lunes, 2 de octubre de 2006

HOY: CATARSIS



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Cuando yo tenía unos ocho años, en una fiesta familiar (de esas en la que uno se encuentra con parientes que no ve desde hace años o no ha visto nunca), la tía Luisa vino a saludarme y, apretándome los cachetes, me dijo: "Sos todo un proyecto de hombrecito". Comentario pelotudo si los hay. Mi hermano Alberto (8 años mayor que yo) me miró con una sonrisa y me abrazó al tiempo que me decía jocoso: "Bueno, siempre hay proyectos que no se cumplen". Conociéndolo, sé que en sus palabras había mucho más que un simple chiste oportuno. Con el paso de los años, comprendo que, ya en aquella época, él podía ver algo que yo aún no. Y aquel abrazo y aquella sonrisa no tenían ni el más mínimo atisbo de burla. Eran su manera de decirme: "Está todo bien, siempre vas a ser mi hermano, pase lo que pase". Casi olvidé aquel episodio, hasta que, seis años después, un cáncer fulminante se lo llevó sin que yo me atreviera a confesarle que, en aquella oportunidad, no había estado tan errado. Hoy sé que en algo se equivocó: LOS GAYS TAMBIÉN SOMOS HOMBRES. Pero siempre me reproché no haberle dado las gracias por aquel y tantos otros gestos de amor y compañerismo.

Años más tarde, mi santa madre descubrió lo que Alberto ya había descubierto más de una década atrás. Melodrama total: "¿Qué me hiciste? ¿Qué me hiciste?" vociferaba mientras caminaba en círculos alrededor de la mesa de la cocina. "Sólo te pido que no me LOS traigas a casa". Y si, en el imaginario popular siempre reinó la idea de que los gays somos incapaces de tener una vida sexual monogámica. Lo que ella no sabía (porque no quiso saberlo, no hay otra explicación) es que le había estado sirviendo el desayuno a mi novio casi todas las mañanas durante los anteriores seis años. Mi padre jamás pudo hablar del asunto conmigo. Sí me consta que lo habló con al menos dos de sus compañeros de trabajo que, en una noche de fiesta en casa, entonados por el tinto, me confesaron (casi como un elogio) que yo "no parecía marica". Mi otro hermano mayor, cuando se enteró de la "novedad" me retiró el saludo durante diez años. Recién me llegó la redención cuando me casé y nació mi primera hija. Habrá pensado que me había convertido en otra persona de la noche a la mañana... no sé. Lo que sí sé es que yo nunca olvidé aquella "proscripción" y solo lo readmití en mi vida por pedido, casi ruego, de mi madre (sobre todo porque tuve en cuenta que mi señora progenitora era casi incapaz de rogarle nada a nadie).

Pasaron los años y creí que esas controversias familiares habían pasado a la historia. Mi madre murió en el '96 y mi padre en el 2004. Yo me separé de mi esposa y volví a distanciarme de mi hermano por otras razones. Mi familia se redujo entonces a mis dos hijos y a mi hermana Carolina, que hoy tiene 24 años y siempre sostuvo que no tenía problemas con mi sexualidad.

Por cuestiones que no vienen al caso, mi hermana y yo (cada uno con sus respectivas parejas) tuvimos que compartir la casa paterna, en tanto pueda venderse y cada uno hacer su vida.

Todo marchaba bien hasta entonces entre nosotros. Pero las fricciones comenzaron cuando Víctor (mi marido) se mudó a Buenos Aires desde su Chile natal. La homofobia afloró en ella como nunca antes, al punto de confesarme su miedo de que las mamás de las compañeritas de su hija de tres años se enteraran de que yo era gay y no dejaran a sus nenas venir a casa a jugar. Ni los reproches y recomendaciones de mi madre, ni el silencio de mi padre ni la "excomunión" de mi hermano me dolieron tanto como este "temor" de Carolina. Es un dolor que lo atraviesa todo. Tal vez porque, en cierta manera, ella fue como mi primera hija.

Ayer fue el cumpleaños de mi sobrina y yo no fui invitado. La fiesta no se hizo en casa para que los asistentes no vieran al tío amoral, habida cuenta de que no podía pedírseme que me ausentara durante la celebración.

Podrá parecer macabro, pero guardo las cenizas de Alberto en una urnita, en mi habitación. Ayer se me dio por hablarle, agradecerle y decirle que (aun después de treinta años) lo sigo extrañando.

¿Y a veces se me da por pensar si alguna vez tampoco seré invitado al cumpleaños de mis nietos? La vida tiene tantos sinsabores... Pero solo el tiempo me dará una respuesta.

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Eso es todo por ahora. Desde la lluviosa Buenos Aires, se despide Víktor Huije, hoy con el ánimo en concordancia con el clima: gris, profundamente gris.

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sábado, 30 de septiembre de 2006

QUERER Y PODER




Mi hija tiene debilidad por los lóbulos de mis orejas (asunto que a su debido tiempo habrá de solucionar con su analista). Le fascina mordérmelos. Dice que son gorditos como una milanesa (insisto: mi hija es carne de diván). “Quiero morderte la oreja” me advierte cuando está aburrida. (sí, soy una especie de chupete).
"Pero no podés" le respondo. A lo que ella me retruca: "Querer es poder". Y ahí es cuando yo intento explicarle que QUERER no siempre es PODER, que para que la voluntad se transforme en acto se necesita oportunidad, esfuerzo, constancia, etc., etc.

Como el caso presentado por la revista VIVA de Clarín, en agosto pasado.

En la Universidad de Buenos Aires (UBA), hay unos 1000 estudiantes que viven en villas de emergencia (villas miseria en Argentina o callampas en Chile). Son chicos de condición social muy humilde y, con el afán de superarse, afrontan obstáculos imposibles que a muchos de nosotros (más preparados, mejor alimentados) nos harían bajar los brazos. Al millar que estudia actualmente se le agregan 1300 que ya se recibieron. Representan el 1% de la población mayor de 17 años de las villas.

Melisa Millani tiene 24 años y vive en la Villa 20, al sur de la ciudad. Estudia arquitectura y trabaja en un plan de viviendas para sus vecinos. Ella nació en Oruro, Bolivia, y terminado el secundario, fue por más pero todo se tornó mucho más difícil. Para terminar el Ciclo Básico Común (CBC) en la UBA tiene que hacer changas y acostumbrarse al sacrificio extremo. Para llegar a la Ciudad Universitaria, debe tomar dos colectivos y tarda hora y media y otro tanto al regreso, rondando la medianoche. Se sabe que arquitectura es una carrera para gente de plata, pero ella afirma que nunca se sintió discriminada, aunque confiesa que no habla mucho sobre su lugar de pertenencia.
Carmen Chocobar tiene 30 años, es soltera y madre de 4 varones. Trabaja desde los 8 y fue mamá por primera vez a los 15. Hoy vive en la Villa 21 de Barracas y es empleada doméstica. Este año empezó el CBC para cursar Administración de Empresas. Uno de sus patrones la incentivó y la ayuda con los estudios. Terminó la secundaria hace un año y no tenía la menor idea de lo que era el álgebra. La pasó muy mal pero se resiste a bajar los brazos. “Tengo toda la esperanza de poder levantar mi nivel. Sé que puedo, aunque muchas veces me bajones”, dice.
En general, el villero universitario tiene, tras de sí, una familia que ajusta su presupuesto hasta lo indecible para que uno de sus miembros llegue donde ninguno de ellos pudo. Sin embargo, no es la norma y, aun así, los obstáculos son innumerables.
En principio, para poder estudiar necesitan un empleo que les permita afrontar los gastos más elementales. Para ello deben ocultar su verdadera dirección. Si dicen que viven en la villa, jamás serán convocados. En el caso de obtenerlo, deben compatibilizar los horarios de trabajo con los de sus clases, teniendo en cuenta que Buenos Aires es una ciudad en la que las distancias y el tránsito pueden desalentar al más emprendedor. Además, si bien la universidad es gratuita, los gastos son más que considerables: fotocopias, libros, viáticos, alimentos fuera de casa... y, en especial, las pocas horas que pueden dedicar al estudio propiamente dicho.
Leonardo Molinas tiene 25 años y es hijo de inmigrantes paraguayos. Para solventar sus estudios de abogacía hace changas como albañil. Quiere especializarse en Derecho de Familia. Cuando se gradúe, piensa abandonar la villa pero asegura que seguirá brindando asesoramiento jurídico en el barrio, “porque es donde hace falta”. Es claro, allí los problemas no conocen límites: desde procesos delincuenciales hasta casos de explotación laboral, violencia intrafamiliar, drogas, trata de blancas y todos los males que uno pueda imaginar.
Argentina es un país extraño, signado por los claroscuros. Pero incluso en un país copado por la corrupción y la mezquindad del “sálvese quien pueda”, que entroniza el desaliento y desprecia los esfuerzos, incluso aquí es posible bregar en pos de un sueño (con permiso de Tinelli, jeje). Y esto es así porque alguna vez fuimos un país solidario, un país que ofreció a sus habitantes (hijos de la tierra y de los barcos) igualdad de oportunidades. En ese país todo era posible: la libertad, la solidaridad, la educación, la salud, la convivencia... Desgraciadamente, también hubo sitio para la violencia y la traición, que aun hoy son moneda corriente.
Si mi hija hubiera nacido en aquella Argentina que yo conocí de pequeño, seguramente hubiera colmado sus anhelos con expectativas más edificantes que las que busca satisfacer mordiéndome la oreja.

Esto ha sido todo por hoy. Desde la Misteriosa Buenos Aires y mientras Jorge Julio López sigue sin aparecer, se despide Víktor Huije, solo un padre con orejas gordas.

viernes, 29 de septiembre de 2006

¿NUNCA MÁS?





El miércoles de la semana pasada, comenté la sentencia a cadena perpetua que recayera sobre el ex comisario Miguel Etchecolatz. En medio de la alegría que dicha noticia representaba para quienes deploramos aquella época de horror que azotó a nuestro país, así como a sus gestores, ya se sabía que el principal testigo de la causa estaba "desaparecido".

Se trata de Jorge Julio López, un albañil de 77 años que había sido secuestrado y torturado por Etchecolatz, en tiempos de la dictadura, a raíz de su militancia montonera. López fue la pieza clave para la condena del represor y (oh, casualidad) se desconoce su paradero desde el lunes 18 de este mes. Simplemente, DESAPARECIÓ una vez más.

Mucho se ha hablado en los medios sobre el tema y no sé si es pertinente repetir conceptos que ya resultan verdades de Perogrullo. Sin embargo, es notable (por no decir triste, desalentador, vergonzoso) el poco compromiso de la sociedad argentina toda ante tamaño retroceso en la defensa popular de los derechos humanos. Después de 11 días de su desaparición, ya es más que claro que no está perdido ni que una supuesta paranoia lo ha llevado a ocultarse voluntariamente. En un contexto en el que está involucrada la Policía de la Provincia de Buenos Aires (una de las instituciones de "seguridad" más sangrientas y represoras de nuestra historia, pre y post proceso militar) y en el que los jueces que condenaron al ex comisario de marras y a los que tienen a cargo las casi 1000 causas contra ex represores que esperan fecha para ir a juicio son amenazados de muerte (con anónimos depositados en sus propios escritorios), no es serio eludir la certeza de que aquella "mano de obra desocupada" de la que se hablaba en tiempos de Alfonsín no está tan desocupada como parecía. Antes bien, mantienen sus resortes bien aceitados y recuerdan muy bien cómo lograr que la sociedad se amedrente y dé un paso atrás cuando de defenderse ante la agresión se trata.

Pero resulta tanto o más indignante que Hebe de Bonafini, presidenta de Madres de Plaza de Mayo, en un arranque de "conchudismo supino", se olvide de su propia lucha y salga al cruce de las críticas al gobierno, recomendando que se investigue a la víctima y afirmando que tanto su supuesto secuestro como su misma participación en el juicio no son más que una trampa de sectores opositores para "tirarle un muerto" a Kirchner.

No olvidemos que lo importante aquí es el hecho de que UN CIUDADANO HA DESAPARECIDO a través de la metodología de los milicos de la década del '70. No olvidemos que lo más terrorífico del caso es que la sociedad toda NO se ha movilizado EN BLOQUE para repudiar este hecho.

La única movilización que se efectuó hasta el momento estuvo a cargo de unas pocas organizaciones de izquierda, que terminaron peleándose entre sí por no poder imponer cada una su postura y tratando de sacar rédito de una TRAGEDIA de la cual el pueblo argentino todavía no es consciente.

La desmemoria es el mayor de nuestros males. Y siempre va de la mano de la desconfianza y la consecuente falta de compromiso. Como me decía ayer mi amigo Bellota, es el síndrome de la paranoia: "uno no se moviliza para que no lo confundan con los zurdos que solo buscan llevar agua para su molino con consignas que fatalmente exceden a los fundamentos de la movilización". Todos hemos oído los reclamos de renuncias, de linchamientos y de una huelga nacional hasta que el "compañero López" aparezca sano y salvo. Y es así como, los que no se sienten identificados con las consignas, con esa excusa por demás pueril, se quedan cómodamente en sus casas, no se hacen escuchar y dejan que la única voz que se escuche sea la de los sectores que NO LOS REPRESENTAN. En tanto, miran todo desde la televisión, fuente de toda razón y justicia, en la que la foto de López (repetida tantas veces) se les confunde con la imagen de Marcelo Tinelli. Así, se conduelen del destino trágico del pobre albañil y se emocionan hasta las lágrimas por el triunfo en "Bailando por un Sueño" de Florencia de V. Se indignan por la falta de seguridad (tema del que en los '70 no se hablaba) y se ríen de los regaños que, desde Miami, le hacen a la Rata Riojana ("Futura viuda busca presidenciable maduro para fines serios. Contactarse con la Chechu").

Con genuina angustia, compruebo una vez más que NO HEMOS APRENDIDO NADA.

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Eso es todo por hoy. Desde las callecitas de la Misteriosa Buenos Aires se despide Víktor Huije, un cronista con memoria que intenta separar la paja del trigo.

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miércoles, 27 de septiembre de 2006




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Parece que el DIABLO ya lo está reclamando...

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Eso es todo por hoy. El que sepa interpretar, que interprete, je je.
Desde la repentina llovizna de la Misteriosa Buenos Aires, se despide Víktor Huije, hoy más críptico que nunca.

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martes, 26 de septiembre de 2006

EL CANTO UNIVERSAL




Si fuera creyente, podría decir que "el hombre propone y Dios dispone". Pero, como no lo soy, me quedo con la idea de que las cosas no siempre suceden como uno lo espera. A veces, para mejor.

Este es el caso de mi último fin de semana.

Mi marido trabajaba, mis hijos se iban de viaje y nada particularmente interesante se presentaba en mi panorama. Sin embargo, un mensaje del Turco lo cambió todo de un momento a otro. La CHA (Comunidad Homosexual Argentina) invitaba a GLOBA Diversidad a participar de una reunión con los integrantes del Coro de Hombres Gay de Los Ángeles (GMCLA), el sábado por la tarde, en su sede del barrio de La Boca.

Como es mi costumbre, llegué tarde a la cita (parte por mi habitual impuntualidad y parte por la inevitable dificultad para encontrar la dirección de la sede de la CHA, ubicada en un pasaje casi desconocido de la zona sur de la ciudad). Por lo tanto, no pude presenciar la llegada de los coreutas yankis, que (al decir de mi amigo Bellota Caravaggio) estuvo sembrada de anécdotas a la hora de "romper el hielo" (no obstante, me figuro que él debe haber tenido un protagonismo trascendente en el episodio). Fue una reunión amena, como de viejos amigos. Los bellos integrantes del coro se interiorizaron de la realidad de los grupos de minorías sexuales en nuestro país y comentaron sus propias experiencias, tanto en su propio país como en el resto de los lugares del mundo que han visitado. Tampoco faltaron las fotos y las demostraciones de afecto al momento de la despedida.

El Coro de Hombres Gay de Los Ángeles se fundó en 1979 y, a pesar de haber visto diezmadas sus filas durante la década del '80 a causa de la epidemia del SIDA, cumple desde entonces una tarea de revalorización de la comunidad gay dentro de la sociedad en su conjunto. En esta ocasión, 120 de sus casi 200 integrantes realizan una gira sudamericana. Ya han visitado Santiago de Chile, ahora han pasado por Buenos Aires y seguirán por Montevideo y por Río de Janeiro. Es de destacar que la gira no aspira a lucro personal ni institucional. Sus presentaciones son absolutamente a beneficio de la lucha contra el SIDA. En el caso de Buenos Aires, el día viernes dieron un concierto en el Hospital Muñiz, especializado en enfermedades infecciosas, particularmente destinado a los infectados con VIH, y el domingo, se presentaron en el Teatro Coliseo a total beneficio de dicho Hospital.

El encuentro fue sumamente emotivo. Con el título "CANTO UNIVERSAL", los 120 coreutas fueron apareciendo por los corredores del teatro, llenando la sala de una música que nada tenía que ver con el acartonamiento que suele caracterizar al canto coral. El espectáculo no solo incluía música (a través de un repertorio por demás cuidado y pensado para transmitir un mensaje claro de solidaridad y amor), sino que también contó con histrionismo, danza y mucho, mucho humor. En una nota que Hywel Sims (director ejecutivo de la agrupación) ofreció a Sentido G, comentaba que en sus comienzos lo controversial era la inclusión de la palabra "gay" en el nombre; en cambio, transcurridos los años, hoy en día lo difícil de superar es la inclusión de la palabra "coro". Hermosa paradoja, fruto de una labor seria de visibilización y vocación de servicio.

¿Cómo expresar lo que sentí? Mil palabras no serían suficientes. Una bellísima mezcla de emoción con melancolía, deseos por ahora inalcanzables y gratitud... sobre todo gratitud. Porque esos hombres que nos cantaban y nos bailaban desde el escenario no tenían ninguna obligación de estar allí. Tranquilamente podrían haberse quedado en la comodidad de sus casas californianas a vivir la vida propia de cualquier otro hijo de vecino californiano. Pero, en cambio, eligieron salir al mundo, PAGANDO LOS PASAJES DE SU BOLSILLO, preparando y ensayando un espectáculo de calidad profesional para demostrarle al mundo que ser gay no es sinónimo de pecado ni de frivolidad. Un espectáculo realmente magnífico que atesoraré en mi memoria mientras viva. Porque la solidaridad solo se paga con memoria, sin olvido. Y por siempre quedará en mis oídos la versión de "Canción con Todos", del argentino César Isella, que en un castellano perfecto resumió los anhelos de unidad para una Latinoamérica que muchos quieren desunir.

Confieso que no tenía idea de la existencia del GMCLA y lo lamento. También lamento la poca difusión de su paso por Buenos Aires en los medios locales. Pero estoy seguro de que en el futuro todo puede cambiar. Del trabajo de nuestras asociaciones y de la participación de nuestra comunidad depende.

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Esto ha sido todo por hoy. Desde las primaverales callecitas de la Misteriosa Buenos Aires, se despide Víktor Huije, un cronista que sabe reconocer las virtudes de unos buenos cantos.

sábado, 23 de septiembre de 2006

NO OLVIDAR



Hace treinta y tres años, en su Isla Negra, moría de tristeza el autor de poemas fundamentales, como por ejemplo...

ODA A LA CRÍTICA

Yo escribí cinco versos
uno verde,
otro era un pan redondo,
el tercero, una casa levantándose,
el cuarto era un anillo,
el quinto verso
era corto como un relampago
y al escribirlo
me dejó en la razón su quemadura,
y bien los hombres,
las mujeres,
vinieron y tomaron la sencilla materia,
brizna, viento, fulgor, barro, madera,
y con tan poca cosa, construyeron paredes,
pisos, sueños.
En una línea de mi poesia
secaron ropa al viento,
comieron mis palabras,
las guardaron junto a la cabecera,
vivieron con un verso,
con la luz que salió de mi costado,
entonces llego un crítico, mudo
y otro lleno de lenguas,
y otros,
otros llegaron ciegos
o llenos de ojos,
elegantes algunos,
como claveles con zapatos rojos,
otros estrictamente vestidos de cadáveres,
algunos partidarios del rey
y su elevada monarquía,
otros se habían enredado en
la frente de Marx
y pataleaban en su barba,
otros eran ingleses,
sencillamente ingleses,
y entre todos,
se lanzaron con dientes y cuchillos,
con diccionarios y otras armas negras,
con citas respetables,
se lanzaron,
a disputar mi pobre poesía,
a las sencillas gentes que la amaban.
Y la hicieron embudos, la enrollaron,
la sujetaron con cien alfileres,
la cubrieron con polvo de esqueleto,
la llenaron de tinta,
la escupieron,
con suave beningnidad de gatos,
la destinaron a envolver relojes,
la protegieron,
y la condenaron,
le arrimaron petróleo,
le dedicaron húmedos tratados,
la cocieron con leche,
le agregaron pequeñas piedrecitas,
fueron borrándole vocales,
fueron matándole sílabas y suspiros,
la arrugaron e hicieron un pequeño paquete,
que destinaron cuidadosamente a sus desvanes,
a sus cementerios,
luego se retiraron,
uno a uno,
enfurecidos hasta la locura
porque no fui bastante popular
para ellos,
o indignados de dulce menosprecio,
por mi ordinaria falta de tinieblas.
Se retiraron, todos,
y entonces, otra vez,
junto a mi poesía,
volvieron a vivir mujeres y hombres,
de nuevo hicieron fuego,
construyeron casas,
comieron pan,
se repartieron la luz,
y en el amor,
unieron relámpago y anillo.
Y ahora perdonadme señores
que interrumpa
este cuento que les estoy contando,
y me vaya a vivir para siempre con la gente sencilla.


No olvidemos.

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Eso es todo por hoy. Desde las nuevamente grises callecitas de la Misteriosa Buenos Aires, se despide Víktor Huije, otro poeta triste... pero que se resiste a dejarse doblegar.

jueves, 21 de septiembre de 2006

JUNTOS DEBERÍA SER MÁS LINDO PERO...




Sigo leyendo (y traduciendo) a Ernesto Meccia: "Cuatro antinomias para una sociología de las minorías sexuales".

En la Argentina, aquellos y aquellas que afrontan la vida con pertinaz inconformismo (esos y esas a los/as que nada les viene bien), se dice que sufren de GATAFLORISMO. Lo que el común de la gente no sabe es el porqué de la expresión: "Este/a es como la Gata Flora...". Hasta acá es una locución cotidiana. Pero, tal vez por pudor, nadie termina la oración: "... si se la ponen grita y si se la sacan llora".

Fue en lo primero que pensé cuando leí la siguiente frase en el artículo de Meccia: "... si, por un lado, las minorías sexuales sueñan con una conciencia colectiva dignificante, por otro, es notable cómo permanecen atentos a los costos que acarrearía la colectivización...". Ya es difícil agrupar a los varones homosexuales (recordemos, por ejemplo, la aversión de muchos hacia todo atisbo de afeminamiento) y encima existen las lesbianas, los travestis y las distintas manifestaciones de lo trans, cada una con sus propias controversias, definiéndose negativamente a través de lo que "no son". La expresión "¿qué tengo yo que ver con las travas?" es moneda corriente en nuestra comunidad. Incluso se puede llegar a situaciones aparentemente ridículas (cuando creamos GLOBA Diversidad hubo chicas trans, por ejemplo, que se negaron a participar porque la sigla no contenía una "T" que las representara). Sin embargo, estas actitudes dan prueba, en realidad, de la desconfianza de algunos sectores hacia los homosexuales varones, quienes suelen (solemos) quejarse de la "mezcla" y la usan como excusa para no unirse a la lucha por la reivindicación de nuestros derechos. Para los que se quejan, marchar juntos es un "quemo".

El autor argentino Oscar Hermes Villordo, en 1983, escribió una novela llamada "La Brasa en la Mano", un fresco sobre la vida de los gays porteños en las décadas del '50 y el '60. Para Villordo, la homosexualidad es una brasa que quema y el que la sostiene la arrojará lejos, a otro que hará lo mismo, y así sucesivamente. Metáfora perfecta. La quemazón de la brasa es insoportable pero, sobre todo, DEJA MARCA. Estigmatiza.

Un "estigma" es una marca y el término se utiliza se utiliza para definir un atributo infamante. En este contexto, las consecuencias personales de los estigmas sociales son temidas por los individuos y es de esperar que intenten disimular esa condición estigmatizada o estigmatizable. En el caso de las minorías sexuales, a la mayoría de sus miembros les cuesta asumirse públicamente como tales a raíz de sentimientos que oscilan entre el orgullo y la vergüenza. Por un lado, las demandas que pueden convertirse en reivindicaciones políticas (de resistencia o de inclusión). Por otro, la interacción directa con la sociedad que pone obstáculos a cualquier intento de visibilidad. He aquí la razón por la cual "es dificultoso organizar aquello que no se deja ver " (Meccia dixit). He aquí también otra de las diferencias entre la problemática de las minorías sexuales y la de las demás minorías sociales.

En muchos países (Argentina entre ellos) se ha avanzado notoriamente, en los últimos años, respecto de la legislación antidiscriminatoria en favor de la homosexualidad. Sin embargo, millones de homosexuales no se atreven a denunciar aun la discriminación de la que son objeto, por miedo a ese estigma del que hablábamos anteriormente. Caemos así en un círculo vicioso: no nos hacemos visibles por temor a la discriminación y no la penalizamos por miedo a hacernos visibles.

Cuando el orgullo por las reivindicaciones logradas sea más fuerte que la vergüenza que acarrean los estigmas, el juntarnos será mucho más sencillo y tal vez (sólo tal vez), estemos a un paso del respeto que anhelamos.

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Esto ha sido todo por hoy. Desde las cálidas plazas primaverales de la Misteriosa Buenos Aires, se despide Víktor Huije, un estigmatizado que siempre tiene lugar para un estigma más.

FELIZ PRIMAVERA PARA TODOS!!!!!!

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miércoles, 20 de septiembre de 2006

MONSTRUOS



Recientemente, Julio Simón, alias “El Turco Julián”, fue sentenciado a 25 años de reclusión por los secuestros y asesinatos de José Poblete y Gertrudis Hlaczik, dos detenidos por la última dictadura militar. El Turco Julián, uno de los personajes tristemente emblemáticos de aquella época de terror.
Ahora le toca el turno al ex comisario MIGUEL ETCHECOLATZ, el ex director de Investigaciones de la policía de Ramón Camps. Es la segunda condena por crímenes de la última dictadura después de la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida.
El ex comisario fue juzgado por diversas acciones en tiempos de los militares, que incluyeron secuestros, torturas y asesinatos. Entre ellos, baste con mencionar el caso de Floreal Avellaneda, secuestrado por este engendro que perteneció a las fuerzas de seguridad (¿?).

"El 15 de abril de 1976, aproximadamente a las 2 hs fue allanado el domicilio de la familia Avellaneda; el personal interviniente, ostensiblemente disfrazado, inició la busqueda del Sr. Avellaneda, y al no encontrarlo detuvo en calidad de rehenes a su esposa, Iris Etelvina Pereyra de Avellaneda y a su hijo Floreal Edgardo, que contaba 14 años de edad. Vendadas y encapuchadas, las dos personas fueron llevadas a la Comisaría de Villa Martelli, donde fueron torturadas con picana eléctrica a la vez que eran interrogadas sobre el paradero del Sr. Avellaneda. Tiempo después, la señora fue trasladada a la Cárcel de Olmos, procedente del Comando de Institutos Militares, sin que se sepa nada más sobre el paradero del niño. El día 16 de mayo de 1976, el diario argentino «Última Hora», bajo el título «Cadáveres en el Uruguay» publica una noticia en la cual se afirma que flotando en aguas uruguayas aparecieron 8 cadáveres. Según la versión periodística, «un comunicado oficial de la Prefectura Nacional Naval» refería que el último cadáver hallado era de cutis trigueño, cabellos castaño oscuro y 1,70 m de estatura y tenía un rasgo característico, consistente en un tatuaje en forma de corazón con las iniciales «F» y «A». Accediendo a una petición efectuada ante el Juzgado Federal N° 1 de San Martín, se requirió por exhorto diplomático al Uruguay, los datos sobre el cadáver encontrado con el tatuaje referido y, después de una dilatada tramitación, se recibieron las fotografías y fichas dactiloscópicas respectivas. Las fotografías mostraban al niño con sus manos y piernas atadas, Estaba desnucado y tenía lesiones en genitales, axilas y ano". Fuente:(http://www.desaparecidos.org/arg/conadep/nuncamas/240.html)

El tribunal lo sentenció a prisión perpetua en una cárcel común y señaló, por primera vez, que todos sus crímenes fueron “delitos de lesa humanidad cometidos en el marco de un genocidio”.

El ex policía de 77 años se transfiguró a la hora de decir sus últimas palabras. “Debo exponer en mi doble condición de prisionero de guerra y detenido político”. “Este juicio ha sido instalado como un rompecabezas para niños bobos o grandes avivados. Ustedes van a condenar a un enfermo. Como dijo Borges, ustedes no son el juez supremo, que nos espera después de muerto”, les señaló a los magistrados. “No sé rendirme y después de muertos tendremos mucho que hablar”, les advirtió. “No es este tribunal el que me condena, sino que son ustedes los que se condenan”.

Curiosa actitud del hombre que torturó y asesinó a tantos enfermos, ancianos y niños. Según él, su accionar estuvo dirigido por un mandato divino, una especie de mesianismo que lo impulsaba a depurar una sociedad que, tal vez, giraba demaisado hacia la justicia social, para su gusto. Como dice Sandra Russo, en aquellas épocas "era necesario meterles picana a los prisioneros hasta desmayarlos o matarlos, aniquilar familias enteras, secuestrar y robar niños, protagonizar esa obra maestra del terror. El régimen necesitó a los monstruos para implantar en las fuerzas de seguridad un modelo de militar sin escrúpulos ni humanistas ni religiosos, hombres a los que no les temblaba el pulso para picanear a mujeres embarazadas, para torturar a la esposa delante del esposo o para fusilar prisioneros en fugas fraguadas".

En la foto, Etchecolatz aparece besando un crucifijo, mientras se lee su sentencia.
¿Habrá algún descargo por parte de la Iglesia Católica ante semejante un sacrilegio tan flagrante? No lo creo. Al fin y al cabo, los monstruos de la dictadura actuaron bajo las bendiciones de los monstruos del clero, que santificaban las armas y visitaban los campos de concentración, avalando la muerte, la tortura y el asesinato.

Lo más terrible es que muchos monstruos siguen libres entre nosotros. Libres y sin el más leve atisbo de arrepentimiento. Etchecolatz sigue sosteniendo que en la Argentina no hubo campos clandestinos de detenidos-desaparecidos, y que lo que hubo fueron campos ocultos, “como en toda guerra”.

"Los monstruos siempre están esperando el momento de demostrar que son monstruos, porque en el fondo están orgullosos de serlo. Y por eso son monstruosos".

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Esto ha sido todo por hoy. Desde las primaverales callecitas de la Misteriosa Buenos Aires, se despide Víktor Huije, un cronista acosado por los recuerdos de esos monstruos.

martes, 19 de septiembre de 2006

NO ACLARE QUE OSCURECE


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Sigo leyendo a Meccia (el artículo que me facilitó mi amigo Fernando) y, en este caso, se mete con la ideología machista.

Afirma que "la función central de toda ideología es interpelar y constituir a los individuos en sujetos". Lo cual me dejó culo pa' arriba porque no se entiende mucho. Pero como soy de los que no le tienen miedo al diccionario, agarré el mataburros y busqué la palabreja crítica para entender de qué iba la cosa.


INTERPELAR: Requerir a alguien para que dé explicaciones o descargos sobre un hecho cualquiera.

O sea que la ideología se regodea en nuestra obligación de rendir cuenta permanentemente de nuestros actos. Del mismo modo, nos transforma en sujetos de la norma, a partir de nuestra compulsión a satisfacer sus exigencias, como si fuera un ritual.

Meccia explica el asunto con un ejemplo cotidiano: una persona que camina por la calle oye el silbato de un policía e instintivamente se da vuelta. "Sin poder explicar por qué, la persona reconoció que el chiflido le estaba destinado a ella, a pesar de no haber hecho nada". He aquí una reacción injustificada, producto del "reconocimiento ideológico" y del desconocimiento del proceso que posibilita dicho reconocimiento.

Probablemente, nadie como los miembros de minorías sexuales puede entender cabalmente el sentido de la expresión "darse vuelta". Acostumbrados a los insultos públicos, "darse vuelta" es querer ver la cara del que gritó "puto", "torta" o lo que fuere dentro de este tenor.

La sociedad está regida por interpelaciones (pedidos de explicaciones) heterosexuales desde el momento en que, cuando se conoce a una persona, uno presupone que su tendencia erótica está orientada hacia las personas del sexo opuesto. Estas interpelaciones marcan a fuego la identidad de los sujetos. Los aparatos ideológicos del sistema (la familia, la iglesia, la escuela, los medios de comunicación, etc.) son instituciones cuya función específica es la de transmitir la ideología dominante y, a partir de ellas, se forma una concepción pérfida del ambiente gay y lleva a muchos homosexuales a despreciar a la homosexualidad, a los demás homosexuales y a sí mismos, con las mismas palabras difamadoras de las interpelaciones. En este contexto, todo gay, lesbiana o trans se somete diariamente a un monitoreo de sus conductas públicas, por ese temor a parecer "sospechoso" ante los "normales". ¿Quién de nosotros no se preguntó alguna vez si se vería igual a la marica que acababa de pasar a nuestro lado? ¿Quién no se ha excedido en explicaciones del tipo "yo soy gay... pero no soy marica"?

Porque parece ser que la ideología hétero nos obliga (no tanto a SER machos sino) sobre todo a PARECER machos. Si no se nota que soy puto, está todo bien. Si aprendo a disimularlo como se me exige, mi vida será un vergel, mi familia me amará, me ascenderán en el trabajo, seré un miembro encumbrado en la sociedad y hasta es posible que encuentre otro puto (igualmente discreto como yo) que se quiera "casar" conmigo. Ahora bien, si el disimulo es deficiente, habrá que aclarar permanentemente que uno no es lo que parece. Explicar, por ejemplo, que el gusto por Madonna o por el uso de ropas ajustadas, que ese contoneo irreprimible al caminar o los incontrolables agudos de la voz no representan "necesariamente" una falta de virilidad. Es decir que se genera una "racionalización sistemática" de nuestro modo de vida que pretenderá justificar nuestros actos, pero siempre "partiendo desde" y "dirigiéndose a" la norma heterosexual. Habrá que dejarlos tranquilos: no soy un orgulloso chupavergas.

Otros discursos "probatorios" recurren a la exclusión. Los afeminados, los pasivos y los que ostentan cierto grado de frivolidad tienen poco rating a la hora de buscar una pareja estable o de manifestarse como diversos. Es común encontrar, en los avisos de contactos de las revistas de ambiente, aclaraciones tales como "pasivos abstenerse" o "no soy afeminado".

Es claro: "el ideal de homosexual y de homosexualidad de los gays está fabricado con imágenes provenientes de la interpelación heterosexual".

¿Es claro? Para los putos, el puto perfecto es el que los machos aprueban: el que es pero no parece.

Falta mucho todavía para crear las condiciones que den lugar a una "interpelación homosexual" que modifique las bases conservadoras y homofóbicas de la sociedad. Sin embargo, no dudo de que llegará el día en que la identidad sexual de las personas no será importante. Pero para ello, será necesario un enorme trabajo por parte de las organizaciones defensoras de las minorías sexuales.

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Esto ha sido todo por hoy. Más adelante seguiré con el análisis de este interesantísimo texto. Por ahora, desde las cálidas veredas rotas de la Misteriosa Buenos Aires, se despide Víktor Huije, un cronista que cada día es y parece más.

sábado, 16 de septiembre de 2006

EL QUE ESCRIBIÓ PARA NO MORIR



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Ya veo que esto de los cumpleaños no le interesa a muchos, habida cuenta de la escasa cantidad de firmas en los últimos días, je je. Pero como, además de marica, soy tozudo, voy a insitir.

En el día de ayer, 15 de septiembre, el poeta argentino Hamlet Lima Quintana hubiera cumplido 83 años. Murió el 21 de febrero de 2002, a los 78 años y las letras argentinas, la poesía inolvidable del folklore popular incrementó aquel vacío que fueron dejando Manuel J. Castilla (1980), Jaime Dávalos (1984), Armando Tejada Gómez (1992), Gustavo “Cuchi” Leguizamón (2000).
Pero al igual que ellos, Lima Quintana no se fue del todo. Se fue con el cuerpo asombrado y la voz ronca de gritar que volverá, como prometía en aquella emblemática letra de "Zamba para no morir". El se quedará en sus letras, en la voz del pueblo y los músicos que llevan su palabra imprescindible por los escenarios, del país y el mundo.

Para recordarlo (como a Benedetti) basta su poesía:



GENTE

Hay gente que con solo decir una palabra
Enciende la ilusión y los rosales;
Que con solo sonreír entre los ojos
Nos invita a viajar por otras zonas,
Nos hace recorrer toda la magia.

Hay gente que con solo dar la mano
Rompe la soledad, pone la mesa,
Sirve el puchero, coloca las guirnaldas,
Que con solo empuñar una guitarra
Hace una sinfonía de entrecasa.

Hay gente que con solo abrir la boca
Llega a todos los límites del alma,
Alimenta una flor, inventa sueños,
Hace cantar el vino en las tinajas
Y se queda después, como si nada.

Y uno se va de novio con la vida
Desterrando una muerte solitaria
Pues sabe que a la vuelta de la esquina
Hay gente que es así, tan necesaria.


ZAMBA PARA NO MORIR

Romperá la tarde mi voz
hasta el eco de ayer.
Voy quedándome solo al final,
muerto de sed, harto de andar.
Pero sigo creciendo en el sol,
vivo.

Era el tiempo viejo, la flor,
la madera frutal.
Luego el hacha se puso a golpear,
verse caer, sólo rodar.
Pero el árbol reverdecerá
nuevo.

Al quemarse en el cielo la luz del día
me voy.
Con el cuero asombrado me iré,
ronco al gritar que volveré
repartido en el aire a cantar,
siempre.

Mi razón no pide piedad,
se dispone a partir.
No me asusta la muerte ritual,
sólo dormir, verme borrar.
Una historia me recordará
siempre.

Veo el campo, el fruto, la miel
y estas ganas de amar.
No me puede el olvido vencer,
hoy como ayer, siempre llegar.
En el hijo se puede volver
nuevo.



1965

Hay hombres que caminan por las calles
con un sol en la frente, un diamante de luz,
con hambre de otra vida, con aire de combate,
hay hombres que se sientan a la mesa
y reparten su pan con gusto solidario.

Hay hombres que despiertan y sonríen
mientran dicen: hoy es el día.
Dan la mano como un acto de fiesta,
saludan como cantando un himno.

Hay hombres que de noche tienen sueños justos,
destierran ángeles corruptos
y al despertar, para salvar la tribu
van presurosos a sus puestos de lucha.

Esos que son así, como usted, son los hombres libres.

Hamlet Lima Quintana


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Eso ha sido todo por hoy. Desde las primaverales callecitas de Buenos Aires, se despide Víktor Huije, un poeta de poca monta que sigue homenajeando a los verdaderos poetas.

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Novelas de Carlos Ruiz Zafón