sábado, 3 de mayo de 2008

Monstruos


A lo largo de la historia y aún en nuestros días, la homosexualidad ha sido considerada por muchxs como un pecado, una enfermedad e incluso como un delito. Basándose en prejuicios, fobias y odios de origen diverso, se fue pergeñando toda una mitología en la cual aquellas personas cuyo objeto de deseo son otras personas de su mismo sexo somos capaces de las más terribles abominaciones que un ser humano puede imaginar. Dentro de ese universo de patrañas, ocupan un sitial preferencial aquellas que nos convierten en compulsivos abusadores de menores. En ellas se fundan los "reparos" que nos impiden todavía adoptar hijos, por citar solo uno de los tantos ejemplos.

Días atrás, buscando material para el programa de radio en el cual participo, encontré en internet una discusión titulada "Trabajos que no le daria a un/una gay". La persona que iniciaba la discusión daba sus propias opciones. Copio y pego:

a) Docencia en general, desde jardin de infantes a Secundario inclusive. Universidad no tendria problemas, se supone que ya estas formado, y si no lo estas, jodete por gay.
b) Juez de familia. EVIDENTE.
c) PEDIATRA. GINECOLOGO Y OBSTETRA. Porque tenes que entender lo que es el amor y la familia, y eso no pasa con un gay. Un traumatologo no preocupa, por ejemplo, o un cirujano.

Indignante ¿verdad? Sobre todo si uno lee el desarrollo completo de la misma, en la cual abundan los comentarios homo-lesbo-transfóbicos con su habitual carga de ignorancia, petulancia, prejuicio y odio. Para ellxs, siempre fuimos, somos y seremos monstruos. Creo que huelgan los comentarios sobre lo que acabo de transcribir. Quienes duden de mis palabras o quienes busquen (por la razón que fuere) una úlcera de duodeno o una razón valedera para protagonizar su propio "día de furia" pueden entrar
AQUÍ. Claro que bajo vuestra exclusiva responsabilidad.

Curioso (y lamentable) que todavía exista gente que guarda esa visión de nosotrxs tan negativa y reñida con la realidad. Sobre todo si tenemos en cuenta los hechos que la prensa se ha encargado de poner a nuestro alcance con mayor o menor sensacionalismo. El último de ellos, el caso del ingeniero electricista austríaco Josef Fritzl.

Como todos sabrán, el susodicho caballero violaba a su hija Elisabeth desde que ella tenía 11 añitos y la mantuvo secuestrada en el sótano de su propia casa desde 1984. Durante su cautiverio, ella parió en condiciones infrahumanas siete hijos productos del incesto, uno de los cuales falleció a poco de nacer y fue incinerado por el viejo Fritzl en la caldera del su casa. De los seis hijos restantes, tres tuvieron la suerte de ser llorones, razón por la cual el monstruoso padre/abuelo decidió sacarlos del sótano y criarlos como nuevos miembros de la familia. Los tres más tranquilos fueron castigados con la reclusión y hoy apenas superan la condición de meros animales. El resto de la familia Fritzl, mientras tanto, está sorprendida y consternada porque nunca hubieran sospechado que el viejo patriarca fuera capaz de semejantes atrocidades. O al menos eso dicen. A riesgo de ser prejuicioso, a quien suscribe le resulta difícil creer que alguien pueda mantener esta situación durante 24 años sin que por lo menos su esposa (madre de la hija cautiva) intuyera la verdad.

No hace falta que ahonde más en la noticia que, desde hace una semana, ocupa las primeras planas de los periódicos de todo el mundo. Pero sí quisiera puntualizar un par cuestiones que se relacionan con el inicio de este artículo.

En primer lugar, me llamó la atención el modo en que algunos medios (particularmente duros a la hora de "juzgar" a la homosexualidad) se referían a Fritzl. La mayoría se refieren a él como "el abusador de Amstetten". Incluso no son pocos los que lo llaman simplemente "el carcelero". Sospechosa benevolencia para quien cometiera crímenes de semejante envergadura. ¿Es solo un "abusador"? Yo no soy letrado ni pretendo serlo, pero la palabra "abuso" me hace pensar en el tipo que le toca el culo a una mina y no en el padre que somete a su propia hija a violaciones sistemáticas durante años, con el agravante del secuestro, la incineración del recién nacido, etc., etc. Lo de "carcelero" no tiene gollete.

Por otra parte, se me dio por pensar que (mientras los que históricamente hemos sido incapaces de incorporar nociones tales como "amor", "familia" y "respeto" somos los gays, las lesbianas y las personas trans) este buen señor pertenece a la categoría heterosexual. Incluso es blanco, europeo y tal vez cristiano. Sin embargo, en ninguna crónica se han destacado estas particularidades. Eso nunca sucede. Y se me ocurre que, en estos casos, la omisión responde no tanto al hecho de que se las dé por sobreentendidas sino al deseo de ocultar lo vergonzante. La heterosexualidad de Fritzl y la de tanto perpetrador de crímenes sexuales caerá en el olvido y siempre seremos nosotrxs, lxs homosexuales y trans, lxs que carguemos con el estigma de la inmoralidad, la falta de valores, el pecado y el larguísmo etcétera que siempre nos ubica en las profundidades de la miseria humana.

"Todo depende del cristal con que se mira" decía el viejo Shakespeare. Pero los verdaderos monstruos son perfectamente visibles, más allá de las lentes con que intentemos ocultar sus iniquidades.

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Esto ha sido todo por hoy. Desde las callecitas de la siempre misteriosa Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que siempre guarda en su corazón un lugarcito para la indignación.

1 comentario:

Araña con antifaz dijo...

El austríaco es un monstruo y el que enumeró todo eso que contaste, es otro monstruo.

No da para mas, todo lo dijiste vos y en perfectas palabras.

un beso grande


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