Las locas llevan en su misma esencia la temeridad. La temeridad de ser quienes son sin condiciones. No conocen otro modo y quienes escondemos bajo la alfombra varias cobardías sabemos venerarlas.
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jueves, 17 de septiembre de 2020
lunes, 27 de enero de 2020
La Edad de las Locas
La edad de las locas es una manera interesante de inadaptación social. “Un homosexual está desplazado”, escribe Didier Eribon, “en todos los sentidos de la palabra”. Una capacidad de engañar al calendario de la desdicha profetizada. O de reírnos de la dignidad que nos toca asumir dentro de alguna institución egregia, como un juez supremo que desfiló con un turbante a lo Garbo en la intimidad de un cuarto de hotel, simulando peluca señorial. No en balde durante la dictadura engañábamos a la cana simulando ser artistas de varieté. Nadie más listo que nosotras en el oficio de revelar el lado absurdo de las situaciones y la pedorrada de los roles. Es que por obra de la inadaptación originaria comprendemos mejor que otros la ironía inagotable de la fatalidad; un saber que nació apenas advertimos de chiquitos que no hay acontecimiento feliz que no esté habitado ya por la muerte. Que en medio de la algarabía de la mesa familiar está escondido el cadáver de un niño, el nuestro. Y que llegará el momento de desenterrarlo, porque nos acompañará siempre.
viernes, 22 de septiembre de 2017
Tacle irlandés
"Todos tenemos algo de lo que nos avergonzamos. El recuerdo de un momento tan bochornoso que no sabemos si algún día podremos superarlo. Un momento que sigue desvelándonos a las cuatro de la madrugada. 'MARICA'... Cuando ocurrió mi momento terrible tuve miedo. Tuve miedo porque perdí al único amigo de verdad que jamás había tenido. La gente hace cosas malas por miedo".
lunes, 1 de diciembre de 2014
Hablemos de algo importante
¿QUÉ ES EL VIH?
El Virus de la Inmunodeficiencia Humana (vih) es -justamente- un VIRUS que afecta a las células del sistema inmunológico.
¿Y qué es el sistema inmunológico? Es un conjunto de órganos y mecanismos del que dispone nuestro cuerpo para defendernos de las enfermedades. De manera que, cada vez que nos enfermamos, es porque nuestro sistema inmunológico ha fallado en algo. Si la falla es leve, el riesgo también será leve y la persona a lo sumo contraerá un resfrío o una gripe. Ahora, si la falla del sistema inmunológico es más compleja, las enfermedades que podrán ingresar dentro del organismo serán más peligrosas.
Sin embargo, el vih es uno de los pocos gérmenes que, en determinadas y muy concretas circunstancias, tienen la posibilidad de burlar la vigilancia e ingresar dentro del organismo, aun cuando el sistema inmunológico se halle en perfecto estado. En el caso particular del vih, la oportunidad le llegará siempre de la mano de un error humano, tal como trataré de explicar más adelante.
Sucederá entonces que las personas que contraigan una infección por vih verán debilitadas sus defensas y, a medida que pase el tiempo y el virus se multiplique, serán propensas a contraer enfermedades cada vez más peligrosas. Este deterioro de las barreras naturales que nuestro organismo opone a las enfermedades es lo que llamamos INMUNODEFICIENCIA. Y hablamos siempre de INMUNODEFICIENCIA HUMANA porque este virus es capaz de infectar, sobrevivir y multiplicarse SOLAMENTE dentro de células humanas.
NO HAY PERROS, NI GATOS, NI MOSQUITOS, NI GUSANOS, NI NINGÚN OTRO ANIMAL O INSECTO QUE PUEDA TENER VIH. EL VIH ES UN VIRUS QUE PUEDE INFECTAR EXCLUSIVAMENTE A LOS SERES HUMANOS.
¿Por qué tanto énfasis para destacar esta frase? Porque esto significa que el vih nunca se transmite a través de insectos o animales sino DE PERSONA A PERSONA, de manera directa y sin intermediarios.
Diferencias entre vih y sida
Sida significa Síndrome de InmunoDeficiencia Adquirida y es la etapa más complicada de la infección causada por el vih. Es decir que el sida es una eventual consecuencia de la infección por vih y para que alguien pueda llegar a tener sida, primero tendrá que tener vih. Es un error muy grosero afirmar que "fulano se contagió el sida", ya que nadie puede contraerlo directamente: primero se infectará con vih y, luego de mucho tiempo, en el peor de los casos, ingresará en la etapa sida.
Decimos además que esta inmunodeficiencia es adquirida porque no es hereditaria ni genética. Es una inmunodeficiencia generada en algún momento de la vida de la persona por causas perfectamente evitables que también explicaré más adelante.
El sida tiene lugar cuando la infección ha avanzado lo suficiente como para permitir que la persona contraiga alguna enfermedad grave que pueda poner en riesgo su vida. Estas enfermedades reciben el nombre de oportunistas porque aprovechan el debilitamiento de las defensas causado por el virus. En este sentido, cabe destacar que
toda persona que haya contraído vih pero no haya ingresado en la etapa de sida NO es considerada una persona enferma (el vih no es una enfermedad sino una infección) y, por lo tanto, no presenta síntomas de ninguna índole vinculados a la presencia del virus ni tampoco discapacidades derivadas de ella, pudiendo desarrollar su vida con absoluta normalidad, muchas veces sin saber que se han infectado.
También hay que aclarar que el sida tampoco es una enfermedad en sí misma. O al menos no una enfermedad tal y como la imaginamos en nuestra cotidianeidad. Como ya dije, es solo una etapa de la infección por vih: justamente la etapa en la que el virus se combina con una enfermedad oportunista. O sea:
vih + enfermedad oportunista = sida
En la Argentina y la mayor parte del cono sur del continente americano, estas enfermedades oportunistas son predominantemente cinco: tuberculosis, hepatitis C, meningitis, neumonía y toxoplasmosis. No son las únicas que puedan aprovechar el debilitamiento del sistema defensivo pero sí las más comunes. Tampoco quiere decir que toda persona que padezca alguna de estas enfermedades tenga necesariamente sida. Si bien es cierto que enfermedades tan graves responden siempre a un caso serio de inmunodeficiencia, hay muchas razones no vinculadas al vih por las cuales las defensas del organismo pueden debilitarse.
Para que quede más que claro:
1) Si alguien tiene vih pero no ha contraído alguna enfermedad oportunista, entonces NO tiene sida.
2) Si alguien tiene alguna de estas enfermedades graves pero no tiene vih, TAMPOCO tiene sida.
¿Cómo sé si tengo vih?
Mucha gente suele ilusionarse con eso de que "el vih no es una enfermedad". Sin embargo, ese es uno de los grandes problemas. Al no ser una enfermedad, no presenta síntomas. Y al no haber síntomas, no hay conciencia de la afección. Por ejemplo, si yo me engripo, empiezo a tener mocos, me duele la garganta, me sube fiebre, etc., etc. Todos esos son los síntomas de la gripe que me avisan que estoy enfermo y, de ese modo, yo puedo hacer algo para combatir la enfermedad.
El vih no avisa.
¿Por qué? Porque no es una enfermedad. Es solo una infección, la presencia de un elemento extraño dentro del organismo, algo que no debería estar allí y que el sistema inmunológico tratará de eliminar (aunque esta vez sin resultados). En algunos casos, durante las primeras horas de producida la infección, la persona podrá experimentar una leve alza de temperatura, pero cualquiera lo tomaría por un inocente estado febril que pronto desaparece.
La infección por vih es silenciosa y por eso hay solo una manera de detectarla: el análisis de sangre.
En la República Argentina, gracias a lo estipulado por la Ley Nacional de Sida, los análisis de sangre para detectar el vih (así como todos los tratamientos, medicinas y demás gastos relacionados a la infección por vih) son totalmente gratuitos en los centros públicos de salud. Esa misma ley establece además que el examen debe ser voluntario y confidencial, como un modo de paliar la gran discriminación que todavía hoy afecta a las personas con vih.
En la actualidad, lo que hasta no hace mucho era una infección mortal, gracias a los avances de la medicina, ha pasado a ser una infección crónica que no pone en riesgo la vida de la persona. Los tratamientos empleados hoy para controlar el vih son mucho menos tóxicos y mucho más amigables respecto de los métodos empleados hasta no hace mucho tiempo. Si bien por muy diversas razones cada día son más y más las personas infectadas, los tratamientos de última generación logran que el virus pierda efectividad en su acción de desmantelamiento del sistema inmunológico, reparando además los daños provocados por la infección, logrando así que las defensas se mantengan altas y sean capaces de bloquear el ingreso de enfermedades oportunistas. Hoy en día, cumpliendo con las pautas básicas recomendadas por el médico, cualquier persona que vive con vih puede desarrollar una vida plena y sin limitaciones de importancia.
Por otra parte, tal como sucede con todos los virus, no todos los vih son iguales. Hay diferentes clases o "cepas". Por eso es indispensable que las personas que ya se han infectado se cuiden de una reinfección que pueda poner en riesgo la eficiencia de su tratamiento.
¿Cómo se puede transmitir?
En primer lugar, diré que somos muchos los que preferimos no hablar de contagio en lo referente a la infección de vih. Para muchos, el uso de determinadas palabras es tan solo un problema semántico sin importancia. Por fortuna, también somos muchos los que vemos en el uso apropiado de ciertas palabras una herramienta fundamental para hacer frente a la gran desinformación que reina todavía en estas cuestiones.
¿Hay diferencia entre decir que el vih se contagia y decir que se transmite? Yo pertenezco al grupo de personas que creemos que sí hay diferencia. El uso de determinadas palabras no es inocuo.
El vih no se contagia.
El vih SE TRANSMITE.
Nos guste o no, la palabra "contagio" está comúnmente asociada a afecciones idiscutiblemente "contagiosas" como la gripe, por ejemplo, una de las enfermedades infecciosas más fáciles de transmitir. Enfermedades como la gripe, la viruela, la escarlatina, etc., se propagan entre las personas sin que se pueda hacer demasiado para evitarlas. Son enfermedades contagiosas cuya transmisión es muy rápida y sencilla y, en muchos casos, inevitable. Con el vih, en cambio, sucede todo lo contrario. Veamos por qué.
Todos los virus son vulnerables al aire, la luz natural y la temperatura ambiente, pero algunos son más resistentes que otros.
El vih es el menos resistente.
Mientras virus como los de la gripe son capaces de sobrevivir diez o doce horas expuestos a la luz, el aire y la temperatura ambiente, el vih no soporta más que unos pocos minutos. Esto solo ya reduce enormemente las posibilidades de transmisión, ya que el traslado desde una persona infectada hacia otra debe producirse muy rápidamente para que la transmisión se produzca.
Por otra parte, como el vih no dispone de un "medio de transporte" propio, no tiene patas ni alas, ese traslado de persona a persona se efectuará a través de líquidos. Varios líquidos orgánicos generados por el cuerpo humano ofrecen al vih el mejor ambiente para su superviviencia y servirán como vehículo de transmisión. Si bien el vih se halla en todos los líquidos orgánicos de la persona infectada, no en todos se lo hallará en la misma proporción y, en la mayoría de ellos, la concentración será tan pequeña que no podrán ser considerados como líquidos de riesgo.
Los únicos seis líquidos orgánicos que son capaces de transmitir la infección de vih son:
1) SANGRE
2) LECHE MATERNA
3) PUS
4) SEMEN
5) PRESEMEN
6) FLUIDOS VAGINALES
O sea que, para que se produzca una transmisión de vih, se necesita un intercambio de líquidos y, entre los cientos y cientos de líquidos que hay dentro del organismo humano, solo estos seis son capaces de transmitir el virus. Hasta acá, el tema de la transmisión parece bastante compleja. Pero se complica más todavía.
El virus "viaja" sumergido en alguno de esos líquidos que mencioné pero ese "viaje" no es suficiente para que la infección se produzca. Para ello hace falta que el líquido (que lleva el virus desde la persona infectada) ingrese dentro del organismo de la otra persona. ¿Y cómo puede suceder eso si el cuerpo humano está cubierto casi completamente por piel (primer elemento del sistema inmunológico) que no permite el acceso de elementos extraños? Pues, está claro que el simple contacto con el líquido infectado no es suficiente. Este líquido deberá entrar en contacto directo con alguna herida abierta o cualquiera de los orificios naturales que posee el cuerpo humano. A saber: boca, ojos, nariz, oídos, ano, vagina o pene.
Para resumir y no hacerla tan larga, podemos afirmar entonces que el vih se puede transmitir tan solo por alguna de las siguientes tres vías:
1) TRANSMISIÓN SEXUAL: por relaciones sexuales (orales, anales o vaginales) en las que no se haya utilizado correctamente un preservativo.
2) TRANSMISIÓN SANGUÍNEA: por uso compartido de agujas hipodérmicas, tucas o canutos (en el caso de consumo de sustancias) o por la no utilización de material descartable en prácticas sanitarias que involucren elementos cortopunzantes.
3) TRANSMISIÓN MATERNA: por no tomar los recaudos necesarios durante el embarazo, el parto o el período de lactancia.
¿Cómo NO se puede transmitir?
El vih es una infección para nada sencilla de adquirir y NO se transmite en la casi totalidad de los actos cotidianos de las personas. Esto hace que sea imposible hacer una lista completa de las diversas situaciones en las que NO estaremos en riesgo de contraer la infección. Por eso mismo, recomiendo tener muy en cuenta los casos mencionados anteriormente, en los que SÍ puede producirse una transmisión.
Sin embargo, es conveniente hacer hincapié en las siguienets situaciones que muchos suelen exponer como riesgosas aunque NO lo son:
1) El vih no se transmite por el intercambio de fluidos distintos a los seis ya mencionados.
2) El vih no se transmite por besos y/o abrazos.
3) El vih no se transmite por picaduras de mosquitos o cualquier otro insecto o mordeduras de cualquier animal.
4) El vih no se transmite por compartir el mate, vasos, cubiertos, cepillos de dientes, máquinas de afeitar, etc.
5) El vih no se transmite por el solo hecho de utilizar un baño público.
¿Cómo puede prevenirse?
En términos generales, diré que la mejor prevención es la información. Y en ese sentido es importante que tengamos siempre en cuenta los siguientes consejos.
a) TRANSMISIÓN SEXUAL
En la Argentina y en muchos otros países de occidente, la vía de transmisión más habitual es la sexual (aprox. 90% de los casos). Por eso es indispensable hacer un uso correcto del preservativo toda vez que se tengan relaciones íntimas con otra persona.
El uso correcto del preservativo implica:
- adquirirlos exclusivamente en lugares confiables (farmacias, hospitales o centros públicos de salud).
- mantenerlos alejados de toda fuente de calor que pudiere deteriorar el látex (estufas, cocinas, motores, etc.) e incluso es recomendable no colocarlos por demasiado tiempo en los bolsillos.
- antes de abrir el envase, verificar que mantenga el colchón de aire.
- abrir el envase utilizando exclusivamente los dedos.
- antes de poner el preservativo en contacto con el pene, verificar cuál es el lado correcto para hacerlo y, en caso de error, desecharlo.
- Colocar el preservativo utilizando siempre dos manos: con una mano se oprime el reservorio destinado a alojar el semen y con la otra se desenrolla el látex hasta la base del pene.
- Una vez producida la eyaculación, ANTES DE QUE SE PIERDA LA ERECCIÓN, retirar el pene del orificio y quitar el preservativo con cuidado.
Si se toman estos recaudos mínimos, no existe razón por la cual no debamos mantener relaciones sexuales, incluso con una persona que vive con vih. La mejor prueba de ello es el incremento, durante los últimos años, del número de parejas serodiscordantes (aquellas en las que solo un miembro de la pareja vive con el virus). Se trata de parejas que desarrollan una vida sexual normal sin que la persona no infectada vea modificada su serología.
b) TRANSMISIÓN SANGUÍNEA
En nuestro país, la transmisión por sangre no es la más habitual. Sin embargo, es indispensable tomar medidas que nos mantengan libres de riesgo.
Estas medidas pueden ser:
- No compartir agujas, tucas o canutos (en referencia a personas usuarias de drogas). En este caso, para evitar la infección, se recomienda que cada persona utilice sus propios elementos, SIN COMPARTIRLOS. Estos cuidados también son recomendables a otras personas (diabéticas, por ejemplo) que, por una causa u otra, deban inyectarse algún medicamento de manera periódica.
- Exigir el uso de material descartable y correctamente esterilizado al hacerse tatuajes, piercings o implantes, o cuando reciban una vacuna o una inyección, recurriendo (en todos los casos) a profesionales capacitados para realizar la tarea responsablemente.
c) TRANSMISIÓN MATERNA
A través de una política de estado responsable impulsada por la Ley Nacional de Sida, durante los últimos quince años, la Argentina ha logrado que la transmisión materna sea casi inexistente dentro de sus territorios y que la transmisión sanguínea se reduzca considerablemente en relación a los tiempos iniciales de la pandemia. Dicha ley obliga al Estado (en sus distintos niveles: nacional, provincial y municipal) a hacerse cargo de todo gasto vinculado con la infección de vih (análisis, tratamientos, etc) y esto incluye también la leche maternizada para el recién nacido de una madre con vih. De modo que en nuestro país, cualquier persona tiene acceso libre y gratuito al tratamiento. En el caso puntual de las mujeres embarazadas, si desconoce su serología, es importantísimo que se realice un test de vih al inicio de la gestación. Si la embarazada tiene vih, el médico tratante hará todo lo que sea necesario para mantener al bebé libre de la infección. Esto es algo perfectamente posible con los tratamientos actuales.
VIH Y HOMOSEXUALIDAD
Durante muchos años, se fomentó el mito de que la infección por vih era un mal preferencialmente vinculado a las comunidades de homosexuales o de personas trans. Esto nos así. El vih puede afectar a cualquier ser humano, más allá de su orientación sexual o identidad de género. Contrariamente a lo que muchos vienen pregonando desde hace décadas, no existen grupos de riesgo sino prácticas de riesgo. Por ejemplo: mantener relaciones sexuales sin usar correctamente un preservativo es una práctica que nos expone a la infección, tanto cuando lo hacemos en compañía de una persona de nuestro mismo sexo como cuando elegimos una pareja del sexo opuesto.
Los argumentos falaces utilizados son siempre los mismos y, si uno no está atento a la coherencia de lo que se dice o no está lo suficientemente informado, puede caer en la confusión y adherir a ideologías discriminatorias que solo pretenden sumar un nuevo ítem a su mensaje de odio hacia los homosexuales.
Suele decirse que los varones homosexuales corren más riesgo de contraer vih porque la mucosa anal es más frágil que la vaginal y esto favorece la transmisión. La comparación entre ambas mucosas es cierta, pero este argumento omite dos cosas fundamentales: la penetración anal no es práctica exclusiva de los homosexuales y, tanto entre unos como entre otros, el riesgo se elimina usando correctamente un preservativo (en este caso, el uso correcto también incluye abundante lubricación para suplir la que sí existe naturalmente en la penetración vaginal).
También se aduce que los varones homosexuales están más expuestos a la infección por vih porque tienen una vida sexual mucho más activa que los heterosexuales y porque sus prácticas se caracterizan por la promiscuidad. Este argumento básicamente discriminatorio y prejuicioso, que mete a todos los homosexuales en una misma bolsa como si todos se comportaran de la misma manera, en el supuesto caso de que fuera cierto (que no lo es), también omite dos cosas fundamentales. Por una parte, que las personas heterosexuales también pueden (y algunos suelen) tener una vida sexualmente activa y promiscua y, por otra, que el riesgo puede evitarse si en todos sus encuentros sexuales utilizan correctamente un preservativo.
Podríamos seguir enumerando los argumentos esgrimidos para endilgarles a los homosexuales la responsabilidad por la epidemia de vih, pero todos son igualmente rebatibles y resultaría tedioso.
Lo cierto es que el vih no discrimina.
miércoles, 14 de mayo de 2014
17 de Mayo: Algo para recordar
El Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia se celebra el 17 de mayo coincidiendo con la eliminación de la homosexualidad (en 1990) de la lista de enfermedades mentales por parte de la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Sin embargo, es preciso aclarar que la transexualidad aún es parte de los manuales de psiquiatría, en donde se la define como "trastorno de la identidad sexual".
Hoy alrededor de 80 países en el mundo criminalizan la homosexualidad y condenan los actos sexuales entre personas del mismo sexo con penas de prisión; nueve de estos países (Afganistán, Mauritania, Nigeria, Pakistán, Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Yemen) mantienen para estos casos la pena de muerte y nada sorprendería que, en poco tiempo, Rusia se agregare a esta lista infame. La discriminación basada en la orientación sexual y en la identidad de género no está oficialmente reconocida por los Estados miembros de las Naciones Unidas (a pesar de que organismos de derechos humanos como el Comité de Derechos Humanos han condenado repetidamente la discriminación basada en la orientación sexual y la identidad de género).
¿Qué es la homofobia?
Podría decirse que la homofobia es un conjunto de actitudes que pueden llevar al rechazo y a la discriminación de forma directa o indirecta hacia hombres gay, lesbianas, personas bisexuales, personas transexuales o transgénero, o hacia cualquiera cuya apariencia física o comportamiento no encaje con los estereotipos masculinos o femeninos impuestos por los actuales cánones sociales.
La palabra homofobia apareció en la década de 1960 y George Weinberg, un psicólogo norteamericano, parece ser el primero que la utilizó en un estudio en 1969. Posteriormente reaparece en 1972 en su libro “Sociedad y el homosexual saludable”. K.T. Smith también la utilizó en 1971, en un artículo llamado “Homofobia: Un perfil tentador de la personalidad”.
Weinberg definió la homofobia como: “El miedo expresado por los heterosexuales en la presencia de homosexuales y la aversión que las personas homosexuales se tienen a si mismas”. Quizá por una cuestión de mero estilo, yo modificaría en parte esta definición:
La homofobia es el rechazo, por parte de algunas personas heterosexuales, hacia la presencia o existencia de homosexuales, o bien la aversión que algunas personas homosexuales manifiestan en contra de sí mismas y de sus pares.
Más allá de los detalles, tal definición asume claramente que la homofobia no es un patrimonio exclusivo de los heterosexuales. Tampoco es patrimonio exclusivo de una época, dado que es un hecho que ha existido siempre. Lo novedoso es tal vez que en las últimas décadas la existencia de la homosexualidad ha alcanzado mayor nivel de controversia gracias a un cambio de actitud por parte de los mismos homosexuales, que hemos tomado el toro por las astas y hemos salido a la calle a exigir respeto, en franco desafío a los prejuicios que individual, social y sistemáticamente nos han avasallado a lo largo de tantos siglos.
La homofobia está basada en la ignorancia (madre de todos los prejuicios y todos los odios) y está emparentada estrechamente con otras manifestaciones de la discriminación, como el sexismo, la misoginia, el racismo o la xenofobia. En ese orden de cosas, toda esta familia de aberraciones comparten el hecho de carecer completamente de fundamentos válidos y provenir de una profunda incapacidad para aceptar las diferencias respecto de los otros, las cuales son percibidas como una amenaza contra los individuos, y en consecuencia, contra la sociedad.
La homofobia en acción
Una de las manifestaciones más comunes de la homofobia es el heterosexismo, o sea la falsa creencia de que la heterosexualidad es "lo normal" y, por tanto, la única opción aceptable y legitima. En este marco, todo aquel que se aparte de la norma merecerá ser apuntado con el dedo y, eventualmente, recibir un castigo, bajo la acusación de ser enfermo, delincuente, pecador y un largo etcétera. Ese castigo puede llegar a través del lenguaje y ciertas expresiones (que van desde la burla al insulto) pero también a través de una condena social avalada por la ley, como ya se ha dicho. Este tipo de legislaciones constituyen una homofobia sistémica que deja a gays, lesbianas y trans en un plano de desigualdad respecto del resto de las personas. Esta desigualdad, además, suele servir de excusa para aquellos que se arrogan el derecho de poner en práctica la violencia que "ponga en vereda" a los supuestos réprobos.
No abundan estudios sobre las consecuencias de la homofobia en las sociedades latinoamericanas, pero sí se sabe que Brasil y México se hallan a la cabeza en el ranking de los crímenes homófobos. En Brasil, por ejemplo, se estima que se produce al menos un asesinato diario por causas vinculadas a la discriminación por orientación sexual, siendo las más afectadas las mujeres trans. En 2013, la opinión pública brasilera se vio consternada por la noticia de un hombre que mató a golpes a su hijo de ocho años, tan solo porque al chico le gustaba lavar los platos y ponerse la ropa de sus hermanas. Por otra parte, en México, hay un registro de más de 1.800 asesinatos homofóbicos en la última década, 42% de los cuales se perpetuaron mediante el uso de arma blanca, el 22% por golpes y el 19% por ¡envenenamiento! En el relato de los demás casos, las crónicas policiales hablan incluso de torturas, empalamientos y lapidaciones, como si estuviéramos todavía en el medioevo. Estas cifras son aun más consternantes si damos cabida a la sospecha de que, por cada caso denunciado como crimen de odio, existen dos que reciben el tratamiento de un delito común.
En el resto de América Latina, los números son menos elevados pero igual de alarmantes. En Argentina, tomó particular notoriedad el asesinato de Natalia "Pepa" Gaitán, en 2010, a manos del padrastro de su novia. A fines de 2011, el asesino fue condenado a 14 años de prisión por el delito de “homicidio simple agravado por el uso de arma de fuego”. Es decir que los mismos jueces, teniendo a su disposición las herramientas legales necesarias, se negaron a agravar la pena por considerar que no se había tratado de un crimen de odio vinculado a la sexualidad de la occisa. Vergonzoso. Por otra parte, en Chile, en marzo de 2012, el joven Daniel Zamudio fue torturado y asesinado por cuatro individuos presuntamente vinculados a una agrupación neonazi. El caso conmocionó a toda la sociedad chilena e internacional y puso contra las cuerdas a la dirigencia política que, desde 2005, cajoneaba en el congreso una ley antidiscriminatoria que pretendía castigar severamente este tipo de crímenes. La ley fue finalmente sancionada en julio de 2012, se la conoce como Ley Zamudio y pone en evidencia la inoperancia inaceptable de cierta clase política que, cuando quiere o se ve suficientemente presionada por la opinión pública, sabe trabajar en favor de sus representados.
No obstante, estas historias no son más que la punta de un enorme iceberg invisibilizado por la cultura en la que estamos inmersos. La misma que nos ha llevado, a través de los siglos, a naturalizar toda manifestación de la homofobia.
A la par de estos casos tan notorios, día a día se suceden un sinfín de otros casos que jamás alcanzarán los titulares de los diarios pero constituyen una tenaz telaraña que sirve para amedrentar y desalentar a todo aquel que quiera alzarse en contra del prejuicio. La gran mayoría de las personas homosexuales o trans tienen su primer contacto con la homofobia en el seno de sus propias familias. En diversas encuestas, más de la mitad de los entrevistados asegura que, en algún momento de sus vidas, optaron por fingir heterosexualidad para ser aceptados por padres y hermanos. La homofobia intrafamiliar también figura entre las principales causas por las que una persona LGBT abandona el hogar paterno. Fuera de este hogar, la sociedad tampoco nos la hace fácil. Sobre todo en el caso de las y los adolescentes, frecuentes víctimas del acoso escolar por discriminación sexual. Según un sondeo realizado en México en el año 2010, al menos un 43% de los hombres homosexuales de 15 a 25 años de edad se han planteado el suicidio como escape para el acoso que sufren en sus familias, escuelas y entorno social. Este acoso escolar homofóbico es persistente y prolongado en el tiempo y conduce con frecuencia a dolorosos sentimientos de desesperanza que pueden desembocar en una planificación e intento de suicidio. El 17% de los jóvenes que sufren acoso escolar llega a atentar contra su vida. De los casos de suicidio relacionados con el acoso escolar (conocido como bullying), el 24% tiene su origen en la homofobia.
En otro aspecto de la misma temática cabe destacar que un informe de 2007 de la OIT ha señalado que las personas LGBT suelen ser discriminadas en el ámbito laboral sufriendo especialmente violencia verbal, física y psicológica, debido en gran medida a la falta de legislación en la mayoría de países.
El amplio espectro en el que actúa la discriminación excede mis capacidades y sin dudas hay mucho más para decir e investigar sobre el asunto. Recomiendo enfáticamente la lectura y la difusión de los Principios de Yogyakarta, un documento redactado en dicha ciudad indonesa, en noviembre de 2006, por un grupo de expertos en Derechos Humanos y Derecho Internacional de varios países. En él se establecen 29 recomendaciones en cuestiones de orientación sexual e identidad de género, para ser aplicadas en el derecho internacional.
Esto es todo por hoy. Desde las otoñales callecitas de la siempre misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un humilde cronista de su realidad que, a pesar de los pesares, mira con optimismo hacia un futuro donde todas estas cuestiones terminen por ser consideradas como lo que son: pura barbarie.
Esto es todo por hoy. Desde las otoñales callecitas de la siempre misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un humilde cronista de su realidad que, a pesar de los pesares, mira con optimismo hacia un futuro donde todas estas cuestiones terminen por ser consideradas como lo que son: pura barbarie.
domingo, 29 de septiembre de 2013
Besos en el Vaticano
Hace algunas semanas, el papa Pancho hizo declaraciones que armaron gran revuelo. Decía el papa que los católicos debían acompañar "con misericordia" a los homosexuales. "¿Quién soy yo para juzgarlos?" acotaba.
Después de eso, escuché a varios creyentes ensalsando los dichos de su líder y a muchos otros ilusionándose por un posible cambio de postura de la iglesia de Roma respecto a temas que siempre han sido tabú, como la homosexualidad o el aborto.
Sin embargo, si uno mira más allá de la superficie, las cosas parecen ser no tan simpáticas.
Es un hecho que la grey católica se ha visto diezmada en las últimas décadas a raíz de diversas cuestiones que no me corresponde analizar. No obstante, es sencillo ver en estas y en otras declaraciones del papa un deseo de acortar la brecha abierta durante siglos entre el pensamiento y la conciencia de gran parte de la comunidad católica (más abierta a un cambio de mentalidad que permita desterrar ciertos prejuicios) y la férrea obstinación de la jerarquía (que sigue pensando y actuando como si el medioevo siguiera en boga).
Pero ¿ha cambiado en realidad la postura de la iglesia respecto de nosotros? Veamos...
El papa propone, por ejemplo, un reconocimiento al rol de la mujer en la iglesia pero ni habla de incluirlas en el plano sacerdotal. Recomienda una actitud misericordiosa y piadosa respecto de los homosexuales pero sigue imponiéndonos (al menos en sus deseos) castidad y recato. Dice que la iglesia no debe obsesionarse con los homosexuales pero se abstiene de impartir directivas a sus subordinados para que cesen las acciones de lobby en contra de legislaciones que beneficien a la comunidad LGBT. De hecho, cuando todavía era cardenal, él mismo encabezó la pelea contra la aprobación de la ley de Matrimonio Igualitario en Argentina, dándole el carácter de "guerra de Dios".
Uno podría decir que una cosa era el cardenal y otra el papa. Pero resulta que, en medio de las repercusiones de sus declaraciones, la Sede de Roma, con firma del propio papa, EXCOMULGA (o sea, expulsa de la iglesia católica) al sacerdote australiano Greg Reynolds por apoyar a los gays y apoyar la inclusión de las mujeres en la jerarquía vaticana. Curiosa medida y muy esclarecedora si uno quiere hacerse una idea de lo que siguen pensando en Roma, teniendo en cuenta que el cura Grassi (condenado en tres instancias judiciales por crímenes de índole sexual contra menores) aun cuenta con el apoyo y la complicidad de la curia.
Claro que eso no es todo. La mano dura de la iglesia también se ocupa de temas que, comparadas con las ya mencionadas, podrían considerarse como cuestiones menores.
Esta semana se inauguró en Roma una exposición fotográfica del artista sevillano Gonzalo Orquin. Las obras que integran la colección muestran a parejas del mismo sexo besándose ante los altares de distintas iglesias de la capital italiana. Si me preguntan, mi respuesta sería que no es mi ilusión tomarme una foto semejante con mi pareja. No soy católico ni me interesa. Pero valoro el mensaje que supongo estuvo en la mente del artista a la hora de realizar su obra: poner en plano de igualdad a las parejas homosexuales y a las heterosexuales. La imagen de una pareja hombre-mujer besándose frente a un altar es algo que no alteraría la conciencia de nadie. Sin embargo, el beso de dos hombres o de dos mujeres en el mismo ámbito ha levantado una gran polémica. Y esa polémica ha sido encabezada por la misma curia romana.
El Vaticano ha amenazado a la galería con iniciar acciones legales, en un claro y flagrante acto de censura. El vocero del papado, Claudio Tanturri, declaró a medios italianos que las fotos violan la Constitución italiana, que "protege el sentimiento religioso de las personas y la función de los lugares de culto. Por ello, estas fotografías son inapropiadas y ofensivas para la espiritualidad del lugar ".
Las imágenes que siguen (según la sede vaticana y muchos católicos) hieren el sentimiento religioso y son ofensivas e inapropiadas.
Las imágenes que siguen (según la sede vaticana y muchos católicos) hieren el sentimiento religioso y son ofensivas e inapropiadas.
Cada cual podrá sacar sus propias conclusiones.
Esto es todo por hoy. Desde las todavía invernales callecitas de la misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que, día a día, sigue comprobando que nada cambia de un día para el otro. O sea que Pancho es puro cuento.
viernes, 12 de abril de 2013
PUTO
No suelo hacer estas cosas, pero esta vez comparto con todos una pequeña reflexión de un amigo que bien vale la pena leer y reflexionar.
"PUTO... si, así, a secas... puto... en blanco y negro... y con letras grandes. Esta semana he escuchado esta palabrita todo el tiempo en la tele, y gracias a un señor al que llaman DIOS... puto, puto, puto, la usan para descalificar, para ofender, para denigrar... la usan como insulto, como agresión, como mala palabra, como sinónimo de maricón, de poco hombre, de cobarde.. yo toda la semana he sentido como un ruidito interno y me pregunto... PUTO quién?, puto el que tiene sexo con otro hombre ?? o puto el que tiene sexo con cualquiera, con esta, con aquella, con la de enfrente, con la de al lado, con una puta, con una esclava, con una niña..?? puto quién ??? el que elige vivir su sexualidad como la siente en la intimidad de su casa o el que decide ser cómplice de delitos como la trata de personas ???, puto quién ??? el que no sabe jugar al fútbol y por eso no es un "chongo" o puto el que descalifica a una mujer y la usa como objeto, la vende y la compra... Puto quién??? Puto yo ?? que respeté a mi madre y a mis hermanas, que acompañe hasta el día de su muerte a mis padres, cambiándoles pañales y dándoles de comer en la boca.. puto yo ?? o puto el que tira viejos en depósitos geriátricos ?? el que olvida a la madre ?? sí, a la madre que lo pario y que le dio de comer !!! o puto el que golpea cobardemente a una mina hasta desfigurarla y si con eso no le alcanza para descargar su ira, le tira alcohol y la prende fuego... puto yo ??? o puto él ???... Puto yo que tuve huevos enfrenté de todos y les dije que era puto, y me di y les di la oportunidad de vivir la vida como se nos dio, aceptándonos y queriéndonos así, como somos..... Puto yo?? o puto el hombre que se casa para ser macho, jefe de familia y de noche, a oscuras se come a cuanto puto se le cruza, sin tener conciencia del riesgo al que expone a su familia por su promiscua cobardía... Puto yo?, que deseé con toda el alma ser padre, que me jugué con alma, corazón y vida, que sufrí, lloré, me revolqué por no poder serlo ..... Puto yo?? o putos los que abandonan hijos, niegan apellidos, especulan, negocian, usan su sangre como botín de guerra en divorcios vergonzosos como peleas de verdulería... quien es el puto eh ??? tal vez ofenda leer tantas veces esta palabra, es raro que yo escriba este tipo de cosas... pero saben una cosa señores.. y sobre todo a los hombres se los digo.... hay que ser muy HOMBRE para ser PUTO".
Aplauso, medalla y beso para mi amigo Marcelo, que cuando quiere dice lo que siente y a todos les queda claro lo que quiere decir. Si quieren felicitarlo, pueden hacerlo directamente en su FACEBOOK.
Esto es todo por hoy. Desde las húmedas y grises callecitas de la siempre misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires, se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que (a veces) sabe robar material ajeno del bueno (lo que no deja de ser un mérito).
Esto es todo por hoy. Desde las húmedas y grises callecitas de la siempre misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires, se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que (a veces) sabe robar material ajeno del bueno (lo que no deja de ser un mérito).
jueves, 21 de febrero de 2013
Los chicos siempre dicen la verdad...
... Al menos es lo que dice el dicho popular que incluye también a los borrachos. Y no pocas veces, la realidad lo comprueba.
Ya se sabe que el discurso homofóbico si de algo carece es de creatividad. En la Argentina tenemos mucha experiencia al respecto y las discusiones que se están desarrollando por estos días en algunos países de Europa acerca de la legalización del matrimonio igualitario no dejan lugar a dudas. A diario podemos leer y escuchar a los homófobos y homófobas del Viejo Continente, diciendo las mismas barbaridades que supieron exponer, allá por el 2010, nuestros inefables dinosaurios vernáculos. Nada nuevo. Absolutamente nada. Solo las mismas ideas retrógradas y cargadas de desprecio y odio que supieron destilar personajes nefastos como Negre de Alonso, Chiche Duhalde, la Hotton o el diputado Olmedo, por mencionar solo a algunos de los tantos que se vistieron de naranja por aquellos tiempos.
En los últimos días, el Secretario de Estado para el País de Gales del Reino Unido, David Jones declaró que las personas homosexuales no están capacitadas para educar a un niño. Así nomás, sin medias tintas. Ya quisiera yo que el señor (de alguna manera hay llamarlo) me explicara cómo hicimos entonces los que durante siglos y siglos hemos educado a los nuestros, logrando resultados que en nada difieren de los alcanzados por los progenitores heterosexuales (porque nunca está de más recalcar que los gays y las lesbianas no somos estériles y estamos en la tierra desde el comienzo de los tiempos). Pero hoy no busco polemizar a título personal con este cavernícola que tuvo la suerte o la astucia para llegar a un tan alto puesto en la administración británica. Eso es algo que perfectamente puede hacer un crío de primaria.
En una entrevista televisiva en la que trataba de explicar las razones por las que había votado en contra del matrimonio para todos, Jones aseguró que “el matrimonio es una institución que evolucionó a través de los siglos para crear un entorno confortable y seguro para educar a los hijos y las parejas del mismo sexo son claramente incapaces de hacerlo”.
Una pequeña de ocho años escuchó por la tele al señor Jones e, indignada, decidió escribirle una carta para manifestarle su descontento (raro pero cierto: ¿una carta y no un mail o un twitter?). La misiva escrita por la nena es la que ilustra este artículo y en ella dice:
“Querido Sr. Jones:Estoy escribiendo para informarle que no estoy de acuerdo con que un niño no pueda ser educado por una lesbiana o un gay. Mi nombre es Elizabeth Burt y soy hija de madres lesbianas. Tengo una pequeña hermana, llamada Pippa y dos mamás, llamadas Karen y Alison. He sido perfectamente educada y por lo tanto no veo por qué usted dice eso. Mis amigos y yo creemos que cualquiera puede ser educado por alguien que lo ame, lo cuide y le dé felicidad.Por favor, ¡responda!Suya, sinceramenteElizabeth”.
Cortito y al pie.
No he podido encontrar respuesta alguna por parte del Secretario, pero la carta de Elizabeth fue twiteada por una de sus madres y luego retwuiteada hasta el infinito por sus contactos. Las declaraciones de Jones armaron revuelo y el mismísimo Primer Ministro tuvo que salir a declarar que no estaba de acuerdo con las declaraciones de su subordinado y que su gobierno defiende tanto el matrimonio igualitario como el derecho a la adopción de las parejas de igual sexo. Otras voces se alzaron en contra de Jones, cuyas palabras solo buscan desacreditar derechos inherentes a una parte de la población, y exigieron una disculpa pública y una reunión con parejas homoparentales galesas.
Por su parte, DJ salió al cruce de la polémica y solo atinó a decir que sus declaraciones fueron tergiversadas (el viejo y manido “me sacaron de contexto”). Si bien admite haber hecho las declaraciones, “eso no quiere decir que yo esté en contra de las parejas estables y comprometidas entre personas del mismo sexo. Estoy completamente a favor de la unión civil y, en la entrevista, yo no dije que las parejas homosexuales no debían adoptar hijos. Esa no es mi opinión. Simplemente quise decir que, dado que las parejas del mismo sexo no pueden procrear, la institución del matrimonio debería, según yo, ser reservada para las parejas heterosexuales”. O sea: lo dijo pero no lo dijo.
Esto es todo por hoy. Desde las heridas callecitas de esta Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que, harto de escuchar siempre las mismas idioteces, sabe distinguir entre los que aclaran y los que oscurecen (me salió medio en verso, ja)
miércoles, 8 de agosto de 2012
Mika es gay... ¿y qué?
Al leer la noticia, muchos habrán exclamado (yo incluido) “¡Chocolate por la noticia!”. Aparte de él, creo que a nadie le cabía la menor duda. Pero fíjense qué curiosa (y terrible) puede resultar, aun hoy, la salida del armario. El tipo es una reconocidísima estrella del pop internacional y, aun así, con todos los privilegios e impunidades que su fama le confiere, tardó años en sincerarse (primero ante sí mismo y después ante el público). Y es que asumir una sexualidad discordante con la heterosexualidad sigue siendo una carga difícil de llevar.
Hace algunas semanas, la farándula argentina se relamía con el gustito a escándalo generado en torno a un seudo paso de comedia que renovaba, una vez más, el manido estereotipo de la marica afeminada. Escándalo que, como cualquier otro que se genera en procura de un mayor rating, pasó finalmente al olvido y “acá no ha pasado nada”. La FALGBT emitió un comunicado repudiando el acto de discriminación y otras organizaciones siguieron en su tesitura de llevar la contra y reivindicar la figura del maricón, obviando el hecho de que incluso los maricones merecen un tratamiento respetuoso desde los medios. Porque lo que casi nadie destacó en todo ese entredicho es que ese tipo de burlas alimenta ideologías homófobas.
Y si hay algo que la realidad mundial nos enseña, día a día, es que LA HOMOFOBIA MATA.
Pregúntenselo, si no, a los parientes y amigos de la Pepa Gaitán, o a los de Pelusa Liendro, Daniel Zamudio y tantos y tantas otros y otras cuyos nombres ya se hace casi imposible de enumerar. Al menos Valeska Salazar la puede contar, pero cuántos y cuántas no han corrido la misma suerte. Octavio Romero, por ejemplo, no.
La homofobia, esa execrable versión del machismo más rancio, sigue matando y muchas veces de modo impune. Incluso hay estados que matan por homofobia. U homófobos que asesinan alentados por ciertas corrientes religiosas. Me contaban, hace unos días, el caso de Brasil, donde los asesinatos de odio contra gays, lesbianas y trans están a la orden del día y ya son tantos que han dejado de ser noticia. Solamente en 2011, la Secretaría de Derechos Humanos de ese país registró 1.259 denuncias de violencia contra homosexuales, las cuales incluyen episodios de violencia física, sexual, psicológica e institucional. Pero más escalofriantes son los 266 asesinatos de homosexuales que se han registrado en ese mismo período. Como si esto fuera poco, los evangélicos ya no se contentan con alentar este tipo de crímenes desde los púlpitos, sino que han crecido de manera alarmante en poder e influencias, al punto de tener una fuerte presencia en el Poder Legislativo. Tanto que la misma presidenta Dilma Rousseff ha claudicado en su prédica a favor de los derechos humanos y ha dejado al colectivo LGBT brasileño librado a su suerte, tan necesitada como está de mantener una buena relación con los dipu-evangélicos. Así es como, casi a diario, los asesinatos homofóbicos se repiten y nadie hace nada... Perdón, nadie hace nada, no. Porque las distintas iglesias brasileñas se han manifestado multitudinariamente en diversas oportunidades EN CONTRA DE LA APROBACIÓN DE UNA LEY QUE PENALICE LA HOMOFOBIA. Y entre tanto, los muertos se amontonan. Personas a las que se les arranca la vida de la forma más horrorosa. Hablamos de empalamientos, decapitaciones y mutilaciones varias que suelen llegar luego de crueles y demoníacas vejaciones.
¿Y cuál es el argumento que esgrimen estas instituciones para marchar contra una legislación que proteja especialmente la integridad de las personas LGBT? La libertad de expresión. Así como lo leen: porque los ciudadanos tienen derecho a “expresar su pensamiento ‘filosófico’, amparados en la libertad constitucional de expresión”. ¿Alguien puede, honestamente, oponerse a una ley que criminalice la homofobia con tan pueril argumento? ¿Arengar a la gente con discursos en los que se degrada la dignidad de gays, lesbianas y trans, mostrándonos como seres que merecemos la peor de las muertes, es un legítimo ejercicio de la libertad de expresión? Esta gente no tiene límites y ni siquiera repara en el hecho de que su prédica ya ha comenzado a dar señales de descontrol. Es que cuando uno tira tiros al aire nunca se sabe dónde va a bajar la bala. Entonces sucede, por ejemplo, que en Bahía dos hermanos fueron brutalmente golpeados por ir abrazados por la calle. La sola sospecha de homosexualidad bastó para que un grupo de cobardes matones, muy machitos ellos, se creyeran con derecho a insultarlos, patearlos, golpearlos, arrojarles piedras y acuchillarlos, mientras les gritaban “¡Mujercitas!”, entre risas y festejos. La macana (para los matones, digo) fue que solo uno de los dos hermanos murió. El otro sobrevivió a la agresión y pudo denunciarlos. ¿Será este un caso aislado? ¡Por supuesto que no! Tiempo atrás, un padre y su hijo cometieron el error de ir por la calle abrazados y también fueron atacados salvajemente, quedando al borde de la muerte. Ambos casos lograron gran repercusión en los medios de prensa, justamente, porque las víctimas no eran gays. O sea, no eran culpables de andar por la calle manifestando su repugnante desviación.
Pero en todos lados se cuecen habas. No vaya usté a creer...
El lunes pasado (sí, el 6 de agosto), en Bruselas, un hombre que paseaba a su perrito empezó a ser insultado por otros tres, obviamente con epítetos homófobos. El agredido no se animó a enfrentarlos y caminó hacia su casa. Pero, hete aquí, que los truhanes lo siguieron hasta su domicilio sin dejar de insultarlo, ante la mirada impávida de los demás transeúntes. Ya en la puerta de su hogar, mientras intentaba colocar la llave en la cerradura con mucho nerviosismo, el hombre fue empujado por uno de los agresores, con lo cual cayó al suelo y empezó a ser pateado por los otros dos. Viendo la escena, su compañero salió en su ayuda y enfrentó a la turba, recibiendo también una golpiza que lo dejó en tal estado que debió ser hospitalizado. Solo uno de los atacantes fue capturado (un tipo de 35 años que ya tiene otras ¡22! causas por delitos similares). De nuevo la misma pregunta: ¿Será este un caso aislado? Y exactamente la misma respuesta: ¡Por supuesto que no! Hay casos peores.
En Bélgica todavía no se deciden: ignoran si en los últimos tiempos los ataques homofóbicos se han multiplicado o es que sencillamente ahora los atacados hacen más denuncias. Será acaso que, tiempo atrás, el novio del hombre del perrito habría ido al hospital diciendo que “se había golpeado con el picaporte de la puerta”.
A mediados de julio, en la ciudad de Lieja, un gay fue asesinado a martillazos. El autor confeso dijo en su defensa que lo había asesinado “por venganza”. Según la prensa local, la víctima era un sexagenario sin domicilio fijo y su cadáver fue descubierto en el parque de Avroy, conocido sitio de levante gay de la ciudad. El hecho fue reportado a la policía por un amigo del victimario, al cual este le había confesado su crimen de manera inmediata. El homicida (también de 35 años) fue detenido e interrogado esa misma noche y de ninguna manera disimuló el carácter homófobo y premeditado de sus actos al declarar que lo había hecho porque “el viejo me la quería chupar”. Además, amplió sus dichos confesando que se la tenía jurada a todos los homosexuales porque “había sido violado por uno, hace un año, en el mismo parque”. Lo extraño es que nunca había hecho denuncia de esa supuesta violación y al ser interrogado no fue capaz de dar detalles del suceso. Pero más extraño es que una persona se pasee de noche por un parque público, donde se ofrece sexo, con un martillo en la mano. ¿Es demasiado descabellado suponer que, desde el vamos, el tipo ya tenía la idea de matar al primer puto que le hiciera una insinuación?
En la misma Lieja, el último 22 de abril, un grupo de gays locales empezaba a distribuir en las redes sociales el aviso de desaparición de Ihsane Jarfi, de 32 años. Ihsane había sido visto por última vez en la puerta de un bar gay, cuando subía a un auto desconocido. Dos semanas después, su cuerpo sería encontrado en un campo lindante a una ruta poco transitada. La autopsia determinaría que el joven había muerto a causa de la terrible golpiza recibida. Pocas horas después del hallazgo del cadáver, la policía arrestaba al primer sospechoso. El muy idiota, afortunadamente, había estado mandando mensajes de texto a sus amigotes desde el celular de Ihsane. En la sala de interrogatorio, sus declaraciones fueron más que risibles, si no hubiera una muerte de por medio. Dijo que, la noche de los hechos, estaba con dos amigos en la puerta del bar, “tratando de convencer a una puta para que se fuera con ellos”. Como ella no accedía, Ihsane había salido en su defensa y se había ¡“ofrecido a suplantarla”!, con lo cual ellos estuvieron de acuerdo. Ahora bien, una vez dentro del auto, Ihsane empezó a hacerles “proposiciones indecentes” (¿para qué otra cosa pudo haber subido al auto?), por lo que los muchachotes montaron en cólera y lo apalearon para dejarlo finalmente abandonado en el campo antes mencionado. En su defensa, tanto él como sus cómplices, aluden que al momento de dejarlo en el descampado el joven estaba vivo. Asesinos pero no tontos: los tres fueron acusados por robo violento, secuestro y lesiones graves que originaron un homicidio culposo. Eso sí, el carácter homófobo de la agresión podría constituir una circunstancia agravante. Al respecto, la organización Arco Iris Valonia (en referencia a la región belga cuya capital es Lieja) ha expresado su repudio respecto de este asesinato: “La homofobia está al mismo nivel que el racismo, un fenómeno grave que debe ser tomado en serio y no debe ser subestimado por los poderes públicos”. Además, reclamaron un plan nacional de lucha contra la discriminación y la homofobia.
Y así podríamos seguir y seguir. Porque los casos de homofobia no son patrimonio exclusivo de Brasil o de Bélgica. Estos son apenas unos pocos ejemplos de lo que sucede en todo el mundo. ¡Si hasta en los Juegos Olímpicos hubo un caso de homofobia contra uno de los integrantes del equipo británico de saltos ornamentales!
Nosotros, en Buenos Aires (ya que no en toda la Argentina) gozamos del raro privilegio de integrar una sociedad en la cual no está demasiado bien visto eso de la homofobia. Pero a no engañarse que, de todos modos, los homófobos porteños son como las brujas: no existen pero que los hay, los hay. Es justo decir, sin embargo, que el problema de la homofobia en Argentina (legislación mediante) está lejos de ser comparable con los casos de Brasil, de México, EUA u otros países donde la vida de un gay vale menos que la bala que les quita la vida. Aunque como tal (como problema) requiere soluciones y, en tanto éstas no se implementen, salir del armario va a seguir siendo una decisión, muchas veces, kamikaze.
Esto es todo por hoy. Desde las callecitas de la lluviosa y siempre misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que, aun sin sorprenderse, puede comprender las razones por las cuales incluso un astro pop de alcance internacional siente temor de mostrarse ante el mundo tal cual es. El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.
jueves, 28 de junio de 2012
Cuarenta y tres años no es nada
En el 69 yo tenía apenas 7 añitos. Muy chico todavía para saber o intuir quién sería en el futuro pero claro que ese gusto por jugar con las muñecas de mi prima ya era un claro indicio. Claro que, en casa, de esas cosas no se hablaba. Como de tantas otras cosas.
Es una pena que, aun hoy, tenga tan claro el recuerdo de haber visto por televisión la supuesta llegada del hombre a la Luna (todas las ventanas abiertas de par en par, la casa inundada de sol y yo sentadito en el suelo frente al aparato) y sin embargo ni uno solo de que, tan solo un mes antes, hubiera habido semejante bolonqui en el país del norte. Peor aún, hasta bien entrada mi adolescencia, ni siquiera tuve idea de que había existido un bar llamado Stonewall Inn. De hecho, apenas si sabía que había otros “chicos raros”, además de mí...
Por aquellas épocas, en todo el mundo las personas LGBT eran hostigadas. Más o menos como hoy, pero peor. Acá en la Argentina, dicen que ya había gente que se estaba organizando con la idea de modificar esta realidad, pero lo hacían tan calladamente que casi nadie se enteró.
En cambio en el gran país del norte el batifondo fue importante.
El 22 de junio del 69 ponía fin a sus días Judy Garland, la gran estrella de Hollywood que los gays de Norteamérica habían adoptado como ídola. El dolor de toda la comunidad era tan grande que todos los sentimientos estaban a flor de piel.
En la ciudad de Nueva York, ciudad en la que Judy se había suicidado, eran pocos los lugares donde los gays, lesbianas y trans podían reunirse más o menos con tranquilidad. Digo “más o menos” porque, por aquella época, los hostigamientos policiales eran pan de cada día. Uno de esos pocos sitios era el bar Stonewall Inn, ubicado en los números 51 y 53 de la calle Christopher, en el barrio de Greenwich Village. Era un bar de mala muerte que los miembros de la mafia neoyorquina habían acondicionado para captar a la “clientela de los invertidos”. El lugar no tenía licencia habilitante, no tenía agua corriente (los vasos se lavaban en una palangana cuya agua se renovaba, con suerte, cada día), los baños siempre apestaban por falta de limpieza y problemas con el drenaje y, por si algo faltara, el local carecía de las reglamentarias salidas de emergencia. Eso sí, en sus instalaciones no estaba permitido ejercer la prostitución. Pero además de alcohol se vendían drogas y, si mediaba el mutuo consentimiento, era habitual que los parroquianos tuvieran sexo en algún rincón no necesariamente oculto. Con tales circunstancias, podrán imaginar que las “intervenciones” policiales eran más que frecuentes.
Por aquella época, el Stonewall Inn era famoso por ser no solo uno de los pocos bares para gays, sino también el único donde se podía bailar. La gran mayoría de los asistentes eran hombres, aunque nunca faltaba alguna lesbiana. Tampoco faltaban las chicas trans pero los dueños del lugar preferían limitar su concurrencia, básicamente por dos razones: porque había leyes muy estrictas contra el uso de prendas correspondientes al sexo opuesto y porque comulgaban con el prejuicio de que las travestis y drags tenían tendencia al escándalo y a la violencia. No obstante, en la parte trasera del bar había una pequeña habitación en la cual los “señores” podían pasar a maquillarse y a estilizar sus peinados (siempre y cuando conservaran sus vestimentas masculinas). Las edades eran de lo más variadas, pero predominaban los chicos jóvenes y los treinteañeros, negros, blancos y latinos; el color daba lo mismo.
Los agentes del orden pasaban por su soborno puntualmente cada semana y, una vez al mes, hacían una redada para disimular ante la opinión pública. Claro que todo estaba organizado para que el negocio (el de los dueños del bar y el de los policías) no decayera. Antes de cada redada, los dueños del bar eran advertidos para que pudieran esconder parte del licor en los sótanos, de manera de tener qué vender una vez terminada la pantomima. Además, estas “apariciones sorpresivas” de la policía solían hacerse lo más temprano posible como para que el local pudiera seguir funcionando después de que la policía se retirara. En una redada típica se encendían las luces al ingreso de los uniformados (señal para que todos dejaran de bailar o se subieran los pantalones), los clientes formaban en fila y se revisaban sus documentos de identidad. Los que no tenían documentos o usaban ropa del sexo opuesto eran arrestados. A los demás se los dejaba en libertad.
Habitualmente, el ritual se llevaba a cabo sin inconvenientes y todos contentos. Pero en la madrugada del sábado 28 de junio de aquel 1969, algo diferente sucedió.
Dicen que algunas de las drags habían estado bebiendo de más y, por efecto del alcohol, se les dio por el pedo lacrimógeno. Algunas de ellas lloraban la muerte de Judy y se quejaban amargamente por el cruel destino que les había tocado vivir. Fue entonces cuando se encendieron las luces y los policías ingresaron al local gritando y empujando a todos para que hicieran una fila contra la pared. Las personas que llevaban ropa femenina, tal era la costumbre, fueron trasladadas al cuarto de maquillaje para que una uniformada mujer “verificara” su sexo. Pero esta vez, algunas travestis se negaron a colaborar. Ahí comenzaron los primeros problemas para los oficiales. Las travestis se descontrolaron y tuvieron que entrar los refuerzos que solían esperar siempre en la puerta. Ante la violencia de la represión, los varones presentes también se negaron a entregar sus identificaciones, por lo que el jefe a cargo del operativo decidió llevarse preso a todo el mundo. Claro que no tuvo en cuenta que necesitaría dos o tres camiones celulares extra para llevarlos a todos a la sede policial. Luego de un llamado telefónico pidiendo refuerzos y viendo que los ánimos estaban demasiado caldeados (sobre todo después de que algunos uniformados manosearan sin disimulo a las pocas lesbianas presentes), se decidió dejar en libertad a parte de la concurrencia. Así, algunos pudieron salir pero, lejos de irse asustados a sus casas con el rabo entre las piernas, se quedaron en la puerta del local y empezaron a arengar a los transeúntes, muchos de los cuales se solidarizaron con los parroquianos. Cuando llegó el primer coche celular, ya había más de cien personas (casi todos gays) en la puerta y más doscientas en el interior, supuestamente arrestadas. Cuando empezaron a salir los primeros detenidos para subirse al celular, la gente empezó a vocear cánticos en contra de los policías y se produjeron forcejeos hasta que uno de los uniformados empujó violentamente a una travesti y ésta reaccionó con terrible piña. Allí comenzó todo. El oficial respondió con un cachiporrazo. La gente empezó a arrojarle monedas y latas de cerveza y a abuchearlo, por lo que tuvo que refugiarse dentro del vehículo. En ese momento, sacaban del bar a una lesbiana esposada y con la cabeza sangrando, la cual gritó pidiendo ayuda porque en el interior la policía estaba agrediendo a los clientes. El descontrol fue total y los efectivos policiales fueron superados. La muchedumbre intentaba volcar los vehículos mientras varios de los que ya se hallaban dentro del celular pudieron escapar. Con las ruedas pinchadas, también los patrulleros y el celular huyeron en busca de más refuerzos. Los demás efectivos se encerraron dentro del bar pero la muchedumbre acumuló basura en la puerta y le prendió fuego. Incluso hubo quienes arrancaron literalmente un parquímetro que usaron para romper los vidrios y atacar a los uniformados con fuego y piedras. Casi una hora después de iniciados los hechos, llegó la fuerza antidisturbios que logró despejar la entrada al local y liberar a los uniformados acorralados. Sin embargo, la muchedumbre continuó con el acoso y la fuerza debió dividirse para perseguir a los rebeldes por las calles del barrio. Durante toda la noche continuó la revuelta y, en más de una ocasión, los gays terminaron persiguiendo a los policías. Al amanecer, los detenidos y los heridos de ambos bandos se contaban por decenas. El interior del Stonewall Inn había quedado destruido.
Durante todo ese sábado 28, los curiosos acudieron a la calle Christopher para ver lo que había sucedido y, en muchas paredes del barrio, aparecieron inscripciones injuriosas contra las fuerzas del orden.
Alrededor de la medianoche, una multitud de gays y travestis se reunieron frente al bar y reiniciaron los disturbios. Se quemaron contenedores de basura por todo el barrio, se destruyeron autos, vidrieras y alumbrados. La policía intentó contener la violencia pero otra vez fueron superados por “las maricas enardecidas” y fue necesario llamar nuevamente a las fuerzas antidisturbio, gracias a lo cual la batalla campal volvió a extenderse hasta el amanecer.
Los mismos hechos se repitieron los días subsiguientes, fogoneados por las diversas opiniones de los medios de comunicación, por la ferocidad de la policía (que se sentía herida al haber sido humillada por un “ejército de invertidos”) y por las críticas recibidas por parte de muchos gays militantes que habían trabajado con anterioridad en pro de una imagen “civilizada” que lograra insertar a los homosexuales en la sociedad.
La gran conclusión que puede obtenerse a partir de estos sucesos es que, a partir de Stonewall, quedó claro que las maricas se habían cansado de la opresión. Porque, como suele decirse, el límite de la opresión es la capacidad de aguante de los oprimidos.
En los años que siguieron, vieron la luz en todo el mundo varias organizaciones de gays, lesbianas y trans que empezaron a trabajar en favor de sus derechos con métodos menos complacientes a los utilizados hasta el momento. La primera marcha del orgullo se celebró en Nueva York, Los Ángeles y Chicago, el 28 de junio de 1970, a un año de los disturbios, pero se la llamó Día de la Liberación de Christopher Street. Lo del orgullo vendría mucho después. Al año siguiente se realizaron marchas del en Boston, Dallas, Milwaukee, Londres, París, Berlín Oeste y Estocolmo. En 1972 las ciudades participantes ya incluían a Atlanta, Buffalo, Detroit, Washington D.C., Miami y Filadelfia.
Increíblemente, cuarenta y tres años después de aquellas jornadas, la lucha continúa y, en muchos países del orbe, los homosexuales, las lesbianas y las trans siguen siendo víctimas de la represión social e incluso estatal, pudiendo ser víctimas de acoso, abuso y persecución. En muchos países se nos sigue condenando a muerte.
¿Y en Argentina?
En Argentina, ese país del sur del mundo donde siempre parece que no pasa nada, en realidad pasan cosas. Y muy buenas. Tanto que somos un país en el que, ya hace dos años, las parejas del mismo sexos pueden contraer matrimonio; ya se han derogado los edictos contravencionales que nos discriminaban; recientemente se ha aprobado la Ley de Identidad de Género y, poco a poco y lentamente, la diversidad sexual va dejando de ser cuestionada socialmente. Aunque falte mucho todavía por hacer, estamos a la vanguardia de los países americanos, aun por delante de aquella capital del mundo donde se originó la primera revuelta. Y en ese sentido nuestro orgullo es doble: orgullo por haber elegido, no ser sino mostrarnos tal como somos, sin escondernos ni bajar la mirada, y orgullo por haber logrado el respeto a través de las leyes y la aceptación creciente del resto de la sociedad.
Esto es todo por hoy. Desde las húmedas callecitas de la siempre misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que, a tantos años vista, ya no se siente un “chico raro” y agradece cada día a los tantos y tantos personajes de esta dura historia (llámense Jáuregui, Perlongher, Claudia Pía y un infinito etcétera de célebres y desconocidos) que han contribuido a conformar este querido país donde las personas LGBT podemos vivir en paz.
miércoles, 13 de junio de 2012
Cambiar preguntas para donar sangre

Mañana, 14 de junio, es el Día Mundial del Donante de Sangre y me parece pertinente traer a colación el tema. Sobre todo después de haber leído un artículo (a mi juicio cuestionable) en el diario Clarín de ayer, de título "No cambiar preguntas para donar sangre" y con la autoría del señor Fabián Romano, titular de la Comisión para la Promoción de la Donación de Sangre de la Asociación Argentina de Hemoterapia e Inmunohematología.
Es ya una verdad de Perogrullo eso de que "la ciencia no tiene ideología". El problema es que lo que no se tiene en cuenta ante tal aseveración es que los científicos SÍ la tienen. Claro que a veces es difícil discernir donde termina la objetividad científica para dar paso a la subjetividad ideológica.
En el caso de este señor, autor del artículo, es bueno que haya iniciado el texto aseverando que "el criterio para la selección de donantes de sangre continúa siendo un tema de controversia". En eso creo que estamos todos de acuerdo. Lástima que, después, asegure que el cuestionario y la entrevista pre-donación no son discriminatorios. Cuestión en la que opinamos de forma diametralmente opuesta.
Los argumentos para confrontar sus aseveraciones son, a mi criterio, bastante simples y hasta trillados. Los hubiera expuesto en la misma página del diario pero, lamentablemente, tal como sucede muchas veces con artículos de opinión "controvertida", no se habilitaron los comentarios de lectores.
En primer lugar, NO existen GRUPOS de riesgo sino PRÁCTICAS de riesgo, cosa que cansa un poco tener que repetir una y otra vez, sobre todo frente a planteos provenientes de una persona que supuestamente debería estar al tanto de estos detalles.
En primer lugar, NO existen GRUPOS de riesgo sino PRÁCTICAS de riesgo, cosa que cansa un poco tener que repetir una y otra vez, sobre todo frente a planteos provenientes de una persona que supuestamente debería estar al tanto de estos detalles.
A ver: Si yo soy varón homosexual y tengo una conducta erótica en la que el correcto uso del preservativo es lo esencial, no veo la razón por la cual no pueda donar sangre y se me trate de manera diferente a la que se prodiga a un varón que gusta de las mujeres. Por oposición, si soy varón heterosexual y jamás en mi vida he usado un condón o no tengo claros los cuidados necesarios para utilizarlos como corresponde, MI PRÁCTICA (y no mi orientación sexual) pudo haberme expuesto a una infección que hipotéticamente podría ser transmitida a través de una transfusión de sangre. Entonces, señor Romano, ¿a qué viene tanto interés por saber con quién me acuesto?
Análisis semejantes podrían hacerse en el caso de que se tratara de mujeres y en el caso de la mayoría de los puntos de ese extensísimo cuestionario que indaga la intimidad de los postulantes a donación. En todos, el resultado sería el mismo: no hay razón para tan bochornosa falta de respeto hacia la persona que voluntariamente acude a poner en acto su solidaridad.
No es muy difícil imaginar que, ante una intervención quirúrgica o una enfermedad grave que demande transfusión de sangre, la familia del futuro transfundido suele afrontar una gran presión, la cual es directamente proporcional al número de donantes reclamados por la institución de salud. Esta presión se traduce en llamados angustiados, súplicas o incluso entrega de dinero (ya que los mercaderes miserables nunca faltan, y suelen tener gran actuación cuando la desesperación es extrema, aun cuando se trate de un delito penado por la ley) con el solo fin de obtener el tan preciado fluido en la cantidad solicitada. De modo que, no es para nada sorprendente que, llegado el momento del cuestionario y ante la necesidad de donar, la gente sencillamente MIENTA. ¿Cómo va a hacer el señor Romano para saber a ciencia cierta cuál es mi orientación sexual, o si me acosté con veinte prostitutas o prostitutos, o si me drogo, o...? ¿Cómo, señor Romano? Ciertamente, un simple cuestionario no es garantía de nada y lo que este y otros muchos señores y señoras buscan no es otra cosa que disfrazar sus propios prejuicios bajo la fachada de la precaución epidemiológica.
Por otro lado, el señor Romano argumenta que el testeo de la sangre extraída no es suficiente para cubrir el denominado "período de ventana", lo cual podría ponerse en duda en vista de que existen en la actualidad los llamados "testeos rápidos" (pero esa es una discusión que puede quedar en suspenso dado el elevado costo de los mismos y la poca probabilidad de que el Estado lo instituya como método habitual de verificación, al menos de momento en la Argentina). Lo que el señor Romano NO dice es que el cuestionario tampoco soluciona el problema generado por el período de ventana.
¿Entonces el problema del período de ventana no tiene solución? No lo sé. O mejor dicho: sí lo sé pero no es ese el objetivo que persigue mi planteo y desarrollar el tema en profundidad ameritaría un artículo completo.
Lo que debería preguntarse el lector (y pido perdón si mi "sugerencia" puede resultar imperativa) es "¿Por qué la supuesta imposibilidad de lidiar con el período de ventana se la endilgan exclusivamente a la comunidad homosexual, si es algo que puede ser atribuido también a los heterosexuales? ¿Por qué los heterosexuales son excluidos, deliberadamente y sin más trámite, de su potencialidad de transmitir infecciones a través de la sangre?". Cada quien puede tener su propia respuesta. La mía es: por prejuicio, señor Romano, solo por un prejuicio que incluso podría ser llamado homofobia. Humano pero discriminatorio y, en consecuencia, reñido con las leyes vigentes.
Hasta donde yo sé, Argentina es, junto a Uruguay, Costa Rica y España, uno de los poquísimos estados en el mundo que cuentan con un sistema público de donación de sangre y en lo personal me enorgullezco de que mi país forme parte de esa virtuosa tetrarquía. Por esa razón, ante el proyecto presentado por el bloque radical tendiente a modificar el cuestionario "cuestionado", me uno (a mi modo) al reclamo que hace el mismo Romano en su frase final: insto a los legisladores a estudiar exhaustivamente el caso, de manera que la nueva ley nos prive felizmente de semejante caso de discriminación institucionalizada.
Esto es todo por hoy. Desde las callecitas de la siempre misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que vería con buenos ojos que una Comisión para la Promoción de la Donación de Sangre se dedicara justamente a eso, a promover la donación, y no a poner obstáculos discriminatorios basados en la pura ideología. Sería una excelente manera de honrar la tarea para la que fue conformada.
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