domingo, 22 de junio de 2008

"Todo tiene que ver con todo"

Hace algunos meses, una persona que yo quiero entrañablemente (conocedor de mi pasión por dicurrir respecto de los más variados temas de actualidad) criticaba con buenos argumentos mi repentino y monotemático giro hacia la cuestión LGBT. Palabras más, palabras menos, decía extrañar a aquel Víktor cuya óptica iba más allá de la homosexualidad y la homofobia. En mi defensa (si es que tuviera que plantear alguna) puedo aducir que todo ser humano suele transitar a lo largo de su vida por diferentes etapas y que a mí me llegó el momento de comprometerme de lleno con una temática que no solo es cara a mis sentimientos, sino que además se ha transformado en una cuasi obligación moral y espiritual. Después de tantos años de inaccion, es para mí una necesidad contribuir a la causa por medio de la simple exteriorización de mi pensamiento, ineludiblemente mixturado con ese sesgo emotivo e intimista que me caracteriza.

No obstante, ello no significa que el resto del universo haya dejado de tener peso en el conjunto de mis intereses. Muy por el contrario, sigo atento a todo aquello que desde siempre atrajo mi atención. Los años y la experiencia suelen machucarnos la carrocería pero el chasis que la sustenta no se modifica en mayor grado.

Sin ir más lejos, por estos días leía sobre la aprobación de la llamada "Directiva Retorno" por parte del Parlamento Europeo y se me dio por pensar hasta qué punto el mundo no nos está dando inequívocas señales de que está girando al revés. La mencionada disposición establece que, a partir del 2010, lxs inmigrantes indocumentadxs que residan en el territorio de la Unión Europea deberán aceptar el "abandono voluntario" de los países comunitarios o, de lo contrario, ser expulsadxs. Esta medida afectará a más de 8 millones de personas y, por supuesto, ha dividido a la opinión pública internacional. Hugo Chávez amenazó con no comercializar el petróleo venezolano con los países que adhieran a la que denominó "Directiva Bochorno", aunque el más duro fue su par boliviano quien recuerda que las últimas disposiciones migratorias europeas violan nada menos que la Declaración Universal de los Derechos Humanos, con la que lxs europexs suelen llenarse la boca cada vez que pavonean sus principios “democráticos”. Dice Evo: “Estamos bajo intensa presión de la Comisión Europea para aceptar condiciones de profunda liberalización para el comercio, los servicios financieros, propiedad intelectual o nuestros servicios públicos. Además a título de la ‘protección jurídica’ se nos presiona por el proceso de nacionalización del agua, el gas y telecomunicaciones realizados en el Día Mundial de los Trabajadores. Pregunto, en ese caso ¿dónde está la ‘seguridad jurídica’ para nuestras mujeres, adolescentes, niños y trabajadores que buscan mejores horizontes en Europa? Promover la libertad de circulación de mercancías y finanzas, mientras en frente vemos encarcelamiento sin juicio para nuestros hermanos que trataron de circular libremente... Eso es negar los fundamentos de la libertad y de los derechos democráticos”.

Tema arduo si los hay en el que quedan expuestas las más bajas miserias humanas, cuyo objetivo explícito en este caso es el de entronar la xenofobia y el deprecio por quienes alguna vez supimos brindarles (a lxs europexs) un espacio donde resarcirse de sus propios agobios.

Recordé de inmediato las palabras de Pedro Zerolo (el pasado 17 de mayo en ocasión de la celebración del Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia, acto que yo mismo comentara en estas mismas páginas hace un mes): "En Europa se empieza a ver de nuevo la garra de la ultraderecha política y del integrismo religioso. En esa Europa a la que siempre hacemos referencia como el paraíso de las libertades, empiezan a escucharse discursos ultraconservadores, homófobos, machistas, racistas y xenófobos. Pero no por gente desconocida sino que esos discursos se escuchan en boca incluso de presidentes de república o gente de gobiernos de esa Europa que tenemos como referente".

Cabe preguntarse entonces cuánto tiempo les llevará a los miembros de esa ultraderecha integrista desbaratar los logros que nuestra comunidad LGBT ha conquistado (con mayor o menor éxito) en los distintos puntos del orbe. Porque (no nos engañemos) esta es una ideología que no sabe de fronteras, religiones, color de piel y (me atrevería a afirmar que) ni siquiera de orientación sexual. La ultraderecha ha plantado su pezuña a lo largo y a lo ancho de todo el espectro político y de pensamiento. Hoy son lxs inmigrantes indocumentadxs. Mañana ¿quién sabe? Tal vez les llegue la hora (como ya ha sucedido en el pasado) a lxs que profesen tal o cual religión, o a lxs que gusten de vivir en carpas, o a lxs que prefieran llevar el pelo verde. Es obvio que dentro de esa lista también estaremos lxs que disfrutamos del amor con personas de nuestro mismo sexo.

Y en tanto nos llega la hora de enfrentarnos a la mordaza ¿qué? ¿Nos quedamos de brazos curzados viendo como son avasallados los más elementales derechos de las personas? ¿Miramos para el otro lado con la exsusa de que esa es una cuestión que no nos atañe? Se cae de maduro que no será esa la mejor postura. Ya lo decía el afamado filósofo de pacotilla contemporáneo, don Pancho Ibañez: "Todo tiene que ver con todo". Y nunca más a cuento la perogrullada como en este caso, donde lo que está en juego es la legitimación (por medio del silencio) de conductas y filosofías a todas luces discriminatorias. Y no interesa el objeto específico de la discriminación. Apelando a una expresión grosera pero estrictamente específica para esta cuestión, racismo, xenofobia y homofobia son la misma mierda con distinto olor. Olor y esencia de locura, odio, muerte y destrucción. Fobias que debemos enfrentar con compromiso y sin medias tintas. Fobias que, en realidad, no son tales, en tanto responden a ideologías perversas y no a una patología... pero eso dará para otra discusión.


Esto es todo por ahora. Desde las callecitas de la siempre misteriosa Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que en esta oportunidad lxs invita a reflexionar sobre esta aversión que, más temprano que tarde, también recaerá sobre nosotrxs, si no hacemos algo para impedirlo.

miércoles, 18 de junio de 2008

Bien de Familia


Sucedió a fines del '81 y lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Eran tiempos sin sida en los que la palabra gay todavía no tenía la carga mediática que actualmente tiene. Mi vieja, con su mejor cara de tragedia griega me invitaba a sentarnos en la sala porque "teníamos que hablar". Fiel a su filosofía, según la cual era menester afrontar los disgustos sin rodeos, me espetó un "hijo, ¿vos sos homosexual?", moviendo la cabeza como esos perritos que suelen poner de adorno en los autos.

Yo tenía casi veinte años y acababa de romper una relación que ya había superado los siete aniversarios.

En ese momento pasaron por mi mente miles, millones de imágenes: mi primera vez, los miedos iniciales, la primera noche que él se quedó a dormir en casa como un "amigo", el día en que nos dimos el titulo de "novios", los tantos y tantos desayunos que mi misma madre nos servía contenta porque el nene no era uno de esos "tarúpidos" (neologismo que ella usaba con frecuencia) que no tenían vida social... las discusiones familiares tan cargadas de expresiones homofóbicas (aunque por entonces yo desconociera la existencia de esa palabra), las burlas de mi hermano ante mi total ineptitud para los deportes...

"¿Qué le digo?" me pregunté muy asustado. Y unas décimas de segundo después mi acuariano nato me ganó de mano y largó un certero y contundente "SÍ" como única respuesta a lo que se me había preguntado. Luego vino el silencio más absoluto. Dramatismo y desconcierto en la mirada desorbitada de mi madre para estallar de pronto en un desgarrado "¿Qué me hiciste? ¿QUÉ ME HICISTE?".

No reproduzco mi respuesta porque fue una de las más bestiales intemperancias de mi historia y no me enorgullezco de ella. Baste con declarar que fui directamente al choque y que solo su inconmensurable amor de madre taurina evitó males mayores. De todos modos, no se privó de hacerme padecer todas las maldiciones destinadas a las "personas que son como vos". En pocos días pude reproducir toda la historia de la homosexualidad en mi misma persona, al ser considerado como pecador, delincuente y finalmente como enfermo, para luego volver a recorrer el vía crucis de atrás para adelante y de adelante para atrás. Calvario que, en lo concreto, se tradujo en obligadas sesiones de terapia (porque "no me entra en la cabeza que eso no se pueda curar"), en el silencio cobarde de mi padre (que cuando las papas quemaban prefería dejarlo todo en manos de su señora esposa) y en una década casi completita durante la cual mi hermano mayor no me dirigió la palabra. Fue duro pero lo que no mata fortalece. Sobreviví. Difícilmente se sucumbe cuando se tiene la convicción profunda de que el amor nunca puede ser algo reprobable. Después pasaron muchas cosas. Reencuentros y nuevos desencuentros fueron la constante de nuestra difícil relación familiar. Sin embargo, hoy que también soy padre, puedo comprender (aunque no justificar) tales reacciones. Sobre todo la de mi madre. Los prejuicios, los miedos, las inseguridades, los sentimientos de culpa, las frustraciones y vaya uno a saber cuántas pálidas más se le mezclaron en la coctelera para generar un brebaje explosivo que ni siquiera ella (que estaba habituada a manejar el universo que la rodeaba con pericia inigualable) pudo controlar.

Hoy que los años han pasado y puedo ver las cosas desde otro ángulo e incluso salir de mí mismo y confrontar con lo que les sucede a los demás, me doy cuenta de que muchos son los cambios, aunque la película de la homofobia parezca más bien una foto retocada.

Me habría gustado saber cuál hubiera sido el devenir ideológico de mi señora madre, de haber tenido la posibilidad de vivir estos años actuales en los que el desprecio por lo diverso comienza a perder (con timidez) su status de pensamiento políticamente correcto. Cada día son más las personas que se dan cuenta de que lxs integrantes de esta comunidad tan heterogénea como es el colectivo LGBT somos seres humanos, sujetos de derecho, tan falibles y meritorios como cualquier hijx de vecinx. Cada día son más las personas que se brindan el beneficio de poner en duda los valores ancestrales y se permiten la idea de una convivencia basada en el respeto y la comprensión.

Esto no significa que las familias de hoy en día sean más abiertas y respetuosas de la orientación sexual de sus hijxs. Tal vez debieran serlo, habida cuenta de la mayor información disponible y la creciente exposición de muchxs de nosotrxs que (en algunos casos) mostramos un perfil francamente reñido con el estereotipo dominante en la conciencia colectiva. No sé si el mundo de hoy es mucho mejor que el de hace veinte años. Pero sí se me ocurre que la responsabilidad de lograr una cada vez mayor aceptación de nuestras elecciones de vida también depende de nosotrxs, de lxs hijxs de esas madres y esos padres que se han educado en el odio y la desvalorización de lo diferente. "Debemos ser el cambio que queremos ver" decía Gandhi. Nosotrxs, los gays, las lesbianas y lxs trans deberíamos defender nuestros reclamos con el ejemplo. Y más aun: animarnos a salir del armario frente a nuestras respectivas familias a fin de demostrarles que nada cambia por el hecho de "blanquear" una sexualidad que pretendía estar oculta. La persona que comparta mi cama no va a cambiar lo que yo soy. Si hoy me amás, no hay razones para que mañana me desprecies, habiendo mediado solamente una manifestación honesta de mi ser más íntimo.

Sepan quienes lo intenten que nadie puede garantizarles un jardín de rosas. Puede que el destino les haya puesto como prueba una familia como la mía. Puede que sea aun peor. Pero también cabe la posibilidad de que les suceda lo que a un amigo mío cuya madre, al enterarse de su homosexualidad, lo abrazó y lo besó aliviada: habiendo llegado "el nene" a los treinta sin haber presentado ni una novia, ella ya pensaba que tal vez tuviera "algún problema". Como verán, hay de todo como en botica. Lo cierto es que, fuere cual fuere la reacción de nuestro entorno, siempre será mejor afrontar la vida con la verdad y sin vergüenzas. Sentirse un poco Supermán, pero sin lentes ni capa. Por lo general, las cosas no suelen ser tan terribles como unx se las imagina. Y aun si lo fueran, nada se iguala a la paz que emana del simple hecho de encarar la brisa fresca con el orgullo de haber enaltecido la propia dignidad.

Eso es todo por ahora. Desde las callecitas de la siempre misteriosa Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que aprendió a sobrevivir a las taras familiares.

viernes, 6 de junio de 2008

Y se nos fue "redepente"

Cuando yo era chico, mi bisabuela solía contarme la historia del elefante del circo. Se trataba de un elefantito al que unos domadores ataban a un poste con una cadena. Al principio, el animalito tiró y tiró de la cadena para liberarse pero sus esfuerzos fueron inútiles. No tenía tanta fuerza como para romper sus ataduras. Sin embargo, lo intentó hasta agotar sus fuerzas y terminó por convencerse de que ya no había caso. Así creció y murió encadenado al pequeño poste sin volver a intentarlo.

Recordé esta historia cuando recibí la triste noticia de la muerte de Martín.

En el ambiente gay de la zona oeste del Gran Buenos Aires se lo conocía mejor como Tetera (¿es necesario explicar el por qué de su peculiar apodo?). Con sus sesenta y tantos, ya era un hombre grande pero, por sobre todo, era un verdadero gran hombre, uno de los tantos y tantas que sobrevivieron a una época en la que estaba terminantemente prohibido mostrarse ante el mundo tal cual unx era. Una época en la que era menester jugar a las escondidas y ganar como el gallego del chiste, que terminaba como una bolsa de huesos detrás de una puerta. Un juego sórdido y peligroso en el que tampoco estaba permitido librar a todxs lxs compañerxs.

Pequeño y moreno, de ojitos achinados y mirada pícara, su sonrisa sempiterna supo lidiar con los sinsabores de su tiempo. Porque el buen humor fue su salvoconducto en ese virtual campo minado que algunos llaman "sociedad". Con el alma encallecida llegó a las puertas del tercer milenio resignado a su rol de paria homosexual en un mundo dominado por el machismo y el desprecio por lo diferente. Como el elefante del cuento, así lo había aprendido, así se lo habían enseñado y él nunca puso en tela de juicio los mandatos ancestrales. Nunca hasta el día en que la vida lo puso en contacto con otros elefantes que ya habían iniciado el proceso crítico y ya empezaban a promover la resistencia a las cadenas.

En esas circunstancias lo conocí. Primero en forma virtual porque no se animaba a salir de su armario oscuro por temor al qué dirán. Desde el anonimato de una dirección de correo electrónico nos contaba sus experiencias, sus fantasías y sus miedos, siempre acompañados por muestras de su simpatía y su buena onda. Costó convencerlo, pero finalmente llegó el día del gran paso y se presentó ante todxs tal cual era, iniciando así un breve viaje interior que lo transformó en el mejor ejemplo de que siempre se puede salir airoso en la lucha contra ese mundo de ideas prejuiciosas que nos ha alienado durante siglos.

Martín fue un hombre que se rehizo a sí mismo en el último lustro de su vida. Décadas y décadas construyendo cimientos que, a la postre, dieron basamento al modesto templo de la autoestima y de una sola convicción: la de que el cambio siempre debe empezar dentro de nosotrxs mismxs.

Como suele suceder en estos casos, no hubo aquí familiares compartiendo la fatal noticia con lxs amigxs del difunto. Fue necesaria la sospecha ante una sorpresiva ausencia en los correos y, luego de varios días de ronda alrededor de su casa, un vecino comedido puso negro sobre blanco respecto de su suerte.

Como diría la gloriosa Niní Marshal (que junto a Osvaldo Pacheco y otrxs tantxs grandes de la escena formaba parte de su parnaso privado), Tetera se nos fue "redepente" sin poder darnos el abrazo amigo al que nos tenía acostumbradxs. Y como es posible que el fantasma del olvido haya rondado alguno de sus sueños, he aquí estas líneas a través de las cuales pretendo dar testimonio de su paso por la vida. Querido Martín, los que te conocimos guardaremos tu recuerdo en un rinconcito cálido de nuestro corazón y el cine de Ciudadela perpetuará por siempre el eco de tus pasos.

Esto es todo por ahora. Desde las callecitas de la siempre misteriosa ciudad de Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que hoy invita a todxs lxs amigxs y conocidxs de Tetera a levantar un vaso de cerveza en su memoria. Estoy seguro de que los gays, las lesbianas y lxs trans tenemos nuestro sitio en algún cielo y, desde allí, Martín habrá de sonreirnos y brindará con nosotrxs, satisfecho de haberse permitido amar y desear más allá de los convencionalismos y de la hipocresía.

domingo, 1 de junio de 2008

El maestro de los tiernos adolescentes


Cuando yo tenía veinte años, hablar de pornografía era un verdadero pecado mortal, aun para las mentes más liberales de nuestro medio queer. No como ahora, que el tema está más instalado y pocos son los que no han incursionado alguna vez en un cine porno. A pesar de ya no ser tan inocente, por aquel entonces mi experiencia dentro del mundo gay era limitada y aun me creía miembro de una selecta minoría de seres que nadaban contra la corriente, en un mundo donde lo heterosexual era "lo correcto". Sin embargo, el deseo pudo más y me fue posible así quebrar una barrera que me impedía ser yo mismo: la del prejuicio respecto de mis propios sentimientos.

Fue un 26 de enero del '83. El país todavía estaba bajo el yugo de las botas militares, aunque la derrota de Malvinas ya había puesto fecha de vencimiento al Proceso de Reorganización Nacional. Recuerdo muy bien la fecha porque fue un regalo de cumpleaños que me hice a mí mismo.

No recuerdo cómo lo descubrí pero un día supe que ese local oscuro que había en la calle Urquiza, entre Alsina y Moreno, no era otra cosa que un cine porno. Tardé meses en decidirme a entrar y, cuando lo hice, sentí que mi vida ya no sería la misma de allí en más. Es decir que, a partir de ese nuevo "alumbramiento" puedo asegurar que el 26 de enero de 2009 cumpliré veinticinco años... de puto asumido.

El lugar era sórdido (¿para qué negarlo?) y me dio un poquito de miedo trasponer ese telón negro que oficiaba de entrada a la sala. La oscuridad era casi total y lo único que se podía ver con nitidez era la pantalla, en la que se desarrollaba una escena de sexo entre dos adolescentes. Lejos de todo morbo, la imagen me generó ternura. No había primerísimos planos, ni violencia, ni música enlatada. Los chicos parecían disfrutar verdaderamente de lo que estaban haciendo, con dulzura, con una iluminación natural y no agresiva y un piano suave que contrastaba fuertemente con los jadeos ahogados que me circundaban. Era un film donde lo erótico tenía una potencia en verdad remarcable. Todo inmerso en un medio en el que el olor a sexo desvirtuaba toda poesía que pudiera emanar de la pantalla. Sin dar detalles de mi experiencia personal de aquella tarde, ese fue mi primer contacto con un mundo que, en el futuro, me demostraría que yo no era tan diferente a tantas y tantos otras y otros que hallaron en el sexo un modo de expresión. Con el tiempo supe que aquella película que me había impresionado tan positivamente se llamaba "Tendres Adolescents". Se trataba en realidad de un corto que no superaba la media hora y su director era un francés de nombre tan dulce como su opera prima: Jean Daniel Cadinot.

Huelga la aclaración de que, de allí en más, me hice habitué del mencionado sucucho y que mis experiencias con la pornografía tomaron cierta distancia de aquel bucólico primer acercamiento. Conocí el cine americano (muchísimo más explícito y carente de poesía) y el cine alemán (en el que la berretada era tan notoria como la minoridad de sus "actores"). No obstante, yo seguí fiel a Cadinot, liberé mi imaginación y me permití plagiarlo en mis encuentros amorosos (más de unx debería estarle agradecidx).

Para quien supo ver más allá de lo evidente, JDC fue un maestro en todo sentido. Fue una fuente inagotable de fantasías eróticas, impulsor de un nuevo lenguaje para la pornografía (que casi dejó de ser una mala palabra para transformarse en una nueva faceta del arte) y, sin duda, un activista gay muy poco convencional que desde la lente de su cámara plasmó un mundo en el que nosotrxs también teníamos derecho a ser. Por todo ello, a lo largo de sus sesenta y cuatro años, cosechó admiradores y detractores, entre propios y ajenos, dando como pocos un particular sentido a aquella expresión del Quijote: "Ladran, Sancho...".

Y no caben dudas de que cabalgó en contra de improperios y condenas.

El pasado 23 de abril, un paro cardíaco apagó para siempre su cámara. Una muerte ciertamente dulce si las hay. Y podría suponerse que es el fin de su historia. Sin embargo, los que conocemos su trayectoria bien sabemos que su obra está presente (y lo seguirá estando) en la de otros realizadores para quienes el sexo no es solo fuente de divisas, sino también un modo de decirle al mundo que el placer es tan humano como respirar.

El mismo Cadinot, a modo de despedida en su blog, plasmó su filosofía en una frase: «Un falo erguido es un símbolo de vida, una cruz es un símbolo de muerte».

Esto es todo por ahora. Desde las callecitas de la siempre misteriosa Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que hoy ha querido rendirle homenaje a un hombre que hizo del placer una bandera.

jueves, 22 de mayo de 2008

Don Mario


No te salves
Mario Benedetti

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino

y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

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Hoy solo quiero recordar al gran maestro que, por estos días, está atravesando una mala racha. Ruego por su salud, querido Mario. Todos sabemos que en esta oportunidad, por usted y no por mí, los cielos deberían escucharme.

A continuación y a modo de yapa, unos fragmentos de una de las mejores películas que he visto en mi vida, "El Lado Oscuro del Corazón", en donde brillaron los poemas de don Mario.











Y otra yapa...



martes, 20 de mayo de 2008

Día Internacional de Lucha contra la Discriminación por Orientación Sexual y por Identidad de Género



El pasado sábado 17 de mayo, con oportunidad de la celebración del "Día Internacional de Lucha contra la Discriminación por Orientación Sexual y por Identidad de Género", la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT) organizó un asado en el local del Club de Osos de Buenos Aires. La reunión contó también con la presencia de la señora María José Lubertino, presidenta del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), y del señor Pedro Zerolo, representante del Gobierno Español y célebre activista por los derechos LGBT, de visita en nuestro país.

Se trató de una amena reunión de camaradería en la que se pudo disfrutar de buena carne y buen vino, como corresponde a nuestra tradición argentina. Tampoco faltó la guitarreada y mucho menos los discursos.

La señora Marcela Romero, presidenta de la Asociación de Travestis, Transexuales y Trangéneros Argentina (ATTTA), presentó el cortometraje documental "Identidad Trans", producido por la institución, dirigido por Andrés Rubiño y protagonizado por Patricia Rasmussen. El film da testimonio del día a día de una activista trans de la ciudad de Mar del Plata y de su lucha en defensa de sus derechos.

La licenciada Lubertino aprovechó la oportunidad para hacer entrega del Premio INADI, en manos de Pedro Zerolo, para que fuera entregado por éste al actual presidente del Estado Español, José Luis Rodríguez Zapatero, en reconocimiento por los logros alcanzados por su gobierno en beneficio de los derechos de las minorías. También anunció conjuntamente con María Rachid, presidenta de la FALGBT, la presentación durante esta semana de un proyecto de ley ante el Senado que impulsa el matrimonio de personas del mismo sexo.

Por su parte, Pedro Zerolo agradeció en nombre del gobierno español y expuso su opinión acerca de la realidad de la lucha por los derechos LGBT en el mundo. "No quiero dejar pasar la oportunidad de recordar" (dijo Zerolo), "que hoy celebramos un día muy importante: el Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia. Un día de emociones encontradas, un día de recuerdos, un día de memoria, un día para recordar que estamos viviendo un momento que no debemos desaprovechar. Porque durante siglos quienes han sido como nosotros y como nosotras han sido segregados, apartados, discriminados, vilipendiados y estigmatizados, agredidos y condenados a muerte".

En el mismo sentido agregó: "Este es un día par recordar que la situación no es todavía la que quisiéramos que sea y que además no soplan buenos aires. En Europa se empieza a ver de nuevo la garra de la ultraderecha política y del integrismo religioso. En esa Europa a la que siempre hacemos referencia como el paraíso de las libertades, empiezan a escucharse discursos ultraconservadores, homófobos, machistas, racistas y xenófobos. Pero no por gente desconocida sino que esos discursos se escuchan en boca incluso de presidentes de república o gente de gobiernos de esa Europa que tenemos como referente".

Tampoco faltó en el discurso de Zerolo la mención de la cuestión local, en relación a lo cual fue claro y contundente: "Hoy que están nuestros presidentes y presidentas hablando, deberíamos recordarles desde abajo que Latinoamérica tiene muchísimo que decir. Creo que donde están pasando las mejores cosas en este momento en el mundo es en América Latina, donde mejor se están viendo los progresos de los movimientos sociales y de izquierda. Desde luego aquí se está viendo mucho más avance que en la vieja Europa. Por tanto, pasemos alguna vez del orgullo gay, del orgullo lésbico y del orgullo trans al orgullo latino". Y para que no quedaran dudas, recalcó: "Estamos llamados a hacer avanzadilla. Si España avanza, si Argentina avanza, marcaremos tendencia y desde luego Latinoamérica se convertirá en un referente mundial de que otro mundo es posible".

Certeras y transparentes las palabras de Zerolo, una personalidad que ha ido mucho más allá de los discursos y del que muchos de nuestros dirigentes deberían tomar ejemplo.


Esto es todo por ahora. Desde las callecitas de la siempre misteriosa Buenos Aires se despide Viktor Huije, un cronista de su realidad que gusta de soñar con que la posibilidad de un mundo mejor.

domingo, 11 de mayo de 2008

El Güije


Hablando de monstruos y de homofobia, cuando yo era (más) joven escuché una canción de Silvio Rodríguez (¡cuándo no!) que me marcó de por vida. Tanto que comencé a cantarla en todas mis presentaciones y se convirtió en algo así como mi caballito de batalla. Nunca fui un cantante famoso pero tuve algunos seguidores, los mismos que en medio de los recitales solían gritar “¡El güije! ¡El güije!”. De ese modo, poco a poco, el título de la canción comenzó a reemplazar a mi propio nombre hasta que yo mismo oficialicé ese nuevo bautismo y empecé a presentarme como Víktor Huije. La grafía que adopté responde solo a mi ignorancia sobre la manera en que el pueblo cubano se refería a este ser del cual hoy quiero hablarles.

El güije es un personaje mitológico que, en algunos lugares de la isla de Cuba, se ha vuelto popular a través de los mitos y las leyendas. Aunque, hoy en día, no falta aquel que asegura haberlo visto o haber sido víctima de sus trapisondas.

Dicen algunos que es un viejecito no muy alto y de raza negra. Otros aseguran que es un monstruo pequeño, con patas de chivo y cola de caimán, o peludo y con fuertes garras. También se lo ha descrito como un muchachito bajito y negro con ojos saltones. Y así, las descripciones físicas de este ser (que no se sabe si es uno sólo o si es que son varios) varían de acuerdo al narrador. Se dice que vive en la poza de algún río donde el agua nunca llega a desaparecer o en las lagunas, como cuenta la canción de Silvio.

Su comportamiento es muy similar al de un duende. Dicen que es pícaro y maldito, capaz de cualquier cosa. Corre más rápido que los caballos y salta las cercas de piedras de un solo salto. Capaz de desaparecer o aparecer en un cerrar y abrir de ojos.

Algunos solo afirman haberlo visto en algún lugar. Otros aseguran haberlo atrapado. Leí por ahí que una vez unos muchachos estaban jugando a la pelota en un sitio próximo a un cañaveral. Cuando ya el juego iba por la mitad, un muchachito negro se acercó a mirar y se lo invitó a participar del juego. El muchachito jugó largo rato, hasta que los otros muchachos le prestaron atención, le vieron ojos saltones y algo en la boca (tal vez colmillos) que no era natural. Hasta que uno de ellos dijo que era un güije y, acto seguido, el muchachito desapareció dentro del cañaveral. Lo buscaron, pero fue en vano, no se lo volvió a ver.

Este es solo un ejemplo de los cientos de cuentos que se cuentan y ninguno menciona el que este ser haya cometido alguna fechoría seria, algún verdadero daño a alguien. Sin embargo dicen, eso sí, que es capaz de cualquier cosa, pero no sabemos de nada malo que se le pueda atribuir. Se lo describe como un ser que no es humano y son muchos los testimonios que buscan infundir miedo y desconfianza a su presencia. Pero nadie lo conoce ni sabe de dónde viene realmente ni lo que busca. Quizás sea ese su delito, el de ser diferente, el de no encajar en la norma, el de pretender una existencia distinta a la del resto de los seres de la creación. Quizás sea por eso que todos los cuentos terminan en que se lo persigue. Quizás sea por eso que se esconde. Porque sabe muy bien que los “otros” suelen ponerse muy nerviosos frente a lo que no comprenden. Y todxs sabemos en qué pueden transformarse esos “nervios” tan llenos de odio, de ignorancia y de temor.

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Eso es todo por ahora. Desde las callecitas de la siempre misteriosa Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que alguna vez supo cantarle a ese ser mitológico que (bien sabía) no era otro que él mismo.





Pero también les dejo una versión personal del "maestro" para que no se queden con una mala impresión de la canción, je.

sábado, 3 de mayo de 2008

Monstruos


A lo largo de la historia y aún en nuestros días, la homosexualidad ha sido considerada por muchxs como un pecado, una enfermedad e incluso como un delito. Basándose en prejuicios, fobias y odios de origen diverso, se fue pergeñando toda una mitología en la cual aquellas personas cuyo objeto de deseo son otras personas de su mismo sexo somos capaces de las más terribles abominaciones que un ser humano puede imaginar. Dentro de ese universo de patrañas, ocupan un sitial preferencial aquellas que nos convierten en compulsivos abusadores de menores. En ellas se fundan los "reparos" que nos impiden todavía adoptar hijos, por citar solo uno de los tantos ejemplos.

Días atrás, buscando material para el programa de radio en el cual participo, encontré en internet una discusión titulada "Trabajos que no le daria a un/una gay". La persona que iniciaba la discusión daba sus propias opciones. Copio y pego:

a) Docencia en general, desde jardin de infantes a Secundario inclusive. Universidad no tendria problemas, se supone que ya estas formado, y si no lo estas, jodete por gay.
b) Juez de familia. EVIDENTE.
c) PEDIATRA. GINECOLOGO Y OBSTETRA. Porque tenes que entender lo que es el amor y la familia, y eso no pasa con un gay. Un traumatologo no preocupa, por ejemplo, o un cirujano.

Indignante ¿verdad? Sobre todo si uno lee el desarrollo completo de la misma, en la cual abundan los comentarios homo-lesbo-transfóbicos con su habitual carga de ignorancia, petulancia, prejuicio y odio. Para ellxs, siempre fuimos, somos y seremos monstruos. Creo que huelgan los comentarios sobre lo que acabo de transcribir. Quienes duden de mis palabras o quienes busquen (por la razón que fuere) una úlcera de duodeno o una razón valedera para protagonizar su propio "día de furia" pueden entrar
AQUÍ. Claro que bajo vuestra exclusiva responsabilidad.

Curioso (y lamentable) que todavía exista gente que guarda esa visión de nosotrxs tan negativa y reñida con la realidad. Sobre todo si tenemos en cuenta los hechos que la prensa se ha encargado de poner a nuestro alcance con mayor o menor sensacionalismo. El último de ellos, el caso del ingeniero electricista austríaco Josef Fritzl.

Como todos sabrán, el susodicho caballero violaba a su hija Elisabeth desde que ella tenía 11 añitos y la mantuvo secuestrada en el sótano de su propia casa desde 1984. Durante su cautiverio, ella parió en condiciones infrahumanas siete hijos productos del incesto, uno de los cuales falleció a poco de nacer y fue incinerado por el viejo Fritzl en la caldera del su casa. De los seis hijos restantes, tres tuvieron la suerte de ser llorones, razón por la cual el monstruoso padre/abuelo decidió sacarlos del sótano y criarlos como nuevos miembros de la familia. Los tres más tranquilos fueron castigados con la reclusión y hoy apenas superan la condición de meros animales. El resto de la familia Fritzl, mientras tanto, está sorprendida y consternada porque nunca hubieran sospechado que el viejo patriarca fuera capaz de semejantes atrocidades. O al menos eso dicen. A riesgo de ser prejuicioso, a quien suscribe le resulta difícil creer que alguien pueda mantener esta situación durante 24 años sin que por lo menos su esposa (madre de la hija cautiva) intuyera la verdad.

No hace falta que ahonde más en la noticia que, desde hace una semana, ocupa las primeras planas de los periódicos de todo el mundo. Pero sí quisiera puntualizar un par cuestiones que se relacionan con el inicio de este artículo.

En primer lugar, me llamó la atención el modo en que algunos medios (particularmente duros a la hora de "juzgar" a la homosexualidad) se referían a Fritzl. La mayoría se refieren a él como "el abusador de Amstetten". Incluso no son pocos los que lo llaman simplemente "el carcelero". Sospechosa benevolencia para quien cometiera crímenes de semejante envergadura. ¿Es solo un "abusador"? Yo no soy letrado ni pretendo serlo, pero la palabra "abuso" me hace pensar en el tipo que le toca el culo a una mina y no en el padre que somete a su propia hija a violaciones sistemáticas durante años, con el agravante del secuestro, la incineración del recién nacido, etc., etc. Lo de "carcelero" no tiene gollete.

Por otra parte, se me dio por pensar que (mientras los que históricamente hemos sido incapaces de incorporar nociones tales como "amor", "familia" y "respeto" somos los gays, las lesbianas y las personas trans) este buen señor pertenece a la categoría heterosexual. Incluso es blanco, europeo y tal vez cristiano. Sin embargo, en ninguna crónica se han destacado estas particularidades. Eso nunca sucede. Y se me ocurre que, en estos casos, la omisión responde no tanto al hecho de que se las dé por sobreentendidas sino al deseo de ocultar lo vergonzante. La heterosexualidad de Fritzl y la de tanto perpetrador de crímenes sexuales caerá en el olvido y siempre seremos nosotrxs, lxs homosexuales y trans, lxs que carguemos con el estigma de la inmoralidad, la falta de valores, el pecado y el larguísmo etcétera que siempre nos ubica en las profundidades de la miseria humana.

"Todo depende del cristal con que se mira" decía el viejo Shakespeare. Pero los verdaderos monstruos son perfectamente visibles, más allá de las lentes con que intentemos ocultar sus iniquidades.

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Esto ha sido todo por hoy. Desde las callecitas de la siempre misteriosa Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que siempre guarda en su corazón un lugarcito para la indignación.

martes, 29 de abril de 2008

Burgués sí, pero, ¿reformista?

Nota aparecida el día martes, 29 de Abril de 2008, en la sección El País del diario porteño Página 12. Yo no le sacaría ni un punto ni una coma.

En el marco del desafío planteado por el lockout de los empresarios agrícolas se planteó el debate sobre los alcances políticos de la medida. En estas páginas, el sociólogo Eduardo Grüner argumentó que estaba en juego la legitimidad del Estado para intervenir en la economía y alertaba sobre los peligros “si la derecha gana”. El politólogo Atilio Boron se suma a la polémica cuestionando el “reformismo” del actual gobierno.
Por Atilio A. Boron

Eduardo Grüner publicó un interesante y sugestivo artículo con el título “¿Qué clase(s) de lucha es la lucha del ‘campo’?” (Página/12, 16 abril 2008) con el cual tengo algunos acuerdos pero también bastantes discrepancias. Quisiera tratar sólo una de éstas: su definición, a mi modo de ver muy generosa, del kirchnerismo como un gobierno “reformista-burgués”. Sin embargo, esta caracterización provocó pocos días después la crítica de José Pablo Feinmann quien dijo que sería infantil esperar que el gobierno de Cristina fuera “revolucionario socialista”. Y agregó, “hoy, un gobierno reformista burgués es mucho más de lo que la Sociedad Rural, todo el establishment y los Estados Unidos están dispuestos a aceptar en América latina. Al reformismo burgués le dicen populismo y, para ellos, es la peste”.

Es cierto que el reformismo burgués sigue siendo tan inaceptable hoy como en 1954, cuando el ensayo tímidamente reformista burgués de Jacobo Arbenz en Guatemala fue ahogado en un baño de sangre, y el Che conoció muy bien esa historia como para sacar las adecuadas lecciones del caso. Pero, ¿sobre qué base califican tanto Grüner como Feinmann al gobierno de los Kirchner como “reformista”? ¿Cuáles fueron las reformas que impulsaron y ejecutaron? Por supuesto, no es este el lugar para realizar un balance de lo actuado en el período abierto con la asunción de Néstor Kirchner el 25 de mayo del 2003. Digamos, eso sí, que el mayor acierto del período fue la política de derechos humanos, más allá de algunas inconsistencias (entre otras cosas, expresadas en la total incapacidad para proteger testigos como Julio Jorge López, desaparecido como en los tiempos de la dictadura) y que el otro logro de la gestión, menos importante que el anterior, se produjo en el campo de la política exterior, acompañando –no obstante sin mayor protagonismo– el embate de Chávez en contra del ALCA. No obstante, mismo en este terreno el panorama no dejó de tener llamativos contrastes porque simultáneamente Kirchner rechazaba reiteradas invitaciones para visitar Cuba, se mantenía al margen de la Cumbre de los No Alineados realizada en La Habana y viajaba a Nueva York, en 2006, para participar en la Asamblea General de la ONU rematando su viaje con una insólita visita a la Bolsa de Valores de Nueva York y declaraciones, a cuál más desafortunada, sobre el futuro capitalista de la Argentina. Para colmo, el año pasado cedió ante la presión de Washington e impulsó la aprobación, con fulminante rapidez, de una absurda legislación “antiterrorista” que en manos de cualquier otro gobierno puede ofrecer el marco legal necesario para la completa criminalización de la protesta social y la disidencia política.

Esos son los dos puntos fuertes del kirchnerismo, ayer y hoy. Admitido. Pero, ¿dónde están las reformas que excitan la generosidad de Grüner y la réplica de Feinmann? No las veo. Para los incrédulos los invito a comparar la gestión del kirchnerismo ya no con el reformismo socialdemócrata escandinavo sino con las del primer peronismo, el del período 1946-1950. En aquellos años se fortaleció al movimiento obrero, se aprobó una vasta legislación laboral sin parangón en la periferia capitalista (vacaciones pagas, aguinaldo, jubilaciones, estabilidad laboral, indemnizaciones por despidos, tribunales de trabajo, accidentes laborales, obras sociales, etcétera), se creó el IAPI, el Banco de Crédito Industrial, la flota mercante del Estado, Aerolíneas Argentinas, y se nacionalizaron el Banco Central, los depósitos bancarios, los ferrocarriles, los teléfonos, la electricidad y el gas. Durante su exposición en la Cámara de Diputados, en 1946, Perón pronunció, a propósito de la nacionalización del Banco Central, unas palabras que es oportuno recordar en los tiempos que corren en donde el pensamiento único no cesa de alabar las virtudes de la supuesta independencia de los bancos centrales. “¿Qué era el Banco Central? –se preguntaba Perón–. Un organismo al servicio absoluto de los intereses de la banca particular e internacional. Por eso, su nacionalización ha sido, sin lugar a dudas, la medida financiera más trascendental de estos últimos cincuenta años.” Aparte de eso, el Estado pasó a ocupar un lugar decisivo en la promoción de la industrialización y sus obras públicas –caminos, diques, escuelas, hospitales– cubrieron prácticamente toda la geografía nacional. Además se sancionó una nueva Constitución, en 1949, en la cual se establecía una serie de derechos sociales a tono con las conquistas que en ese terreno se estaban produciendo en el capitalismo europeo.

Un Estado inexistente

¿Y ahora? El Banco Central está en manos de un Chicago boy y la obra pública paralizada. El Estado, destruido por el menemismo, sigue postrado: no puede apagar un incendio de pastizales en una llanura porque carece sea del dinero, o de la idoneidad, para adquirir un avión hidrante canadiense que cuesta menos de veinte millones de dólares y que hubiera acabado con el fuego en un santiamén; no puede abastecer de monedas a la población; no puede regular ni supervisar el funcionamiento de las empresas privatizadas, y entonces los usuarios del ferrocarril periódicamente incendian estaciones y formaciones para hacer oír su protesta; no puede cobrarle impuestos a Aeropuertos 2000 y entonces se asocia en calidad de “socio bobo” y minoritario a la empresa en lugar de exigir el pago de lo adeudado; no puede garantizar que los caminos y rutas privatizadas estén en correcto estado de mantenimiento mientras decenas de viajeros mueren a diario en horribles (y evitables) accidentes; asiste de brazos cruzados a la desintegración de la red ferroviaria nacional y como única política propone un “tren bala”; no exige a las aerolíneas privatizadas que cumplan un diagrama de vuelos que sirva para integrar las principales ciudades del país, que los fines de semana se quedan aisladas; se muestra indiferente ante el saqueo de los recursos naturales, desde el petróleo y el gas hasta los minerales, y ante el gravísimo deterioro del medio ambiente causado por las explotaciones mineras; prosigue sumido en un estupor catatónico ante el calamitoso derrumbe de la educación y la salud públicas, sin que se le ocurra poner un centavo para remediar la situación, al paso que se ufana de los 50.000 millones de dólares atesorados –al igual que Harpagón, el protagonista de El avaro de Molière– mientras el pueblo pasa hambre, no puede educarse ni cuidar de su salud. Pese a disponer de una mayoría absoluta en ambas Cámaras del Congreso –que vota a libro cerrado cualquier proyecto que ordene la Casa Rosada–, Kirchner no envió una sola propuesta para reformar la estructura tributaria escandalosamente regresiva de la Argentina o para establecer una legislación que posibilitase un combate efectivo contra el desempleo, la exclusión social y la pobreza. Tampoco iniciativa alguna para recuperar el patrimonio nacional rematado durante el menemismo. Un gobierno que, por otra parte, a más de cinco años de inaugurado todavía no definió una política de distribución de ingresos, consolidación del mercado interno y desarrollo nacional. Es cierto que se disminuyó la proporción de pobres e indigentes, pero ésta aún se encuentra por muy encima de los valores existentes al inicio de la actual fase democrática de la Argentina, hace un cuarto de siglo. Con un agravante: que este gobierno dispuso de una coyuntura económica excepcional, como ningún otro en nuestra historia, lo que torna aún más imperdonable que una parte al menos de esa riqueza no hubiera llegado a satisfacer las demandas populares. Y pese a sus estentóreas denuncias en contra de la dictadura, dos piezas maestras de ese régimen: la Ley de Entidades Financieras y la Ley de Radiodifusión continúan en vigencia hasta el día de hoy. La renta financiera sigue estando libre de impuestos así como las ganancias resultantes de la venta de sociedades anónimas. Y el Gobierno sigue sin otorgarle el reconocimiento oficial a la CTA y convalidando, de ese modo, el control político de los sectores populares en manos de una burocracia cuyo desprestigio es absoluto. Esto explica, en gran medida, la indiferencia popular ante la ofensiva del mal llamado “campo”: el pueblo no salió a la calle a defender su gobierno porque no lo siente suyo. Y tiene razón. Sería bueno que el Gobierno dedicara algún tiempo a reflexionar sobre la génesis de esta alarmante pasividad popular.

La anterior es una lista incompleta y parcial, pero suficiente para demostrar que bajo ningún criterio mínimamente riguroso estamos en presencia de un gobierno reformista. Es un gobierno “democrático burgués” (con todas las salvedades que suscita esta engañosa expresión), pero donde el componente “burgués” gravita mucho más que el “democrático” y en donde el reformismo sólo existe en el discurso, no en los hechos. Es asombroso escuchar, como ha ocurrido reiteradamente en los últimos años, las invocaciones de los distintos ocupantes de la Casa Rosada exhortando a los argentinos a redistribuir el ingreso y a repartir de modo más equitativo la riqueza. En fechas recientes la Presidenta volvió a insistir sobre el tema, a propósito del paro agrario. Pero, si no lo hace el Gobierno, ¿quién lo puede hacer? ¿Qué esperan? Si por mí fuera emitiría un decreto de necesidad y urgencia desde mi cátedra de Teoría Política y Social de la UBA instituyendo una radical reforma del régimen impositivo y utilizaría ese dinero para mejorar los ingresos de todos quienes estén por debajo o un poco por encima de la línea de pobreza, pero, ¿quién me haría caso?, ¿qué juez atendería la demanda de los eventuales beneficiarios?, ¿cómo podría obligar a los contribuyentes más ricos y a las grandes empresas a pagar el nuevo impuesto? El Gobierno debería abstenerse de formular ese tipo de estériles exhortaciones.

El posibilismo es inaceptable

Creo que lo anterior demuestra con claridad que no hay “reformismo burgués”. ¡Ojalá lo hubiera! No porque el reformismo satisfaga mis esperanzas sino porque al menos nos posibilitaría avanzar unos pocos pasos en la construcción de una verdadera alternativa, es decir, una salida post capitalista a esta crisis sin fin en que se debate la Argentina, sea en el estancamiento tanto como en la prosperidad económica (que llega a unos pocos).

Por eso es que disiento de lo que plantea Grüner cuando dice que “si alguien nos chicanea con que terminamos optando por el ‘mal menor’ no quedará más remedio que recontrachicanearlo exigiéndole que nos muestre dónde queda, aquí y ahora, el ‘bien’ o su posible realización inmediata.” ¿Dónde queda el “bien”? Eso lo sabe Grüner tanto como yo: el “bien” es el socialismo. Pero mientras maduran las complejas condiciones para su construcción es posible la realización inmediata de algún “bien”, de algunas reformas que pongan fin a la escandalosa situación en que nos hallamos. ¿O me va a decir que hará falta una revolución socialista para aproximar la estructura tributaria de la Argentina a la que tienen países como Grecia y Portugal en la Unión Europea, para no hablar de la que existe en Escandinavia? ¿Será preciso asaltar el Palacio de Invierno para que las retenciones al agro –totalmente justificadas en la medida en que se discrimine entre los distintos estratos del patronato agrario– se coparticipen con las provincias y sean asignadas exclusivamente a combatir la pobreza y a reconstruir la infraestructura física del país y no al pago de la deuda? ¿Tendremos que subirnos a la Sierra Maestra para que el Estado regule cuidadosamente el desempeño de las privatizadas y avance en un programa de “desprivatización” para aquellas que se compruebe que han estafado al fisco y a los usuarios? ¿Habrá que esperar el cañonazo del Aurora para derogar la Ley de Entidades Financieras de Martínez de Hoz? En suma: no es un tema de chicanas o recontrachicanas, sino de exigirle al Gobierno que haga lo que debe hacer. Que tenga la osadía de ser un poquito reformista. Y si no hace lo que hay que hacer es porque no quiere, no porque no puede. Y si no quiere no veo la razón para que tengamos que apoyarlo en contra de un fantasmagórico “mal mayor”, espectro invariablemente agitado por quienes quieren que nada cambie en este país y que termina en el posibilismo y la resignación. Como creo que estas dos actitudes son inadmisibles, ética y políticamente, es que me opongo a entrar en el repetido juego de “nosotros” o el “mal mayor”, que desde hace décadas viene empujando a la Argentina hacia el abismo y hacia nuestra degradación como sociedad. Tiene razón Grüner cuando dice que “no estamos ante una batalla entre dos modelos de país; el modelo del Gobierno no es sustancialmente distinto al de la Sociedad Rural”. Corrijo: es un solo modelo, pero no es el de la Sociedad Rural, pobrecita, sino el de los grandes ausentes de este debate y que los compañeros del Mocase oportunamente trajeron al primer plano en su nota del viernes 25 en Página/12: es el modelo del gran capital transnacional, cuyas naves insignia en materia agraria son Monsanto, Dupont, Syngenta, Bayer, Nidera, Cargill, Bunge, Dreyfus, Dow y Basf. Y si este modelo prosperó fue porque desde Menem hasta nuestros días –aclaro, dada la susceptibilidad ambiente, que me parece un disparate decir como lo hace cierta izquierda trasnochada, que este gobierno es igual al de Menem– no hubo un solo gobierno, tampoco el de los Kirchner, que intentara cambiar el modelo agrario-exportador y poner fin a la sumisión de nuestro país a las transnacionales. Todos facilitaron cada vez más las cosas para que la Argentina se convierta en una especie de emirato sojero, y si hoy el Gobierno se queja de la rapacidad “del campo” sería bueno que se interrogue por qué no hizo nada para impedir que lleguemos a esta situación. Por lo tanto, lo de “reformista” es una concesión gratuita a un gobierno que, por lo menos hasta ahora, no ha hecho ningún esfuerzo serio para hacerse acreedor de ese calificativo.

sábado, 26 de abril de 2008

Ese homófobo de Silvio


¿Estoy equivocado o todo el mundo sabe a quién me estoy refiriendo cuando digo Silvio? Acepto la posibilidad de que yo viva en un taper intelectualoide y de que la popularidad del gran trovador cubano no alcance los niveles que supongo. Sé muy bien que hay un mundo que la miopía pone más allá de mi visión y así hago las aclaraciones pertinentes.

Es que Silvio Rodríguez me ha acompañado a lo largo de tantos y tantos años de lucha contra el mundo y contra mí mismo, que no es sencillo consolidar una adecuada perspectiva. Sin embargo, en algún momento de nuestra platónica relación, pude comprobar algo que ya venía sospechando desde el inicio: Silvio Rodríguez es un ser humano, pasible de defectos, fobias y también prejuicios.

La comprobación vino de la mano de otro de mis referentes, el chileno Pedro Lemebel, que en su texto EL MALENTENDIDO DEL UNICORNIO (cuya lectura recomiendo especialmente) relata un frustrante encuentro entre un par de locas trasandinas y el cantautor. Encuentro durante el cual afloró la proverbial homofobia de izquierda y quedó claro que el buen Silvio nos desprecia como el más común de los mortales.

El mío es solo un comentario de loca mala. No busco denigrar al artista en absoluto. Ni podría, dado que la altura de sus méritos escapa ampliamente a mis capacidades tan básicas. Muchas de sus canciones permanecerán por siempre en la categoría de "bíblicas" para mi espiritu siempre en plan de búsqueda. Sigo disfrutando de su música y su poesía y mi opinión acerca de su arte no podría cambiar a causa de una triste anécdota, por representativa que resultase.

La pregunta entonces se me impone: ¿Es la homofobia de Silvio menos perniciosa que la del resto de la gente?

Desearía poder responder honestamente que sí, pero lo cierto es que la homo-lesbo-transfobia es ignorancia, es prejuicio, es odio. No importa quién la detente, si un jerarca de la iglesia, un conservador de derecha, un homosexual confundido o el cantautor de mis amores. No habrá descanso para ningunx de nosotrxs mientras haya gente que no comprenda que somos tan iguales y tan diferentes como el que más, dignos representantes de una especie que no encuentra el modo de convivir en el respeto y el amor hacia su prójimo. Porque nadie escapa a esta norma impuesta por los hechos y, en función de ella, cada quien es tan "normal" como cada cual.

Insisto: quisiera tener razones válidas para poder afirmar que Silvio Rodríguez supera esa "normalidad". Y aunque no las tengo tampoco puedo ponerlo al mismo nivel de los otros victimarios de nuestras reivindicaciones. ¿Sinsentidos de mi humana idiosincracia? No hay duda. Pero es que siempre habrá algún tema de Silvio que me lleve a la reflexión. Siempre habrá alguno que me haga sonreir o que me emocione. Siempre habrá uno en especial que no podré escuchar sin que se me anude la garganta, ese que ya no puedo cantar, ese que me transportará siempre a otras épocas más tristes pero paradójicamente también más felices.

De todos modos, que quede claro que sigo coincidiendo con el compañero Pedro Zerolo: "¿Ser de izquierdas y homofóbico? ¡Eso sí es contra natura!".


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Esto ha sido todo por hoy. Desde las callecitas de la siempre misteriosa Buenos Aires se despide Viktor Huije, un cronista de su realidad que no siempre sale airoso en su lucha contra las contradicciones.


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Novelas de Carlos Ruiz Zafón