Latina, los números son menos elevados pero igual de alarmantes. En Argentina, tomó particular notoriedad el asesinato de Natalia "Pepa" Gaitán, en 2010, a manos del padrastro de su novia. A fines de 2011, el asesino fue condenado a 14 años de prisión por el delito de “homicidio simple agravado por el uso de arma de fuego”. Es decir que los mismos jueces, teniendo a su disposición las herramientas legales necesarias, se negaron a agravar la pena por considerar que no se había tratado de un crimen de odio vinculado a la sexualidad de la occisa. Vergonzoso. Por otra parte, en Chile, en marzo de 2012, el joven Daniel Zamudio fue torturado y asesinado por cuatro individuos presuntamente vinculados a una agrupación neonazi. El caso conmocionó a toda la sociedad chilena e internacional y puso contra las cuerdas a la dirigencia política que, desde 2005, cajoneaba en el congreso una ley antidiscriminatoria que pretendía castigar severamente este tipo de crímenes. La ley fue finalmente sancionada en julio de 2012, se la conoce como Ley Zamudio y pone en evidencia la inoperancia inaceptable de cierta clase política que, cuando quiere o se ve suficientemente presionada por la opinión pública, sabe trabajar en favor de sus representados.

No obstante, estas historias no son más que la punta de un enorme iceberg invisibilizado por la cultura en la que estamos inmersos. La misma que nos ha llevado, a través de los siglos, a naturalizar toda manifestación de la homofobia.

A la par de estos casos tan notorios, día a día se suceden un sinfín de otros casos que jamás alcanzarán los titulares de los diarios pero constituyen una tenaz telaraña que sirve para amedrentar y desalentar a todo aquel que quiera alzarse en contra del prejuicio. La gran mayoría de las personas homosexuales o trans tienen su primer contacto con la homofobia en el seno de sus propias familias. En diversas encuestas, más de la mitad de los entrevistados asegura que, en algún momento de sus vidas, optaron por fingir heterosexualidad para ser aceptados por padres y hermanos. La homofobia intrafamiliar también figura entre las principales causas por las que una persona LGBT abandona el hogar paterno. Fuera de este hogar, la sociedad tampoco nos la hace fácil. Sobre todo en el caso de las y los adolescentes, frecuentes víctimas del acoso escolar por discriminación sexual. Según un sondeo realizado en México en el año 2010, al menos un 43% de los hombres homosexuales de 15 a 25 años de edad se han planteado el suicidio como escape para el acoso que sufren en sus familias, escuelas y entorno social. Este acoso escolar homofóbico es persistente y prolongado en el tiempo y conduce con frecuencia a dolorosos sentimientos de desesperanza que pueden desembocar en una planificación e intento de suicidio. El 17% de los jóvenes que sufren acoso escolar llega a atentar contra su vida. De los casos de suicidio relacionados con el acoso escolar (conocido como bullying), el 24% tiene su origen en la homofobia.

En otro aspecto de la misma temática cabe destacar que un informe de 2007 de la OIT ha señalado que las personas LGBT suelen ser discriminadas en el ámbito laboral sufriendo especialmente violencia verbal, física y psicológica, debido en gran medida a la falta de legislación en la mayoría de países.

El amplio espectro en el que actúa la discriminación excede mis capacidades y sin dudas hay mucho más para decir e investigar sobre el asunto. Recomiendo enfáticamente la lectura y la difusión de los Principios de Yogyakarta, un documento redactado en dicha ciudad indonesa, en noviembre de 2006, por un grupo de expertos en Derechos Humanos y Derecho Internacional de varios países. En él se establecen 29 recomendaciones en cuestiones de orientación sexual e identidad de género, para ser aplicadas en el derecho internacional.

Esto es todo por hoy. Desde las otoñales callecitas de la siempre misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un humilde cronista de su realidad que, a pesar de los pesares, mira con optimismo hacia un futuro donde todas estas cuestiones terminen por ser consideradas como lo que son: pura barbarie.



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