sábado, 12 de febrero de 2022
YO NO SÉ QUÉ ME HAN HECHO TUS OJOS
viernes, 29 de junio de 2012
Chau, Juan
lunes, 21 de febrero de 2011
La única historia
"Todos sirven para algo -decía mi finada bisabuela- aunque màs no sea como mal ejemplo". Y quién dice que este no fuera el caso.
¿Alguna vez se les dio por imaginar cómo era la vida en otras épocas o cómo fueron en verdad los personajes que pueblan los libros de historia? Yo sí. Sin ponerlo necesariamente en palabras, cientos de veces me pregunté si Alejandro Magno (el de verdad, no Colin Farrell) o Napoleón o Belgrano hicieron lo que hicieron con la conciencia de que sus actos serían recordados por la posteridad como cimientos de una era. Y al mismo tiempo me fascinaba la idea de un Plutarco todopoderoso capaz de imponer a los que vinieran luego su propia visión de lo que había sido su mundo. Así las cosas, cebado en preguntas, llegué incluso a preguntarme hasta qué punto cada ser humano puede ver que (en mayor o menor escala, por acción o por omisión) todos y cada uno de nosotros somos constructores de este mundo en que vivimos.
Por ejemplo, en la madrugada del 15 de julio de 2010, la realidad de los argentinos cambió para mejor. Después de años de trabajo duro, de pugna de intereses, de insultos recibidos y de reconfortantes apoyos, tras un debate iniciado en la tarde anterior, coincidiendo con un nuevo aniversario de aquella revolución que proclamaba "Libertad, Igualdad y Fraternidad", el Senado de la Nación Argentina aprobaba por fin la Ley de Matrimonio Igualitario. A partir de ese momento, las personas que pertenecemos a la heterogénea comunidad LGBT quedamos en pie de igualdad con el resto de la ciudadanía en relación a nuestro derecho a contraer matrimonio y a formar familias debidamente reconocidas por el Estado. Me consta que muchas personas éramos conscientes del enorme paso que acabábamos de dar como sociedad. Y nos consta también que semejante logro no fue obra de algún iluminado que impuso el poder de su varita mágica, ni fue que los congresistas, imbuidos por un angelical espíritu de beatitud, dispusieron de buenas a primeras que una parte de la población pudiera alcanzar la dignidad que siempre nos había sido negada. La sanción de la ley fue el resultado de tantísima gente (gays, lesbianas, trans e incluso heterosexuales) que puso el hombro para que un hecho de tal magnitud, bisagra en la historia del respeto hacia nuestros derechos, llegara a ver la luz. Sin dudas, hay en esta epopeya decenas y decenas de seres que merecen quedar en la memoria de todos los argentinos, resguardados en el más cálido rinconcito de nuestra gratitud. El tema es que, para que tal anhelo pueda tener la posibilidad de realizarse, es indispensable la intervención de alguien dispuesto a documentar los hechos. Y llegado al punto, los años venideros sabrán reconocer el invaluable aporte que, en tal sentido, nos ha obsequiado el querido y admirado Bruno Bimbi.
Su libro "Matrimonio Igualitario" llegó a mis manos como regalo de navidad y, transcurridos ya dos meses, me lo leí enterito y lo releí dos veces más, exprimiéndolo cada vez como si fuera una naranja a la que siempre le queda un poco de jugo. Es que el estilo de Bruno es como el agua que fluye y encuentra siempre el cauce adecuado para llegar al mar. Con lenguaje claro y preciso, nos trae el recuerdo (o nos pone al tanto) de una historia que nos pertenece a todos. En lo personal, desde la primera página, el libro me ha resultado un diálogo con el Bimbi de carne y hueso que me cuenta sus vivencias (que en muchos casos son también las mías) sin ninguna pretención de objetividad pero sí con el firme compromiso de plasmar los hechos honestamente. Línea a línea, Bruno se muestra a sí mismo tal como es, en su múltiple faceta de espectador, cronista y artífice de los acontecimientos. Sereno en su discurso docente y temperamental en la defensa de sus ideas, Bruno no le hace asco a la ironía ni reprime las broncas. Y justamente allí radica el enorme valor de su trabajo.
A lo largo de casi seiscientas páginas, nos relata los orígenes y los conflictos de esa lucha desigual contra un sistema político y social que se negaba al cambio.
"Seamos realistas, pidamos lo imposible". Esa fue la bandera y punto de partida. El prólogo de María Rachid ya lo adelanta: "Lo que al principio parece imposible puede llegar a ser inevitable". Porque para que esta ilusión llegara más acá del plano de lo utópico fue menester adoptar un diccionario en el cual esta palabrita ("imposible") no tuviera cabida. También fue necesario que María y Claudia asumieran el enorme sacrificio de relegar los intereses propios a los de la causa. Y fue invaluable el aporte de la experiencia española, así como el consejo del misterioso "Rodolfo", a quien (tanto los que lo conocemos como los que no) le estaremos eternamente agradecidos.
Todo está plasmado en el libro de Bruno: el apoyo transversal de todos los sectores políticos y públicos, el trabajo ciclópeo de Vilma Ibarra y de Silvia Augsburguer, la piedra fundacional impuesta por Eduardo Di Pollina, el postrero pero contundente compromiso del kirchnerismo y, por sobre todas las cosas, la firmeza de la FALGBT, un conglomerado bien heterogéneo que supo aunar voluntades para que la construcción de esta nueva realidad fuera una obra colectiva y no el mero regalo de algún héroe oportunista.
Fiel a sí mismo, Bruno tampoco se priva de desenmascarar las bajezas de ciertos políticos que, desde siempre, han privilegiado la seguridad de sus bancas antes que la defensa de los intereses de sus representados. En ese aspecto, este libro es también un manual ilustrativo de cómo entienden la política algunos de los tristes personajes a los que la misma ciudadanía ha encargado la custodia del gobierno, la ley y la justicia.
Tampoco están ausentes en el relato las iniquidades perpetradas en nombre de la fe. Con pretendido halo de santidad y buenas intenciones, Bergoglio, Teresita, Hotton y demás secuaces asumen roles miserables (cual villanos de historieta) con sus ridículos y fofos discursos en PRO del odio y la discriminación.
Y si de iniquidades hablamos, Bruno también descorre el velo de la que sea quizá la peor de todas: el lastimoso papel desempeñado por una pequeña pero significativa facción de nuestra comunidad LGBT, más empeñada en defender su quiosquito de supuesto liderazgo que en bregar por la defensa de nuestros derechos. Personajes impresentables que hubieran sido capaces de aceptar dádivas vergonzantes antes que unirse a la causa de todos sin exigencias de protagonismo. En ese sentido, se resalta la honestidad y la ética de otros sectores que, a pesar del inicial desacuerdo con los objetivos y las estrategias de la FALGBT, se permitieron escuchar los argumentos para finalmente sumarse a la tarea de remar todos para el mismo lado.
No cabe duda de que llegará el día en que el debate que nos dividió como sociedad (y aun nos divide en gran medida) pierda por completo su sentido. El matrimonio entre personas del mismo sexo dejará de ser objeto de controversia, las personas trans podrán asumir su identidad sin que nadie las cuestione y la educación sexual será un hecho en todas las escuelas respetando la diversidad y el deerecho a elección. Será el día en que la militancia LGBT desaparezca. Pero aun entonces habrá historiadores necesitados de testimonios fidedignos que les permitan reconstruir nuestro presente, devenido ya en un pasado barbárico en el cual el mismo Estado se encargaba de humillar día tras día a una parte de la población. Afortunadamente, esos historiadores futuros han de contar con el aporte ineludible de este libro de Bruno Bimbi.
Esto ha sido todo por hoy.
Desde las sofocantes callecitas de la siempre misteriosa Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Aires se despide Viktor Huije, un cronista de su realidad que hoy sabe más que nunca que, aun cuando la historia la escriben los que ganan, al menos en este caso no hay otra historia.
jueves, 28 de octubre de 2010
Pedacitos de mí
domingo, 19 de octubre de 2008
UNA ROSA Y UNA ENSALADA DE FRUTAS

Doña Emma (Rosa su segundo nombre) fue, ante todo, una mina fuerte y de convicciones inquebrantables. Tozuda, bah, pero confiable y de una sola palabra. El mundo, desde su óptica, se dividía entre lxs que pensaban como ella y lxs que estaban equivocadxs. Sin embargo, el estar en la vereda de enfrente no te privaba de su respeto ni de su consideración. Mi vieja fue profundamente solidaria y así la recuerdan todxs lxs que la conocieron. Lxs que la conocieron y no tuvieron que convivir con ella, claro está. Yo fui testigo de sus otras facetas menos felices y, no obstante, sé que era capaz de cualquier sacrificio para lograr el bienestar de sus seres queridos. Sobre todo si esos seres queridos ostentaban el título de "hijx". Porque si hay algo que mi vieja hizo fue AMARNOS a mis hermanxs y a mí por sobre todos los seres que hay en el mundo. Su amor por nosotrxs fue su motor y su aliento. Aun más en los momentos difíciles, duras y gravísimas experiencias que hubieran derribado al más valiente.
Claro que (como suele suceder) yo no fui conciente de ese amor hasta que ya fue tarde. ¿Saben cuándo fue? Seguro se van a reir: fue la primera y única vez en mi vida que hice ensalada de frutas.
Pocas veces me verán comer frutas si no es en ensalada. Es un placer que disfruto desde siempre y no me produce el mismo deleite comiéndolas por separado. A mis hermanxs les sucede algo similar y mi vieja lo sabía muy bien. Durante décadas desde que tengo memoria, durante los veranos, en su heladera siempre había ensalada de frutas recién preparada. Ella raramente la probaba. La ensalada era para nosotrxs. Recuerdo su imagen mañanera sentada en la cocina cuchillo en mano desmenuzando las manzanas porque a mi hermano le gustaba el sabor pero no la textura; quitando minuciosamente todas las semillas de las naranjas para que mi hermanita no se atragantara; o cortando las bananas en rodajas gruesas porque a mí me gustaba morderlas y disfrutar su consistencia (huelgan los comentarios al respecto). Para doña Emma, el ritual veraniego de la ensalada de frutas era sagrado. Para nosotrxs era solo algo más. Como el aire que está para ser respirado. Unx abría la heladera y allí estaba la gran olla que terminaba vacía al final del día. Jamás un "¿te ayudo?" y mucho menos un "gracias".
Solo fui conciente del verdadero significado de aquel ritual cuando ella ya no estuvo. Una tarde me senté cuchillo en mano frente a la montaña de frutas y me di cuenta con claridad del amor infinito que mi vieja sentía por todxs nosotrxs. ¡Porque hacer una ensalada de frutas como lo hacía ella es un laburo de esclavos! Tanto que yo lo hice una vez y nunca más.
Obvio que su amor se manifestó de muchísimas otras formas, menos triviales que una ensalada de frutas. Mi sensación de agobio de aquella tarde no fue más que el pretexto que necesitaba mi corazón para dar rienda suelta a una serie de recuerdos muy guardados en mi pecho, tras cuya liberación mi vieja había adquirido las dimensiones de una diosa olímpica: un ser poderoso, pasional, omnipresente y a la vez capaz de las ternuras más inverosímiles.
Curiosa relación la nuestra. Por su parte, un amor tan grande que la obligó a ejercer su dominio a como diera lugar. Hoy sé que su afán por coartar mis libertades no se debió tanto a sus ansias de poder como a su horror por verme caído o lastimado. Si bien fue una mujer sabia a su manera, nunca comprendió (o lo hizo muy tardíamente) que hay golpes imposibles de evitar. Y eso que le hice escuchar hasta el hartazgo las canciones de Serrat. Incluso la que dice:
"Nada ni nadie puede impedir que sufran,
que las agujas avancen en el reloj,
que decidan por ellos, que se equivoquen,
que crezcan y que un día nos digan adiós".
Extraña relación sin dudas. Por mi parte, un evidente amor-odio que para mí no lo era tanto. ¡Cómo me enojaba si alguien me hacía notar cuánto yo quería a mi madre! Durante muchos años yo no quise quererla. Ella deploraba o envidiaba (que para el caso era lo mismo) mi espíritu libre. Ella despreciaba mi escaso apego a los rótulos. Pero, más que nada, ella suponía que yo era un ser "débil y perturbado" (fueron sus propias palabras) por el solo hecho de ser homosexual. Me confieso rencoroso: su homofobia fue tal vez lo único que no le puedo perdonar. Aun cuando su amor por mí fue superior a sus prejuicios. En los hechos, a pesar de reprobar expresa y continuamente mis "inclinaciones", jamás me abandonó ni me expulsó de su vida y (menuda paradoja) eso me parece algo loable de su parte. Antes bien, pretendió "curarme" y "hacerme regresar a la normalidad". Si hasta ese momento había sido posesiva, cuando supo que yo era gay intentó abrazarme hasta quitarme el aliento y entonces fui yo el que levantó un muro entre los dos. Alego en mi favor que fue legítima defensa.
Todavía supura la herida provocada por el desprecio manifiesto por "lo que yo era" (o sea por "quien yo soy"). No obstante y muy a mi pesar, jamás dejé de amarla ni de velar por ella. Tan solo dejé de idealizarla. O mejor dicho, comencé a protejerme de sus espinas.
Ese amor se me hizo patente la primera y única vez que la vi caída. Una vida de trajín y lucha constantes no podía menos que desembocar en una seria afección cardíaca. Así fue como pude verla en toda su humanidad. Desvalida en la sala de terapia intensiva, lucía frágil y vulnerable como nunca. Allí la descubrí pequeña y anciana. ¡Ella, que solía controlar los huracanes! No fue pena lo que sentí en aquella oportunidad. Fue puro amor. Tanto que, por primera vez desde mi infancia, necesité abrazarla con todas mis fuerzas. No pude hacerlo, claro está. Pero sí pude susurrar en su oído y en medio de su inconciencia un "te quiero" que me quemó la garganta. Un "te quiero" que no pude repetirle en los años que mediaron entre su recuperación y su muerte.
Cuando murió casi no lloré. Creo que fue un homenaje a su certeza de que "los hombres no lloran". O tal vez mi propia certidumbre de que su muerte nos liberaba a los dos. A ella, de la autoimpuesta obligación de velar por el correcto funcionamiento del universo y de tener que cargar con el oprobio de tener un hijo puto. A mí, de la inexplicable necesidad de huir de su mirada cargada de desaprobación.
Mi intención al comenzar estas líneas era la de rendir homenaje a mi madre y muchos han de pensar que no lo he logrado. Yo mismo lo pensé por un momento y tuve que releer lo escrito para cerciorarme de que, en el fondo, no me aparté ni un ápice del objetivo inicial. Mi madre fue un ser excepcional. Una mujer sin medias tintas que, a su modo, me enseñó a no bajar los brazos. Una mujer que tuvo sus aciertos y sus errores y allí radica su verdadera grandeza. Porque ahora sé que ella también admiró mi rebeldía y valoró en su justa medida los enfrentamientos que nos unieron en vez de distanciarnos. Estoy seguro de que ella aprobaría esta semblanza de su persona, que quizá no se ajuste estrictamente a la verdad, puesto que se proyecta a través del filtro de mi subjetividad, pero brota (eso sí) de mi amor de hijo y de la honestidad que ella supo transmitirme.
Esto ha sido todo por hoy. Desde las callecitas de la siempre misteriosa ciudad de Buenos Aires se despide Viktor Huije, un cronista de su realidad que hoy hubiera preferido ilustrar este texto con una imagen de su madre pero, ante la certeza de que ella no hubiera estado de acuerdo con aparecer en una página vinculada a la diversidad sexual, respeto su opinión y simbolizo su recuerdo en esta flor que ella amaba y la representa mejor que mil palabras.
domingo, 21 de septiembre de 2008
UNA GRAN DEUDA PENDIENTE
De izquierda a derecha: Alex Freyre, coordinador general de FBAS, Marcela Romero, Valeria Ramírez, Ingrid Pellicori y Facundo García, responsable del Área de DDHH y Diversidad Sexual del CIPSBA. (Fotografía de Inés Giménez).Desde hace tiempo se la ve trajinar de aquí para allá por Constitución, un barrio que (sin ser oficialmente una zona roja) congrega a centenares de personas que buscan en el sexo callejero una fuente de subsistencia. Y entre todxs ellxs, las chicas trans se destacan ostensiblemente. Son ellas las que suelen acudir a la sede de la Fundación Buenos Aires Sida, donde Valeria y las otras chicas del equipo las reciben y las escuchan. Porque Valeria es de las pocas que prefieren ocuparse a preocuparse. Con la FBAS como marco institucional, ella se ocupa de que las chicas trans reciban su caja de alimentos; que tengan preservativos para trabajar; les gestiona subsidios habitacionales para que puedan dormir dignamente bajo techo; las aconseja y las insta a concurrir al Hospital Ramos Mejía donde funciona un servicio especialmente diseñado para ellas y, en general, se esfuerza por ESTAR al pie del cañón cuando se la necesita. Valeria trabaja en favor de sus pares y, hoy en día, sin buscarlo, se ha transformado en una activista por los derechos de esas chicas trans que todo el mundo pretende no ver. Una activista que va a los bifes, justamente. Porque a ella no le pidan elucubraciones teóricas, no le pidan discursos. Ella es de las que se arremangan y van a los hechos sin dar vueltas.
Aunque para todo hay excepciones.
El lunes 15 de septiembre, en el Salón Juan Domingo Perón de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, se llevó a cabo una actividad organizada por el CIPSBA (Centro de Iniciativas y Políticas del Socialismo para Buenos Aires). La idea era la de poner de manifiesto las condiciones de vida de personas travestis, transexuales y transgéneros en nuestro país en función de los prejuicios en las prácticas sociales más cotidianas. Una iniciativa más que altruista por parte de los dirigentes del Partido Socialista, el único partido político que hasta ahora se ha hecho eco de las necesidades de la comunidad LGBT.
La fecha no era propicia: ese mismo día, el modisto Roberto Piazza festejaba su unión civil con Walter Vásquez y toda la comunidad LGBT estaba conmocionada por el evento. Un evento que (curiosamente) se anunció con el rótulo de "casamiento", como si las personas de nuestra comunidad contáramos con el derecho legal de contraer matrimonio como cualquier hijo de vecino. A mi juicio, solo un fatuo despliegue de glamour devenido en una seudoreivindicación de nuestra lucha y nuestra plena ciudadanía. Sin embargo, la sala de la Legislatura fue colmada por quienes deseaban estar presentes en un evento de marcada relevancia: al fin y al cabo, era la primera vez que las chicas tomaban protagonismo en ese ámbito sin tener que recurrir a la denuncia airada y a la violencia.
En primer lugar, la actriz Ingrid Pelicori interpretó un monólogo de Griselda Gambaro, titulado “El nombre”, que formó parte del ciclo “Teatro x la Identidad”. A continuación, tomaron la palabra (a modo de charla-debate) Marcela Romero, Presidenta de la Asociación Travestis, Transexuales, Transgénero Argentinas (ATTTA) y mi querida Valeria Ramirez, Coordinadora de la sede Constitución de la Fundación Buenos Aires SIDA.
Era su primera vez (quién hubiera imaginado que a estas alturas a mi hermanita le quedaba algo virgen) y como en toda primera vez, hubo miedo, nervios, inseguridades y titubeos. Pero pudo sacar afuera una historia que llevaba muy adentro, reprimida y silenciada como ella misma lo estuvo en los años más oscuros de nuestra historia reciente. Valeria nos contó a todxs lxs allí presentes lo que fue para las personas trans sobrevivir en los calabozos del Pozo de Bandfield, uno de los centros de detención más cruentos de la última dictadura. Pocxs son lxs que hoy ignoran o niegan lo que sucedía por aquellos años en nuestro país convertido en una gran prisión donde una palabra podía ser la diferencia entre la vida o la muerte. Para todxs fue difícil pero para Valeria y sus pares la cosa fue peor. En el Pozo de Bandfield todo tenía un precio y en el caso de ellas la moneda de cambio no era otra cosa que su cuerpo. Con desgarradora simpleza, Valeria supo relatarnos el abuso, la humillación y la deseperanza que signó aquella época de su vida.
"A nosotras no nos torturaron con picana. Pero para poder comer, para poder tomar un vaso de agua, para poder ir al baño debíamos acceder a la violación. Violación a todo nivel: física, psíquica y moral" dijo. "Yo ejercí la prostitución porque no tenía trabajo y me duele que hoy siga pasando lo mismo en todo el país. Por lo tanto les pido políticas de empleo para las personas trans. Con nosotras hay una deuda pendiente que la democracia todavía no resolvió: hay políticas solidarias para adultos mayores, para niñas, niños y adolescentes, políticas para mujeres, para personas con discapacidad pero para nosotras nada hasta el momento. En todo caso, solo políticas represivas".
"Nosotras fuimos perseguidas políticamente por nuestra militancia o por nuestra identidad de género. Ninguna de mis compañeras de cautiverio sobervivió y hoy todavía siguen muriendo por la falta de acción de la democracia. Queremos una democracia que nos incluya y nos respete a todas".
Palabras más, palabras menos, esas fueron las ideas que Valeria expuso el lunes en la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, un órganismo público que debería velar por el bienestar de todxs sus ciudadanxs pero que hace la vista gorda ante muchos atropellos, amparados por el manto del prejuicio, el desprecio y la indiferencia de la sociedad.
Nada tengo yo para agregar. Salvo mi reconocimiento y la pública exteriorización de mi cariño hacia mi hermanita putativa que se la juega día a día por lo que considera justo.
Eso es todo por hoy. Desde las callecitas de la siempre misteriosa Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que quiere rescatar los esfuerzos cotidianos de personas como Valeria, para que pierdan su anonimato y alcancen el sitial que en verdad se merecen.
domingo, 6 de julio de 2008
Labios con partido
Paralelamente, la ciencia hace su aporte a la confusión general y sigue investigando sobre las causas y los orígenes de la atracción entre personas del mismo género. ¡Como si tuviera alguna relevancia! Ahora resulta que los gays varones tenemos el cerebro como el de las féminas heterosexuales y las chicas lesbianas, como el de los machos cabríos. ¡Siéntanse felices, personas trans! Al menos por esta vez no han sido incluídas en estas clasificaciones discriminatorias que no suman pero restan y dividen. Parece que a la ciencia le sigue molestando que existamos y que seamos un "problema" a resolver.
Por mi parte, trato de no engancharme en este tipo de discusiones irrelevantes. No me interesa saber por qué soy gay, del mismo modo que a los varones heterosexuales no les interesa saber por qué les gustan las mujeres. Por lo tanto, no siento ningún orgullo particular en relación a mis preferencias afectivas pero sí me siento orgulloso de mi actitud ante el mundo y de mi decisión de afrontar la vida con dignidad y sin ocultar quién soy en realidad. Como corolario de lo expuesto (y para no hacerla tan larga), les dejo simplemente un poema que escribí hace unos años y que está inspirado en otro, escrito por Pedro Lemebel, llamado Manifiesto (Hablo por mi diferencia). Si no son muy afectos a la lectura o a la poesía y tienen que optar entre un poema u otro, les recomiendo que lean antes el de Pedro, que no tiene desperdicio.

ORGULLO
(Beso en verso para Pedro Lemebel)
Ay Pedro, Pedro...
¿sos o te hacés?
¿Siempre fuimos o nos hicimos?
Vaya preguntas.
Encaramados sobre los tacos
con el cabello verde
quebrando la muñeca
depilados hasta la raja
o quemando el arroz
llega un momento en el que ya no importa
si aflautamos la voz
o si la cadera nos bailotea más de la cuenta
cuando vamos al mercado.
Yo también tengo tantas cicatrices en la espalda
que ya las risas no me dañan
y cuando alguno por la calle me mira como a un sapo
lo increpo con el gesto
y el muy cobarde me esquiva la mirada.
Porque los maricones, Pedrito, somos nosotros
pero son ellos los que nos tienen miedo.
Miedo a que les guste que les miremos el bulto.
Miedo a que les guste que les toquemos el traste.
Miedo a que les guste mordisquear la almohada.
¿A qué viene, si no, tanto reparo a dirigirnos la palabra?
¿Por qué tanto asco
tanto estigma desvalorizante
o en el mejor de los casos
tanta tolerancia?
¿Acaso tendríamos que besarles los pies
cada vez que nos cruzan sin apalearnos?
Somos diferentes y no es una vergüenza.
Tengo marido ¿y qué?
Soy tal vez más hombre que los hombres
que nos gritan maricón a la distancia
más que los que nos golpean
sólo para que no les contagiemos la caidita de ojos
más hombre que los hombres que nos castigan
saciándose los pitos en nuestros culos.
Nosotros somos más hombres que ellos.
Porque con supina dignidad nos bancamos
esta naturaleza nuestra a contramano
y el oprobio innecesario que nos viene de regalo.
Porque no importa si nacemos así o nos hacemos.
Al fin y al cabo
si somos el resultado de un molde mal diseñado
ya encontrarán ellos la manera de abortarnos.
Y si nada más elegimos
si esto no es más que optar por el gusto de que nos soplen la nuca
les bastará con encender de nuevo las antorchas
para seguir quemándonos por brujas.
Por eso si los dejamos, Pedro,
si no hacemos oir nuestra voz de pito
si no los señalamos con las uñas esmaltadas
a ellos y a su error de creernos una lepra
si no alborotamos los despachos oficiales
con el taconeo de nuestras demandas
vamos a estar jodidos.
Mucho más aún de lo que ya estamos.
Yo sé que vos lo sabés.
De alguna manera vos mismo me lo enseñaste
y no sé por qué te lo digo.
Por ahí no es a vos al que se lo estoy diciendo.
Pero tenemos que juntarnos, Pedro,
reirnos de los que se ríen
salir a la calle como las locas que somos
y demostrarles que tenemos labios con partido
que no tenemos el futuro solo en la bragueta..
Tenemos que invitarlos a que nos pierdan el miedo
a nosotros
o a calzarse la medibacha si se les da la gana.
Pero sobre todo
tenemos que juntarnos y codo a codo
enseñarnos a no tenerles miedo
a no hacernos eco de su macha ignorancia
y querernos así
tan maricas
tan tortas
tan travas
tan putos como somos.
---------------------Buenos Aires, 1 de junio de 2006
Esto es todo por ahora. Desde las callecitas de la siempre misteriosa y hoy particulamente gris ciudad de Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que ya no se esconde ni se miente.
domingo, 1 de junio de 2008
El maestro de los tiernos adolescentes

Cuando yo tenía veinte años, hablar de pornografía era un verdadero pecado mortal, aun para las mentes más liberales de nuestro medio queer. No como ahora, que el tema está más instalado y pocos son los que no han incursionado alguna vez en un cine porno. A pesar de ya no ser tan inocente, por aquel entonces mi experiencia dentro del mundo gay era limitada y aun me creía miembro de una selecta minoría de seres que nadaban contra la corriente, en un mundo donde lo heterosexual era "lo correcto". Sin embargo, el deseo pudo más y me fue posible así quebrar una barrera que me impedía ser yo mismo: la del prejuicio respecto de mis propios sentimientos.
Fue un 26 de enero del '83. El país todavía estaba bajo el yugo de las botas militares, aunque la derrota de Malvinas ya había puesto fecha de vencimiento al Proceso de Reorganización Nacional. Recuerdo muy bien la fecha porque fue un regalo de cumpleaños que me hice a mí mismo.
No recuerdo cómo lo descubrí pero un día supe que ese local oscuro que había en la calle Urquiza, entre Alsina y Moreno, no era otra cosa que un cine porno. Tardé meses en decidirme a entrar y, cuando lo hice, sentí que mi vida ya no sería la misma de allí en más. Es decir que, a partir de ese nuevo "alumbramiento" puedo asegurar que el 26 de enero de 2009 cumpliré veinticinco años... de puto asumido.
El lugar era sórdido (¿para qué negarlo?) y me dio un poquito de miedo trasponer ese telón negro que oficiaba de entrada a la sala. La oscuridad era casi total y lo único que se podía ver con nitidez era la pantalla, en la que se desarrollaba una escena de sexo entre dos adolescentes. Lejos de todo morbo, la imagen me generó ternura. No había primerísimos planos, ni violencia, ni música enlatada. Los chicos parecían disfrutar verdaderamente de lo que estaban haciendo, con dulzura, con una iluminación natural y no agresiva y un piano suave que contrastaba fuertemente con los jadeos ahogados que me circundaban. Era un film donde lo erótico tenía una potencia en verdad remarcable. Todo inmerso en un medio en el que el olor a sexo desvirtuaba toda poesía que pudiera emanar de la pantalla. Sin dar detalles de mi experiencia personal de aquella tarde, ese fue mi primer contacto con un mundo que, en el futuro, me demostraría que yo no era tan diferente a tantas y tantos otras y otros que hallaron en el sexo un modo de expresión. Con el tiempo supe que aquella película que me había impresionado tan positivamente se llamaba "Tendres Adolescents". Se trataba en realidad de un corto que no superaba la media hora y su director era un francés de nombre tan dulce como su opera prima: Jean Daniel Cadinot.Huelga la aclaración de que, de allí en más, me hice habitué del mencionado sucucho y que mis experiencias con la pornografía tomaron cierta distancia de aquel bucólico primer acercamiento. Conocí el cine americano (muchísimo más explícito y carente de poesía) y el cine alemán (en el que la berretada era tan notoria como la minoridad de sus "actores"). No obstante, yo seguí fiel a Cadinot, liberé mi imaginación y me permití plagiarlo en mis encuentros amorosos (más de unx debería estarle agradecidx).
Para quien supo ver más allá de lo evidente, JDC fue un maestro en todo sentido. Fue una fuente inagotable de fantasías eróticas, impulsor de un nuevo lenguaje para la pornografía (que casi dejó de ser una mala palabra para transformarse en una nueva faceta del arte) y, sin duda, un activista gay muy poco convencional que desde la lente de su cámara plasmó un mundo en el que nosotrxs también teníamos derecho a ser. Por todo ello, a lo largo de sus sesenta y cuatro años, cosechó admiradores y detractores, entre propios y ajenos, dando como pocos un particular sentido a aquella expresión del Quijote: "Ladran, Sancho...".
Y no caben dudas de que cabalgó en contra de improperios y condenas.
El pasado 23 de abril, un paro cardíaco apagó para siempre su cámara. Una muerte ciertamente dulce si las hay. Y podría suponerse que es el fin de su historia. Sin embargo, los que conocemos su trayectoria bien sabemos que su obra está presente (y lo seguirá estando) en la de otros realizadores para quienes el sexo no es solo fuente de divisas, sino también un modo de decirle al mundo que el placer es tan humano como respirar.
El mismo Cadinot, a modo de despedida en su blog, plasmó su filosofía en una frase: «Un falo erguido es un símbolo de vida, una cruz es un símbolo de muerte».
Esto es todo por ahora. Desde las callecitas de la siempre misteriosa Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que hoy ha querido rendirle homenaje a un hombre que hizo del placer una bandera.
jueves, 22 de mayo de 2008
Don Mario

No te salves
Mario Benedetti
No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.
**********************************************
Hoy solo quiero recordar al gran maestro que, por estos días, está atravesando una mala racha. Ruego por su salud, querido Mario. Todos sabemos que en esta oportunidad, por usted y no por mí, los cielos deberían escucharme.
A continuación y a modo de yapa, unos fragmentos de una de las mejores películas que he visto en mi vida, "El Lado Oscuro del Corazón", en donde brillaron los poemas de don Mario.
Y otra yapa...
sábado, 26 de abril de 2008
Ese homófobo de Silvio

Es que Silvio Rodríguez me ha acompañado a lo largo de tantos y tantos años de lucha contra el mundo y contra mí mismo, que no es sencillo consolidar una adecuada perspectiva. Sin embargo, en algún momento de nuestra platónica relación, pude comprobar algo que ya venía sospechando desde el inicio: Silvio Rodríguez es un ser humano, pasible de defectos, fobias y también prejuicios.
La comprobación vino de la mano de otro de mis referentes, el chileno Pedro Lemebel, que en su texto EL MALENTENDIDO DEL UNICORNIO (cuya lectura recomiendo especialmente) relata un frustrante encuentro entre un par de locas trasandinas y el cantautor. Encuentro durante el cual afloró la proverbial homofobia de izquierda y quedó claro que el buen Silvio nos desprecia como el más común de los mortales.
El mío es solo un comentario de loca mala. No busco denigrar al artista en absoluto. Ni podría, dado que la altura de sus méritos escapa ampliamente a mis capacidades tan básicas. Muchas de sus canciones permanecerán por siempre en la categoría de "bíblicas" para mi espiritu siempre en plan de búsqueda. Sigo disfrutando de su música y su poesía y mi opinión acerca de su arte no podría cambiar a causa de una triste anécdota, por representativa que resultase.
La pregunta entonces se me impone: ¿Es la homofobia de Silvio menos perniciosa que la del resto de la gente?
Desearía poder responder honestamente que sí, pero lo cierto es que la homo-lesbo-transfobia es ignorancia, es prejuicio, es odio. No importa quién la detente, si un jerarca de la iglesia, un conservador de derecha, un homosexual confundido o el cantautor de mis amores. No habrá descanso para ningunx de nosotrxs mientras haya gente que no comprenda que somos tan iguales y tan diferentes como el que más, dignos representantes de una especie que no encuentra el modo de convivir en el respeto y el amor hacia su prójimo. Porque nadie escapa a esta norma impuesta por los hechos y, en función de ella, cada quien es tan "normal" como cada cual.
Insisto: quisiera tener razones válidas para poder afirmar que Silvio Rodríguez supera esa "normalidad". Y aunque no las tengo tampoco puedo ponerlo al mismo nivel de los otros victimarios de nuestras reivindicaciones. ¿Sinsentidos de mi humana idiosincracia? No hay duda. Pero es que siempre habrá algún tema de Silvio que me lleve a la reflexión. Siempre habrá alguno que me haga sonreir o que me emocione. Siempre habrá uno en especial que no podré escuchar sin que se me anude la garganta, ese que ya no puedo cantar, ese que me transportará siempre a otras épocas más tristes pero paradójicamente también más felices.
De todos modos, que quede claro que sigo coincidiendo con el compañero Pedro Zerolo: "¿Ser de izquierdas y homofóbico? ¡Eso sí es contra natura!".
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Esto ha sido todo por hoy. Desde las callecitas de la siempre misteriosa Buenos Aires se despide Viktor Huije, un cronista de su realidad que no siempre sale airoso en su lucha contra las contradicciones.
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sábado, 8 de marzo de 2008
Marguerite Yourcenar

Elegí en este día recordar a una de las mujeres que, sin siquiera sospechar mi existencia, dejó su marca indeleble en mi historia personal. Estoy hablando de Marguerite Antoinette Jeanne Marie Ghislaine Cleenewerck de Crayencour y Cartier de Marchienne, más conocida como Marguerite Yourcenar.
Nació en Bruselas, Bélgica, el 8 de junio de 1903. Su madre murió a los 10 días de su nacimiento por complicaciones en el parto y fue educada por su padre en una finca en el norte de Francia. Leía a Racine y a Aristófanes a los ocho años, su padre le enseñó latín a los 10 y griego clásico a los 12. A partir de 1919, empieza a firmar como Marguerite Yourcenar, que más adelante sería registrado legalmente como su nombre. Su primera novela, "Alexis o el tratado del combate estéril" fue publicada en 1929. Su mejor amiga en ese momento, la traductora Grace Frick, la invita a Estados Unidos, donde dará clases de Literatura comparada en el Sarah Lawrence College de la ciudad de Nueva York. Yourcenar y Frick se hacen pareja en 1937 y permanecen juntas hasta la muerte de Frick en 1979 a consecuencia de un cáncer de mama.
Hasta aquí un poco de su biografía. Pero siempre pensé que las biografías no suelen decir mucho de las personas. El hecho de que ella haya sido la primera mujer que fuera aceptada como miembro en la misógina Academie Française no es nada más que una anécdota, comparada con la profunda sensibilidad y la filosofía de sus escritos. Las biografías son apenas un listado de hechos históricos que, en general, no se sumergen en la verdadera esencia de la persona que buscan retratar. Tampoco pretendo eso con estas líneas.

Una de sus más grandes obras, "El Laberinto del Mundo", su autobiografía, comienza diciendo "El ser que llamo yo vino al mundo..." y yo, que venía de leer "Memorias de Adriano" (una novela que marcó un antes y un después en mi visón de la realidad) constaté que la Yourcenar sería para siempre un faro, esa luz que en medio de la tormenta me indica que la tierra firme nunca está tan lejos. Rescato algunas frases de "Memorias...":
“No soy de los que afirman que sus acciones no se le parecen. Muy al contrario, pues ellas son mi única medida, el único medio de grabarme en la memoria de los hombres, y aún en la propia mía”.
“No desprecio a los hombres. Los sé vanos, ignorantes, ávidos, inquietos, capaces de cualquier cosa para triunfar, para hacerse valer, incluso ante sus propios ojos, o, simplemente, para evitar sufrir. Lo sé: soy como ellos, al menos por momentos, o hubiera podido serlo. Sólo en un punto me siento superior a la mayoría de los hombres: soy a la vez más libre y más sumiso de lo que ellos se atreven a ser. Casi todos desconocen por igual su justa libertad y su verdadera servidumbre”.
“La inmortalidad de la raza se consideraba como un paliativo de la muerte. Se hablaba de Gloria, bella palabra que dilata el corazón, pero con miras a establecer entre ella y la inmortalidad una confusión falaz, como si la huella de un ser fuese lo mismo que su presencia”.
“Una parte de cada vida, y aún de cada vida insignificante, transcurre en buscar las razones de ser, los puntos de partida, las fuentes… Cuando los cálculos complicados resultan falsos, cuando los mismos filósofos no tienen ya nada que decirnos, es excusable volverse hacia el lejano contrapeso de los astros”.Y la que más me gusta, tal vez por su cauto optimismo:
“El desorden triunfará, pero de tiempo en tiempo también el orden. No todos nuestros libros perecerán; se repararán nuestras estatuas rotas...”
¿Entienden el por qué de la idea del faro?

Vaya pues, desde este humilde sitio, desde el húmedo rincón donde moran mis sentires, mi reconocimiento y mi agradecimiento a una grande entre las grandes. Y, a través de ella, a todas las mujeres (tengan o no vagina) que luchan, día a día, por defender su dignidad humana y su derecho a pensar y a amar, sin aceptar el yugo de los que intentan reprimir a la que llevan dentro.

Esto ha sido todo por hoy. Desde las callecitas de la siempre misteriosa Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que jamás habrá de desdeñar su faceta femenina.
martes, 11 de septiembre de 2007
11 de Septiembre

Día duro si los hay.
Estoy seguro de que el 11 de septiembre es recordado en casi todo el mundo por el Atentado a las Torres Gemelas. Hecho deleznable, por cierto. Pero yo prefiero recordar en esta fecha funesta un acontecimiento mucho más cercano a mis afectos y a mi ideología. Como es mi estilo, a partir del arte.
El río invierte el curso de su corriente.
El agua de las cascadas sube.
La gente empieza a caminar retrocediendo.
Los caballos caminan hacia atrás.
Los militares deshacen lo desfilado.
Las balas salen de las carnes.
Las balas entran en los cañones.
Los oficiales enfundan sus pistolas.
La corriente se devuelve por los cables.
La corriente penetra por los enchufes.
Los torturados dejan de agitarse.
Los torturados cierran sus bocas.
Los campos de concentración se vacían.
Aparecen los desaparecidos.
Los muertos salen de sus tumbas.
Los aviones vuelan hacia atrás
Los "rockets" suben hacia los aviones.
Allende dispara.
Las llamas se apagan.
Se saca el casco.
La Moneda se reconstituye integra.
Su cráneo se recompone.
Sale a un balc6n.
Allende retrocede hasta Tomás Moro.
Los detenidos salen de espalda de los estadios.
11 de Septiembre.
Regresan aviones con refugiados.
Chile es un país democrático.
Las fuerzas armadas respetan la constitución.
Los militares vuelven a sus cuarteles.
Renace Neruda.
Vuelve en una ambulancia a Isla Negra.
Le duele la próstata. Escribe.
Víctor Jara toca la guitarra. Canta.
Los discursos entran en las bocas.
El tirano abraza a Prat.
Desaparece. Prat revive.
Los cesantes son recontratados.
Los obreros desfilan cantando
¡Venceremos!
Gonzalo Millán

lunes, 10 de septiembre de 2007
In Memoriam

Nessun Dorma - Giacomo Puccini
Nessun dorma! nessun dorma!
Tu pure, o, principessa,
Nella tua fredda stanza,
Guardi le stelle
Che fremono d'amore
E di speranza.
Ma il mio mistero e chiuso in me,
Il nome mio nessun sapra!
No, no, sulla tua bocca lo diro
Quando la luce splendera!
Ed il mio bacio sciogliera il silenzio
Che ti fa mia!
(il nome suo nessun sapra!...
E noi dovrem, ahime, morir!)
Dilegua, o notte!
Tramontate, stelle!
Tramontate, stelle!
All'alba vincero!
Vincero, vincero!
lunes, 3 de septiembre de 2007
La Flor de la Canela

Reconocida cantautora y folclorista, creó e interpretó un gran número de valses criollos y ritmos afroperuanos. Su tema más conocido a nivel mundial es "La Flor de la Canela", que cuenta con innumerables versiones de la propia Chabuca y de otros artistas de talla mundial.
Chabuca comienza a cantar a los 12 años de edad, y forma parte del coro del elitista Colegio Sophianum por su voz de soprano. Una operación le dio la voz grave que se le conoció. Formó parte del conjunto "Luz y Sombra" junto con Soledad Mujica. Sin embargo, su despliegue personal como cantautora se inicia luego de su divorcio, que fue visto como un escándalo para la sociedad limeña de aquella época.
El primer período de su producción creativa es netamente evocativo y pintoresco. Chabuca le canta a la Lima antigua y señorial de comienzos del Siglo XX. Es la ciudad que ella conoció a través de su padre, la del barrio del Barranco, de grandes casonas afrancesadas, con inmensos portales y jardines de invierno. A esta etapa pertenecen “Lima de Veras”, “La flor de la canela”, “Fina Estampa”, “Gracia”, “José Antonio”, “Puente de los Suspiros”, “Zeñó Manué” y muchas otras.
Más adelante, Chabuca quebrantará incluso las estructuras de la poesía convencional, y el ritmo de las canciones seguirá los pasos de esa evasión de las rimas, consonancias y métricas dadas. A este última etapa pertenece un ciclo de canciones dedicadas a la chilena Violeta Parra y a Javier Heraud, poeta peruano muerto en 1968.En sus últimos años, Chabuca Granda interpretó un repertorio ligado al renacimiento de la música afroperuana que, a pesar de haber estado presente a nivel popular, había sido denostado por razones sociales. Manejó con maestría “negra” el abanico de ritmos que enriquecieron la música popular peruana y su poesía tomó el sesgo de la acuarela, el trazo sintético y sugerente de colores y sensaciones.
En lo personal, Chabuca Granda representa las tardes de mi infancia en el patio de la casa de la bisabuela, doña Carmen Viera, allá en el Barrio Urquiza de mi querida Tucumán. La vieja canturreaba con su voz quebrada y desafinada valsesitos, que hablaban de una ciudad de grandes señores y señoras elegantes, mientras armaba su cigarrillo de chala. Con los años, ya en Buenos Aires, escuché a Chabuca en televisión y me enamoré de su música, tanto por su belleza como por el melancólico recuerdo de aquellas tardes tucumanas. Chabuca es libertad al crear, sin atenerse a parámetros. "Canto lo que quiero y como quiero" parece decir. Y ése ha sido el norte de mi vida.Chabuca se nos fue un 8 de marzo del '83. O eso dicen los que todavía no aprendieron a vibrar con sus acordes.
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Esto ha sido todo por hoy. Desde las callecitas de la siempre misteriosa Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que siente que LOS GRANDES todavía siguen entre nosotros.
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jueves, 19 de julio de 2007
DÍA DEL AMIGO
Yo soy uno de los pocos que ha podido atesorar en su corazón cantidad de buenos AMIGOS. Aplausos para mí y, sobre todo, para mis amigos!!!!!
Los tengo para todos los gustos, de todo color y textura. Pero todos GRANDES. Algunos de larga data, como Aldo Chiappe (mi amigo más antiguo), Teresa Fernández (mi antigua compañera de la universidad), Adolfo Pribluda (mi compañerito de coro) o la pandilla de 1491 (el Corro, Pity, Dani y toda la family) que más que amigos se transformaron en mi familia. Incluyo también entre ellos a mi querida Adri, alguien tan especial que tuvo a bien brindarme la felicidad de engendrar tres hijos. También tengo amigos allende los Andes, con los pro y los contra que da la distancia. De este lado (y más nuevitos pero no menos queridos) debo mencionar a las Superpoderosas: Diego, Cristian, Tote, Pato. Y tampoco debo dejar de mencionar a los amigos que me dio la militancia: Bellota Caravaggio, Marcelove, Edu, Dary, Fernando, la Seño Cosmo, Gustavo... Todos queridos y siempre recordados. Sobre todo a Víctor Manuel, que soporta día a día mis insensateces, porque me ama y lo amo.
El posteo de hoy estaba pensado con otro tenor, pero una noticia recibida hace pocos minutos me ha cambiado el ánimo.
Parafraseando a Atahualpa Yupanki, yo tengo tantos amigos que no los puedo contar. Y a muchos de ellos jamás los he visto personalmente ni ellos se han enterado alguna vez de mi existencia. La lista sería demasiado extensa y la voy a pasar por alto.
Sin embargo, entre ellos voy a destacar a uno que en el día de hoy se ha tomado el buque hacia el "para siempre": el "Negro" Fontanarrosa, un ser luminoso que supo alegrar nuestros días más oscuros desde el humor. Un humor no solo inteligente, sino también cálido, sencillo, cotidiano.
Vaya pues mi sentido homenaje y millonmes de besos y apretones y abrazos a todos mis amigos

jueves, 7 de junio de 2007
PERLAS ROBADAS
¿Es pecado atravesar por un período de poca inspiración? Ojalá mi querido Lucho Bordegaray no lo sienta así y no se enoje por el "robo" de algunos de sus posteos recientes. En todo caso, hago mención de la fuente (pulsar aquí) e invito a todos los visitantes de esta página a darse una vueltita por su blog, siempre interesante y con temas que invitan a la polémica y la reflexión.************************
viernes, junio 01, 2007
El peor analfabeto
“El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio del poroto, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.”
Una persona a la que considero muy valiosa me envió este más que oportuno texto de Bertolt Brecht.
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domingo, junio 03, 2007
45%
¿Qué son? ¿Un 45% de frívolos que aman las vacaciones en Punta del Este y las fotos en la revista Caras? ¿Un 45% de delincuentes que se identifican con los grandes evasores? ¿Un 45% de descerebrados que creen que el progreso es generar desocupación y miseria? ¿Un 45% de idiotas que adoran escuchar a un candidato preocupado por el transporte público y se niegan a reconocer que él mismo es dueño de buena parte de ese mismo transporte? ¿Un 45% de irracionales que le entregan el Estado a quien le robó, negoció suciamente y propició la destrucción del Estado? ¿Un 45% de subnormales que creen que un puñado de eslóganes son un discurso brillante y síntoma de una nueva política? ¿Un 45% de tarados que suponen que la nueva política son los mismos que sostuvieron y transaron y festejaron con la vieja política? ¿Un 45% de cagones que suponen que meter presos a los morochos es una política de seguridad? ¿Un 45% de miserables que quieren pavimentar la miseria? ¿Un 45% de fanatizados que creen que un club de fútbol semi vaciado a favor de la dirigencia con nombre de empresa tercerizada es aval de algo? ¿Un 45% de amnésicos que olvidan preguntarse por los alcances de la palabra (caballito de batalla) “gestión” en el privatizado Correo Argentino? ¿Un 45% de inhábiles mentales que adhieren al discurso de quien lleva cinco años diciendo sin parar que “hay que dejar de hablar”?
No, no; es mucho más simple y alarmante: vivo en una ciudad habitada por no menos de un 45% de gente de mierda. No hay muchas más manera de ver a ese 45%.
Pero tengo que sumar a algunos más. Tengo que sumar a los que pusieron su mezquina ambición partidaria o personal por delante del bien común, como los nacidos en la improvisación para llegar al poder que mordieron el anzuelo de un pacto golpista con el mismo que hoy se los arrebata, y los patoteritos que salieron a escupirle el asado a los improvisados porque se cagaban en las patas de solo pensar que –si quedaban afuera– deberían negociar alguna mordida en el futuro porteño con la rata empresaria a la que apenas objetaron.
Esto costará exclusión, represión, hambre y sangre. Y como el poder no está tan expandido como para alcanzar a un 45% de la población, es indudable que no pocos de los que forman ese 45% que avala (sabiéndolo o no) exclusión, represión, hambre y sangre a futuro serán también objeto de esa exclusión, represión, hambre y sangre.
Y buenas noches, para los que crean que hoy se puede dormir bien.
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lunes, junio 04, 2007
Perlas post electorales
Por fuera de tanta mezquindad, un mensaje alentador de Elisa Carrió: “Quédense tranquilos: ya llega la luz”. Lamentablemente, no se trata de un dato cierto acerca del fin de la crisis energética sino de un capítulo más de su delirio místico que, en el plano de la política, sólo puede ser tomado en sorna. Como casi todos sus mensajes: alentadores pero inútiles o, peor aún, calmantes para achatar la inquietud social con esperanzas cuasi teologales.
Patricia Walsh, apresurada, en miras al ballotage da libertad a quienes la votaron. Sin dudas, siguiendo una vieja tradición de las “histeriquierdas” vernáculas: “Fuera de nosotros, el resto es todo lo mismo”. Patricia debería consultar a una médium y preguntarle si a su papá le hubiese parecido lo mismo un hipotético –y quizás patético– gobierno de coalición encabezado por Balbín que la dictadura que terminó con su vida.
Alberto Fernández dice que el 55% no votó a Macri. Carrió dice que el 75% votó contra Kirchner. Sigamos, chicos, con este juego: el 80% votó contra Carrió: el 99,8%, contra Rico; el 96% votó contra la izquierda fragmentada; el 99,6%, contra el porro cherashnysta, y así… hasta concluir que todos estamos contra todos. Y entonces… ¿se la bancarán? Hablan como si el “Que se vayan todos” (que capitaliza Macri) no hubiese estado dirigido también a una (profeta inoperante) y a otro (entonces operador del mismo cínico que desató la crisis, el estallido y la bronca popular).
Para completar el raro panorama de anoche, no hay noticias de que haya habido un saludo de Néstor Kirchner a Mauricio Macri. Raro, ¿no?, porque a Jorge Sapag, continuador del fusilador de maestros, sí lo llamó para desearle un buen gobierno. Kirchner llamando a Sapag… ¡eso sí que es Pro!
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martes, junio 05, 2007
Represión (voc. desus.)
La policía de Kirchner no reprime, sólo “reestablece el orden”, como lo hizo esta tarde frente a la sede del Ministerio de Trabajo.
Empiezo a sospechar que el mayor logro de este gobierno es semántico.
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Esto ha sido todo por hoy. Desde las callecitas de la siempre misteriosa Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista de su realidad que hoy salió de choreo.
Recuerden que la dirección del blog de Lucho es:
http://excluidosperotecnologizados.blogspot.com/
jueves, 8 de marzo de 2007
NIÑA
Quizá te busquenporque naciste,
quizá te midan por mujer,
quizá te acosen
porque creciste,
quizá te odien por mujer,
pero no dejes
de ser la niña
que abraza
todo lo que hay en si,
pero no dejes de ver el mundo
como un espacio por compartir.
Quizá te insulten,
quizá no nazcas,
quizá te anulen por mujer,
quizá no llegues
a ser tú misma,
quizá te empujen por mujer,
pero no dejes
de ser la niña
que abraza
todo lo que hay en si,
pero no dejes de ver el mundo
como un espacio por compartir.
______________________Pedro Guerra - Silvio Rodriguez
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Porque ellas han sido desde siempre las que mejor comprendieron nuestra causa y nuestra lucha... desde las lluviosas callecitas de la siempre misteriosa Buenos Aires, el Huije les desea
FELIZ DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER!!!!!!!!!
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La imagen de hoy:
Mujer mirando a la luna (Sandra Pérez - artista cubana)
Técnica: Carboncillo / cartulina
43x57 cm.


