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sábado, 14 de marzo de 2020

La mosca de Virgilio


Hoy voy a compartir un fragmento de un libro que estoy leyendo, que trata de las falsas noticias históricas y de cómo, ya en tiempos de los romanos, los historiadores (los periodistas de la época) y la propaganda oficial de los emperadores desvirtuaban la realidad a fin de llevar agua para sus molinos. Una historia tan vieja como el mundo que hoy nos sigue pareciendo nueva.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Del Cónclave del Terror al de los Cardenales sin Techo



Supongo que nadie ignora que, por estos días, se están llevando a cabo en la ciudad de Roma las negociaciones tendientes a la elección de un nuevo Papa. En el día de ayer, ciento quince prelados se han reunido en la recientemente inaugurada Casa de Santa Marta, donde se sacarán los ojos de modo más o menos secreto y decidirán quién será el encargado de llevar las riendas del Estado Vaticano y de toda la Grey Católica (o al menos la parte de ella que todavía sigue los preceptos de la Santa Sede).

Los seguidores de este blog y quienes me conocen en persona habrán de saber que este tipo de cuestiones litúrgicas están muy por fuera de mis intereses habituales. Pero así como los vaivenes de esta oligarquía cardenalicia me tienen muy sin cuidado, debo confesar que mi amor por la historia y el morbo comadril que anida en mis tuétanos me ha llevado a leer sobre algunos acontecimientos (remotos y no tanto) vinculados con las elecciones papales a lo largo de la Era Cristiana.

La historia misma de la palabra "cónclave" ya resulta interesante, por ejemplo, y podríamos iniciarla hablando brevemente de Federico II Hohenstaufen, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, cuyo reinado se caracterizó por una terrible enemistad con el papado que sería muy extenso detallar en estas líneas pero que no deja de ser interesante a la hora de analizar los intereses políticos que se movían, ya desde aquellas épocas lejanas, en torno al poder de los herederos de Pedro.

El Siglo que parió los Cónclaves


Corría el año 1241 y Federico había sido excomulgado por el Papa Gregorio IX, quien quiso reforzar su posición convocando un concilio en Roma con el solo objetivo de deponer al emperador. Obvio que Federico no se quedó de brazos cruzados. Puso sitio a Roma y ordenó la detención de todo el que viajara a la ciudad para responder al pedido del papa. Quiso entonces el destino que, durante el sitio, muriera Gregorio IX.

Se celebró entonces en Roma lo que muchos historiadores llamaron el "cónclave del terror".

Había en ese momento en el mundo cristiano solo doce cardenales, de los cuales dos habían caído prisioneros en manos del Emperador y, por consiguiente, no podrían participar de la elección del nuevo papa. Los diez participantes estaban divididos, por partes iguales, entre los que propiciaban un entendimiento con Federico y los que pretendían luchar contra él hasta las últimas consecuencias. Se tornaba así imposible que un candidato alcanzara los dos tercios de los votos necesarios para ser electo. Tras nueve días de infructuosas negociaciones, el senador romano Mateo Rosso Orsini (virtual dictador de la ciudad sitiada) ordenó que los cardenales fueran encerrados en las ruinas del Palacio Septizonio, ubicado en el Palatino, para acelerar la elección e impedir la influencia del Emperador. Como los prelados fueron encerrados bajo llave ("cum clavis" en latín), este evento es reconocido como el primer Cónclave de la historia.

Aun así, el encierro no fue suficiente para dirimir las diferencias entre los cardenales y las discusiones se alargaron durante dos meses más. Las disputas hubieran sido incluso más prolongadas de no haber mediado una circunstancia que quizá nadie tuvo en cuenta en ese momento. El Septizornio era un edificio del siglo I y se caía a pedazos. No contaba con ninguna comodidad ni servicio sanitario. De modo que las duras condiciones del encierro provocaron la muerte de dos de los electores, produciéndose así un desbalance en la cantidad de miembros de una de las facciones enfrentadas. El 25 de octubre de 1241, los ocho cardenales, congregados a la fuerza entre aquellas paredes corroídas por la humedad, eligieron como nuevo papa al cardenal Godfredo Castiglioni, quien adoptó el nombre de Celestino IV.

Lo paradójico fue que el flamante pontífice no llegó a ser consagrado y murió dos semanas después a causa de los padecimientos sufridos durante las deliberaciones (aunque hay quien afirma que se trató de un caso de envenenamiento). Su única decisión importante fue la de excomulgar a Orsini.

Y lo gracioso fue que, ante la muerte repentina de Celestino, temerosos de un nuevo cónclave en las mismas condiciones, los cardenales huyeron de Roma y no volvieron a reunirse hasta 1243, cuando pudieron elegir a Inocencio IV, en condiciones mucho más humanitarias.

El siguiente cónclave, como tal, tendría lugar 27 años después.

Entretanto, Inocencio llegó a un acuerdo con Federico y todos los problemas entre el Papado y el Imperio parecían llegar a su fin. Pero pronto quedaría claro que no todo lo que brilla es oro. Federico pretendía el poder sobre Europa y no podía permitir que un papa, cualquiera fuera, le impusiera condiciones. De manera que, tras nuevos entredichos, nuevas excomuniones y reiterados sitios a Roma y a las ciudades italianas, la victoria parecía ya del lado del Emperador cuando éste encontró la muerte el 13 de diciembre de 1250 en Castel Fiorentino cerca de Lucera, en Apulia, después de un ataque de disentería. El papa lo seguiría cuatro años más tarde.

El siguiente papa fue Alejandro IV, quien siguió las luchas contra los Hohenstaufen, herederos de Federico, y canonizó a Santa Clara de Asís. Murió en 1261 y sus restos descansan en la Catedral de Viterbo pero se desconoce su ubicación exacta, ya que fueron escondidos por temor a que el cuerpo fuese profanado. Se ve que no eran tiempos amables para los papas.

Viterbo es una ciudad italiana cercana a Roma que aun hoy conserva entre sus atractivos turísticos el Palacio de los Papas, una propiedad que los pontífices utilizaron durante siglos como residencia de verano o como residencia provisional cada vez que en Roma la cosa se ponía peligrosa. Allí se reunieron los cardenales para elegir al sucesor de Alejandro IV. Claro que esa reunión no tenía nada que ver con los padecimientos sufridos en 1241. Desde aquella época, los cardenales seguían siendo ocho y, entre ellos, de pura casualidad, se hallaba el Patriarca de Jerusalén, Jacques Pantaleón, francés hijo de un zapatero, que buscaba ayuda contra el asedio que sufría el Santo Sepulcro por parte de los musulmanes. Los prelados una vez más no se ponían de acuerdo y ninguno de los candidatos presentados alcanzaba los dos tercios; de modo que, tras tres meses de deliberaciones, alguien decidió patear el tablero y propuso al Patriarca. La elección no se hizo esperar y el nuevo papa asumió con el nombre de Urbano IV (no es mi culpa que casi todos los papas de este siglo fueran IV).

Con la excusa de solucionar el problema de las largas discusiones por alcanzar los dos tercios para la elección de los papas, una de las primeras disposiciones de Urbano fue la de nombrar 14 nuevos cardenales. Por esta razón, fue prontamente acusado de nepotismo, ya que los nuevos prelados eran todos parientes de los cardenales que lo habían puesto en el trono de Pedro. Cada cual que piense lo que quiera. Los problemas con los sucesores de Federico no terminaban y en Roma la cosa estaba cada vez más caldeada entre los partidarios de pactar con el Imperio (los gibelinos) y sus enemigos (los güelfos). Al punto que Urbano creyó conveniente no acercase a la Santa Sede y pasó la mayor parte de su papado en Viterbo.

Claro que el papa tomó partido por los güelfos e hizo todo lo que estuvo a su alcance para perjudicar los intereses de los Hohenstaufen, herederos de Federico II. Para ello contó con un talentoso jurista y diplomático francés llamado Guy Le Gros Foulques, quien desempeñaría un papel muy importante en toda esta historia.

Guy Le Gros Foulques era noble y había nacido en 1202 en la ciudad de Saint Gilles, al sur de Francia. Cuando su madre murió, su padre dejó de lado sus deberes familiares y se metió a monje. Guy se hizo cargo de los bienes familiares, contrajo matrimonio y sirvió durante un tiempo como oficial de los ejércitos reales, para finalmente iniciar una exitosa carrera como jurista. El mismo Rey Luis IX de Francia (canonizado en 1297 por el papa Bonifacio VIII) lo llamó a su servicio y lo convirtió en uno de sus principales consejeros. Sin embargo, en 1256, al quedar viudo él también y con dos hijas, siguió los pasos de su padre, abandonó la vida mundana y también se refugió en un convento. Se nota que había cierta predisposición genética.

Sin embargo, seguir los pasos de su padre tal vez fuera su intención pero las necesidades del monarca eran superiores a sus deseos y, a los pocos meses de tomar los hábitos, se vio obligado a retornar al servicio activo. Claro que su "sacrificio" se vio retribuido con una carrera eclesiástica que podríamos llamar meteórica, puesto que en 1261 ya era nombrado como cardenal por el papa Urbano IV, en una de sus primeras disposiciones al frente de la Santa Sede.

Luego de numerosas misiones diplomáticas al servicio del Papa y del Rey de Francia, en 1265, participó en las operaciones que terminarían por reponer a Enrique III (cuñado de Luis IX) en el trono de Inglaterra y es durante el viaje de regreso a Francia que se produce la muerte del Papa. Apenas pisó suelo francés, recibió un mensaje urgente del Colegio Cardenalicio exigiéndo su presencia inmediata en Perugia, ciudad de Italia en la que había fallecido el pontífice. Recién cuando estuvo frente a los cardenales se le comunicó que había sido electo por unanimidad "in absentia".

Por cierto que Guy era un tipo de sobrada experiencia en cuestiones palaciegas y tal vez por eso se vio sorprendido por su nombramiento y no se creyó capaz de llevar la carga que se le estaba ofreciendo. Nadie tenía dudas de que detrás de su elección se hallaban las maquinaciones de Luis IX, pero aun así su primera reacción fue la de rechazar el papado. Se dice que dio sólidos argumentos para que los electores cambiaran de parecer e incluso que llegó a implorarles que no lo eligieran. Sin embargo, sus súplicas y sus lágrimas no convencieron a los cardenales y, tras una reunión secreta con los enviados del rey, Guy terminó aceptando a regañadientes y fue finalmente coronado con el nombre de Clemente IV (¡otro más!). A juzgar por las opiniones de sus contemporáneos, la decisión de los cardenales (influidos tal vez por el Rey Luis) no fue errada, ya que todos coinciden en que fue un papa piadoso y ejemplar, algo poco frecuente en aquellas y todas las épocas, si se me permite la opinión personalísima. Las únicas pobres que tal vez no estuvieron felices con su pontificado fueron justamente sus hijas. Tras su nombramiento, Clemente IV dispuso que ninguno de sus parientes tuviera acceso a cargos dentro de la Curia y que las dotes de sus hijas serían reducidas drásticamente para desalentar las aspiraciones a ser yernos del papa. Resultado: ante la falta de candidatos, las dos niñas terminaron metiéndose en un convento.

En otro orden de cosas, fue Clemente el encargado de terminar con las extensas disputas entre el Papado y la familia de los Hohenstaufen. Su lealtad estaba con el Rey de Francia y por él se jugó el todo por el todo. Enfrentó militarmente a Manfredo, hijo y heredero de Federico II, y gracias a su tenacidad salió triunfante. Manfredo se había hecho coronar como Rey de Sicilia y en alianza con las ciudades del norte de Italia reclamaba el control de toda la península. Ya Alejandro IV lo había excomulgado y durante el papado de Urbano IV se había ofrecido la corona de Sicilia a Carlos de Anjou, hermano del Rey de Francia, a través de negociaciones inspiradas por el aun Cardenal Guy Le Gros Foulques. Con la aparición de los ejércitos franceses, tras las victorias de Benevento (1266) y Tagliacozzo (1268), terminó definitivamente el poder de los Hohenstaufen.

Carlos lograba así la corona de Sicilia, pero para ello tuvo que firmar un tratado con el papa en el que se aseguraba la libertad de la iglesia y la supremacía de la Santa Sede en la política italiana. En 1266, Carlos fue coronado en la Basílica de San Pedro, pero Clemente le daría muestras de su poder terrenal. El día de la ceremonia, se retiró de Roma rumbo a Viterbo y dejó la coronación en manos de un cardenal designado a ese propósito. Era su manera de decirle a Carlos: "Sos importante pero no tanto como para que yo me tome el trabajo de coronarte". Obvio que las relaciones entre Carlos y Clemente no fueron, desde entonces, las más cordiales, pero el papa mantuvo siempre el dominio y cuando murió, en 1268, dejó el papado en una mucha mejor condición que cuando recibió las llaves de San Pedro.

Lo que él no sabía era que su muerte sería sucedida por el cónclave más largo de la historia.

Clemente IV también murió en Viterbo y allí se reunió el Colegio Cardenalicio una vez más, dividido en diferentes facciones, cada cual con posiciones distintas a la hora de decidir cómo manejar el poder que dejaba el pontífice fallecido. Unos eran partidarios del alineamiento con Francia y otros del incremento el poder italiano liderado por Roma.

Las deliberaciones comenzaron el 29 de noviembre de 1268 y las posiciones enfrentadas eran tan firmes que, pasado el tiempo, era imposible llegar a un acuerdo. Entretanto, las autoridades civiles de Viterbo se esmeraban por hacer que la vida de los prelados durante las votaciones fuera lo más placentera posible. Sin embargo, a medida que el tiempo pasaba sin que se llegara a un acuerdo, los fieles empezaron a impacientarse y (recordando la elección de Celestino IV) optaron por recurrir una vez más al método del cónclave.

Habían pasado ya más de dos años de discusiones (y algunos cardenales habían fallecido durante las mismas) cuando, por orden municipal, los electores fueron encerrados en el Palacio Episcopal bajo llave y con impedimento de comunicarse con el exterior hasta tanto la Cristiandad no contara con un nuevo pontífice. Como el encierro no daba resultado, se les disminuyó la alimentación a tan solo pan y agua. Pero ni aún así se llegaba a un acuerdo, por lo que los habitantes decidieron levantar el techo del palacio para dejar a los cardenales expuestos a las inclemencias del clima y así "inspirarlos en su contacto con el Espíritu Santo".

Acuciados por la situación, los quince cardenales que quedaban decidieron nombrar una comisión de seis integrantes para que realizara la elección. Era un método desesperado pero que dio resultado, aun cuando el merecedor de los votos cardenalicios fue quizá el menos esperado. Su nombre, Teobaldo Visconti, diácono de Lyon, nacido en 1210 en Placenza, Italia, y educado en Francia. Era tal vez una consesión por parte de ambos bandos. Pero lo extraño fue que ni siquiera era sacerdote al momento de ser elegido. Es más, ni siquiera se encontraba en Europa, ya que un año antes, después de pasar por Roma, se había plegado a la Octava Cruzada impulsada por Luis IX. Recibió la noticia de su nombramiento en San Juan de Acre, en Tierra Santa, y hubo que esperar su llegada a Italia para proceder a su ordenación como sacerdote, el 19 de marzo de 1272, y su consagración como Papa, una semana después, adoptando el nombre de Gregorio X.

Podría seguir contándoles "exentricidades" de las elecciones papales, pero lo cierto es que ya me dio pereza.

Eso es todo por hoy. Desde las callecitas ya otoñales de la siempre misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que, hoy por hoy, sigue viendo con mejores ojos las viejas historias lavadas por el tiempo y las prefiere a las mezquindades y bajezas contemporáneas, que sí han de afectarnos directa o indirectamente.



martes, 5 de febrero de 2013

Nada de bailar con el más feo


Ante todo debo aclarar que no soy un conocedor ni un amante del ballet. Y si hablamos de musicales, se me puede considerar más bien un detractor. No obstante, puedo reconocer el talento donde se manifieste.

Gracias al blog del catalán Javier Arnott Álvarez, Bajo el Signo de Libra (página que visito asiduamente ya que siempre presenta material interesante), conocí la versión, de 1996, del director y coreógrafo Matthew Bourne sobre el célebre ballet El Lago de los Cisnes, de Tchaikovski. Invertí mi tarde de hoy en disfrutar del video que gratuitamente se puede ver en Youtube (al final de este artículo lo pueden encontrar) y ciertamente han sido dos horas maravillosamente aprovechadas.

Más allá de la música de Tchaikovski (cuyo talento, a esta altura del partido, supongo yo que será indiscutible), la propuesta tiene la solvencia y el coraje propios de las obras destinadas a perdurar, demostrando además que nada tiene por qué ajustarse a los cánones tradicionales y siempre es posible otra mirada. Obvio que no es un espectáculo recomendable para aquellas personas que se aferran a los convencionalismos como si en ello les fuera la vida. Se trata, ante todo, de una producción cuyo eco se habrá de multiplicar justamente entre quienes gocen de una vida vivida con cierta irreverencia.

La obra comienza con un niño (el Príncipe), en su cama, padeciendo lo que parece ser una pesadilla que gira alrededor de un cisne. Despierta agitado y aparece su madre (la Reina). Cualquiera supondría que va a consolarlo, pero no. Desde el primer momento nos queda claro que esa mujer no es una madre como cualquier otra. Esta es incapaz de esbozar el más mínimo gesto afectivo hacia su hijo. Cuando el chico se pone demasiado demandante, ella se levanta y se va, sin importarle los ruegos del pequeño. Ingresa entonces un ejército de sirvientes, liderado por quien pareciera ser el Primer Ministro o algo así (personaje que me recuerda al hechicero malvado de la versión original). Al Príncipe lo visten y lo acicalan como si fuera una marioneta (escena sospechosamente similar, en la última versión cinematográfica de María Antonieta). Cuando el chico está listo, la escena pasa a una serie de actos oficiales donde el Príncipe sufre y se aburre (algo así como “los niños que tienen tristeza” tan en boga allá por los 90). La Reina lo regaña y lo instruye para simular simpatía y resultar agradable ante los demás. En el transcurso de la escena, aparece el Príncipe ya crecido pero igualmente hastiado por los compromisos protocolares

En ese contexto, el muchacho conoce a una rubia muy emperifollada y de modales un tanto rústicos. Obvio que se encandila con ella, pero no ve que el Ministro los contempla con malévolo placer. Por el contrario, la misma escena no cuenta con la aprobación de la Reina, quien supongo pretenderá una candidata más refinada para su conflictuado hijo. Sin embargo, ella no duda en coquetear con los muchachitos que pululan a su alrededor. Pasamos entonces a una función de teatro. Asisten el Príncipe, acompañado de la Rubia, el Ministro, la Reina y uno de los muchachitos que flirteaba con la Reina en la escena anterior. Este es uno de los tramos más simpáticos de la obra, ya que en el escenario que se muestra junto al palco donde están los protagonistas (en una maravillosa demostración de cómo el teatro también puede mostrar teatro), se desarrolla una historia de ballet en el que un grupo de mariposas luchan contra unos monstruos que parecen árboles y son ayudadas por un leñador que termina enamorándose de la reina de las mariposas (que a diferencia de sus coloridas súbditas es blanca, casi una polilla). El tono de la escena es claramente paródico y muy divertido. Sobre todo porque desde el palco, la Rubia se muestra desubicada y grotesca con sus ademanes y risotadas, generando el fastidio de la Reina.

Hay mucho sicologismo en la historia y la pelea constante entre madre e hijo tiene una relevancia que no se puede pasar por alto. Sus encuentros son siempre ríspidos e incluso violentos, él reclamando el amor de su madre y ella rechazándolo sistemáticamente. Después de una fuerte discusión entre ambos, el Príncipe termina en un cabaret donde todo el mundo baila y se emborracha. Incluso el Príncipe, que se encuentra allí con la Rubia y con el Ministro (pero este está disfrazado). Luego de una situación muy confusa, el muchacho sale del bar y es tal su borrachera que es incapaz de caminar y cae al suelo. Allí ve salir al Ministro y presencia el momento en que le entrega dinero a la Rubia, dándose cuenta del complot.

Deprimido por su descubrimiento, el Príncipe se halla ahora en un parque y es acá donde comienza lo verdaderamente maravilloso y novedoso de la obra. El tipo se siente una basura, rodeado por una madre que lo desprecia, un ministro que solo buscar sacar provecho y una mina que dice amarlo pero que solo es una contratada para enamorarlo. Entonces, en el lago del parque (porque si estamos hablando de EL LAGO DE LOS CISNES, tiene que haber un lago) presencia la aparición de un grupo de estas aves que realizan una danza por demás hipnótica. Lo extraño es que estos cisnes ya no son las delicadas damiselas vestidas de tutú blanco que solían aparecer en los ballets tradicionales. Estos cisnes son varones, tiene el torso desnudo y llevan unas bermudas emplumadas que “dan vuelo” a sus movimientos. Y la figura principal de este grupo de aves tampoco es una damisela, sino también un varón muy atlético y elegante que termina por brindarle al Príncipe el afecto que no ha encontrado ni en su madre ni en la Rubia. ¡Chupate esa mandarina! Si había algo que no esperaba, era semejante vuelta de tuerca. Si ven la obra por Youtube, tengan presente que este tramo corresponde al final de la primera parte y el compaginador que subió el video a la web tuvo el mal gusto de cortar el archivo veinte segundos antes de que terminara la escena. Además de bronca por la falta de cuidado en detalles tan importantes, uno experimenta una especie de ahogo equiparable a esa situación en la que, en pleno orgasmo, se abre la puerta y entra el hijo pequeño reclamando un vaso de agua.

Lo que sigue adquiere ribetes realmente shakespearianos. Se presenta un gran Baile Real (de realeza y no tanto de realidad) y una pasarela donde las personalidades entran al salón como lo hacen las estrellas de Hollywood a la entrega de los Oscar. Llegan la Reina y el Príncipe y se inicia la danza. Está la Rubia pero el Príncipe no quiere saber nada con ella. Allí es donde hace su aparición un joven hermoso y vestido de negro. “¡El Cisne Negro!” piensa uno. Y no se equivoca. El tipo se hace el galán con todas las minas presentes y sobre todo con la Reina, que no le hace asco. Así se produce una situación por demás bizarra en la que el Príncipe empieza a competir con su propia madre por los favores del mismo hombre. Entretanto, a través de gestos y miradas queda en evidencia que se trata de una nueva jugarreta del Ministro. Los asistentes se burlan del Príncipe mientras la Reina es definitivamente seducida por el Cisne Negro, lo cual termina por desquiciar a su hijo, que saca una pistola y amenaza con matarlos a los dos. La Rubia intenta impedirlo y el Ministro también saca un arma y apunta al Príncipe. Se produce un forcejeo y finalmente el Ministro dispara, matando a la Rubia que queda tendida entre los brazos del joven desquiciado. Por orden de la Reina, el Príncipe es retirado de escena y ella se refugia en los brazos del Cisne, quien mira con complicidad al Ministro y termina la escena.

Llegamos entonces al final. El Príncipe es encerrado en su cuarto y la ventana ahora tiene rejas. Ingresan la Reina y el Ministro, pero ahora vestidos de médicos, acompañados de un ejército de enfermeras con máscaras idénticas a la cara de la Reina. Una escena similar a la inicial pero con significado bien diverso, el Príncipe es sometido a una serie de prácticas que terminan siendo casi una sesión de tortura. Cuando todos se van, él queda tendido en su cama, supuestamente dormido a causa de los sedantes que le administraron. Surgen en ese momento, por debajo de la cama, los cisnes que viera en la escena del parque y empiezan a bailar con él. Todo hermoso hasta que aparece, desde dentro de la cama, el Cisne Blanco que le diera su afecto. El Príncipe, al verlo, abandona a los demás cisnes y éstos, al verse despreciados, lo atacan violentamente. El Cisne Blanco sale en su defensa y allí, en una coreografía majestuosa muy distinta a la que uno suele ver en versiones más tradicionales, los cisnes matan a su antiguo líder, sin que el Príncipe pueda hacer nada para salvarlo. Se derrumba entonces sobre la cama y los cisnes asesinos desaparecen como llegaron. La escena final nos muestra a la Reina entrando en el aposento y descubriendo a su hijo muerto. Es la única vez en que va a exteriorizar sus sentimientos, tomándolo entre sus brazos como La Piedad y llorando desconsoladamente, mientras en la ventana, tras las rejas, una imagen esfumada del Cisne Blanco lo muestra con el niño Príncipe del inicio entre sus brazos.

Y colorín-colorado, esta historia ha terminado. Pero acá les dejo los videos para que (si gustan) vean esta maravilla con sus propios ojos.





La vi dos veces en la misma tarde y estoy seguro de que en los próximos días voy a volver a verla. Para más dato, les cuento que esta versión es la que aparece en el final de "Billy Elliot" y el actor de que hace de Billy ya grande es Adam Cooper, el mismo que representa al Cisne en la puesta de Bourne. Si me preguntaran cuál es la reacción que me generó en esta tarde de febrero, sin dudas respondería “FASCINACIÓN”.

Eso es todo por hoy. Desde las calurosas y veraniegas callecitas de la siempre misteriosa y ahora herida Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que ha sabido ser Príncipe muchas veces en su vida y, otras menos, algo así como un Cisne, aunque mis plumas nunca lucieron tan bien como las de Cooper (a más de uno se la dejo picando).




martes, 11 de septiembre de 2012

Los mitos nunca acaban


Mi primo Diego Domínguez, siempre tan alerta a las innovaciones científicas, me acaba de hacer llegar una nota publicada en el diario La Gaceta, de Tucumán, acerca de las propiedades desconocidas del esperma. Por si después de mis comentarios alguien llega a la conclusión de que tal artículo periodístico es un invento de mi imaginación calenturienta, pueden leerlo en forma completa en esta dirección.


El semen ya no deberá ser relacionado exclusivamente con el amor


Como miembro de la Fundación Buenos Aires Sida e integrante del Proyecto Escuelas, suelo hablar casi a diario sobre temas relacionados a la sexualidad y, al referirme al semen, puntualizo que su única función es la de transportar a los espermatozoides. Bueno, queda claro que, de ahora en adelante, voy a tener que amplair mis consideraciones. Porque resulta que el semen tiene 8 (ocho) propiedades que yo desconocía hasta el momento. A saber:


1- Suavizante de piel: contiene un antioxidante llamado espermina que ayuda a disminuir las arrugas, a suavizar la piel e incluso controlar el acné. Esta propiedad es tan eficaz que una empresa noruega extrajo este componente para venderlo como ingrediente principal de una crema facial.

O sea que, si uno se deja llevar por esta información, debería sentirse quizá tentado a exigir que los caballeros dejen de serlo (al menos de momento) para gozarle a uno en plena cara. Sin embargo, conozco putas viejas que están tan arrugadas como una madre superiora.


2- Ingrediente de cocina: según Photenhauer, el semen no es sólo nutritivo, sino que también cuenta una suave textura y propiedades culinarias sorprendentes, gracias a un sabor complejo y dinámico. Además, su producción no es costosa y se puede conseguir en hogares y en restaurantes.

Uy, ¡por Dior!, este solo punto da para un tratado de varios tomos! El tal Paul Photenhauer es un tipo que, después de abusar seriamente de sustancias alucinogenas, escribió un libro de recetas elaboradas con todo tipo de ingredientes, incluso semen. ¡Un ladrón! Todo el mundo sabe que se lo puede encontrar en la mayoría de los hogares y en los restaurantes. Para el caso también en las ferreterías y los talleres mecánicos, lo cual solucionaría problemas cada vez que a la señora de la casa se le acaba la existencia del ingrediente: los centros de abastecimiento pueden resultar de lo más eclécticos. Nótese además que don Photen afirma cosas tales como que "las propiedades de cocción del semen son similares a las claras de huevo" o una más práctica: "caliente una sartén ligeramente engrasada, retire la sartén del fuego y eyacule directamente en el molde". Con lo cual, afirma elípticamente que estas recetas no son aptas para ser elaboradas por mujeres. A la vez, me parece que mi amigo Bellota Caravaggio puede llegar a hacer buen uso de ellas.


3- Pigmento: en 2008, el artista alemán Martin Von Ostrowski presentó en el Museo Gay de Berlín una serie de cuadros que desarrolló con su propio semen. Para lograrlo, tuvo que eyacular 1.000 veces.

Conclusión más que obvia: El tal Ostrowsky resulta ser un pajero bárbaro, pero creativo. Aunque no me imagino cuál puede ser la gracia de visitar una exposición en la que todos los cuadros están en blanco.


4- Tinta invisible: durante la Primera Guerra Mundial, la inteligencia británica descubrió que el esperma masculino podía funcionar como tinta invisible, una propiedad de gran útil para un servicio secreto. Uno de los encargados de investigar esta característica, el capitán Mansfield Cumming, descubrió también que el fluido soportaba bien los métodos más usuales de la época para detectar este tipo de mensajes, como el vapor de yodo.

Está sí que es curiosa. Me imagino a los generales ingleses dándose una vueltita por el baño cada vez que tenían que enviar un mensaje secreto. Además, qué coincidencia que el capitán se llamara Cumming... ¿Cumming no significaría algo así como "acabando"? Al final vamos a llegar a la conlusión de que Pancho Ibáñez tenías razón con aquello de que "todo tiene que ver con todo".


5- Antidepresivo para las mujeres: según estudios, hay componentes del esperma, como el cortisol, la estrona, la melatonina o la serotonina, que provocan una reacción hormonal capaz de modificar el estado de ánimo de las mujeres depresivas.

¿Y cómo se administraría la medicación antidepresiva? ¿Por vía oral? ¿Por vía vaginal o anal surte el mismo efecto? ¿Es el semen en realidad lo que les quita la depre a las mujeres? Tanto macho preocupado por el tamaño de su pene y resulta ser que a las minas la alegría les viene por otro lado.


6- Control de la ovulación: una reciente investigación de la Universidad de Saskatchewan, en Canadá, reveló que una proteína en el semen incide en las zonas del cerebro femenino que regulan la ovulación, y contribuyen al mantenimiento de las células nerviosas. Ambos efectos hacen que la presencia de semen envíe una señal al hipotálamo y a la glándula pituitaria que anuncia el momento en que los ovarios comienzan a actuar.

Acá me voy a permitir transgredir los límites de la corrección (cuac). ¿Cómo hace la proteína del semen para llegar hasta la zona del cerebro femenino que regula la ovulación? Debe ser necesario un lechazo potente ¿no? Me hizo acordar a una conocida conductora de noticiero que afirmó en un reportaje radial que una eyaculación muy fuerte por parte de su pareja le provocó un ACV. Así que, chicas, a tener mucho cuidado, que el control de la ovulación puede tener consecuencias desagradables y peligrosas. Mejor sigan como hasta ahora, contando los días.


7- Alivia las náuseas matutinas: Gordon Gallup, investigador de la Universidad de Albania, afirmó que el semen podría curar las náuseas matutinas que afectan a las mujeres embarazadas. El cuerpo femenino percibe el material genético del padre como un agente extraño, por lo que intenta rechazarlo y genera la sensación de vómito. La forma de evitar este problema sería ingerir el semen del padre del niño. Sin embargo, las conclusiones de esta investigación fueron cuestionadas por la comunidad científica.

¿No sienten ustedes que, algunas veces, la gente se va al joraca? Para mí, ese Gallup es un piola bárbaro. Seguro que la jermu desde que está embarazada no lo deja que la toque ni con un láser y tuvo que inventar esa teoría para que al menos la mina se la chupe antes del desayuno. Una variante notable del "Principio de Dolina" ("Todo lo que los hombres hacen es para levantarse minas"). En este caso diríamos que "Todo lo que el tipo inventa es para poder ponerla".


8- Unidad de almacenamiento: científicos de las universidades norteamericanas de Harvard y de Johns Hopkins consiguieron almacenar un petabyte de información en 1,5 miligramos de ADN, el equivalente a un milímetro cúbico de semen. La eyaculación media masculina oscila entre los dos y los seis mililitros cúbicos, una cantidad suficiente para almacenar cuatro petabytes de datos. 

El solo pensar que cualquier vulgar onanista tiene esa capacidad de almacenamiento debe estar haciendo temblar a toda la industria de la informática. Si tomamos en cuenta que un petabyte (es irresistible la asociación con uno de los nombres vulgares que se le da al sexo oral, perdonen ustedes) es algo así como un millón de gigabytes, ¿cuántos pendrives podría uno ahorrarse con una sola paja?


La verdad que estoy tentado de escribir a la redacción de La Gaceta. No sé si para felicitarlos o para putearlos. Incluso podría seguir agregando comentarios, pero me siento en la obligación de dejar algo para los posibles lectores.

Por eso...

Esto ha sido todo por hoy. Desde las húmedas y casi primaverales callecitas de la siempre misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que siempre ha tenido la sospecha de que algunos periodismos no deben ser tomados demasiado en serio.

:)



lunes, 18 de junio de 2012

¿Qué corno es una vagina?





Si no sabés cuál es la respuesta a esta pregunta, leélo, que te va a ayudar.

Si creés que sí sabés qué es una vagina, leélo también... seguro que te llevás una sorpresa..









martes, 13 de diciembre de 2011

¿Ustedes son trezidavomartiofóbicos?




Jajajaja... Supongo que la mayoría de las personas que reciban esta pregunta se encontrarían en un serio aprieto. Yo hubiera sido una de ellas hasta hace tan solo un par de horas.

Aunque les parezca ridículo... perdón, corrijo... aunque SEA ridículo, ¡existe una palabra para designar a la fobia contra los MARTES 13! Esta es "trezidavomartiofobia". Y no es la única en su tipo: también tenemos "tocaidecamestafobia" para los que le tienen inquina al VIERNES 13 ó "triscaidecafobia" para los que tiemblan en presencia del mero numerito equivalente a 10 más 3. Se nota que también en el ámbito de la lengua hay gente que no tiene mucho qué hacer.

La información llegó a mi conocimiento a raíz de una repentina (e idiota) curiosidad por saber de dónde ha salido la superstición contra el martes 13, día que ha comenzado hace poco menos de cuatro horas (está claro que yo también puedo estar muy al gas para ponerme a escribir estar idioteces a estas horas de la madrugada).

Las viejas de la familia solían repetir aquello de "En martes 13 no te cases ni te embarques" y ahora vengo a caer en la cuenta de que era una versión libre de la verdadera (un poco más rimada): "En 13 y martes / no te cases ni te embarques". Es que las viejas de antes no eran dadas a la pureza poética.

Según Wikipedia, el número trece fue considerado como de mal augurio ya desde la antigüedad. En la Última Cena, había doce apóstoles y Jesús y, como la gente es ladina y siempre trata de acomodar las cosas a su conveniencia, se considera a Judas (el malo de la historia y no otro) como el número 13. Por otro lado, la Cábala enumera a 13 espíritus malignos, al igual que las leyendas nórdicas. En el Apocalipsis, su capítulo 13 corresponde al Anticristo y a la Bestia. También una leyenda escandinava cuenta que, en una cena de dioses en el Valhalla, Loki, el espíritu del mal, era el 13° invitado. Y como si todo esto no fuera prueba suficiente: en el Tarot, este número hace referencia a la muerte. Con semejantes indicios, ¿quién que esté en sus cabales podría no transformarse en un triscaidecafóbico de fuste?

Claro que si se trata de justificar el pánico hacia la combinación del numerejo con el día martes, la cosa se pone un poco más peliaguda.

Parece ser que la fobia por los días martes surgió por culpa de los turcos, que no tuvieron mejor idea que conquistar Constantinopla un día MARTES 29 de mayo de 1453. ¡Vamos!, que la culpa también podría ser de los bizantinos, por dejarse conquistar también en la misma fecha, ¡qué joder!. Encima, el martes es el día dedicado a Marte, el dios romano de la guerra, la destrucción, la sangre y la violencia. Ahí sí tenemos un punto más o menos importante. Pero la cosa vuelve a hacer agua cuando le hacemos caso a la leyenda que dice que un martes 13 se produjo la confusión de lenguas en la Torre de Babel. Con tanto bolonqui lingüístico, bien podrían haberse confundido de día ¿no?

Obvio que la persona que escribió el artículo de Wikipedia no se privó de nada y agregó una nutrida sección de "curiosidades" (con la prudente aclaración que reza: "Las secciones de curiosidades deben ser evitadas", a partir de lo cual podemos concordar en que ¡todo esto es un terrible y gran disparate!):

  • Los antiguos egipcios consideraban que la 13ª fase del ciclo de la vida era la muerte; esto es, la vida después de la muerte, que pensaban que era una vida ideal y mejor.
  • La carta de la Muerte en una baraja de tarot es la número 13, aunque en este caso representa la transformación, el cambio.
  • Algunos edificios omiten el piso 13, saltando del piso 12 al 14 para evitar la angustia de los triscaidecafóbicos, o utilizando en su lugar 12A y 12B. Esto también se aplica en ocasiones a los números de las casas o habitaciones (como, por ejemplo, en los hospitales).
  • Lo anterior también es válido para las filas de asientos en los aviones. Los aviones de la compañía aérea española Iberia, los de la italiana Alitalia y la panameña Copa Airlines no tienen en su numeración dicho número: la fila que sigue a la 12 es la 14.
  • Algunas ciudades se "saltan" la 13ª Avda. No es el caso de Sacramento, California, que tiene una intersección donde se cruzan la 13th Street y la 13th Avenue.
  • El compositor Arnold Schoenberg padecía triscaidecafobia. Irónicamente, nació y murió el día 13 del mes, a la edad de 76 años (7 + 6 = 13).
  • El álbum musical Room for Squares, del compositor y cantante norteamericano John Mayer, consta de 14 pistas, aunque la 13ª es de 2 segundos de silencio (el mínimo de duración de acuerdo a los estándares) y no aparece en la carátula del álbum.
  • El álbum Alivio de luto, de Joaquín Sabina, tampoco presenta este número: después de la pista número doce viene la pista "+uno".
  • Todos lo discos de la banda uruguaya No te va gustar carecen de una pista número 13, pasando directamente de la 12 a la 14.
  • El avión caza alemán desarrollado tras el He 112 fue designado He 100 para evitar la designación He 113, la cual se consideraba desafortunada, puesto que Adolf Hitler era triscaidecafóbico.
  • En los Estados Unidos, nunca ha existido un caza denominado F-13, dado que muchos pilotos son supersticiosos.
  • La compañía Renault ha contado, a lo largo de su historia, con una serie de modelos numerados. Desde el Renault 3 al Renault 25, existen modelos con todos los números, excepto con el 13.
  • Ángel Nieto fue campeón del mundo de motociclismo en 13 ocasiones, pero él siempre hace referencia a que lo fue en 12+1 ocasiones.
  • En la mayoría de las competiciones de automovilismo y motociclismo no se asigna el número 13 a ningún participante.
  • El programa de diseño gráfico CorelDRAW cambió la numeración al llegar a la versión trece, denominándola CorelDRAW X3 (donde la X representa el 10 en números romanos). De manera similar, el paquete Microsoft Office pasó de la versión 12 (Office 2007) a la 14 (Office 2010); según declaró Jensen Harris, Lead Program Manager para el Microsoft's Office User Experience Team, el 13 fue omitido debido a la aversión por dicho número.
  • WinZip no sacó una versión número 13 de su programa, pasando directamente de la 12 a la 14.
  • En la actualidad el sistema de Metro de Madrid tiene 12 líneas, y la próxima en ser puesta en servicio será la línea 14, evitando el número 13.


O sea que, ya saben, si se están comiendo el decimosegundo huevo frito, ¡DETÉNGANSE! El próximo les podría provocar un fatídico ataque de hígado.


Esto es todo por hoy. Desde las cálidas y siempre misteriosas callecitas de la Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que, después de haber leído esta sesuda investigación, se alegra de vivir tan solo en un tercer piso, de que en Buenos Aires haya solo seis líneas de subte, que sus calles no sean numeradas y todas esas bobadas que parecen ser tan importantes, je.


jueves, 8 de diciembre de 2011

Diego Rivera - 125 años



Uno de los pintores más grosos de la historia de la humanidad. Vale la pena entrar en Wikipedia para saber un poco más sobre Diego Rivera, su obra y su pensamiento.

Hoy se cumplen 125 años de su nacimiento y bien se merece el recuerdo.




miércoles, 7 de diciembre de 2011

La Biblia y el Calefón - La historia jamás contada


El texto que sigue no me pertenece e ignoro quién pudo haberlo escrito. Pero nos plantea una situación bastante peculiar, sobre todo para los amantes del tango como yo. No sé qué grado de verdad tenga esta crónica pero ciertamente no me parece descabellada y, de ser cierta, añade aun más brillo a la genialidad de Enrique Santos Discépolo. 




Se habla de ello y la mayoría no sabe de qué se trata:

He aquí la historia de un hecho de la vida cotidiana, que acontecía en la ciudad de Buenos Aires –no sé si en otros lugares pasaba o no–, y que explica el porqué de la aparentemente surrealista asociación de la Biblia junto al calefón que aparece en el tango "Cambalache", cuyas letra y música fueron compuestas por Enrique Santos Discépolo en 1935.

La historia tiene relación con los baños, la higiene personal y la forma de realizarla; y como no se me escapa que algunos lectores pueden ser jóvenes y pueden no haber conocido otro tipo de baños que los que se estila usar en la actualidad al menos en el mundo occidental y cristiano, voy a recordar primero un par de datos que considero necesario sean tenidos en cuenta.

Los baños que conocemos y que en algunos lugares son llamados 'completos', es decir, los que constan como mínimo de retrete inodoro, lavabo y ducha (algunos exquisitos, como el irresponsable que escribe, exigen que además tenga bidet –artefacto desconocido en muchos sitios–) son relativamente nuevos.

Hasta finales del siglo XIX se utilizaban bacinillas (también llamadas ‘tazas de noche’), cuyos contenidos eran arrojados por las ventanas al grito de "agua va"; y antes aún, letrinas, que solían estar en los fondos de las casas. En Buenos Aires coexistieron bacinillas y letrinas hasta principios del siglo XX, época en que las familias ‘acomodadas’ comenzaron a instalar baños.

Luego el uso de baños se generalizó y se empezó a construirlos en todas las viviendas, aun en las más modestas. El sencillo 'miniambiente' constaba al menos de retrete y lavabo y si los lujuriosos dueños de casa gustaban de practicar la morisca costumbre de lavarse todo el cuerpo más o menos seguido, y si además tenían medios económicos suficientes como para costearse ese capricho, los baños también tenían una ducha. Claro, si había una ducha era necesario calentar el agua, así que al lado de la ducha se instalaba un calefón.

Sin embargo, el papel higiénico tardó en obtener su carta de ciudadanía para poder trabajar en limpio en estas sucias tierras y aun cuando apareció era bastante caro y no estaba al alcance de todas las familias, las cuales se veían obligadas a utilizar para esos fines sanitarios el vulgar papel de diario o, en su defecto, cualquier otro. Por supuesto, eran muy estimados los papeles más sedosos, así que los sufridos usuarios trataban de conseguir en las verdulerías y fruterías los papeles con los que venían envueltas las manzanas y otros productos de campo. Otro muy apreciado era el llamado ‘papel biblia’, especialmente delgado y suave.

Ahora bien, ya por entonces existía la Sociedad Bíblica, una de cuyas misiones parece ser la de difundir la Biblia protestante, para lo cual regalaba ejemplares del sagrado libro –en la actualidad, lo sigue haciendo–.

Pues, muchos de los habitantes de Buenos Aires deben de haber parecido devotos creyentes, ya que aceptaban de continuo esas gentilezas, y que siendo mayoría la grey católica, lo mismo pasaban y retiraban la biblia protestante tantas veces como sabían que la Sociedad las tenía en obsequio en las calles, plazas o en su sede central .

Sin embargo, cuentan los hombres dignos de fe (aunque Alá sabe más) que quienes obtenían esas Biblias les perforaban una tapa y las colgaban de un gancho de alambre, al lado del calefón, cerca del retrete, e iban arrancando las suaves hojas para usarlas como papel higiénico.

En este hecho se habría inspirado Enrique Santos Discépolo para decir con elegancia propia de un grande:

Igual que en la vidriera irrespetuosa 
de los cambalaches se ha mezclao la vida, 
Y HERIDA POR UN SABLE SIN REMACHE 
VES LLORAR LA BIBLIA JUNTO AL CALEFÓN.



Esto es todo por hoy. Desde las cálidas callecitas de la siempre mágica y misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que se sentiría muy feliz si alguna de las personas que pasan por este blog tiene algún conocimiento que pueda echar luz sobre este asunto tan pintoresco.




 

viernes, 20 de noviembre de 2009

El valor de una coma


Alguien me envió esto por mail y me parece que está bueno compartirlo. No solo porque es chistoso en sí mismo, sino porque además demuestra que muchas de las cosas que pueden considerarse secundarias no lo son tanto.

EL VALOR DE UNA COMA

Julio Cortázar escribe "La coma" es la puerta giratoria del pensamiento. En efecto, lea y analice la siguiente frase:

"Si el hombre supiera realmente el valor que tiene la mujer andaría en cuatro patas en su búsqueda."

¿Dónde colocaría usted la coma?

- Si usted es mujer, con toda seguridad colocaría la coma después de la palabra mujer. Lo que daría:

"Si el hombre supiera realmente el valor que tiene la mujer, andaría en cuatro patas en su búsqueda."

Pero, si usted es varón, con toda seguridad colocaría la coma después de la palabra tiene. Y quedaría:

"Si el hombre supiera realmente el valor que tiene, la mujer andaría en cuatro patas en su búsqueda."


lunes, 12 de enero de 2009

¡Qué bien que estábamos cuando estábamos mal!



En cierta oportunidad alguien me preguntó sobre la diferencia entre las parejas heterosexuales y las parejas gays. Yo le respondí con una anécdota personal.

Sábado por la tarde. Mi marido acababa de comprarse un celular nuevo con todos los chiches y estaba fascinado. Yo tenía que salir y él estaba tirado en la cama tocando toooooodos los botoncitos e investigando toooooodas las aplicaciones del flamante aparato.
- ¿Viste mis llaves? No las encuentro. -pregunto yo.
Él no me responde.
- ¿Las viste? -insisto.
- ¿Eh? -reacciona pero sin apartar su mirada del celu.
- Si viste mis llaves. Que tengo que salir y no las encuentro.
- No. No las vi. -seguía sin apartar la vista de la pantallita- ¿Te fijaste sobre el equipo de audio?
Yo, que justamente estaba junto al equipo y casualmente apartando todas las porquerías que solemos almacenar sobre él para fijarme, le respondí que no.
- Entonces no las vi...
Y siguió con su telefonito.
Pasaron cinco minutos, yo aun buscaba y él continuaba con su labor investigativa como si de la cura del sida se tratara. Entretanto mis comentarios no cesaban: "¿Dónde pude haberlas metido? Imposible que las haya olvidado en algún otro lado. Fui yo el que abrió la puerta cuando llegamos ¿no?".
Pasaron diez minutos más y la situación no cambiaba. Hasta que se me ocurrió que tal vez estuvieran entre las sábanas, razón por la cual se hacía indispensable que él se moviera para que yo pudiera desarmar la cama. Obvio que en principio se negó (la visión del teléfono ocupaba toda la ram de su sistema y cualquier otra solicitud de memoria se vería restringida hasta que terminara el proceso) pero como el tiempo me urgía me puse firme y logré que suspendiera la divina adoración y regresara a la realidad. Fue entonces cuando devino el tsunami:
- ¿Dónde estarán esas llaves de mierda? -mascullé al borde del ataque de furia.
- Ah... ¿tus llaves estás buscando? Yo las puse en el mueble de la cocina, en el cajón de los cubiertos...
En ese momento no pude plasmarlo en mi conciencia pero luego llegué a preguntarme cómo uno puede llegar a odiar tanto a alguien que ama. Estoy seguro de que los ojos se me inyectaron de sangre asesina, que el rostro se me puso violeta, que las manos me temblaban, crispadas, ardiendo en ansias de saltar sobre su cuello y apretar y apretar hasta ver su lengua morada...
Pero como soy un hombre adulto y a cada momento tengo presente que lo amo y que nadie me obligó a convivir con la versión vernácula de Homero Simpson, me limité a escupirle a la cara un reproche que ya forma parte del folcklore al que recurre el machismo cuando se burla de las mujeres:

- ¡¡¿Ves que NUNCA me escuchás cuando te hablo?!!

Es decir que, según mi modesta experiencia (que incluye haber convivido también con una mujer a lo largo de once años, nueve de ellos muy felices), casi no hay diferencias entre las relaciones de pareja heterosexuales y las gays. Tal vez haya en nuestro caso una distribución más democrática respecto del uso del control remoto... Si los talles coinciden, puede unx descubrir que en pareja tiene el doble de ropa que cuando estaba solx... Que en el caso de los varones el sexo oral puede llegar a ser más copado, puede ser... No sé, creo que cualquiera de los lectores podrá dar algún otro ejemplo, pero estoy seguro que no será una diferencia de fuste, de esas que dividen las aguas. Porque lo que en realidad sucede es que, tanto lxs heterosexuales como nosotrxs, somos ante todo seres humanos, personas pasibles de encarnar las más excelsas virtudes y los más execrables defectos. Ni mejores ni peores. Y nuestras relaciones de pareja se rigen por las mismas normas que dominan el devenir de un matrimonio entre hombre y mujer.

Esa es la teoría, un extenso y (creo) entretenido prefacio.

Ahora vuelvo a recurrir a mi experiencia personal y no puedo soslayar una peculiaridad que marcó todas mis relaciones con otros varones (menos con uno... y no voy a decir de quién se trata). Hablo de la vinculación entre el amor y el dinero.

Yo soy de los tiempos en que se enseñaba el "contigo, pan y cebolla" y sé que funciono muy bien en épocas de escasez. Los casi diez lustros que cargo sobre los hombros me han llevado a través de todas las vicisitudes posibles y no han sido pocas las ocasiones en que mi deporte favorito era el de correr la coneja. Tampoco es que hayan raleado las temporadas de tirar manteca al techo. Lo que quiero decir es que mi fortuna (y al vil metal me estoy refiriendo) ha sido caprichosa y bipolar.

Reza el dicho que a lo bueno todos se acostumbran, pero lo malo es que también suele perderse la memoria. Y a los gays esto es algo que suele sucedernos bastante a menudo. Sé que me muevo en un campo demasiado lindante con el prejuicio pero expreso en estas líneas mi opinión, habida cuenta de que esto no es una tesis científica ni mucho menos.

El comienzo de una vida en común es siempre compleja. Ya sea que unx parta de cero o no, el montar un hogar no puede menos que aparejar ciertos ajustes que se irán subsanando con el paso del tiempo. Hay personas para las cuales es mucho más sencillo bancarse los pedos o el mal aliento del otrx que el no poder comprarse el jean de marca o no poder ir a Amerika todos los finde (ejemplos intencionalmente prejuiciosos). Pero cualquiera sea la postura que se tome ante el hecho de las privaciones, en esa primera época unx suele disimular. El amor tiene esas ternuras que nos llevan a disfrutar de una trasnoche de sábado frente a la tele o de unos buenos mates a falta de cena. Ahí es cuando yo me siento como pez en el agua. Me lo banco como un duque (en el caso en que haya algún duque que se banque la pobreza) y miro para adelante con esperanza. Suelen ser épocas en las cuales cada unx aporta lo que tiene y, aunque no alcance, todo se soluciona con una sonrisa y... noches de sexo desenfrenado (que para eso no hace falta plata).

El tema es que la situación mejora. O empeora, según se lo vea.

Tarde o temprano, alguno de los dos hecha buenas y recibe un aumento, o consigue un mejor empleo, o ya logramos comprar todo lo mínimo indispensable como para empezar a darnos algunos gustos. Es ahí cuando, sórdida y gatuna, aparece la competencia y nos olvidamos de los buenos tiempos en que nos sacábamos el pan de la boca para saciar el hambre de nuestro amorcito. Como por arte de magia, alguno de los dos se convierte en el macho alfa (o la hembra, según sea el caso), asume el rol de proveedor en virtud de sus mayores ingresos y empieza a imponer condiciones que no estaban en el contrato inicial. Y en eso las maricas somos mandadas a hacer:


- Me rompo el culo trabajando y no tengo ni un pantalón decente para ir a la oficina.
- Momentito, momentito. Que vos todas las semanas te aparecés con una pilcha nueva y yo no sé lo que es entrar a una tienda de ropa desde hace dos años.

- Estoy harto de que yo sea el único que rema para que salgamos adelante.
- ¡Epa! Que yo aporto lo mío, eh. Mi sueldo no es tanto como el tuyo pero nunca lo despreciaste a la hora de ir al super.

- Es que vos no tenés un proyecto profesional.
- Ah, bueno, me lo dice uno que se gana el mango atendiendo teléfonos y cuya "profesión" consiste básicamente en lograr que los clientes no se den cuenta de que la empresa los está cagando.

Y demás discusiones por el estilo.

Por eso, yo soy de la idea de que el dinero lo arruina todo. Tal vez no necesariamente porque seamos gays. La lógica indica que estas actitudes deben abundar en todas las parejas, cualquiera sea la identidad de género de sus integrantes y con sus propios matices. El caso es que a mí no me sucedió con mi ex esposa (con quien en ese sentido nos manejamos siempre solidaridariamente) y sí con mis parejas varones (menos con uno). ¿Casualidad? No lo creo. Tengo la fuerte sospecha de que los gays tenemos una dosis de competitividad, aires de diva superficial y egoísmo algo superiores a la media hétero. Y con esto me estaré poniendo en contra a más de unx. Lo sé. Claro que también sé que hay de todo en esta viña del señor (si se me permite la expresión tan chupacirios) y habrá seguramente honrosas excepciones. Mi caso (tal vez no tan honroso) puede ser una de ellas. Y mi buen trabajo me da mantener la firmeza de mis ideas sin traicionarme. Hay que ser muy macho para bancarse la expresión de mis amigxs cuando les digo con convicción que la plata no trae la felicidad. O cuando me pongo a favor de los piqueteros... La pobreza jamás será un buen tema de conversación en una mesa gay. Sobre todo cuando algunx de lxs presentes ha tenido que zurcirse alguna vez las papas de las medias. Imaginen entonces qué sucederá en el seno de la pareja cuando unx de lxs dos empieza a sentir que la persona con la que comparte la cama le está metiendo la mano en el bolsillo. O lo que termina siendo lo mismo: que unx de lxs dos note que ya no tiene ingerencia en las decisiones económicas. Yo les cuento lo que sucede: se va todo al joraca. No conozco una sola pareja gay que haya sobrevivido a esta peste.

De todos modos, no me tomen demasiado en serio. Es MI experiencia y cada cual tendrá la suya. Tal como dije, estas líneas son apenas un disparador y no voy detrás de ninguna verdad absoluta. ¡Líbrenme los cielos de semejante pretensión! Nuestras vidas ya tienen demasiadas de esas cosas.


Esto ha sido todo por ahora. Desde las callecitas de la siempre misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad cuyos recuerdos más gratos abreban en el manatial de la carencia.


martes, 26 de agosto de 2008

COSA DE CHINOS


Han terminado los Juegos Olímpicos de Beijing y comienza así una nueva Olimpiada. Estoy seguro de que (al igual que yo) todxs habrán quedado deslumbradxs por la magnificencia de las ceremonias (de apertura y de cierre) y por la belleza y originalidad de un espectáculo que ya brilla en los anales de la historia. Cosa de chinxs.

En medio de tanto asombro y admiración, debo confesar una pizca importante de sana envidia (si es que tal sentimiento existe). Miles y miles y más miles de chinxs trabajando mancomunadamente, aportando lo mejor de sí, conscientes de que el éxito de todxs dependía del desempeño de cada unx, para brindar al mundo una muestra inigualable de talento y puro arte.

Es cierto que el estado chino invirtió mucho dinero para organizar los juegos más fastuosos que pueda recordar la humanidad, pero lo que allí se vio rebasa holgadamente el límite de lo que pueda conseguirse solo con billetes. El oro no compra creatividad desde la nada. El vil metal no engendra imaginación ni buen gusto, sino tan solo la posibilidad de concretarlos. Siempre y cuando lo asista la inteligencia para desarrollar la tecnología necesaria. La infraestructura edilicia, la administración de los recursos humanos, la campaña mediática, las ceremonias, todo el trabajo emprendido en pos del lucimiento en estos Juegos da pruebas de una capacidad organizativa lindante con la perfección. Aun a sabiendas de sus contradicciones y miserias, mis sinceros respetos a una nación cuya cultura ya iluminaba los anhelos de la humanidad cuando América y Europa todavía se debatían entre la piedra y el garrote.

De puro asombro, disfruté la ceremonia de apertura sin poder cerrar la boca. Los ojos no me alcanzaban para aprehender tanto detalle. Mi comprensión era incapaz de abarcar tanta hermosura... Y como una voz en off dentro de mi cabeza, mi costado masoquista preguntando cuál habría sido el resultado si nosotrxs (lxs argentinxs) hubiéramos sido lxs organizadores. De haberlo tenido, habríamos gastado la misma cantidad de dinero (o más) pero para presentar algo mucho más opaco y deslucido. Millones y millones engordando las cuentas bancarias de los funcionarios de turno, contratos fraudulentos, artistas mal pagados y todos los etcéteras que puedan imaginar, para terminar echándole la culpa a lxs demás por los errores cometidos y asignándose a sí mismos cada acierto. Cosa de argentinxs.

Como nación (si es que lo somos) tenemos mucho que aprender. Lástima que (en estos casos) haya tan pocxs argentinxs dispuestxs a tomar apuntes. Y en medio de esa ensalada tragicómica también lxs miembrxs de la comunidad LGBT tenemos asignado nuestro bolo. Porque en éste, como en tantos otros aspectos, los gays, las lesbianas y lxs trans somos como todxs lxs demás.

Toda generalización es por lo menos injusta (cuando no antojadiza o malintencionada). Sin embargo, dado que lo mío no es la sociología sino apenas una opinión personal (tan subjetiva como falible) siento que tenemos un especial talento para construir barreras infranqueables a base de pura mezquindad e intolerancia. Nos cuesta unir fuerzas para lograr un objetivo común o, cuando lo hacemos, nos arrancamos los ojos para ser reconocidxs como lxs únicxs adalides en la lucha. El grueso de la comunidad se limita a criticar lo que se hace y lo que no sin comprometerse demasiado y una minoría se asocia en decenas o cientos de organizaciones en defensa de los derechos LGBT, todas por separado e incluso enemistadas entre sí. Surgen de ese modo dirigentes atornilladxs a sus cargos que se confunden a sí mismos con la institución a la que debieran servir, otrxs para quienes dicha institución es más importante que las bases que (se supone) representan o (escudadxs en ello) personajes que se olvidan de su rol de activistas y se limitan a buscar errores en la tarea de los demás.

El espectáculo de lxs chinxs fue maravilloso y (más allá de que para lxs occidentales todxs lxs chinxs parecen iguales) ninguno de ellxs se destacó en el conjunto. Sabiéndose cada unx parte fundamental del todo, ningunx alzó la voz para reclamar el crédito. Humildad y conciencia de grupo que le dicen... Cosa de chinxs.


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Esto ha sido todo por hoy. Desde las callecitas de la siempre misteriosa Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que, a pesar de lo que opine, es tan argentino como el que más.

domingo, 1 de junio de 2008

El maestro de los tiernos adolescentes


Cuando yo tenía veinte años, hablar de pornografía era un verdadero pecado mortal, aun para las mentes más liberales de nuestro medio queer. No como ahora, que el tema está más instalado y pocos son los que no han incursionado alguna vez en un cine porno. A pesar de ya no ser tan inocente, por aquel entonces mi experiencia dentro del mundo gay era limitada y aun me creía miembro de una selecta minoría de seres que nadaban contra la corriente, en un mundo donde lo heterosexual era "lo correcto". Sin embargo, el deseo pudo más y me fue posible así quebrar una barrera que me impedía ser yo mismo: la del prejuicio respecto de mis propios sentimientos.

Fue un 26 de enero del '83. El país todavía estaba bajo el yugo de las botas militares, aunque la derrota de Malvinas ya había puesto fecha de vencimiento al Proceso de Reorganización Nacional. Recuerdo muy bien la fecha porque fue un regalo de cumpleaños que me hice a mí mismo.

No recuerdo cómo lo descubrí pero un día supe que ese local oscuro que había en la calle Urquiza, entre Alsina y Moreno, no era otra cosa que un cine porno. Tardé meses en decidirme a entrar y, cuando lo hice, sentí que mi vida ya no sería la misma de allí en más. Es decir que, a partir de ese nuevo "alumbramiento" puedo asegurar que el 26 de enero de 2009 cumpliré veinticinco años... de puto asumido.

El lugar era sórdido (¿para qué negarlo?) y me dio un poquito de miedo trasponer ese telón negro que oficiaba de entrada a la sala. La oscuridad era casi total y lo único que se podía ver con nitidez era la pantalla, en la que se desarrollaba una escena de sexo entre dos adolescentes. Lejos de todo morbo, la imagen me generó ternura. No había primerísimos planos, ni violencia, ni música enlatada. Los chicos parecían disfrutar verdaderamente de lo que estaban haciendo, con dulzura, con una iluminación natural y no agresiva y un piano suave que contrastaba fuertemente con los jadeos ahogados que me circundaban. Era un film donde lo erótico tenía una potencia en verdad remarcable. Todo inmerso en un medio en el que el olor a sexo desvirtuaba toda poesía que pudiera emanar de la pantalla. Sin dar detalles de mi experiencia personal de aquella tarde, ese fue mi primer contacto con un mundo que, en el futuro, me demostraría que yo no era tan diferente a tantas y tantos otras y otros que hallaron en el sexo un modo de expresión. Con el tiempo supe que aquella película que me había impresionado tan positivamente se llamaba "Tendres Adolescents". Se trataba en realidad de un corto que no superaba la media hora y su director era un francés de nombre tan dulce como su opera prima: Jean Daniel Cadinot.

Huelga la aclaración de que, de allí en más, me hice habitué del mencionado sucucho y que mis experiencias con la pornografía tomaron cierta distancia de aquel bucólico primer acercamiento. Conocí el cine americano (muchísimo más explícito y carente de poesía) y el cine alemán (en el que la berretada era tan notoria como la minoridad de sus "actores"). No obstante, yo seguí fiel a Cadinot, liberé mi imaginación y me permití plagiarlo en mis encuentros amorosos (más de unx debería estarle agradecidx).

Para quien supo ver más allá de lo evidente, JDC fue un maestro en todo sentido. Fue una fuente inagotable de fantasías eróticas, impulsor de un nuevo lenguaje para la pornografía (que casi dejó de ser una mala palabra para transformarse en una nueva faceta del arte) y, sin duda, un activista gay muy poco convencional que desde la lente de su cámara plasmó un mundo en el que nosotrxs también teníamos derecho a ser. Por todo ello, a lo largo de sus sesenta y cuatro años, cosechó admiradores y detractores, entre propios y ajenos, dando como pocos un particular sentido a aquella expresión del Quijote: "Ladran, Sancho...".

Y no caben dudas de que cabalgó en contra de improperios y condenas.

El pasado 23 de abril, un paro cardíaco apagó para siempre su cámara. Una muerte ciertamente dulce si las hay. Y podría suponerse que es el fin de su historia. Sin embargo, los que conocemos su trayectoria bien sabemos que su obra está presente (y lo seguirá estando) en la de otros realizadores para quienes el sexo no es solo fuente de divisas, sino también un modo de decirle al mundo que el placer es tan humano como respirar.

El mismo Cadinot, a modo de despedida en su blog, plasmó su filosofía en una frase: «Un falo erguido es un símbolo de vida, una cruz es un símbolo de muerte».

Esto es todo por ahora. Desde las callecitas de la siempre misteriosa Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que hoy ha querido rendirle homenaje a un hombre que hizo del placer una bandera.

Novelas de Carlos Ruiz Zafón