sábado, 14 de marzo de 2020
La mosca de Virgilio
miércoles, 13 de marzo de 2013
Del Cónclave del Terror al de los Cardenales sin Techo
El Siglo que parió los Cónclaves
martes, 5 de febrero de 2013
Nada de bailar con el más feo
martes, 11 de septiembre de 2012
Los mitos nunca acaban

1- Suavizante de piel: contiene un antioxidante llamado espermina que ayuda a disminuir las arrugas, a suavizar la piel e incluso controlar el acné. Esta propiedad es tan eficaz que una empresa noruega extrajo este componente para venderlo como ingrediente principal de una crema facial.
2- Ingrediente de cocina: según Photenhauer, el semen no es sólo nutritivo, sino que también cuenta una suave textura y propiedades culinarias sorprendentes, gracias a un sabor complejo y dinámico. Además, su producción no es costosa y se puede conseguir en hogares y en restaurantes.
3- Pigmento: en 2008, el artista alemán Martin Von Ostrowski presentó en el Museo Gay de Berlín una serie de cuadros que desarrolló con su propio semen. Para lograrlo, tuvo que eyacular 1.000 veces.
4- Tinta invisible: durante la Primera Guerra Mundial, la inteligencia británica descubrió que el esperma masculino podía funcionar como tinta invisible, una propiedad de gran útil para un servicio secreto. Uno de los encargados de investigar esta característica, el capitán Mansfield Cumming, descubrió también que el fluido soportaba bien los métodos más usuales de la época para detectar este tipo de mensajes, como el vapor de yodo.
5- Antidepresivo para las mujeres: según estudios, hay componentes del esperma, como el cortisol, la estrona, la melatonina o la serotonina, que provocan una reacción hormonal capaz de modificar el estado de ánimo de las mujeres depresivas.
6- Control de la ovulación: una reciente investigación de la Universidad de Saskatchewan, en Canadá, reveló que una proteína en el semen incide en las zonas del cerebro femenino que regulan la ovulación, y contribuyen al mantenimiento de las células nerviosas. Ambos efectos hacen que la presencia de semen envíe una señal al hipotálamo y a la glándula pituitaria que anuncia el momento en que los ovarios comienzan a actuar.
7- Alivia las náuseas matutinas: Gordon Gallup, investigador de la Universidad de Albania, afirmó que el semen podría curar las náuseas matutinas que afectan a las mujeres embarazadas. El cuerpo femenino percibe el material genético del padre como un agente extraño, por lo que intenta rechazarlo y genera la sensación de vómito. La forma de evitar este problema sería ingerir el semen del padre del niño. Sin embargo, las conclusiones de esta investigación fueron cuestionadas por la comunidad científica.
8- Unidad de almacenamiento: científicos de las universidades norteamericanas de Harvard y de Johns Hopkins consiguieron almacenar un petabyte de información en 1,5 miligramos de ADN, el equivalente a un milímetro cúbico de semen. La eyaculación media masculina oscila entre los dos y los seis mililitros cúbicos, una cantidad suficiente para almacenar cuatro petabytes de datos.
lunes, 18 de junio de 2012
¿Qué corno es una vagina?
martes, 13 de diciembre de 2011
¿Ustedes son trezidavomartiofóbicos?
Jajajaja... Supongo que la mayoría de las personas que reciban esta pregunta se encontrarían en un serio aprieto. Yo hubiera sido una de ellas hasta hace tan solo un par de horas.
- Los antiguos egipcios consideraban que la 13ª fase del ciclo de la vida era la muerte; esto es, la vida después de la muerte, que pensaban que era una vida ideal y mejor.
- La carta de la Muerte en una baraja de tarot es la número 13, aunque en este caso representa la transformación, el cambio.
- Algunos edificios omiten el piso 13, saltando del piso 12 al 14 para evitar la angustia de los triscaidecafóbicos, o utilizando en su lugar 12A y 12B. Esto también se aplica en ocasiones a los números de las casas o habitaciones (como, por ejemplo, en los hospitales).
- Lo anterior también es válido para las filas de asientos en los aviones. Los aviones de la compañía aérea española Iberia, los de la italiana Alitalia y la panameña Copa Airlines no tienen en su numeración dicho número: la fila que sigue a la 12 es la 14.
- Algunas ciudades se "saltan" la 13ª Avda. No es el caso de Sacramento, California, que tiene una intersección donde se cruzan la 13th Street y la 13th Avenue.
- El compositor Arnold Schoenberg padecía triscaidecafobia. Irónicamente, nació y murió el día 13 del mes, a la edad de 76 años (7 + 6 = 13).
- El álbum musical Room for Squares, del compositor y cantante norteamericano John Mayer, consta de 14 pistas, aunque la 13ª es de 2 segundos de silencio (el mínimo de duración de acuerdo a los estándares) y no aparece en la carátula del álbum.
- El álbum Alivio de luto, de Joaquín Sabina, tampoco presenta este número: después de la pista número doce viene la pista "+uno".
- Todos lo discos de la banda uruguaya No te va gustar carecen de una pista número 13, pasando directamente de la 12 a la 14.
- El avión caza alemán desarrollado tras el He 112 fue designado He 100 para evitar la designación He 113, la cual se consideraba desafortunada, puesto que Adolf Hitler era triscaidecafóbico.
- En los Estados Unidos, nunca ha existido un caza denominado F-13, dado que muchos pilotos son supersticiosos.
- La compañía Renault ha contado, a lo largo de su historia, con una serie de modelos numerados. Desde el Renault 3 al Renault 25, existen modelos con todos los números, excepto con el 13.
- Ángel Nieto fue campeón del mundo de motociclismo en 13 ocasiones, pero él siempre hace referencia a que lo fue en 12+1 ocasiones.
- En la mayoría de las competiciones de automovilismo y motociclismo no se asigna el número 13 a ningún participante.
- El programa de diseño gráfico CorelDRAW cambió la numeración al llegar a la versión trece, denominándola CorelDRAW X3 (donde la X representa el 10 en números romanos). De manera similar, el paquete Microsoft Office pasó de la versión 12 (Office 2007) a la 14 (Office 2010); según declaró Jensen Harris, Lead Program Manager para el Microsoft's Office User Experience Team, el 13 fue omitido debido a la aversión por dicho número.
- WinZip no sacó una versión número 13 de su programa, pasando directamente de la 12 a la 14.
- En la actualidad el sistema de Metro de Madrid tiene 12 líneas, y la próxima en ser puesta en servicio será la línea 14, evitando el número 13.
jueves, 8 de diciembre de 2011
Diego Rivera - 125 años
miércoles, 7 de diciembre de 2011
La Biblia y el Calefón - La historia jamás contada
Se habla de ello y la mayoría no sabe de qué se trata:He aquí la historia de un hecho de la vida cotidiana, que acontecía en la ciudad de Buenos Aires –no sé si en otros lugares pasaba o no–, y que explica el porqué de la aparentemente surrealista asociación de la Biblia junto al calefón que aparece en el tango "Cambalache", cuyas letra y música fueron compuestas por Enrique Santos Discépolo en 1935.La historia tiene relación con los baños, la higiene personal y la forma de realizarla; y como no se me escapa que algunos lectores pueden ser jóvenes y pueden no haber conocido otro tipo de baños que los que se estila usar en la actualidad al menos en el mundo occidental y cristiano, voy a recordar primero un par de datos que considero necesario sean tenidos en cuenta.Los baños que conocemos y que en algunos lugares son llamados 'completos', es decir, los que constan como mínimo de retrete inodoro, lavabo y ducha (algunos exquisitos, como el irresponsable que escribe, exigen que además tenga bidet –artefacto desconocido en muchos sitios–) son relativamente nuevos.Hasta finales del siglo XIX se utilizaban bacinillas (también llamadas ‘tazas de noche’), cuyos contenidos eran arrojados por las ventanas al grito de "agua va"; y antes aún, letrinas, que solían estar en los fondos de las casas. En Buenos Aires coexistieron bacinillas y letrinas hasta principios del siglo XX, época en que las familias ‘acomodadas’ comenzaron a instalar baños.Luego el uso de baños se generalizó y se empezó a construirlos en todas las viviendas, aun en las más modestas. El sencillo 'miniambiente' constaba al menos de retrete y lavabo y si los lujuriosos dueños de casa gustaban de practicar la morisca costumbre de lavarse todo el cuerpo más o menos seguido, y si además tenían medios económicos suficientes como para costearse ese capricho, los baños también tenían una ducha. Claro, si había una ducha era necesario calentar el agua, así que al lado de la ducha se instalaba un calefón.Sin embargo, el papel higiénico tardó en obtener su carta de ciudadanía para poder trabajar en limpio en estas sucias tierras y aun cuando apareció era bastante caro y no estaba al alcance de todas las familias, las cuales se veían obligadas a utilizar para esos fines sanitarios el vulgar papel de diario o, en su defecto, cualquier otro. Por supuesto, eran muy estimados los papeles más sedosos, así que los sufridos usuarios trataban de conseguir en las verdulerías y fruterías los papeles con los que venían envueltas las manzanas y otros productos de campo. Otro muy apreciado era el llamado ‘papel biblia’, especialmente delgado y suave.Ahora bien, ya por entonces existía la Sociedad Bíblica, una de cuyas misiones parece ser la de difundir la Biblia protestante, para lo cual regalaba ejemplares del sagrado libro –en la actualidad, lo sigue haciendo–.Pues, muchos de los habitantes de Buenos Aires deben de haber parecido devotos creyentes, ya que aceptaban de continuo esas gentilezas, y que siendo mayoría la grey católica, lo mismo pasaban y retiraban la biblia protestante tantas veces como sabían que la Sociedad las tenía en obsequio en las calles, plazas o en su sede central .Sin embargo, cuentan los hombres dignos de fe (aunque Alá sabe más) que quienes obtenían esas Biblias les perforaban una tapa y las colgaban de un gancho de alambre, al lado del calefón, cerca del retrete, e iban arrancando las suaves hojas para usarlas como papel higiénico.En este hecho se habría inspirado Enrique Santos Discépolo para decir con elegancia propia de un grande:Igual que en la vidriera irrespetuosade los cambalaches se ha mezclao la vida,Y HERIDA POR UN SABLE SIN REMACHEVES LLORAR LA BIBLIA JUNTO AL CALEFÓN.
viernes, 20 de noviembre de 2009
El valor de una coma

"Si el hombre supiera realmente el valor que tiene la mujer andaría en cuatro patas en su búsqueda."
"Si el hombre supiera realmente el valor que tiene la mujer, andaría en cuatro patas en su búsqueda."
"Si el hombre supiera realmente el valor que tiene, la mujer andaría en cuatro patas en su búsqueda."
lunes, 12 de enero de 2009
¡Qué bien que estábamos cuando estábamos mal!

En cierta oportunidad alguien me preguntó sobre la diferencia entre las parejas heterosexuales y las parejas gays. Yo le respondí con una anécdota personal.
Sábado por la tarde. Mi marido acababa de comprarse un celular nuevo con todos los chiches y estaba fascinado. Yo tenía que salir y él estaba tirado en la cama tocando toooooodos los botoncitos e investigando toooooodas las aplicaciones del flamante aparato.
- ¿Viste mis llaves? No las encuentro. -pregunto yo.
Él no me responde.
- ¿Las viste? -insisto.
- ¿Eh? -reacciona pero sin apartar su mirada del celu.
- Si viste mis llaves. Que tengo que salir y no las encuentro.
- No. No las vi. -seguía sin apartar la vista de la pantallita- ¿Te fijaste sobre el equipo de audio?
Yo, que justamente estaba junto al equipo y casualmente apartando todas las porquerías que solemos almacenar sobre él para fijarme, le respondí que no.
- Entonces no las vi...
Y siguió con su telefonito.
Pasaron cinco minutos, yo aun buscaba y él continuaba con su labor investigativa como si de la cura del sida se tratara. Entretanto mis comentarios no cesaban: "¿Dónde pude haberlas metido? Imposible que las haya olvidado en algún otro lado. Fui yo el que abrió la puerta cuando llegamos ¿no?".
Pasaron diez minutos más y la situación no cambiaba. Hasta que se me ocurrió que tal vez estuvieran entre las sábanas, razón por la cual se hacía indispensable que él se moviera para que yo pudiera desarmar la cama. Obvio que en principio se negó (la visión del teléfono ocupaba toda la ram de su sistema y cualquier otra solicitud de memoria se vería restringida hasta que terminara el proceso) pero como el tiempo me urgía me puse firme y logré que suspendiera la divina adoración y regresara a la realidad. Fue entonces cuando devino el tsunami:
- ¿Dónde estarán esas llaves de mierda? -mascullé al borde del ataque de furia.
- Ah... ¿tus llaves estás buscando? Yo las puse en el mueble de la cocina, en el cajón de los cubiertos...
En ese momento no pude plasmarlo en mi conciencia pero luego llegué a preguntarme cómo uno puede llegar a odiar tanto a alguien que ama. Estoy seguro de que los ojos se me inyectaron de sangre asesina, que el rostro se me puso violeta, que las manos me temblaban, crispadas, ardiendo en ansias de saltar sobre su cuello y apretar y apretar hasta ver su lengua morada...
Pero como soy un hombre adulto y a cada momento tengo presente que lo amo y que nadie me obligó a convivir con la versión vernácula de Homero Simpson, me limité a escupirle a la cara un reproche que ya forma parte del folcklore al que recurre el machismo cuando se burla de las mujeres:
- ¡¡¿Ves que NUNCA me escuchás cuando te hablo?!!
Es decir que, según mi modesta experiencia (que incluye haber convivido también con una mujer a lo largo de once años, nueve de ellos muy felices), casi no hay diferencias entre las relaciones de pareja heterosexuales y las gays. Tal vez haya en nuestro caso una distribución más democrática respecto del uso del control remoto... Si los talles coinciden, puede unx descubrir que en pareja tiene el doble de ropa que cuando estaba solx... Que en el caso de los varones el sexo oral puede llegar a ser más copado, puede ser... No sé, creo que cualquiera de los lectores podrá dar algún otro ejemplo, pero estoy seguro que no será una diferencia de fuste, de esas que dividen las aguas. Porque lo que en realidad sucede es que, tanto lxs heterosexuales como nosotrxs, somos ante todo seres humanos, personas pasibles de encarnar las más excelsas virtudes y los más execrables defectos. Ni mejores ni peores. Y nuestras relaciones de pareja se rigen por las mismas normas que dominan el devenir de un matrimonio entre hombre y mujer.
Esa es la teoría, un extenso y (creo) entretenido prefacio.
Ahora vuelvo a recurrir a mi experiencia personal y no puedo soslayar una peculiaridad que marcó todas mis relaciones con otros varones (menos con uno... y no voy a decir de quién se trata). Hablo de la vinculación entre el amor y el dinero.
Yo soy de los tiempos en que se enseñaba el "contigo, pan y cebolla" y sé que funciono muy bien en épocas de escasez. Los casi diez lustros que cargo sobre los hombros me han llevado a través de todas las vicisitudes posibles y no han sido pocas las ocasiones en que mi deporte favorito era el de correr la coneja. Tampoco es que hayan raleado las temporadas de tirar manteca al techo. Lo que quiero decir es que mi fortuna (y al vil metal me estoy refiriendo) ha sido caprichosa y bipolar.
Reza el dicho que a lo bueno todos se acostumbran, pero lo malo es que también suele perderse la memoria. Y a los gays esto es algo que suele sucedernos bastante a menudo. Sé que me muevo en un campo demasiado lindante con el prejuicio pero expreso en estas líneas mi opinión, habida cuenta de que esto no es una tesis científica ni mucho menos.
El comienzo de una vida en común es siempre compleja. Ya sea que unx parta de cero o no, el montar un hogar no puede menos que aparejar ciertos ajustes que se irán subsanando con el paso del tiempo. Hay personas para las cuales es mucho más sencillo bancarse los pedos o el mal aliento del otrx que el no poder comprarse el jean de marca o no poder ir a Amerika todos los finde (ejemplos intencionalmente prejuiciosos). Pero cualquiera sea la postura que se tome ante el hecho de las privaciones, en esa primera época unx suele disimular. El amor tiene esas ternuras que nos llevan a disfrutar de una trasnoche de sábado frente a la tele o de unos buenos mates a falta de cena. Ahí es cuando yo me siento como pez en el agua. Me lo banco como un duque (en el caso en que haya algún duque que se banque la pobreza) y miro para adelante con esperanza. Suelen ser épocas en las cuales cada unx aporta lo que tiene y, aunque no alcance, todo se soluciona con una sonrisa y... noches de sexo desenfrenado (que para eso no hace falta plata).
El tema es que la situación mejora. O empeora, según se lo vea.
Tarde o temprano, alguno de los dos hecha buenas y recibe un aumento, o consigue un mejor empleo, o ya logramos comprar todo lo mínimo indispensable como para empezar a darnos algunos gustos. Es ahí cuando, sórdida y gatuna, aparece la competencia y nos olvidamos de los buenos tiempos en que nos sacábamos el pan de la boca para saciar el hambre de nuestro amorcito. Como por arte de magia, alguno de los dos se convierte en el macho alfa (o la hembra, según sea el caso), asume el rol de proveedor en virtud de sus mayores ingresos y empieza a imponer condiciones que no estaban en el contrato inicial. Y en eso las maricas somos mandadas a hacer:
- Me rompo el culo trabajando y no tengo ni un pantalón decente para ir a la oficina.
- Momentito, momentito. Que vos todas las semanas te aparecés con una pilcha nueva y yo no sé lo que es entrar a una tienda de ropa desde hace dos años.
- Estoy harto de que yo sea el único que rema para que salgamos adelante.
- ¡Epa! Que yo aporto lo mío, eh. Mi sueldo no es tanto como el tuyo pero nunca lo despreciaste a la hora de ir al super.
- Es que vos no tenés un proyecto profesional.
- Ah, bueno, me lo dice uno que se gana el mango atendiendo teléfonos y cuya "profesión" consiste básicamente en lograr que los clientes no se den cuenta de que la empresa los está cagando.
Y demás discusiones por el estilo.
Por eso, yo soy de la idea de que el dinero lo arruina todo. Tal vez no necesariamente porque seamos gays. La lógica indica que estas actitudes deben abundar en todas las parejas, cualquiera sea la identidad de género de sus integrantes y con sus propios matices. El caso es que a mí no me sucedió con mi ex esposa (con quien en ese sentido nos manejamos siempre solidaridariamente) y sí con mis parejas varones (menos con uno). ¿Casualidad? No lo creo. Tengo la fuerte sospecha de que los gays tenemos una dosis de competitividad, aires de diva superficial y egoísmo algo superiores a la media hétero. Y con esto me estaré poniendo en contra a más de unx. Lo sé. Claro que también sé que hay de todo en esta viña del señor (si se me permite la expresión tan chupacirios) y habrá seguramente honrosas excepciones. Mi caso (tal vez no tan honroso) puede ser una de ellas. Y mi buen trabajo me da mantener la firmeza de mis ideas sin traicionarme. Hay que ser muy macho para bancarse la expresión de mis amigxs cuando les digo con convicción que la plata no trae la felicidad. O cuando me pongo a favor de los piqueteros... La pobreza jamás será un buen tema de conversación en una mesa gay. Sobre todo cuando algunx de lxs presentes ha tenido que zurcirse alguna vez las papas de las medias. Imaginen entonces qué sucederá en el seno de la pareja cuando unx de lxs dos empieza a sentir que la persona con la que comparte la cama le está metiendo la mano en el bolsillo. O lo que termina siendo lo mismo: que unx de lxs dos note que ya no tiene ingerencia en las decisiones económicas. Yo les cuento lo que sucede: se va todo al joraca. No conozco una sola pareja gay que haya sobrevivido a esta peste.
De todos modos, no me tomen demasiado en serio. Es MI experiencia y cada cual tendrá la suya. Tal como dije, estas líneas son apenas un disparador y no voy detrás de ninguna verdad absoluta. ¡Líbrenme los cielos de semejante pretensión! Nuestras vidas ya tienen demasiadas de esas cosas.
Esto ha sido todo por ahora. Desde las callecitas de la siempre misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad cuyos recuerdos más gratos abreban en el manatial de la carencia.
martes, 26 de agosto de 2008
COSA DE CHINOS
En medio de tanto asombro y admiración, debo confesar una pizca importante de sana envidia (si es que tal sentimiento existe). Miles y miles y más miles de chinxs trabajando mancomunadamente, aportando lo mejor de sí, conscientes de que el éxito de todxs dependía del desempeño de cada unx, para brindar al mundo una muestra inigualable de talento y puro arte.
Es cierto que el estado chino invirtió mucho dinero para organizar los juegos más fastuosos que pueda recordar la humanidad, pero lo que allí se vio rebasa holgadamente el límite de lo que pueda conseguirse solo con billetes. El oro no compra creatividad desde la nada. El vil metal no engendra imaginación ni buen gusto, sino tan solo la posibilidad de concretarlos. Siempre y cuando lo asista la inteligencia para desarrollar la tecnología necesaria. La infraestructura edilicia, la administración de los recursos humanos, la campaña mediática, las ceremonias, todo el trabajo emprendido en pos del lucimiento en estos Juegos da pruebas de una capacidad organizativa lindante con la perfección. Aun a sabiendas de sus contradicciones y miserias, mis sinceros respetos a una nación cuya cultura ya iluminaba los anhelos de la humanidad cuando América y Europa todavía se debatían entre la piedra y el garrote.
De puro asombro, disfruté la ceremonia de apertura sin poder cerrar la boca. Los ojos no me alcanzaban para aprehender tanto detalle. Mi comprensión era incapaz de abarcar tanta hermosura... Y como una voz en off dentro de mi cabeza, mi costado masoquista preguntando cuál habría sido el resultado si nosotrxs (lxs argentinxs) hubiéramos sido lxs organizadores. De haberlo tenido, habríamos gastado la misma cantidad de dinero (o más) pero para presentar algo mucho más opaco y deslucido. Millones y millones engordando las cuentas bancarias de los funcionarios de turno, contratos fraudulentos, artistas mal pagados y todos los etcéteras que puedan imaginar, para terminar echándole la culpa a lxs demás por los errores cometidos y asignándose a sí mismos cada acierto. Cosa de argentinxs.
Como nación (si es que lo somos) tenemos mucho que aprender. Lástima que (en estos casos) haya tan pocxs argentinxs dispuestxs a tomar apuntes. Y en medio de esa ensalada tragicómica también lxs miembrxs de la comunidad LGBT tenemos asignado nuestro bolo. Porque en éste, como en tantos otros aspectos, los gays, las lesbianas y lxs trans somos como todxs lxs demás.
Toda generalización es por lo menos injusta (cuando no antojadiza o malintencionada). Sin embargo, dado que lo mío no es la sociología sino apenas una opinión personal (tan subjetiva como falible) siento que tenemos un especial talento para construir barreras infranqueables a base de pura mezquindad e intolerancia. Nos cuesta unir fuerzas para lograr un objetivo común o, cuando lo hacemos, nos arrancamos los ojos para ser reconocidxs como lxs únicxs adalides en la lucha. El grueso de la comunidad se limita a criticar lo que se hace y lo que no sin comprometerse demasiado y una minoría se asocia en decenas o cientos de organizaciones en defensa de los derechos LGBT, todas por separado e incluso enemistadas entre sí. Surgen de ese modo dirigentes atornilladxs a sus cargos que se confunden a sí mismos con la institución a la que debieran servir, otrxs para quienes dicha institución es más importante que las bases que (se supone) representan o (escudadxs en ello) personajes que se olvidan de su rol de activistas y se limitan a buscar errores en la tarea de los demás.
El espectáculo de lxs chinxs fue maravilloso y (más allá de que para lxs occidentales todxs lxs chinxs parecen iguales) ninguno de ellxs se destacó en el conjunto. Sabiéndose cada unx parte fundamental del todo, ningunx alzó la voz para reclamar el crédito. Humildad y conciencia de grupo que le dicen... Cosa de chinxs.
Esto ha sido todo por hoy. Desde las callecitas de la siempre misteriosa Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que, a pesar de lo que opine, es tan argentino como el que más.
domingo, 1 de junio de 2008
El maestro de los tiernos adolescentes

Cuando yo tenía veinte años, hablar de pornografía era un verdadero pecado mortal, aun para las mentes más liberales de nuestro medio queer. No como ahora, que el tema está más instalado y pocos son los que no han incursionado alguna vez en un cine porno. A pesar de ya no ser tan inocente, por aquel entonces mi experiencia dentro del mundo gay era limitada y aun me creía miembro de una selecta minoría de seres que nadaban contra la corriente, en un mundo donde lo heterosexual era "lo correcto". Sin embargo, el deseo pudo más y me fue posible así quebrar una barrera que me impedía ser yo mismo: la del prejuicio respecto de mis propios sentimientos.
Fue un 26 de enero del '83. El país todavía estaba bajo el yugo de las botas militares, aunque la derrota de Malvinas ya había puesto fecha de vencimiento al Proceso de Reorganización Nacional. Recuerdo muy bien la fecha porque fue un regalo de cumpleaños que me hice a mí mismo.
No recuerdo cómo lo descubrí pero un día supe que ese local oscuro que había en la calle Urquiza, entre Alsina y Moreno, no era otra cosa que un cine porno. Tardé meses en decidirme a entrar y, cuando lo hice, sentí que mi vida ya no sería la misma de allí en más. Es decir que, a partir de ese nuevo "alumbramiento" puedo asegurar que el 26 de enero de 2009 cumpliré veinticinco años... de puto asumido.
El lugar era sórdido (¿para qué negarlo?) y me dio un poquito de miedo trasponer ese telón negro que oficiaba de entrada a la sala. La oscuridad era casi total y lo único que se podía ver con nitidez era la pantalla, en la que se desarrollaba una escena de sexo entre dos adolescentes. Lejos de todo morbo, la imagen me generó ternura. No había primerísimos planos, ni violencia, ni música enlatada. Los chicos parecían disfrutar verdaderamente de lo que estaban haciendo, con dulzura, con una iluminación natural y no agresiva y un piano suave que contrastaba fuertemente con los jadeos ahogados que me circundaban. Era un film donde lo erótico tenía una potencia en verdad remarcable. Todo inmerso en un medio en el que el olor a sexo desvirtuaba toda poesía que pudiera emanar de la pantalla. Sin dar detalles de mi experiencia personal de aquella tarde, ese fue mi primer contacto con un mundo que, en el futuro, me demostraría que yo no era tan diferente a tantas y tantos otras y otros que hallaron en el sexo un modo de expresión. Con el tiempo supe que aquella película que me había impresionado tan positivamente se llamaba "Tendres Adolescents". Se trataba en realidad de un corto que no superaba la media hora y su director era un francés de nombre tan dulce como su opera prima: Jean Daniel Cadinot.Huelga la aclaración de que, de allí en más, me hice habitué del mencionado sucucho y que mis experiencias con la pornografía tomaron cierta distancia de aquel bucólico primer acercamiento. Conocí el cine americano (muchísimo más explícito y carente de poesía) y el cine alemán (en el que la berretada era tan notoria como la minoridad de sus "actores"). No obstante, yo seguí fiel a Cadinot, liberé mi imaginación y me permití plagiarlo en mis encuentros amorosos (más de unx debería estarle agradecidx).
Para quien supo ver más allá de lo evidente, JDC fue un maestro en todo sentido. Fue una fuente inagotable de fantasías eróticas, impulsor de un nuevo lenguaje para la pornografía (que casi dejó de ser una mala palabra para transformarse en una nueva faceta del arte) y, sin duda, un activista gay muy poco convencional que desde la lente de su cámara plasmó un mundo en el que nosotrxs también teníamos derecho a ser. Por todo ello, a lo largo de sus sesenta y cuatro años, cosechó admiradores y detractores, entre propios y ajenos, dando como pocos un particular sentido a aquella expresión del Quijote: "Ladran, Sancho...".
Y no caben dudas de que cabalgó en contra de improperios y condenas.
El pasado 23 de abril, un paro cardíaco apagó para siempre su cámara. Una muerte ciertamente dulce si las hay. Y podría suponerse que es el fin de su historia. Sin embargo, los que conocemos su trayectoria bien sabemos que su obra está presente (y lo seguirá estando) en la de otros realizadores para quienes el sexo no es solo fuente de divisas, sino también un modo de decirle al mundo que el placer es tan humano como respirar.
El mismo Cadinot, a modo de despedida en su blog, plasmó su filosofía en una frase: «Un falo erguido es un símbolo de vida, una cruz es un símbolo de muerte».
Esto es todo por ahora. Desde las callecitas de la siempre misteriosa Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que hoy ha querido rendirle homenaje a un hombre que hizo del placer una bandera.







.jpg)


