Las locas llevan en su misma esencia la temeridad. La temeridad de ser quienes son sin condiciones. No conocen otro modo y quienes escondemos bajo la alfombra varias cobardías sabemos venerarlas.
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jueves, 17 de septiembre de 2020
sábado, 16 de junio de 2018
Mujer contra mujer
Perdón que me meta ¿no? Pero... digo yo... ¿Qué parte de “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir” no se entiende?
viernes, 22 de septiembre de 2017
Tacle irlandés
"Todos tenemos algo de lo que nos avergonzamos. El recuerdo de un momento tan bochornoso que no sabemos si algún día podremos superarlo. Un momento que sigue desvelándonos a las cuatro de la madrugada. 'MARICA'... Cuando ocurrió mi momento terrible tuve miedo. Tuve miedo porque perdí al único amigo de verdad que jamás había tenido. La gente hace cosas malas por miedo".
viernes, 23 de junio de 2017
Lo contrario a XENOFOBIA
Hoy subo al tren y, detrás de mí, un chico de unos 17-18, muy rubio él y de físico contundente, como de esos que se matan en el gym (no, en el gimnasio NO, ellos se matan en el GYM). Yo me siento y él encuentra, justo detrás de mí, a una conocida. Obvio que inician una conversación. A ella no la veo pero tiene voz de unos veintitantos y se da el siguiente diálogo:
viernes, 9 de enero de 2015
¡SORDO!
Desde hace ya un rato largo, me he convertido en algo así como un Grinch, pero de tiempo completo. Salgo de casa lo justo e indispensable y la sola idea de exponerme al aire libre me produce urticaria. Sin embargo, al igual que el benemérito gobernador bonaerense, si me invitan a un evento, yo voy (aunque suelo ser bastante más selectivo que el aludido gobernante).
Días atrás, un querido conocido (al que tal vez podría llamar amigo, puesto que tenemos una visión del mundo y de la vida misma bastante coincidente) me invitó a ver el estreno de la película en la que participó. No tuve que pensarlo ni por un instante. He presenciado algunas obras de teatro en las que actuó y eso era suficiente garantía para mí. Nos conocimos hace años, cuando nuestras militancias eran otras, y es para mí un tipo muy querible, con valores potentes y una fuerza interior que muchas veces le envidio.
Nelson es sordo. Él lo sabe, yo lo sé, su familia lo sabe, su novio lo sabe, todo su entorno lo sabe. ¿Debería ser tratado de una manera especial por serlo? Claro que no. Pero esto es algo que casi nadie sabe.
Llegué al cine con antelación (raro en mí) y tuve el privilegio de sumergirme en un mundo que (si bien no me era desconocido) me sigue resultando extraño y lamentablemente ajeno. Centenas de personas sordas se aglutinaban en la entrada de la sala Gaumont y conversaban alegremente entre ellas sin que yo pudiera comprender ni papa de lo que se decían. Sí, algunas cosas del lenguaje de señas se entienden, pero casi nada para un total y absoluto ignorante como quien suscribe. Fue la primera película que vi esta tarde. Una que, paradójicamente, estaba musicalizada por las obras de Astor Piazzolla que se emitían desde la fuente ubicada en la Plaza del Congreso. Yo estaba allí, en medio de esa enorme conversación de sordos, escuchando una música que ellos no escuchaban y filosofando sobre lo equivocados que estamos en tantas cosas los que creemos saber tanto sobre todo. Si uno busca en el diccionario, se encuentra que una "conversación de sordos" vendría a ser una "conversación en la que los interlocutores no se prestan atención o no se entienden". ¡Menudo idiota el que escribió esa definición! ¡SOMOS LOS OYENTES QUE NO SABEMOS LENGUAJE DE SEÑAS LOS QUE NO LOS ENTENDEMOS! ¡Ellos se entienden a la perfección! ¡Y pucha que da gusto ver cómo se entienden! Viéndolos, se desmorona la idea de "discapacidad" y cobra sentido el concepto de "capacidades diferentes". En todo caso (pensaba para mí mismo), acá el discapacitado vendría a ser yo. O el heladero que se desgañitaba promocionando su producto y puteaba porque nadie le hacía caso. "Debería ofrecerles uno a uno -le dije después de un rato de escucharlo gritar- ¿No ve las señas?"
Buen comienzo para una velada que me depararía otra grata sorpresa: la "otra" película, la que efectivamente había ido a ver.
El director, las actrices y los actores (entre ellos, Nelson) entraron en la sala entre aplausos y flashes. No diremos como en Hollywood pero...
Luego de unas breves palabras de agradecimiento por parte de Marcos Martínez (el director), comenzó la proyección.
La película (una especie de docuficción, ya que mezcla elementos de documental e historia guionada) impacta desde la primera escena. Muestra un festival de teatro en el que se otorga un premio a un grupo de actores sordos. Lo sorprendente es que esos actores sordos (los mismos que acababan de entrar en el Gaumont entre aplausos y flashes) tuvieron la valentía y la dignidad de rechazar ese premio, considerándolo un premio consuelo, una cocarda lastimera que aludía más a su condición de sordos que a su calidad como actores. La elección de esta anécdota para abrir el film nos dice, claramente: lo que van a ver de ahora en más no tiene concesiones; nosotros sabemos lo que somos, lo que queremos y sobre todo lo que valemos. "Marcar la cancha", que le dicen...
Obvio que no voy a cometer la canallada de contarles la película, pero desde ya les digo que vale la pena verla. ¡Y verla cuanto antes! Ya sabemos lo poco que duran en cartel las producciones que no cuentan con el aval de la Metro.
Les diré (eso sí) que se van a encontrar con una película que muestra un universo paralelo, pero que no es ajeno a nosotros. Nosotros, los oyentes, somos parte de él, aunque lo neguemos o queramos ocultarlo. Esta es una película que expone la cotidianeidad de un grupo de actores sordos que sueñan con mostrar su arte ante las masas, que sueñan con el reconocimiento de esta sociedad de oyentes que los ignora. No por nada su grupo de teatro se llama "Extranjeros".
La excusa es mostrar los avatares que estos artistas deben sortear para poner en escena una obra de teatro titulada "SORDO", pero el resultado es una visión profunda de la pura humanidad que debería definirlos. Porque la sordera es solo un aspecto de sus realidades. Casi insignificante, diría yo. Además de sordos, ellos son seres con virtudes y defectos, con talentos y necesidades como cualquier hijo de vecino. Toda la película es un grito que nos exige (¡nada de súplicas!) abrir las mentes para que la sordera no tape el resto.
En conclusión, SORDO es una película importante, tanto por la temática como por su confección y la calidad de las interpretaciones. El director ha echado mano a cuanto recurso le sirviera para lograr una obra amena y profunda a la vez.
No es Hollywood. Es mucho más.
Esto es todo por hoy. Desde las callecitas de la siempre misteriosa y ahora tórrida Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires, se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que hoy tuvo el privilegio (una vez más) de abrir los ojos a una magia que solo unos pocos elegidos podemos disfrutar. Y eso es algo que debería ser modificado.
lunes, 1 de diciembre de 2014
Hablemos de algo importante
¿QUÉ ES EL VIH?
El Virus de la Inmunodeficiencia Humana (vih) es -justamente- un VIRUS que afecta a las células del sistema inmunológico.
¿Y qué es el sistema inmunológico? Es un conjunto de órganos y mecanismos del que dispone nuestro cuerpo para defendernos de las enfermedades. De manera que, cada vez que nos enfermamos, es porque nuestro sistema inmunológico ha fallado en algo. Si la falla es leve, el riesgo también será leve y la persona a lo sumo contraerá un resfrío o una gripe. Ahora, si la falla del sistema inmunológico es más compleja, las enfermedades que podrán ingresar dentro del organismo serán más peligrosas.
Sin embargo, el vih es uno de los pocos gérmenes que, en determinadas y muy concretas circunstancias, tienen la posibilidad de burlar la vigilancia e ingresar dentro del organismo, aun cuando el sistema inmunológico se halle en perfecto estado. En el caso particular del vih, la oportunidad le llegará siempre de la mano de un error humano, tal como trataré de explicar más adelante.
Sucederá entonces que las personas que contraigan una infección por vih verán debilitadas sus defensas y, a medida que pase el tiempo y el virus se multiplique, serán propensas a contraer enfermedades cada vez más peligrosas. Este deterioro de las barreras naturales que nuestro organismo opone a las enfermedades es lo que llamamos INMUNODEFICIENCIA. Y hablamos siempre de INMUNODEFICIENCIA HUMANA porque este virus es capaz de infectar, sobrevivir y multiplicarse SOLAMENTE dentro de células humanas.
NO HAY PERROS, NI GATOS, NI MOSQUITOS, NI GUSANOS, NI NINGÚN OTRO ANIMAL O INSECTO QUE PUEDA TENER VIH. EL VIH ES UN VIRUS QUE PUEDE INFECTAR EXCLUSIVAMENTE A LOS SERES HUMANOS.
¿Por qué tanto énfasis para destacar esta frase? Porque esto significa que el vih nunca se transmite a través de insectos o animales sino DE PERSONA A PERSONA, de manera directa y sin intermediarios.
Diferencias entre vih y sida
Sida significa Síndrome de InmunoDeficiencia Adquirida y es la etapa más complicada de la infección causada por el vih. Es decir que el sida es una eventual consecuencia de la infección por vih y para que alguien pueda llegar a tener sida, primero tendrá que tener vih. Es un error muy grosero afirmar que "fulano se contagió el sida", ya que nadie puede contraerlo directamente: primero se infectará con vih y, luego de mucho tiempo, en el peor de los casos, ingresará en la etapa sida.
Decimos además que esta inmunodeficiencia es adquirida porque no es hereditaria ni genética. Es una inmunodeficiencia generada en algún momento de la vida de la persona por causas perfectamente evitables que también explicaré más adelante.
El sida tiene lugar cuando la infección ha avanzado lo suficiente como para permitir que la persona contraiga alguna enfermedad grave que pueda poner en riesgo su vida. Estas enfermedades reciben el nombre de oportunistas porque aprovechan el debilitamiento de las defensas causado por el virus. En este sentido, cabe destacar que
toda persona que haya contraído vih pero no haya ingresado en la etapa de sida NO es considerada una persona enferma (el vih no es una enfermedad sino una infección) y, por lo tanto, no presenta síntomas de ninguna índole vinculados a la presencia del virus ni tampoco discapacidades derivadas de ella, pudiendo desarrollar su vida con absoluta normalidad, muchas veces sin saber que se han infectado.
También hay que aclarar que el sida tampoco es una enfermedad en sí misma. O al menos no una enfermedad tal y como la imaginamos en nuestra cotidianeidad. Como ya dije, es solo una etapa de la infección por vih: justamente la etapa en la que el virus se combina con una enfermedad oportunista. O sea:
vih + enfermedad oportunista = sida
En la Argentina y la mayor parte del cono sur del continente americano, estas enfermedades oportunistas son predominantemente cinco: tuberculosis, hepatitis C, meningitis, neumonía y toxoplasmosis. No son las únicas que puedan aprovechar el debilitamiento del sistema defensivo pero sí las más comunes. Tampoco quiere decir que toda persona que padezca alguna de estas enfermedades tenga necesariamente sida. Si bien es cierto que enfermedades tan graves responden siempre a un caso serio de inmunodeficiencia, hay muchas razones no vinculadas al vih por las cuales las defensas del organismo pueden debilitarse.
Para que quede más que claro:
1) Si alguien tiene vih pero no ha contraído alguna enfermedad oportunista, entonces NO tiene sida.
2) Si alguien tiene alguna de estas enfermedades graves pero no tiene vih, TAMPOCO tiene sida.
¿Cómo sé si tengo vih?
Mucha gente suele ilusionarse con eso de que "el vih no es una enfermedad". Sin embargo, ese es uno de los grandes problemas. Al no ser una enfermedad, no presenta síntomas. Y al no haber síntomas, no hay conciencia de la afección. Por ejemplo, si yo me engripo, empiezo a tener mocos, me duele la garganta, me sube fiebre, etc., etc. Todos esos son los síntomas de la gripe que me avisan que estoy enfermo y, de ese modo, yo puedo hacer algo para combatir la enfermedad.
El vih no avisa.
¿Por qué? Porque no es una enfermedad. Es solo una infección, la presencia de un elemento extraño dentro del organismo, algo que no debería estar allí y que el sistema inmunológico tratará de eliminar (aunque esta vez sin resultados). En algunos casos, durante las primeras horas de producida la infección, la persona podrá experimentar una leve alza de temperatura, pero cualquiera lo tomaría por un inocente estado febril que pronto desaparece.
La infección por vih es silenciosa y por eso hay solo una manera de detectarla: el análisis de sangre.
En la República Argentina, gracias a lo estipulado por la Ley Nacional de Sida, los análisis de sangre para detectar el vih (así como todos los tratamientos, medicinas y demás gastos relacionados a la infección por vih) son totalmente gratuitos en los centros públicos de salud. Esa misma ley establece además que el examen debe ser voluntario y confidencial, como un modo de paliar la gran discriminación que todavía hoy afecta a las personas con vih.
En la actualidad, lo que hasta no hace mucho era una infección mortal, gracias a los avances de la medicina, ha pasado a ser una infección crónica que no pone en riesgo la vida de la persona. Los tratamientos empleados hoy para controlar el vih son mucho menos tóxicos y mucho más amigables respecto de los métodos empleados hasta no hace mucho tiempo. Si bien por muy diversas razones cada día son más y más las personas infectadas, los tratamientos de última generación logran que el virus pierda efectividad en su acción de desmantelamiento del sistema inmunológico, reparando además los daños provocados por la infección, logrando así que las defensas se mantengan altas y sean capaces de bloquear el ingreso de enfermedades oportunistas. Hoy en día, cumpliendo con las pautas básicas recomendadas por el médico, cualquier persona que vive con vih puede desarrollar una vida plena y sin limitaciones de importancia.
Por otra parte, tal como sucede con todos los virus, no todos los vih son iguales. Hay diferentes clases o "cepas". Por eso es indispensable que las personas que ya se han infectado se cuiden de una reinfección que pueda poner en riesgo la eficiencia de su tratamiento.
¿Cómo se puede transmitir?
En primer lugar, diré que somos muchos los que preferimos no hablar de contagio en lo referente a la infección de vih. Para muchos, el uso de determinadas palabras es tan solo un problema semántico sin importancia. Por fortuna, también somos muchos los que vemos en el uso apropiado de ciertas palabras una herramienta fundamental para hacer frente a la gran desinformación que reina todavía en estas cuestiones.
¿Hay diferencia entre decir que el vih se contagia y decir que se transmite? Yo pertenezco al grupo de personas que creemos que sí hay diferencia. El uso de determinadas palabras no es inocuo.
El vih no se contagia.
El vih SE TRANSMITE.
Nos guste o no, la palabra "contagio" está comúnmente asociada a afecciones idiscutiblemente "contagiosas" como la gripe, por ejemplo, una de las enfermedades infecciosas más fáciles de transmitir. Enfermedades como la gripe, la viruela, la escarlatina, etc., se propagan entre las personas sin que se pueda hacer demasiado para evitarlas. Son enfermedades contagiosas cuya transmisión es muy rápida y sencilla y, en muchos casos, inevitable. Con el vih, en cambio, sucede todo lo contrario. Veamos por qué.
Todos los virus son vulnerables al aire, la luz natural y la temperatura ambiente, pero algunos son más resistentes que otros.
El vih es el menos resistente.
Mientras virus como los de la gripe son capaces de sobrevivir diez o doce horas expuestos a la luz, el aire y la temperatura ambiente, el vih no soporta más que unos pocos minutos. Esto solo ya reduce enormemente las posibilidades de transmisión, ya que el traslado desde una persona infectada hacia otra debe producirse muy rápidamente para que la transmisión se produzca.
Por otra parte, como el vih no dispone de un "medio de transporte" propio, no tiene patas ni alas, ese traslado de persona a persona se efectuará a través de líquidos. Varios líquidos orgánicos generados por el cuerpo humano ofrecen al vih el mejor ambiente para su superviviencia y servirán como vehículo de transmisión. Si bien el vih se halla en todos los líquidos orgánicos de la persona infectada, no en todos se lo hallará en la misma proporción y, en la mayoría de ellos, la concentración será tan pequeña que no podrán ser considerados como líquidos de riesgo.
Los únicos seis líquidos orgánicos que son capaces de transmitir la infección de vih son:
1) SANGRE
2) LECHE MATERNA
3) PUS
4) SEMEN
5) PRESEMEN
6) FLUIDOS VAGINALES
O sea que, para que se produzca una transmisión de vih, se necesita un intercambio de líquidos y, entre los cientos y cientos de líquidos que hay dentro del organismo humano, solo estos seis son capaces de transmitir el virus. Hasta acá, el tema de la transmisión parece bastante compleja. Pero se complica más todavía.
El virus "viaja" sumergido en alguno de esos líquidos que mencioné pero ese "viaje" no es suficiente para que la infección se produzca. Para ello hace falta que el líquido (que lleva el virus desde la persona infectada) ingrese dentro del organismo de la otra persona. ¿Y cómo puede suceder eso si el cuerpo humano está cubierto casi completamente por piel (primer elemento del sistema inmunológico) que no permite el acceso de elementos extraños? Pues, está claro que el simple contacto con el líquido infectado no es suficiente. Este líquido deberá entrar en contacto directo con alguna herida abierta o cualquiera de los orificios naturales que posee el cuerpo humano. A saber: boca, ojos, nariz, oídos, ano, vagina o pene.
Para resumir y no hacerla tan larga, podemos afirmar entonces que el vih se puede transmitir tan solo por alguna de las siguientes tres vías:
1) TRANSMISIÓN SEXUAL: por relaciones sexuales (orales, anales o vaginales) en las que no se haya utilizado correctamente un preservativo.
2) TRANSMISIÓN SANGUÍNEA: por uso compartido de agujas hipodérmicas, tucas o canutos (en el caso de consumo de sustancias) o por la no utilización de material descartable en prácticas sanitarias que involucren elementos cortopunzantes.
3) TRANSMISIÓN MATERNA: por no tomar los recaudos necesarios durante el embarazo, el parto o el período de lactancia.
¿Cómo NO se puede transmitir?
El vih es una infección para nada sencilla de adquirir y NO se transmite en la casi totalidad de los actos cotidianos de las personas. Esto hace que sea imposible hacer una lista completa de las diversas situaciones en las que NO estaremos en riesgo de contraer la infección. Por eso mismo, recomiendo tener muy en cuenta los casos mencionados anteriormente, en los que SÍ puede producirse una transmisión.
Sin embargo, es conveniente hacer hincapié en las siguienets situaciones que muchos suelen exponer como riesgosas aunque NO lo son:
1) El vih no se transmite por el intercambio de fluidos distintos a los seis ya mencionados.
2) El vih no se transmite por besos y/o abrazos.
3) El vih no se transmite por picaduras de mosquitos o cualquier otro insecto o mordeduras de cualquier animal.
4) El vih no se transmite por compartir el mate, vasos, cubiertos, cepillos de dientes, máquinas de afeitar, etc.
5) El vih no se transmite por el solo hecho de utilizar un baño público.
¿Cómo puede prevenirse?
En términos generales, diré que la mejor prevención es la información. Y en ese sentido es importante que tengamos siempre en cuenta los siguientes consejos.
a) TRANSMISIÓN SEXUAL
En la Argentina y en muchos otros países de occidente, la vía de transmisión más habitual es la sexual (aprox. 90% de los casos). Por eso es indispensable hacer un uso correcto del preservativo toda vez que se tengan relaciones íntimas con otra persona.
El uso correcto del preservativo implica:
- adquirirlos exclusivamente en lugares confiables (farmacias, hospitales o centros públicos de salud).
- mantenerlos alejados de toda fuente de calor que pudiere deteriorar el látex (estufas, cocinas, motores, etc.) e incluso es recomendable no colocarlos por demasiado tiempo en los bolsillos.
- antes de abrir el envase, verificar que mantenga el colchón de aire.
- abrir el envase utilizando exclusivamente los dedos.
- antes de poner el preservativo en contacto con el pene, verificar cuál es el lado correcto para hacerlo y, en caso de error, desecharlo.
- Colocar el preservativo utilizando siempre dos manos: con una mano se oprime el reservorio destinado a alojar el semen y con la otra se desenrolla el látex hasta la base del pene.
- Una vez producida la eyaculación, ANTES DE QUE SE PIERDA LA ERECCIÓN, retirar el pene del orificio y quitar el preservativo con cuidado.
Si se toman estos recaudos mínimos, no existe razón por la cual no debamos mantener relaciones sexuales, incluso con una persona que vive con vih. La mejor prueba de ello es el incremento, durante los últimos años, del número de parejas serodiscordantes (aquellas en las que solo un miembro de la pareja vive con el virus). Se trata de parejas que desarrollan una vida sexual normal sin que la persona no infectada vea modificada su serología.
b) TRANSMISIÓN SANGUÍNEA
En nuestro país, la transmisión por sangre no es la más habitual. Sin embargo, es indispensable tomar medidas que nos mantengan libres de riesgo.
Estas medidas pueden ser:
- No compartir agujas, tucas o canutos (en referencia a personas usuarias de drogas). En este caso, para evitar la infección, se recomienda que cada persona utilice sus propios elementos, SIN COMPARTIRLOS. Estos cuidados también son recomendables a otras personas (diabéticas, por ejemplo) que, por una causa u otra, deban inyectarse algún medicamento de manera periódica.
- Exigir el uso de material descartable y correctamente esterilizado al hacerse tatuajes, piercings o implantes, o cuando reciban una vacuna o una inyección, recurriendo (en todos los casos) a profesionales capacitados para realizar la tarea responsablemente.
c) TRANSMISIÓN MATERNA
A través de una política de estado responsable impulsada por la Ley Nacional de Sida, durante los últimos quince años, la Argentina ha logrado que la transmisión materna sea casi inexistente dentro de sus territorios y que la transmisión sanguínea se reduzca considerablemente en relación a los tiempos iniciales de la pandemia. Dicha ley obliga al Estado (en sus distintos niveles: nacional, provincial y municipal) a hacerse cargo de todo gasto vinculado con la infección de vih (análisis, tratamientos, etc) y esto incluye también la leche maternizada para el recién nacido de una madre con vih. De modo que en nuestro país, cualquier persona tiene acceso libre y gratuito al tratamiento. En el caso puntual de las mujeres embarazadas, si desconoce su serología, es importantísimo que se realice un test de vih al inicio de la gestación. Si la embarazada tiene vih, el médico tratante hará todo lo que sea necesario para mantener al bebé libre de la infección. Esto es algo perfectamente posible con los tratamientos actuales.
VIH Y HOMOSEXUALIDAD
Durante muchos años, se fomentó el mito de que la infección por vih era un mal preferencialmente vinculado a las comunidades de homosexuales o de personas trans. Esto nos así. El vih puede afectar a cualquier ser humano, más allá de su orientación sexual o identidad de género. Contrariamente a lo que muchos vienen pregonando desde hace décadas, no existen grupos de riesgo sino prácticas de riesgo. Por ejemplo: mantener relaciones sexuales sin usar correctamente un preservativo es una práctica que nos expone a la infección, tanto cuando lo hacemos en compañía de una persona de nuestro mismo sexo como cuando elegimos una pareja del sexo opuesto.
Los argumentos falaces utilizados son siempre los mismos y, si uno no está atento a la coherencia de lo que se dice o no está lo suficientemente informado, puede caer en la confusión y adherir a ideologías discriminatorias que solo pretenden sumar un nuevo ítem a su mensaje de odio hacia los homosexuales.
Suele decirse que los varones homosexuales corren más riesgo de contraer vih porque la mucosa anal es más frágil que la vaginal y esto favorece la transmisión. La comparación entre ambas mucosas es cierta, pero este argumento omite dos cosas fundamentales: la penetración anal no es práctica exclusiva de los homosexuales y, tanto entre unos como entre otros, el riesgo se elimina usando correctamente un preservativo (en este caso, el uso correcto también incluye abundante lubricación para suplir la que sí existe naturalmente en la penetración vaginal).
También se aduce que los varones homosexuales están más expuestos a la infección por vih porque tienen una vida sexual mucho más activa que los heterosexuales y porque sus prácticas se caracterizan por la promiscuidad. Este argumento básicamente discriminatorio y prejuicioso, que mete a todos los homosexuales en una misma bolsa como si todos se comportaran de la misma manera, en el supuesto caso de que fuera cierto (que no lo es), también omite dos cosas fundamentales. Por una parte, que las personas heterosexuales también pueden (y algunos suelen) tener una vida sexualmente activa y promiscua y, por otra, que el riesgo puede evitarse si en todos sus encuentros sexuales utilizan correctamente un preservativo.
Podríamos seguir enumerando los argumentos esgrimidos para endilgarles a los homosexuales la responsabilidad por la epidemia de vih, pero todos son igualmente rebatibles y resultaría tedioso.
Lo cierto es que el vih no discrimina.
miércoles, 14 de mayo de 2014
17 de Mayo: Algo para recordar
El Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia se celebra el 17 de mayo coincidiendo con la eliminación de la homosexualidad (en 1990) de la lista de enfermedades mentales por parte de la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Sin embargo, es preciso aclarar que la transexualidad aún es parte de los manuales de psiquiatría, en donde se la define como "trastorno de la identidad sexual".
Hoy alrededor de 80 países en el mundo criminalizan la homosexualidad y condenan los actos sexuales entre personas del mismo sexo con penas de prisión; nueve de estos países (Afganistán, Mauritania, Nigeria, Pakistán, Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Yemen) mantienen para estos casos la pena de muerte y nada sorprendería que, en poco tiempo, Rusia se agregare a esta lista infame. La discriminación basada en la orientación sexual y en la identidad de género no está oficialmente reconocida por los Estados miembros de las Naciones Unidas (a pesar de que organismos de derechos humanos como el Comité de Derechos Humanos han condenado repetidamente la discriminación basada en la orientación sexual y la identidad de género).
¿Qué es la homofobia?
Podría decirse que la homofobia es un conjunto de actitudes que pueden llevar al rechazo y a la discriminación de forma directa o indirecta hacia hombres gay, lesbianas, personas bisexuales, personas transexuales o transgénero, o hacia cualquiera cuya apariencia física o comportamiento no encaje con los estereotipos masculinos o femeninos impuestos por los actuales cánones sociales.
La palabra homofobia apareció en la década de 1960 y George Weinberg, un psicólogo norteamericano, parece ser el primero que la utilizó en un estudio en 1969. Posteriormente reaparece en 1972 en su libro “Sociedad y el homosexual saludable”. K.T. Smith también la utilizó en 1971, en un artículo llamado “Homofobia: Un perfil tentador de la personalidad”.
Weinberg definió la homofobia como: “El miedo expresado por los heterosexuales en la presencia de homosexuales y la aversión que las personas homosexuales se tienen a si mismas”. Quizá por una cuestión de mero estilo, yo modificaría en parte esta definición:
La homofobia es el rechazo, por parte de algunas personas heterosexuales, hacia la presencia o existencia de homosexuales, o bien la aversión que algunas personas homosexuales manifiestan en contra de sí mismas y de sus pares.
Más allá de los detalles, tal definición asume claramente que la homofobia no es un patrimonio exclusivo de los heterosexuales. Tampoco es patrimonio exclusivo de una época, dado que es un hecho que ha existido siempre. Lo novedoso es tal vez que en las últimas décadas la existencia de la homosexualidad ha alcanzado mayor nivel de controversia gracias a un cambio de actitud por parte de los mismos homosexuales, que hemos tomado el toro por las astas y hemos salido a la calle a exigir respeto, en franco desafío a los prejuicios que individual, social y sistemáticamente nos han avasallado a lo largo de tantos siglos.
La homofobia está basada en la ignorancia (madre de todos los prejuicios y todos los odios) y está emparentada estrechamente con otras manifestaciones de la discriminación, como el sexismo, la misoginia, el racismo o la xenofobia. En ese orden de cosas, toda esta familia de aberraciones comparten el hecho de carecer completamente de fundamentos válidos y provenir de una profunda incapacidad para aceptar las diferencias respecto de los otros, las cuales son percibidas como una amenaza contra los individuos, y en consecuencia, contra la sociedad.
La homofobia en acción
Una de las manifestaciones más comunes de la homofobia es el heterosexismo, o sea la falsa creencia de que la heterosexualidad es "lo normal" y, por tanto, la única opción aceptable y legitima. En este marco, todo aquel que se aparte de la norma merecerá ser apuntado con el dedo y, eventualmente, recibir un castigo, bajo la acusación de ser enfermo, delincuente, pecador y un largo etcétera. Ese castigo puede llegar a través del lenguaje y ciertas expresiones (que van desde la burla al insulto) pero también a través de una condena social avalada por la ley, como ya se ha dicho. Este tipo de legislaciones constituyen una homofobia sistémica que deja a gays, lesbianas y trans en un plano de desigualdad respecto del resto de las personas. Esta desigualdad, además, suele servir de excusa para aquellos que se arrogan el derecho de poner en práctica la violencia que "ponga en vereda" a los supuestos réprobos.
No abundan estudios sobre las consecuencias de la homofobia en las sociedades latinoamericanas, pero sí se sabe que Brasil y México se hallan a la cabeza en el ranking de los crímenes homófobos. En Brasil, por ejemplo, se estima que se produce al menos un asesinato diario por causas vinculadas a la discriminación por orientación sexual, siendo las más afectadas las mujeres trans. En 2013, la opinión pública brasilera se vio consternada por la noticia de un hombre que mató a golpes a su hijo de ocho años, tan solo porque al chico le gustaba lavar los platos y ponerse la ropa de sus hermanas. Por otra parte, en México, hay un registro de más de 1.800 asesinatos homofóbicos en la última década, 42% de los cuales se perpetuaron mediante el uso de arma blanca, el 22% por golpes y el 19% por ¡envenenamiento! En el relato de los demás casos, las crónicas policiales hablan incluso de torturas, empalamientos y lapidaciones, como si estuviéramos todavía en el medioevo. Estas cifras son aun más consternantes si damos cabida a la sospecha de que, por cada caso denunciado como crimen de odio, existen dos que reciben el tratamiento de un delito común.
En el resto de América Latina, los números son menos elevados pero igual de alarmantes. En Argentina, tomó particular notoriedad el asesinato de Natalia "Pepa" Gaitán, en 2010, a manos del padrastro de su novia. A fines de 2011, el asesino fue condenado a 14 años de prisión por el delito de “homicidio simple agravado por el uso de arma de fuego”. Es decir que los mismos jueces, teniendo a su disposición las herramientas legales necesarias, se negaron a agravar la pena por considerar que no se había tratado de un crimen de odio vinculado a la sexualidad de la occisa. Vergonzoso. Por otra parte, en Chile, en marzo de 2012, el joven Daniel Zamudio fue torturado y asesinado por cuatro individuos presuntamente vinculados a una agrupación neonazi. El caso conmocionó a toda la sociedad chilena e internacional y puso contra las cuerdas a la dirigencia política que, desde 2005, cajoneaba en el congreso una ley antidiscriminatoria que pretendía castigar severamente este tipo de crímenes. La ley fue finalmente sancionada en julio de 2012, se la conoce como Ley Zamudio y pone en evidencia la inoperancia inaceptable de cierta clase política que, cuando quiere o se ve suficientemente presionada por la opinión pública, sabe trabajar en favor de sus representados.
No obstante, estas historias no son más que la punta de un enorme iceberg invisibilizado por la cultura en la que estamos inmersos. La misma que nos ha llevado, a través de los siglos, a naturalizar toda manifestación de la homofobia.
A la par de estos casos tan notorios, día a día se suceden un sinfín de otros casos que jamás alcanzarán los titulares de los diarios pero constituyen una tenaz telaraña que sirve para amedrentar y desalentar a todo aquel que quiera alzarse en contra del prejuicio. La gran mayoría de las personas homosexuales o trans tienen su primer contacto con la homofobia en el seno de sus propias familias. En diversas encuestas, más de la mitad de los entrevistados asegura que, en algún momento de sus vidas, optaron por fingir heterosexualidad para ser aceptados por padres y hermanos. La homofobia intrafamiliar también figura entre las principales causas por las que una persona LGBT abandona el hogar paterno. Fuera de este hogar, la sociedad tampoco nos la hace fácil. Sobre todo en el caso de las y los adolescentes, frecuentes víctimas del acoso escolar por discriminación sexual. Según un sondeo realizado en México en el año 2010, al menos un 43% de los hombres homosexuales de 15 a 25 años de edad se han planteado el suicidio como escape para el acoso que sufren en sus familias, escuelas y entorno social. Este acoso escolar homofóbico es persistente y prolongado en el tiempo y conduce con frecuencia a dolorosos sentimientos de desesperanza que pueden desembocar en una planificación e intento de suicidio. El 17% de los jóvenes que sufren acoso escolar llega a atentar contra su vida. De los casos de suicidio relacionados con el acoso escolar (conocido como bullying), el 24% tiene su origen en la homofobia.
En otro aspecto de la misma temática cabe destacar que un informe de 2007 de la OIT ha señalado que las personas LGBT suelen ser discriminadas en el ámbito laboral sufriendo especialmente violencia verbal, física y psicológica, debido en gran medida a la falta de legislación en la mayoría de países.
El amplio espectro en el que actúa la discriminación excede mis capacidades y sin dudas hay mucho más para decir e investigar sobre el asunto. Recomiendo enfáticamente la lectura y la difusión de los Principios de Yogyakarta, un documento redactado en dicha ciudad indonesa, en noviembre de 2006, por un grupo de expertos en Derechos Humanos y Derecho Internacional de varios países. En él se establecen 29 recomendaciones en cuestiones de orientación sexual e identidad de género, para ser aplicadas en el derecho internacional.
Esto es todo por hoy. Desde las otoñales callecitas de la siempre misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un humilde cronista de su realidad que, a pesar de los pesares, mira con optimismo hacia un futuro donde todas estas cuestiones terminen por ser consideradas como lo que son: pura barbarie.
Esto es todo por hoy. Desde las otoñales callecitas de la siempre misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un humilde cronista de su realidad que, a pesar de los pesares, mira con optimismo hacia un futuro donde todas estas cuestiones terminen por ser consideradas como lo que son: pura barbarie.
domingo, 29 de septiembre de 2013
Besos en el Vaticano
Hace algunas semanas, el papa Pancho hizo declaraciones que armaron gran revuelo. Decía el papa que los católicos debían acompañar "con misericordia" a los homosexuales. "¿Quién soy yo para juzgarlos?" acotaba.
Después de eso, escuché a varios creyentes ensalsando los dichos de su líder y a muchos otros ilusionándose por un posible cambio de postura de la iglesia de Roma respecto a temas que siempre han sido tabú, como la homosexualidad o el aborto.
Sin embargo, si uno mira más allá de la superficie, las cosas parecen ser no tan simpáticas.
Es un hecho que la grey católica se ha visto diezmada en las últimas décadas a raíz de diversas cuestiones que no me corresponde analizar. No obstante, es sencillo ver en estas y en otras declaraciones del papa un deseo de acortar la brecha abierta durante siglos entre el pensamiento y la conciencia de gran parte de la comunidad católica (más abierta a un cambio de mentalidad que permita desterrar ciertos prejuicios) y la férrea obstinación de la jerarquía (que sigue pensando y actuando como si el medioevo siguiera en boga).
Pero ¿ha cambiado en realidad la postura de la iglesia respecto de nosotros? Veamos...
El papa propone, por ejemplo, un reconocimiento al rol de la mujer en la iglesia pero ni habla de incluirlas en el plano sacerdotal. Recomienda una actitud misericordiosa y piadosa respecto de los homosexuales pero sigue imponiéndonos (al menos en sus deseos) castidad y recato. Dice que la iglesia no debe obsesionarse con los homosexuales pero se abstiene de impartir directivas a sus subordinados para que cesen las acciones de lobby en contra de legislaciones que beneficien a la comunidad LGBT. De hecho, cuando todavía era cardenal, él mismo encabezó la pelea contra la aprobación de la ley de Matrimonio Igualitario en Argentina, dándole el carácter de "guerra de Dios".
Uno podría decir que una cosa era el cardenal y otra el papa. Pero resulta que, en medio de las repercusiones de sus declaraciones, la Sede de Roma, con firma del propio papa, EXCOMULGA (o sea, expulsa de la iglesia católica) al sacerdote australiano Greg Reynolds por apoyar a los gays y apoyar la inclusión de las mujeres en la jerarquía vaticana. Curiosa medida y muy esclarecedora si uno quiere hacerse una idea de lo que siguen pensando en Roma, teniendo en cuenta que el cura Grassi (condenado en tres instancias judiciales por crímenes de índole sexual contra menores) aun cuenta con el apoyo y la complicidad de la curia.
Claro que eso no es todo. La mano dura de la iglesia también se ocupa de temas que, comparadas con las ya mencionadas, podrían considerarse como cuestiones menores.
Esta semana se inauguró en Roma una exposición fotográfica del artista sevillano Gonzalo Orquin. Las obras que integran la colección muestran a parejas del mismo sexo besándose ante los altares de distintas iglesias de la capital italiana. Si me preguntan, mi respuesta sería que no es mi ilusión tomarme una foto semejante con mi pareja. No soy católico ni me interesa. Pero valoro el mensaje que supongo estuvo en la mente del artista a la hora de realizar su obra: poner en plano de igualdad a las parejas homosexuales y a las heterosexuales. La imagen de una pareja hombre-mujer besándose frente a un altar es algo que no alteraría la conciencia de nadie. Sin embargo, el beso de dos hombres o de dos mujeres en el mismo ámbito ha levantado una gran polémica. Y esa polémica ha sido encabezada por la misma curia romana.
El Vaticano ha amenazado a la galería con iniciar acciones legales, en un claro y flagrante acto de censura. El vocero del papado, Claudio Tanturri, declaró a medios italianos que las fotos violan la Constitución italiana, que "protege el sentimiento religioso de las personas y la función de los lugares de culto. Por ello, estas fotografías son inapropiadas y ofensivas para la espiritualidad del lugar ".
Las imágenes que siguen (según la sede vaticana y muchos católicos) hieren el sentimiento religioso y son ofensivas e inapropiadas.
Las imágenes que siguen (según la sede vaticana y muchos católicos) hieren el sentimiento religioso y son ofensivas e inapropiadas.
Cada cual podrá sacar sus propias conclusiones.
Esto es todo por hoy. Desde las todavía invernales callecitas de la misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que, día a día, sigue comprobando que nada cambia de un día para el otro. O sea que Pancho es puro cuento.
jueves, 21 de febrero de 2013
Los chicos siempre dicen la verdad...
... Al menos es lo que dice el dicho popular que incluye también a los borrachos. Y no pocas veces, la realidad lo comprueba.
Ya se sabe que el discurso homofóbico si de algo carece es de creatividad. En la Argentina tenemos mucha experiencia al respecto y las discusiones que se están desarrollando por estos días en algunos países de Europa acerca de la legalización del matrimonio igualitario no dejan lugar a dudas. A diario podemos leer y escuchar a los homófobos y homófobas del Viejo Continente, diciendo las mismas barbaridades que supieron exponer, allá por el 2010, nuestros inefables dinosaurios vernáculos. Nada nuevo. Absolutamente nada. Solo las mismas ideas retrógradas y cargadas de desprecio y odio que supieron destilar personajes nefastos como Negre de Alonso, Chiche Duhalde, la Hotton o el diputado Olmedo, por mencionar solo a algunos de los tantos que se vistieron de naranja por aquellos tiempos.
En los últimos días, el Secretario de Estado para el País de Gales del Reino Unido, David Jones declaró que las personas homosexuales no están capacitadas para educar a un niño. Así nomás, sin medias tintas. Ya quisiera yo que el señor (de alguna manera hay llamarlo) me explicara cómo hicimos entonces los que durante siglos y siglos hemos educado a los nuestros, logrando resultados que en nada difieren de los alcanzados por los progenitores heterosexuales (porque nunca está de más recalcar que los gays y las lesbianas no somos estériles y estamos en la tierra desde el comienzo de los tiempos). Pero hoy no busco polemizar a título personal con este cavernícola que tuvo la suerte o la astucia para llegar a un tan alto puesto en la administración británica. Eso es algo que perfectamente puede hacer un crío de primaria.
En una entrevista televisiva en la que trataba de explicar las razones por las que había votado en contra del matrimonio para todos, Jones aseguró que “el matrimonio es una institución que evolucionó a través de los siglos para crear un entorno confortable y seguro para educar a los hijos y las parejas del mismo sexo son claramente incapaces de hacerlo”.
Una pequeña de ocho años escuchó por la tele al señor Jones e, indignada, decidió escribirle una carta para manifestarle su descontento (raro pero cierto: ¿una carta y no un mail o un twitter?). La misiva escrita por la nena es la que ilustra este artículo y en ella dice:
“Querido Sr. Jones:Estoy escribiendo para informarle que no estoy de acuerdo con que un niño no pueda ser educado por una lesbiana o un gay. Mi nombre es Elizabeth Burt y soy hija de madres lesbianas. Tengo una pequeña hermana, llamada Pippa y dos mamás, llamadas Karen y Alison. He sido perfectamente educada y por lo tanto no veo por qué usted dice eso. Mis amigos y yo creemos que cualquiera puede ser educado por alguien que lo ame, lo cuide y le dé felicidad.Por favor, ¡responda!Suya, sinceramenteElizabeth”.
Cortito y al pie.
No he podido encontrar respuesta alguna por parte del Secretario, pero la carta de Elizabeth fue twiteada por una de sus madres y luego retwuiteada hasta el infinito por sus contactos. Las declaraciones de Jones armaron revuelo y el mismísimo Primer Ministro tuvo que salir a declarar que no estaba de acuerdo con las declaraciones de su subordinado y que su gobierno defiende tanto el matrimonio igualitario como el derecho a la adopción de las parejas de igual sexo. Otras voces se alzaron en contra de Jones, cuyas palabras solo buscan desacreditar derechos inherentes a una parte de la población, y exigieron una disculpa pública y una reunión con parejas homoparentales galesas.
Por su parte, DJ salió al cruce de la polémica y solo atinó a decir que sus declaraciones fueron tergiversadas (el viejo y manido “me sacaron de contexto”). Si bien admite haber hecho las declaraciones, “eso no quiere decir que yo esté en contra de las parejas estables y comprometidas entre personas del mismo sexo. Estoy completamente a favor de la unión civil y, en la entrevista, yo no dije que las parejas homosexuales no debían adoptar hijos. Esa no es mi opinión. Simplemente quise decir que, dado que las parejas del mismo sexo no pueden procrear, la institución del matrimonio debería, según yo, ser reservada para las parejas heterosexuales”. O sea: lo dijo pero no lo dijo.
Esto es todo por hoy. Desde las heridas callecitas de esta Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que, harto de escuchar siempre las mismas idioteces, sabe distinguir entre los que aclaran y los que oscurecen (me salió medio en verso, ja)
miércoles, 13 de junio de 2012
Cambiar preguntas para donar sangre

Mañana, 14 de junio, es el Día Mundial del Donante de Sangre y me parece pertinente traer a colación el tema. Sobre todo después de haber leído un artículo (a mi juicio cuestionable) en el diario Clarín de ayer, de título "No cambiar preguntas para donar sangre" y con la autoría del señor Fabián Romano, titular de la Comisión para la Promoción de la Donación de Sangre de la Asociación Argentina de Hemoterapia e Inmunohematología.
Es ya una verdad de Perogrullo eso de que "la ciencia no tiene ideología". El problema es que lo que no se tiene en cuenta ante tal aseveración es que los científicos SÍ la tienen. Claro que a veces es difícil discernir donde termina la objetividad científica para dar paso a la subjetividad ideológica.
En el caso de este señor, autor del artículo, es bueno que haya iniciado el texto aseverando que "el criterio para la selección de donantes de sangre continúa siendo un tema de controversia". En eso creo que estamos todos de acuerdo. Lástima que, después, asegure que el cuestionario y la entrevista pre-donación no son discriminatorios. Cuestión en la que opinamos de forma diametralmente opuesta.
Los argumentos para confrontar sus aseveraciones son, a mi criterio, bastante simples y hasta trillados. Los hubiera expuesto en la misma página del diario pero, lamentablemente, tal como sucede muchas veces con artículos de opinión "controvertida", no se habilitaron los comentarios de lectores.
En primer lugar, NO existen GRUPOS de riesgo sino PRÁCTICAS de riesgo, cosa que cansa un poco tener que repetir una y otra vez, sobre todo frente a planteos provenientes de una persona que supuestamente debería estar al tanto de estos detalles.
En primer lugar, NO existen GRUPOS de riesgo sino PRÁCTICAS de riesgo, cosa que cansa un poco tener que repetir una y otra vez, sobre todo frente a planteos provenientes de una persona que supuestamente debería estar al tanto de estos detalles.
A ver: Si yo soy varón homosexual y tengo una conducta erótica en la que el correcto uso del preservativo es lo esencial, no veo la razón por la cual no pueda donar sangre y se me trate de manera diferente a la que se prodiga a un varón que gusta de las mujeres. Por oposición, si soy varón heterosexual y jamás en mi vida he usado un condón o no tengo claros los cuidados necesarios para utilizarlos como corresponde, MI PRÁCTICA (y no mi orientación sexual) pudo haberme expuesto a una infección que hipotéticamente podría ser transmitida a través de una transfusión de sangre. Entonces, señor Romano, ¿a qué viene tanto interés por saber con quién me acuesto?
Análisis semejantes podrían hacerse en el caso de que se tratara de mujeres y en el caso de la mayoría de los puntos de ese extensísimo cuestionario que indaga la intimidad de los postulantes a donación. En todos, el resultado sería el mismo: no hay razón para tan bochornosa falta de respeto hacia la persona que voluntariamente acude a poner en acto su solidaridad.
No es muy difícil imaginar que, ante una intervención quirúrgica o una enfermedad grave que demande transfusión de sangre, la familia del futuro transfundido suele afrontar una gran presión, la cual es directamente proporcional al número de donantes reclamados por la institución de salud. Esta presión se traduce en llamados angustiados, súplicas o incluso entrega de dinero (ya que los mercaderes miserables nunca faltan, y suelen tener gran actuación cuando la desesperación es extrema, aun cuando se trate de un delito penado por la ley) con el solo fin de obtener el tan preciado fluido en la cantidad solicitada. De modo que, no es para nada sorprendente que, llegado el momento del cuestionario y ante la necesidad de donar, la gente sencillamente MIENTA. ¿Cómo va a hacer el señor Romano para saber a ciencia cierta cuál es mi orientación sexual, o si me acosté con veinte prostitutas o prostitutos, o si me drogo, o...? ¿Cómo, señor Romano? Ciertamente, un simple cuestionario no es garantía de nada y lo que este y otros muchos señores y señoras buscan no es otra cosa que disfrazar sus propios prejuicios bajo la fachada de la precaución epidemiológica.
Por otro lado, el señor Romano argumenta que el testeo de la sangre extraída no es suficiente para cubrir el denominado "período de ventana", lo cual podría ponerse en duda en vista de que existen en la actualidad los llamados "testeos rápidos" (pero esa es una discusión que puede quedar en suspenso dado el elevado costo de los mismos y la poca probabilidad de que el Estado lo instituya como método habitual de verificación, al menos de momento en la Argentina). Lo que el señor Romano NO dice es que el cuestionario tampoco soluciona el problema generado por el período de ventana.
¿Entonces el problema del período de ventana no tiene solución? No lo sé. O mejor dicho: sí lo sé pero no es ese el objetivo que persigue mi planteo y desarrollar el tema en profundidad ameritaría un artículo completo.
Lo que debería preguntarse el lector (y pido perdón si mi "sugerencia" puede resultar imperativa) es "¿Por qué la supuesta imposibilidad de lidiar con el período de ventana se la endilgan exclusivamente a la comunidad homosexual, si es algo que puede ser atribuido también a los heterosexuales? ¿Por qué los heterosexuales son excluidos, deliberadamente y sin más trámite, de su potencialidad de transmitir infecciones a través de la sangre?". Cada quien puede tener su propia respuesta. La mía es: por prejuicio, señor Romano, solo por un prejuicio que incluso podría ser llamado homofobia. Humano pero discriminatorio y, en consecuencia, reñido con las leyes vigentes.
Hasta donde yo sé, Argentina es, junto a Uruguay, Costa Rica y España, uno de los poquísimos estados en el mundo que cuentan con un sistema público de donación de sangre y en lo personal me enorgullezco de que mi país forme parte de esa virtuosa tetrarquía. Por esa razón, ante el proyecto presentado por el bloque radical tendiente a modificar el cuestionario "cuestionado", me uno (a mi modo) al reclamo que hace el mismo Romano en su frase final: insto a los legisladores a estudiar exhaustivamente el caso, de manera que la nueva ley nos prive felizmente de semejante caso de discriminación institucionalizada.
Esto es todo por hoy. Desde las callecitas de la siempre misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que vería con buenos ojos que una Comisión para la Promoción de la Donación de Sangre se dedicara justamente a eso, a promover la donación, y no a poner obstáculos discriminatorios basados en la pura ideología. Sería una excelente manera de honrar la tarea para la que fue conformada.
jueves, 17 de mayo de 2012
miércoles, 2 de mayo de 2012
Justin Fashanu mártir
Recuerdo a José Sacristán en aquella maravillosa serie de TVE, “Gatos en el Tejado” (1988). Manolo Beltrán, su personaje, era un cómico de tv abatido por las vicisitudes de la vida, un hombre que (como tantos otros) debe afrontar la muerte de su esposa, la conflictiva relación con sus hijos y la intempestiva aparición de un padre abandónico, interpretado magistralmente por el mejor Alberto Closas. Si la serie hubiera contado con los adelantos tecnológicos y comunicacionales de la actualidad, no cabe duda de que cundirían hoy las páginas de Facebook armadas por sus fans, los blogs y las respectivas aplicaciones recordando las magistrales frases que destilaba el humor ácido del protagonista.
“La vida es como la escalera del gallinero: cortita y llena de mierda”
Cosas así solía decir Manolo Beltrán. Y a lo largo de estos años (¡mierda! ¡24!) en más de una oportunidad me aferré a esa certidumbre engañosa que puede llevarnos a errores difíciles de remediar. Porque nadie me va a negar que, cuando uno está con la angustia hasta el cuello, la comicidad corrosiva de las tablas puede adquirir dimensiones aplastantes de realidad.
Probablemente, muchos entre quienes lean estas líneas habrán de ignorar por completo quién ha sido Justin Fashanu. Yo mismo lo ignoraba hasta hace algunos días, cuando leí su historia en uno de los blogs que frecuento.
Justinus Soni "Justin" Fashanu era acuariano como yo, nacido en febrero de 1961, hijo de un abogado nigeriano afincado en el Reino Unido. Imagino que allí empezaron sus amarguras: no debía resultar sencillo ser negro en la Inglaterra de los sesenta. Y mucho menos sencillo habrá sido cargar con el estigma de ser abandonado por sus padres luego de una separación. Justin vivió en un orfanato hasta los seis años, cuando él y su hermano Jhon fueron entregados a una familia adoptiva que los llevó a Norfolk. No se sabe bien cómo fue su vida durante esa época, pero sí que el adolescente Justin tenía mucha adrenalina por descargar y supo hacerlo a través del boxeo, deporte que practicó durante algunos años con calidad destacable. Sin embargo, a los dieciséis, influenciado por Jhon, empezó a entrenar en el Norwich City Football Club, siendo su desempeño tan peculiar que fue contratado como jugador profesional y debutó a comienzos del '79, cuando le faltaban semanas para cumplir los 18 años. Era la gloria. Pero pasajera. Se transformó en el jugador estrella del Norwich City y en apenas dos años de actuación fue transferido al Nottingham Forest, convirtiéndose en el primer jugador negro de un millón de libras. Seguro que Justin sintió que tocaba el cielo con las manos y cualquiera se hubiera sentido así. Pero, si nos atenemos a la frase de Manolo Beltrán, nunca deberíamos bajar la guardia.
La vida en el Nottingham no fue tan maravillosa como parecía. Había un detalle que, en el mundo del fútbol, aún hoy no es menor: a pesar de los estereotipos, de su pasado como boxeador y de la rudeza que la figura de Justin irradiaba, Fashanu era homosexual.
Claro que este tipo de asuntos pueden mantenerse en el plano de lo privado y no traer mayores inconvenientes, más allá de la autorrepresión y el consiguiente sentimiento de frustración por no poder mostrarse ante el mundo tal cual uno es. Pero ese tipo de actitudes no es para cualquiera. Algunos llevan en su alma el germen de la rebelión y asumen su ser ante el mundo, más allá de los golpes y las imposiciones.
Justin comenzó a frecuentar bares gay y parece que no tomó los recaudos necesarios porque la noticia llegó enseguida a oídos de Brian Clough, el entrenador del Nottingham, quien no se destacó precisamente como defensor de las libertades civiles. A lo largo de los meses siguientes y con varias discusiones de por medio (por cierto, subidas de tono), Clough le hizo a Justin la vida imposible e incluso llegó a prohibirle que entrenara con el resto del equipo. La fractura de la relación fue tan fulminante que, a poco más de un año de haber ingresado en la institución, Justin fue vendido al Notts County por sólo 150.000 libras. De allí en más, su carrera como futbolista deambuló entre diversos clubes de Inglaterra y también Norteamérica, con buen desempeño muchas veces, pero sin continuidad.
En 1990, en una entrevista para el diario británico The Sun, el tabloide de habla inglesa más leído en el mundo, se declaró públicamente como homosexual, siendo el primer futbolista de renombre que asumió semejante riesgo. El reportaje incluía detalles sensacionalistas que luego fueron desmentidos por el mismo Fashanu pero, de todos modos, el escándalo adquirió pronto dimensiones espectaculares y al futbolista le llovieron las críticas y las condenas, incluso por parte de su propio hermano. La hostilidad de sus colegas y los insultos que le propinaban los hinchas dejaban bien a las claras que los homosexuales no eran bienvenidos en el mundo deportivo. Por supuesto que esta entrevista y otras varias posteriores le valieron a Fashanu un dinero extra para nada despreciable, pero él mismo declaró alguna vez que mucho más dinero le habían ofrecido para que no saliera del armario. Supongo que habrán sido gentes que podrían haberse visto perjudicadas por la sinceridad del jugador. Gentes conocidas por todos seguramente, de esas que suelen moverse mejor en medio de la hipocresía y la doble moral.
Desde aquel año, por más que Fashanu se mantuvo en plena forma, ningún club cruzó los límites impuestos por el prejuicio para ofrecerle un contrato a tiempo completo. Ni siquiera un romance inventado con una actriz británica “sospechada” de lesbiana pudo “lavar” su imagen. Jugó en equipos menores de la liga inglesa, en Escocia, en Suecia, EUA e incluso en el ’97 pasó por Australia, antes de regresar nuevamente a Norteamérica donde planeaba finalmente anunciar su retiro definitivo del fútbol. Tenía ya 36 años.
El 25 de marzo de 1998, un jovencito de 17 años se presentó ante la policía de Maryland para denunciar abuso sexual por parte del futbolista. Como era de esperar, Fashanu fue citado a declarar. El 3 de abril de ese año, hizo su descargo ante las autoridades, tras lo cual armó las maletas y regresó a Inglaterra. Claro, los grandes titulares de la prensa ya habían hecho lo suyo, inventando detalles sobre una supuesta detención del jugador y una acusación formal por agresión sexual en segundo grado. Una investigación posterior demostró que, de hecho, nunca había existido una orden de detención para Fashanu y que la policía de EUA había abandonado la investigación por falta de pruebas.
En la noche del 2 de mayo de 1998, Justin Fashanu se ahorcó en un garaje de Londres. En uno de sus bolsillos se encontró una nota que decía:
“Me he dado cuenta de que ya he sido condenado como culpable. No quiero ser más una vergüenza para mis amigos y familia. Espero que el Jesús que amo me dé la bienvenida y finalmente encuentre la paz”.
Qué más se puede decir ¿verdad? La historia habla por sí sola.
Esto es todo por hoy. Desde las frescas callecitas de la siempre misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que, aun siendo ajeno al mundo de los deportes en general y del fútbol en particular, puede darse cuenta (con profunda pena) que cumplidos hoy catorce años de este lamentable hecho todavía las cosas siguen como entonces. La homofobia más cerril sigue reinando en la canchas y el podio de Justin Fashanu solo es compartido por el sueco Hysen Antón, otro valiente que, por el solo hecho de haberse mostrado al mundo sin hipocresías, merece la gloria y el reconocimiento de quienes bregamos por un mundo mejor. Que al fin y al cabo, la frasesita de Manolo Beltrán no es más que un buen chiste de quienes ven siempre el vaso medio vacío.
viernes, 27 de abril de 2012
Violencia solapada
En esta ciudad nuestra (la de Buenos Aires digo) hay ciento de miles de historias. Algunas importantes que merecen titulares en los medios. Otras insignificantes. Algunas que vemos. Otras que imaginamos... Y muchas que vemos y no nos importan (por miles de razones). La que sigue está recién salidita del horno. Sucedió hace unas horas frente a la Plaza Flores, cuando estaba anocheciendo.
El hombrecito andaba rengo vaya a saber por qué. Era una bolsita de huesos que apenas superaba el metro y medio. ¿Edad? Indeterminada: más de veinte y menos de ciento cincuenta. Empezó a cruzar la Avenida Rivadavia por el medio de la calle como quien no quiere llegar a la otra vereda. Yo lo miraba casi de frente y lo vi surfear entre los autos con su andar de péndulo, gritando y gesticulando como loco que lo lleva el diablo. Me bastó con mirar fugazmente en dirección a sus gestos para completar la escena: un colectivo de la línea 133 levantaba pasajeros en su correspondiente parada. Seguramente el hombrecito temía perderlo y por eso emprendió la arriesgada travesía pasando por alto las sendas peatonales. Fueron décimas de segundo lo que duró mi distracción mirando el colectivo. Cuando mi atención regresó con el hombrecito pude ver cómo una camioneta le golpeaba el brazo izquierdo y, en el sacudón tremendo, su gorra azul volaba tras el vehículo que casi lo había atropellado. Él no pareció inmutarse. Como robotizado y esquivando a los demás autos con extraña pericia, fue detrás de su gorra con su melena renegrida y pegoteada al descubierto. Yo, que tampoco estoy exento de prejuicios, imaginé cuántos días llevaría esa cabeza sin lavarse... y hasta pude oler el sudor rancio que emanaba de su cuerpo, sin contar con el don especial que hubiera necesitado para ello. El hombrecito recuperó su gorra a unos veinte metros, se agachó para recogerla del asfalto y otro auto estuvo a punto de llevárselo puesto cuando se erguía. Entretanto, el último pasajero ya estaba a punto de subir al colectivo, razón por la cual el hombrecito retomó el plan primigenio y empezó una vez más con los gritos y los gestos para llamar la atención del colectivero. Cuando pudo por fin llegar a la vereda, el colectivero cerró la puerta y arrancó. Los demás vehículos que circulaban por la avenida y el corte del semáforo de la esquina le impidieron recorrer más de veinte metros. Siempre a puertas cerradas. Fue así como el hombrecito corrió una vez más y golpeó tímidamente el vidrio de la puerta plegadiza del colectivo y suplicó al chofer que lo dejara subir al vehículo. Incluso le mostró las moneditas con las que iba a pagar el pasaje. Llevaba una camperita de nylon roja, muy liviana, y a través de una gran tajo lateral podía verse que debajo no había nada; solo pellejo adherido a la osamenta. Y hacía frío.
El chofer se mantuvo en sus trece y no abrió la puerta. El hombrecito resignado se dejó caer sobre el cordón de la vereda y ahí permaneció sentado unos segundos. El colectivo había vuelto a moverse pero el tránsito a esas horas es muy pesado y no tuvo más que detenerse una vez más antes de llegar a la esquina. Al ver esto, el hombrecito volvió a la carga. Como si el frío del anochecer no le hiciera mella, se levantó como resorte y corrió tambaleante hasta ponerse una vez más junto a la puerta de acceso al colectivo. Golpeó una vez más el vidrio. Un poco más decidido esta vez. Pero el resultado fue el mismo: la puerta continuó cerrada.
Entonces con un gesto de hartazgo, bajó los brazos y enfiló nuevamente con su pata mocha hacia la parada.
Pasaba junto a mí cuando alguien gritó "Eh, flaco" entre el tumulto de los bocinazos. Instintivamente se dio vuelta el hombrecito, seguro de que ese llamado era para él. Y no se equivocaba. Yo también giré mi vista en dirección a la voz que lo llamaba. Dos señoras y el adolescente que había gritado, bien vestidos ellos, se disponían a abordar el colectivo de la línea 133 al que el hombrecito parecía no tener acceso.
La escena que siguió duró apenas unas décimas de segundo. El rostro sucio del hombrecito se iluminó fugazmente y su pierna mocha intentó moverse para dar el primer paso. Pero de inmediato una sombra lo oscureció aun más de lo que ya era y cualquiera que tuviera una pizca de sensibilidad habría podido descubrir en su mirada la huella inconfundible de la desolación. Chasqueó los labios, dejó caer los brazos otra vez y bajó la cabeza. Permaneció allí unos segundos como un muñequito de trapo sostenido de la nada y después reemprendió la marcha oscilante hacia la parada. El colectivo arrancó y, esta vez sí, se sumó a la fluidez del tránsito y desapareció rumbo al centro.
Eso es todo por hoy, amigas y amigos. Desde las frías callecitas de la siempre misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que no ignora que hay mil formas de abatir a un ser humano. Miserable aquel que golpea sin arriesgar la cara...
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