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lunes, 17 de enero de 2022

Cuernos a la Carnegie Hall


A veces las reseñas cinematográficas nos engañan. O se quedan solo en la superficie del argumento y no nos hablan de lo que hay verdaderamente en lo más profundo de la trama.

jueves, 17 de septiembre de 2020

Tengo miedo, Torero

Las locas llevan en su misma esencia la temeridad. La temeridad de ser quienes son sin condiciones. No conocen otro modo y quienes escondemos bajo la alfombra varias cobardías sabemos venerarlas.

lunes, 17 de agosto de 2020

La Trilogía del Baztán


Que tu ex esposa, la madre de tus hijos, te mande un mensaje a las tres de la madrugada acojona un poco. No lo voy a negar. Pero tenemos las estadísticas a favor y, en los últimos diecinueve años, las malas noticias se pueden contar con una mano. Este caso pasa a confirmar la norma.

lunes, 20 de julio de 2020

La misma pero distinta


La curiosidad siempre me ha deparado lindas sorpresas (y aquí imagino la sonrisa de alguien que bien sabe que, en general, las sorpresas me producen urticaria).

domingo, 5 de julio de 2020

Extinción (2015)



Hace algunos años (supongo que tres o cuatro) escribí ya una crítica sobre esta película que (en su momento y hoy de nuevo) me perturbó, me emocionó y me hizo reflexionar. Todo al mismo tiempo. Lamentablemente, esta red social no permite el acceso a las publicaciones propias más antiguas, por lo que me fue imposible encontrarla, ahora que he vuelto a ver el film.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Tacle irlandés


"Todos tenemos algo de lo que nos avergonzamos. El recuerdo de un momento tan bochornoso que no sabemos si algún día podremos superarlo. Un momento que sigue desvelándonos a las cuatro de la madrugada. 'MARICA'... Cuando ocurrió mi momento terrible tuve miedo. Tuve miedo porque perdí al único amigo de verdad que jamás había tenido. La gente hace cosas malas por miedo".

miércoles, 5 de julio de 2017

No es lo mismo almas que espíritus


Seguramente a todos les ha sucedido alguna vez que compraron una película en DVD que quedó allí, arrumbada en un cajón sin que nunca la vieran. Les habrá sucedido también que ni siquiera recuerdan cuándo la compraron ni por qué. Pero llega ese día en que abren el cajón en cuestión y allí está ella, esperando con paciencia.

lunes, 17 de abril de 2017

Cercas


Quienes tienen la ventura de serlo saben que ser padre no es sencillo. Se dice por ahí que nadie nos enseña a ser padre, pero lo cierto es que no es así. Nuestros padres nos enseñan y, generalmente, cuando llega nuestro turno, uno opta por seguir su ejemplo o por hacer todo lo contrario. Así surgen historias con héroes y villanos, según sea la visión del hijo que relata. Porque también es cierto que, desde el momento en que se trata de personas diferentes, uno no cría y educa a sus hijos de igual manera. Y en todos los casos, por la misma razón, uno hace lo que puede y no siempre lo que quiere.

domingo, 18 de enero de 2015

Paternidad (una buena peli para ver sin pagar entrada)


Salvando las convenciones de Hollywood que todxs conocemos, si sos padre/madre, esta película te va a mostrar que, aunque se cumple a rajatabla el teorema de Bonavena ("cuando tocan la campana te quitan hasta el banquito"), ser padre/madre no es una tragedia tan apocalíptica como parece mientras estás ejerciendo. Si sos hijx, te vas a dar cuenta de que no todo es tan sencillo como se ve desde afuera y que siempre cupo la posibilidad de haber tenido un padre/madre peor que el/la que tenés. Y mejor también.


En Parenthood ("Paternidad") van a tener la ocasión de ver una de las mejores actuaciones de Steve Martin (por no decir la única buena, pero no me lleven mucho el apunte porque no es santo de mi devoción). También veremos un excelente trabajo por parte de Mary Steenburgen, como la madre abnegada que tiene que lidiar no solo con los problemas de sus hijos sino sobre todo con los de su marido. Mención especialísima para Dianne Wiest, interpretando a esa madre más real que lidia con sus propios miedos, sin conocer muy bien el terreno en el que le toca correr. Ni hablar de Keanu Reeves, que interpreta a un adolescente padre prematuro, con varios momentos de antología. Pero uno de los más destacables es, sin dudas, Leaf Phoenix (hoy más conocido como Joaquin Phoenix), que nos demuestra que llevaba la actuación en el alma ya desde chiquito.


De todas maneras, a pesar de las cualidades del argumento y la realización, esta película no es la cura de todos los males. Te va a hacer llorar (aunque no de tristeza) y te va a dejar pensando. Ah, y te vas a reír también. Pero es muy posible que, siendo padre/madre, sigas echándote la culpa de las cosas malas que le han sucedido a tu hijx; y si sos hijx, tal vez no cambie tu idea de que tu padre/madre es un/a pelotudx. Así es la vida al fin y al cabo.



Eso es todo por hoy. Desde las siempre misteriosas y ahora inquietantes callecitas de esta Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires, se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que tiene un poco de todos los padres que puedan imaginarse. Y de los hijos también.


viernes, 9 de enero de 2015

¡SORDO!


Desde hace ya un rato largo, me he convertido en algo así como un Grinch, pero de tiempo completo. Salgo de casa lo justo e indispensable y la sola idea de exponerme al aire libre me produce urticaria. Sin embargo, al igual que el benemérito gobernador bonaerense, si me invitan a un evento, yo voy (aunque suelo ser bastante más selectivo que el aludido gobernante).

Días atrás, un querido conocido (al que tal vez podría llamar amigo, puesto que tenemos una visión del mundo y de la vida misma bastante coincidente) me invitó a ver el estreno de la película en la que participó. No tuve que pensarlo ni por un instante. He presenciado algunas obras de teatro en las que actuó y eso era suficiente garantía para mí. Nos conocimos hace años, cuando nuestras militancias eran otras, y es para mí un tipo muy querible, con valores potentes y una fuerza interior que muchas veces le envidio.


Nelson es sordo. Él lo sabe, yo lo sé, su familia lo sabe, su novio lo sabe, todo su entorno lo sabe. ¿Debería ser tratado de una manera especial por serlo? Claro que no. Pero esto es algo que casi nadie sabe.

Llegué al cine con antelación (raro en mí) y tuve el privilegio de sumergirme en un mundo que (si bien no me era desconocido) me sigue resultando extraño y lamentablemente ajeno. Centenas de personas sordas se aglutinaban en la entrada de la sala Gaumont y conversaban alegremente entre ellas sin que yo pudiera comprender ni papa de lo que se decían. Sí, algunas cosas del lenguaje de señas se entienden, pero casi nada para un total y absoluto ignorante como quien suscribe. Fue la primera película que vi esta tarde. Una que, paradójicamente, estaba musicalizada por las obras de Astor Piazzolla que se emitían desde la fuente ubicada en la Plaza del Congreso. Yo estaba allí, en medio de esa enorme conversación de sordos, escuchando una música que ellos no escuchaban y filosofando sobre lo equivocados que estamos en tantas cosas los que creemos saber tanto sobre todo. Si uno busca en el diccionario, se encuentra que una "conversación de sordos" vendría a ser una "conversación en la que los interlocutores no se prestan atención o no se entienden". ¡Menudo idiota el que escribió esa definición! ¡SOMOS LOS OYENTES QUE NO SABEMOS LENGUAJE DE SEÑAS LOS QUE NO LOS ENTENDEMOS! ¡Ellos se entienden a la perfección! ¡Y pucha que da gusto ver cómo se entienden! Viéndolos, se desmorona la idea de "discapacidad" y cobra sentido el concepto de "capacidades diferentes". En todo caso (pensaba para mí mismo), acá el discapacitado vendría a ser yo. O el heladero que se desgañitaba promocionando su producto y puteaba porque nadie le hacía caso. "Debería ofrecerles uno a uno -le dije después de un rato de escucharlo gritar- ¿No ve las señas?"

Buen comienzo para una velada que me depararía otra grata sorpresa: la "otra" película, la que efectivamente había ido a ver.


El director, las actrices y los actores (entre ellos, Nelson) entraron en la sala entre aplausos y flashes. No diremos como en Hollywood pero...

Luego de unas breves palabras de agradecimiento por parte de Marcos Martínez (el director), comenzó la proyección.

La película (una especie de docuficción, ya que mezcla elementos de documental e historia guionada) impacta desde la primera escena. Muestra un festival de teatro en el que se otorga un premio a un grupo de actores sordos. Lo sorprendente es que esos actores sordos (los mismos que acababan de entrar en el Gaumont entre aplausos y flashes) tuvieron la valentía y la dignidad de rechazar ese premio, considerándolo un premio consuelo, una cocarda lastimera que aludía más a su condición de sordos que a su calidad como actores. La elección de esta anécdota para abrir el film nos dice, claramente: lo que van a ver de ahora en más no tiene concesiones; nosotros sabemos lo que somos, lo que queremos y sobre todo lo que valemos. "Marcar la cancha", que le dicen...

Obvio que no voy a cometer la canallada de contarles la película, pero desde ya les digo que vale la pena verla. ¡Y verla cuanto antes! Ya sabemos lo poco que duran en cartel las producciones que no cuentan con el aval de la Metro.

Les diré (eso sí) que se van a encontrar con una película que muestra un universo paralelo, pero que no es ajeno a nosotros. Nosotros, los oyentes, somos parte de él, aunque lo neguemos o queramos ocultarlo. Esta es una película que expone la cotidianeidad de un grupo de actores sordos que sueñan con mostrar su arte ante las masas, que sueñan con el reconocimiento de esta sociedad de oyentes que los ignora. No por nada su grupo de teatro se llama "Extranjeros".

La excusa es mostrar los avatares que estos artistas deben sortear para poner en escena una obra de teatro titulada "SORDO", pero el resultado es una visión profunda de la pura humanidad que debería definirlos. Porque la sordera es solo un aspecto de sus realidades. Casi insignificante, diría yo. Además de sordos, ellos son seres con virtudes y defectos, con talentos y necesidades como cualquier hijo de vecino. Toda la película es un grito que nos exige (¡nada de súplicas!) abrir las mentes para que la sordera no tape el resto.

En conclusión, SORDO es una película importante, tanto por la temática como por su confección y la calidad de las interpretaciones. El director ha echado mano a cuanto recurso le sirviera para lograr una obra amena y profunda a la vez.

No es Hollywood. Es mucho más.

Esto es todo por hoy. Desde las callecitas de la siempre misteriosa y ahora tórrida Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires, se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que hoy tuvo el privilegio (una vez más) de abrir los ojos a una magia que solo unos pocos elegidos podemos disfrutar. Y eso es algo que debería ser modificado.


martes, 5 de febrero de 2013

Nada de bailar con el más feo


Ante todo debo aclarar que no soy un conocedor ni un amante del ballet. Y si hablamos de musicales, se me puede considerar más bien un detractor. No obstante, puedo reconocer el talento donde se manifieste.

Gracias al blog del catalán Javier Arnott Álvarez, Bajo el Signo de Libra (página que visito asiduamente ya que siempre presenta material interesante), conocí la versión, de 1996, del director y coreógrafo Matthew Bourne sobre el célebre ballet El Lago de los Cisnes, de Tchaikovski. Invertí mi tarde de hoy en disfrutar del video que gratuitamente se puede ver en Youtube (al final de este artículo lo pueden encontrar) y ciertamente han sido dos horas maravillosamente aprovechadas.

Más allá de la música de Tchaikovski (cuyo talento, a esta altura del partido, supongo yo que será indiscutible), la propuesta tiene la solvencia y el coraje propios de las obras destinadas a perdurar, demostrando además que nada tiene por qué ajustarse a los cánones tradicionales y siempre es posible otra mirada. Obvio que no es un espectáculo recomendable para aquellas personas que se aferran a los convencionalismos como si en ello les fuera la vida. Se trata, ante todo, de una producción cuyo eco se habrá de multiplicar justamente entre quienes gocen de una vida vivida con cierta irreverencia.

La obra comienza con un niño (el Príncipe), en su cama, padeciendo lo que parece ser una pesadilla que gira alrededor de un cisne. Despierta agitado y aparece su madre (la Reina). Cualquiera supondría que va a consolarlo, pero no. Desde el primer momento nos queda claro que esa mujer no es una madre como cualquier otra. Esta es incapaz de esbozar el más mínimo gesto afectivo hacia su hijo. Cuando el chico se pone demasiado demandante, ella se levanta y se va, sin importarle los ruegos del pequeño. Ingresa entonces un ejército de sirvientes, liderado por quien pareciera ser el Primer Ministro o algo así (personaje que me recuerda al hechicero malvado de la versión original). Al Príncipe lo visten y lo acicalan como si fuera una marioneta (escena sospechosamente similar, en la última versión cinematográfica de María Antonieta). Cuando el chico está listo, la escena pasa a una serie de actos oficiales donde el Príncipe sufre y se aburre (algo así como “los niños que tienen tristeza” tan en boga allá por los 90). La Reina lo regaña y lo instruye para simular simpatía y resultar agradable ante los demás. En el transcurso de la escena, aparece el Príncipe ya crecido pero igualmente hastiado por los compromisos protocolares

En ese contexto, el muchacho conoce a una rubia muy emperifollada y de modales un tanto rústicos. Obvio que se encandila con ella, pero no ve que el Ministro los contempla con malévolo placer. Por el contrario, la misma escena no cuenta con la aprobación de la Reina, quien supongo pretenderá una candidata más refinada para su conflictuado hijo. Sin embargo, ella no duda en coquetear con los muchachitos que pululan a su alrededor. Pasamos entonces a una función de teatro. Asisten el Príncipe, acompañado de la Rubia, el Ministro, la Reina y uno de los muchachitos que flirteaba con la Reina en la escena anterior. Este es uno de los tramos más simpáticos de la obra, ya que en el escenario que se muestra junto al palco donde están los protagonistas (en una maravillosa demostración de cómo el teatro también puede mostrar teatro), se desarrolla una historia de ballet en el que un grupo de mariposas luchan contra unos monstruos que parecen árboles y son ayudadas por un leñador que termina enamorándose de la reina de las mariposas (que a diferencia de sus coloridas súbditas es blanca, casi una polilla). El tono de la escena es claramente paródico y muy divertido. Sobre todo porque desde el palco, la Rubia se muestra desubicada y grotesca con sus ademanes y risotadas, generando el fastidio de la Reina.

Hay mucho sicologismo en la historia y la pelea constante entre madre e hijo tiene una relevancia que no se puede pasar por alto. Sus encuentros son siempre ríspidos e incluso violentos, él reclamando el amor de su madre y ella rechazándolo sistemáticamente. Después de una fuerte discusión entre ambos, el Príncipe termina en un cabaret donde todo el mundo baila y se emborracha. Incluso el Príncipe, que se encuentra allí con la Rubia y con el Ministro (pero este está disfrazado). Luego de una situación muy confusa, el muchacho sale del bar y es tal su borrachera que es incapaz de caminar y cae al suelo. Allí ve salir al Ministro y presencia el momento en que le entrega dinero a la Rubia, dándose cuenta del complot.

Deprimido por su descubrimiento, el Príncipe se halla ahora en un parque y es acá donde comienza lo verdaderamente maravilloso y novedoso de la obra. El tipo se siente una basura, rodeado por una madre que lo desprecia, un ministro que solo buscar sacar provecho y una mina que dice amarlo pero que solo es una contratada para enamorarlo. Entonces, en el lago del parque (porque si estamos hablando de EL LAGO DE LOS CISNES, tiene que haber un lago) presencia la aparición de un grupo de estas aves que realizan una danza por demás hipnótica. Lo extraño es que estos cisnes ya no son las delicadas damiselas vestidas de tutú blanco que solían aparecer en los ballets tradicionales. Estos cisnes son varones, tiene el torso desnudo y llevan unas bermudas emplumadas que “dan vuelo” a sus movimientos. Y la figura principal de este grupo de aves tampoco es una damisela, sino también un varón muy atlético y elegante que termina por brindarle al Príncipe el afecto que no ha encontrado ni en su madre ni en la Rubia. ¡Chupate esa mandarina! Si había algo que no esperaba, era semejante vuelta de tuerca. Si ven la obra por Youtube, tengan presente que este tramo corresponde al final de la primera parte y el compaginador que subió el video a la web tuvo el mal gusto de cortar el archivo veinte segundos antes de que terminara la escena. Además de bronca por la falta de cuidado en detalles tan importantes, uno experimenta una especie de ahogo equiparable a esa situación en la que, en pleno orgasmo, se abre la puerta y entra el hijo pequeño reclamando un vaso de agua.

Lo que sigue adquiere ribetes realmente shakespearianos. Se presenta un gran Baile Real (de realeza y no tanto de realidad) y una pasarela donde las personalidades entran al salón como lo hacen las estrellas de Hollywood a la entrega de los Oscar. Llegan la Reina y el Príncipe y se inicia la danza. Está la Rubia pero el Príncipe no quiere saber nada con ella. Allí es donde hace su aparición un joven hermoso y vestido de negro. “¡El Cisne Negro!” piensa uno. Y no se equivoca. El tipo se hace el galán con todas las minas presentes y sobre todo con la Reina, que no le hace asco. Así se produce una situación por demás bizarra en la que el Príncipe empieza a competir con su propia madre por los favores del mismo hombre. Entretanto, a través de gestos y miradas queda en evidencia que se trata de una nueva jugarreta del Ministro. Los asistentes se burlan del Príncipe mientras la Reina es definitivamente seducida por el Cisne Negro, lo cual termina por desquiciar a su hijo, que saca una pistola y amenaza con matarlos a los dos. La Rubia intenta impedirlo y el Ministro también saca un arma y apunta al Príncipe. Se produce un forcejeo y finalmente el Ministro dispara, matando a la Rubia que queda tendida entre los brazos del joven desquiciado. Por orden de la Reina, el Príncipe es retirado de escena y ella se refugia en los brazos del Cisne, quien mira con complicidad al Ministro y termina la escena.

Llegamos entonces al final. El Príncipe es encerrado en su cuarto y la ventana ahora tiene rejas. Ingresan la Reina y el Ministro, pero ahora vestidos de médicos, acompañados de un ejército de enfermeras con máscaras idénticas a la cara de la Reina. Una escena similar a la inicial pero con significado bien diverso, el Príncipe es sometido a una serie de prácticas que terminan siendo casi una sesión de tortura. Cuando todos se van, él queda tendido en su cama, supuestamente dormido a causa de los sedantes que le administraron. Surgen en ese momento, por debajo de la cama, los cisnes que viera en la escena del parque y empiezan a bailar con él. Todo hermoso hasta que aparece, desde dentro de la cama, el Cisne Blanco que le diera su afecto. El Príncipe, al verlo, abandona a los demás cisnes y éstos, al verse despreciados, lo atacan violentamente. El Cisne Blanco sale en su defensa y allí, en una coreografía majestuosa muy distinta a la que uno suele ver en versiones más tradicionales, los cisnes matan a su antiguo líder, sin que el Príncipe pueda hacer nada para salvarlo. Se derrumba entonces sobre la cama y los cisnes asesinos desaparecen como llegaron. La escena final nos muestra a la Reina entrando en el aposento y descubriendo a su hijo muerto. Es la única vez en que va a exteriorizar sus sentimientos, tomándolo entre sus brazos como La Piedad y llorando desconsoladamente, mientras en la ventana, tras las rejas, una imagen esfumada del Cisne Blanco lo muestra con el niño Príncipe del inicio entre sus brazos.

Y colorín-colorado, esta historia ha terminado. Pero acá les dejo los videos para que (si gustan) vean esta maravilla con sus propios ojos.





La vi dos veces en la misma tarde y estoy seguro de que en los próximos días voy a volver a verla. Para más dato, les cuento que esta versión es la que aparece en el final de "Billy Elliot" y el actor de que hace de Billy ya grande es Adam Cooper, el mismo que representa al Cisne en la puesta de Bourne. Si me preguntaran cuál es la reacción que me generó en esta tarde de febrero, sin dudas respondería “FASCINACIÓN”.

Eso es todo por hoy. Desde las calurosas y veraniegas callecitas de la siempre misteriosa y ahora herida Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que ha sabido ser Príncipe muchas veces en su vida y, otras menos, algo así como un Cisne, aunque mis plumas nunca lucieron tan bien como las de Cooper (a más de uno se la dejo picando).




lunes, 5 de septiembre de 2011

Dos viudas en su laberinto


Se dice que es una maldición árabe. Yo ignoro su origen, pero me consta que hay quienes, para desearte lo peor, te enrostran un “ojalá que te enamores”. Y es que el amor resulta una cosa bastante inasible, inabarcable que (en el mejor de los casos) te hará derramar alguna lágrima. Porque si estás enamorado y no moqueás un poco, entonces no estás enamorado. Pero no es del amor de lo que quiero hablar. O sí.
Imaginemos una escena: la señora sexagenaria recibe un llamado telefónico en el que se le comunica que su marido (sexagenario también) acaba de sufrir un infarto y que se encuentra muy grave. Desesperada, sale corriendo hacia el hospital pero, al llegar al nosocomio, se encuentra con que, junto a la camilla en la que trasladan a su consorte, hay una veinteañera desconocida llorando como si fuese de la familia. Lleva puestos solo unos borcegos y un piloto que apenas le cubre las nalgas. ¿Qué hacer en esta situación? Aclaremos que la chica no es un gato ocasional. Hace cinco años que es amante del moribundo y, ahondando un poco en su historia, podremos concluir que lo que la une a él es amor del verdadero. Las normas de la etiqueta indicarían que ella, al ver llegar a la esposa “oficial”, debería dar un paso al costado y desaparecer de escena sin hacer olas. Podría también quedarse allí (opción un tanto menos formal) y defender lo que considera suyo. O apartarse del centro de la escena y quedarse en un costado, esperando el mejor momento para ocupar el sitio que le corresponda. La esposa más “añosa” puede, por su parte, armar un escándalo y echar a la mocosa a patadas de la sala y, a modo de patrón de estancia, marcar territorio (el decoro, las buenas costumbres y el buen gusto desaprobarían que se pusiera a mear las cuatro esquinas de la habitación). También podría la señora hacerse la boba, fingir que no se da cuenta de lo que ha sucedido y suponer que esa muchachita medio en bolas no es otra que una buena samaritana que recogió a su marido en la calle y lo llevó hasta el hospital más cercano.

Cualquiera fuera el caso, lo que nadie podría esperar (ni tolerar) sería que, al morir el hombre que han compartido durante tanto tiempo, ambas mujeres se acercaran y compartieran también el dolor inmenso que las desmorona. Eso diría la lógica convencional que regula, en general, las relaciones humanas. Pero a veces (solo a veces) las cosas no resultan tal como uno espera.

Quienes ya la hayan visto, se habrán dado cuenta de que la historia de la que hablo no es un invento de mi imaginación. Es una versión libre del argumento de “Viudas”, película argentina protagonizada por la Gra Borges y Valeria Bertuccelli en la que las protagonistas no siempre reaccionan como deberían.

Me consta que todavía existe, entre muchas y muchos, cierto prejuicio respecto de las películas nacionales. Se ha transformado en una especie de dogma incuestionable aquello de que el cine vernáculo es aburrido y de mala calidad. No es mi intención refutar tales preceptos porque, en alguna manera y con distinto énfasis a lo largo de mi existencia, supe hacerme eco de esa verdad instalada en la conciencia colectiva. Sin embargo, a mi favor puedo alegar que siempre he sido de los que se rebelan (lo que no es más que una manera elegante de decir que me gusta llevar la contra). Por eso insisto con el cine argentino y, mal que le pese a mi marido (porque no lo dice pero yo sé que me sigue en mis delirios como una forma de contribución a la armonía matrimonial), gracias a ello pudimos disfrutar de verdaderas joyas como “El Secreto de sus Ojos”, film al cual “Viudas” no tiene mucho que envidiarle.

Si me preguntaran, les diría que es una historia increíble. Aunque ese calificativo no es aquí mero sinónimo de “maravillosa” o “estupenda”. Es increíble sencillamente porque (se me ocurre) cualquier persona que haga honores a la sensatez más llana (y de esos y esas hay a montones por estas latitudes) llegará a la conclusión de que es una historia muy poco creíble. Claro que uno siempre tiene el pleno derecho a pasar por alto la opinión de los que solo se dejan arrastrar por su sed insaciable de realismo. En lo personal, cuando leo una novela o veo una película, no me importa si la obra es realista o no lo es. Me contento con que sea bella y eso me basta. Si además tiene un mensaje edificante, ¡cartón lleno!. Pero lo primordial es la belleza.

En ese plano, “Viudas” me pareció una bella película y, a decir verdad, no creo que sea una historia demasiado apartada de la realidad ni mucho menos insensata. En cierta manera, me veo identificado en algunos aspectos con una y otra de las protagonistas. La Borges es una mina fuerte, tal vez fortalecida por los años, capaz de amar y también de odiar (o al menos eso quisiera), sensata hasta la incoherencia. La Bertuccelli es inocente y frágil (o, mejor dicho, ignorante de su propia fortaleza, como la mayoría de los jóvenes), capaz de ver más allá de lo evidente. De otro modo, ¿cómo podría explicarse su amor por un hombre cuarenta años mayor?

Y es que los seres humanos podemos ser así de desconcertantes. A pesar de mi apego por las matemáticas, siempre he sostenido que en la vida no siempre dos más dos es cuatro e historias como estas me reafirman en mis convicciones. ¡Por fortuna! Nada me parecería más decepcionante que llegar a la conclusión de que las personas somos predecibles. En ese sentido, estas viudas parecen actuar sin libreto y obrar de acuerdo a su propia humanidad.

Más allá de mis prejuicios, chapeau a la actuación de la Borges. Esta es la mejor Graciela Borges que he visto y me siento tentado de pispear un poco en su pasado actoral para descubrir lo que, sin dudas, no me he permitido ver en su momento. Tal vez porque también estoy añoso, me hizo emocionar y hasta logró que se me piantara un lagrimón (bueno, está bien, ¡unos cuantos lagrimones!). La Bertuccelli también hace lo suyo y construye una interpretación sólida y potente. Aunque por esta vez me quedo con la presencia que imponen los años.

“Viudas” es una película tan rica que nos permite (en la medida en que cada quien se anime a hacerlo) ahondar en el héroe latente que cada uno es, así como también en el miserable (que suele ser un poco más explícito en la mayoría de los mortales). Y no hablo solo de lo que sucede en la pantalla. Esta es una película ideal para ser disfrutada en un cine antes que en el living de casa. No quiero adelantar pasajes jugosos del argumento, pero la aparición de la mucama provoca reacciones en la platea que, en general, no han sido de mi agrado. Sin embargo, la inclusión de este personaje me resulta invaluable. Una perlita cuyo valor radica precisamente en su “no-necesidad”. Es decir: es un personaje cuyas características no son imprescindibles para el desarrollo de la trama y es por eso que la enaltece. Tal vez no se entienda lo que quiero decir pero estoy seguro de que les quedará muy claro a poco de iniciada la función. La mucama es la única que logra poner negro sobre blanco en los conflictos y me animaría a decir que es la más auténtica de todas las mujeres que integran el reparto. Por más que muchas y muchos lleguen a pensar que lo mío es puro disparate. Es un personaje crudo y sin dobleces, mucho más real de lo que uno pudiera imaginar. Su presencia permite comprender más cabalmente quién era el marido-amante y, sobre todo, es esencial para saber, para descubrir, para sorprender y sacarle la careta al verdadero yo que llevamos dentro. Una de sus intervenciones más potentes: “Yo no soy alcohólica; yo tomo porque estoy vacía”. Pero no es cierto.

De todas maneras, sería un gran error quedarse con la idea de que se trata de una historia triste. Más bien diría que es como la vida misma: a veces dulce y otras amarga, con un balance final que siempre queda al arbitrio de lo que cada espectador ha querido guardar en la alacena. La humanidad es diversa y, mientras unos acumulan los recuerdos más melosos, otros dejan siempre a mano los más avinagrados.

Veanla y después, si quieren, me cuentan.

Esto ha sido todo por hoy. Desde las callecitas de la siempre misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que, a fuerza de humanidad, gusta de correr riesgos y, a veces, tiene la suerte de poder disfrutar de las cosas buenas que nos permite la vida.


Novelas de Carlos Ruiz Zafón